Matacos, Tobas y Pilagaes
Aborígenes de Argentina

VIDA, COSTUMBRES Y HABITAD DE LAS DISTINTOS PUEBLOS DE ABORÍGENES ARGENTINOS

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MATACOS, TOBAS Y PILAGAES:

La familia lingüística mataco-mataguayo, también conocida como mataco-maká, se distribuyeron en gran parte del Chaco central y occidental, (actual Formosa), este de Salta y noroeste de la provincia de Chaco. También ocuparon y ocupan parte de Bolivia y del Chaco paraguayo. Es indudable que los matacos tuvieron varios hábitats y el mencionado en el párrafo anterior corresponde a su etapa histórica y actual, aunque con algunas variantes; por ejemplo, en el siglo pasado las márgenes de los ríos Bermejo, Pilcomayo, Teuco, Yegua y Vega Quemada eran sus lugares de asentamiento. Allá por el siglo XVI, esta región pertenecía a la llamada provincia de los Lules, y recién en las décadas del siglo siguiente comenzó a sonar la denominación mataco.

Los matacos, si bien conocían y hasta utilizaron el caballo, este animal no representó mayores cambios en su haber cultural. Eran bajos, robustos y musculosos, los matacos hicieron de la recolección el centro de su vida económica, e incluso planificaron dicha actividad, haciéndola alrededor de la toldería previa demarcación de zonas.

Como sus vecinos los guaycurú, utilizaron al máximo lo que la combinación entre el medio y su vegetación les proporcionaban, que por cierto no era poco. No sólo recolectaban por sectores sino que sabían muy bien qué recolectar para alimentarse durantes las distintas estaciones climáticas del año.  Tenían una agricultura muy rudimentaria, empleaban lanzas y macanas para la caza, construían viviendas circulares de ramas y paja y tejían lana y algodón. Al llegar los españoles su gran ocupación fue la guerra contra las poblaciones cristianas.

Los tobas ocupaban originariamente el territorio de Formosa; después se replegaron a la parte oriental, pero extendiéndose simultáneamente hacía el norte y hacia el sur. Adoptaron, en el siglo XVIII, el caballo y fueron en lo sucesivo nómadas montados, siempre dispuestos al ataque a las poblaciones españolas y al saqueo de sus establecimientos ganaderos.

Pero como éstos eran entonces pocos y su importancia era relativa, sus daños no fueron de tanta magnitud como los de otros grupos guaycurúes que operaban en zonas más pobladas. Actualmente los tobas viven en el Chaco paraguayo y se les llama “pequeños tobas”; los del Chaco argentino son los “grandes tobas”, denominaciones guaraníticas. Subdivisiones de los tobas habrían sido los cocolotes y los aguilotes a que se refieren algunos documentos y que han desaparecido ya.

En el territorio que ocupa la parte oriental y meridional del Chaco, en Formosa, norte de Santa Fe, noreste de Santiago del Estero, parte oriental de Salta, habitaron pueblos de origen patagónico. A estos grupos pertenecieron los abipones, los mbayaes, los payaguaes, los mocovíes, los tobas y los pilagaes. Los mbayaes y payaguaes desaparecieron hace tiempo; los últimos eran canoeros y habitaban más al norte del actual territorio argentino; los abipones, que dieron tanto que hacer a los colonizadores españoles, también se extinguieron; en sus antiguos dominios sólo se encuentran unos pocos mocovíes y un número algo mayor de tobas y pilagaes.

Los pilagaes son los únicos guaycurúes que tienen todavía en gran parte una cultura autóctona; habitan en la parte central de Formosa, sobre la margen derecha del Pilcomayo, en la zona anegadiza del estero Patiño.

Los españoles llamaron a estos aborígenes, en los primeros tiempos, frentones, por la costumbre que tenían, la mayor parte de ellos, de raparse la parte anterior de la cabeza, dando así la impresión de tener una frente ancha. El nombre guaycurú es, en realidad, el de una subdivisión de los mbayaes, que vivían, desde el siglo XVI, frente a lo que es hoy Asunción del Paraguay y luego se aplicó a todos los grupos de esa familia.

Eran de estatura alta y complexión fuerte, un hermoso tipo humano, esbelto. Los “frentones” occidentales, que eran vecinos de los omaguacas, fueron descriptos ya en 1583 por Pedro Sotelo Narváez, gobernador del Tucumán, como “gente más alta y desproporcionada” que los omaguacas, que eran andinos de talla más bien baja.

Los abipones fueron descriptos así por Dobrizhoffer: “Están físicamente bien formados y tienen rostros agraciados, muy parecidos en esto a los europeos”. . ., “son altos de talla, de suerte que podrían alistarse entre los mosqueteros austríacos”; los ojos más bien pequeños y negros, pelo liso, la nariz en general aguileña. Dobrizhoffer no encontró entre ellos deformaciones, jorobas, piernas torcidas o vientre enorme, labios peludos o pies deformes; tenían además una dentadura blanca que conservaban hasta su muerte.

Estos pueblos fueron cazadores y recolectores y finalmente practicaron de modo restringido el cultivo del suelo. La economía indígena se orientó hacia la recolección de los frutos silvestres abundantes en el bosque chaquense. Los pilagaes recolectaban los frutos del algarrobo, del chañar, del mistol, de la tusca y del molle; higos de tuna, pequeños ananaes silvestres, porotos de monte, raíces, cogollos de palmera, etc.

Los mocovíes, además, consumían langostas, como lo hacían también los pampas primitivos, sus vecinos del sur. Numerosos animales de pequeño tamaño entraban en su alimentación.

La indumentaria antigua era el manto de pieles de los patagónicos; en tiempos de Dobrizhoffer lo usaban todavía hombres y mujeres abipones; las pieles eran cosidas unas con otras y pintadas con líneas rojas en la superficie exterior. Pero ya entonces llevaban indumentaria tejida de lana, cortada según el modelo de la indumentaria antigua; vinchas para sujetar el pelo, mocasines de cuero para los pies, etc.

Actualmente, dedican su vida a la confección de trabajos en maderas, tallos, motes, ceniceros, artículos de totora, paja y palma en la construcción de sillas, canastos, sombreros, balsas. Los cestos que confeccionan sirven para guardar granos.- Los decoran con guardas. Hacen además jarrones y tinajas.- Cada grupo posee sus costumbres lengua, vestimenta, propia.

Con respecto a la alimentación la mayoría de los grupos adoptaron nuestras modalidades alimentarias, aunque a veces se ven obligados a la vida nómade para conseguir los medios de subsistencia. Todos los grupos los grupos poseen un profundo amor por la tierra.

Ver: Investigadores de Aborígenes de Argentina

 
MATACOS, TOBAS Y PILAGAES:
 
 
 
 

Fuentes Consultadas:
Nuestro Paisanos Los Indios
Carlos Martínez Sarasola

Aborígenes de Argentina
Adrián Piccolo

Historia Argentina Viscontea
Fascículo Capítulo 5
Aborígenes de Argentina


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