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Los
reflejos condicionados que estudiara Pávlov (imagen)
podían emplearse para provocar respuestas en los animales a partir de sus
sensaciones.
El
zoólogo alemán de origen austríaco Karl von Frisch (1886-1982), por ejemplo,
condicionó a unas abejas para que acudieran a tomar
néctar en determinadas localizaciones, atribuyendo a éstas un color. Los
insectos volaban a otros lugares del mismo color, pues habían sido condicionados
para reaccionar al color que relacionaban con la fuente de alimento.
Frisch cambió el color para comprobar qué sucedía con el condicionamiento. Si
condicionaba a las abejas al negro y luego sustituia éste
por el rojo, ellas seguían volando allí de todas formas, lo que
indicaba que no podían distinguir el rojo, que
veían como negro.
Pero si se las condicionaba al negro y éste se cambiaba por el
ultravioleta (que a los ojos humanos seguiría pareciendo negro), las abejas ya
no volaban hacia allí. O sea que podían ver el ultravioleta.
En
1919, Frisch también interpretó la manera en que la abeja comunicaba sus
hallazgos a sus compañeras de colmena. Habiendo obtenido
miel de una nueva fuente, la abeja, de regreso, «danzaba», moviéndose en circulo
o de un lado a otro.
El número de evoluciones y su velocidad proporcionaban la necesaria información sobre la localización de la nueva
fuente. Frisch demostró también que las abejas pueden orientarse en vuelo por la
dirección de la polarización de la luz en el cielo.
Sus
trabajos valieron a Frisch el premio Nobel —compartido— de medicina y fisiología
en 1973.
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