Guaraníes y Charruas, Costumbres
Aborígenes de Argentina

VIDA, COSTUMBRES Y HABITAD DE LAS DISTINTOS PUEBLOS DE ABORÍGENES ARGENTINOS

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Guaraníes y Charrúas: Pueblo proveniente del Amazonas brasileño, en su derrotero migratorio hacia el sur, se asentaron en el Paraguay y las provincias argentinas de Misiones y norte litoraleño paranaense de Corrientes. Según los datos arqueológicos, serían habitantes recientes del norte mesopotámico, algunos de ellos venidos poco antes que los españoles penetraran río Paraná arriba.
Desde temprano, el idioma guaraní representó un papel muy importante dentro del proceso de conquista y colonización de la llamada Corriente del Este, que siguiera los cursos de los ríos de la Plata y Paraná. Así, indios guaraní sirvieron de intérpretes de numerosas expediciones e innumerable cantidad de topónimos (nombre propio de un lugar) mesopotámicos son de origen guaraní.

Podemos decir que se extendían desde el Amazonas hasta el Río de la Plata, y que en el momento de la conquista habitaban parte de las islas del Paraná, el norte de Corrientes, el litoral de Misiones y parte de Salta.

La región que dominaban no era muy vasta; sin embargo, tuvieron mucha importancia porque, como fueron utilizados por los colonizadores y misioneros como guías e intérpretes ante los demás indios, difundieron sus costumbres entre los indígenas, como así también entre los españoles; la lengua guaraní se habla, en la actualidad, en la Mesopotamia Argentina y en el Paraguay, por ciertos sectores de su población.

Su característica nacional era el uso del tembetá, guijarro que ponían a los niños en el labio inferior al llegar a la pubertad.

Era un pueblo netamente agricultor, casi especialistas en esta actividad, sobretodo en la horticultura, en el cultivo de verduras, legumbres y frutales, pero siempre en terrenos de poca extensión, por la razón de que la selva tropical, se lo traga todo. Sí, porque además la tierra selvática, donde todo crece desmesuradamente, posee su fertilidad en sus capas más externas; y si a ello le sumamos una excesiva humedad ambiente y asiduas lluvias torrenciales, comprenderemos rápidamente por qué los guaraní tenían que desembocar, inevitablemente, en la horticultura.

Así, estos indios seguían los siguientes pasos: desmonte, quema de malezas, y siembra, todo en un terreno delimitado. Esta técnica también es conocida bajo el nombre de milpa. Agreguemos que tras extinguirse el fuego, la ceniza acumulada era desparramada por toda la superficie del terreno para que actuase de abono.

Los varones de la tribu realizaban el corte de la maleza y la quemazón, en tanto que las mujeres sembraban y cosechaban. Entre los vegetales preferidos se encontraban la mandioca -arbusto de cuya raíz se extrae harina y una fécula llamada topioca, el maíz, la batata y el zapallo. La labor de la mujer era sembrar zapallos, o maíz y, cuando era tiempo, también ellas levantaban la cosecha.

Pero evidentemente, este método agrícola tenía la complicación de agotar rápidamente el suelo, teniendo que pasar a otro y así sucesivamente, amén que el rendimiento de la parcela daba de comer a un determinado número de indígenas. Así es que esta situación llevó a los guaraní a conformar aldeas reducidas y a mudarse a otras tierras cada cinco o seis años.

La yerba mate, a la cual eran muy afectos, no debía sembrarse, pues crecía en abundancia en los bosques. Como en casi todos los pueblos indígenas, las mujeres también trabajaban el barro con cierta habilidad, como lo prueban las piezas de cerámica guaraní que ha llegado hasta nosotros. Un taparrabo de plumas, la tanga, era la única prenda que usaban las mujeres guaraníes; mas tarde la reemplazaron por una camisa de algodón: el tipoy. Los hombres andaban desnudos y se adornaban los brazos, los tobillos y la cabeza con plumas; todos se pintaban la cara. Solamente los jefes tenían varias mujeres ya
que, como en los otros grupos, era necesario poder mantenerlas.

El tubichá era el cacique que gobernaba las parcialidades; su cargo era hereditario y muy respetado. Creían en un dios, Tubá, que maduraba los frutos y provocaba la lluvia, pero no le rendían culto. Practicaban la antropofagia, esto es la práctica de comer seres humanos, no como alimento, sino con sentido ritual y sólo la llevaban a cabo con sus enemigos más valientes.

En tiempos de la conquista española, los guaraníes de las islas o chandules, que fueron dados en encomienda por Juan de Garay, en 1582, a algunos vecinos de Buenos Aires; se hallaban en las islas más orientales y meridionales del delta del Paraná. Los guaraníes del Carcarañá, en las islas que forma el Paraná a la altura de su desembocadura, al norte y al sur de la misma.

En cuanto a lo sobrenatural, participan en líneas generales da las concepciones  de otros pueblos aborígenes, como los chiriguanos,  y tienen  la noción de la “Tierra sin Mal’’
La “Tierra Sin Mal” es un paraíso al cual el héroe civilizador (asociado con el ser supremo) se retiró luego de haber creado el mundo y traído a los hombres los conocimientos esenciales para su supervivencia. Es allí adonde después de ciertas pruebas llegan los muertos privilegiados, los chamanes y guerreros. Pero este paraíso se abre también a los vivos que hayan tenido el valor y la constancia de observar las normas de vida de los antepasados y que guiados por el poder privilegiado del chamán hayan descubierto el camino hacia él. La “Tierra sin Mal” no es sólo un lugar de felicidad sino el único refugio que quedará a los hombres cuando llegue el fin del mundo.

Los Charruas: El hábitat era principalmente el actual territorio uruguayo, pero grupos dispersos ocuparon en tiempos prehispánicos la provincia de Entre Ríos y también algunos autores extienden dicha ocupación hasta el sur de Corrientes.
Tuvieron una lengua original con variantes dialectales. Constituían en conjunto cultura de cazadores y recolectores con una forma de vida muy semejante a las de las comunidades de La Pampa Patagonia y Chaco. En gran parte participaban de la tradición cultural de la llanura.
Los animales cazados eran ñandúes, venados y toda clase de roedores. Las técnicas de caza eran semejantes a las utilizadas por los tehuelches: persecución de animales hasta rendirlos por agotamiento. Recolectaban además toda clase de frutos silvestres.

Ciertas parcialidades extendieron sus actividades de subsistencia practicando la pesca. Por el carácter de comunidades nómadas la vivienda era sumamente precaria, consistente en el típico paravientos con paredes de ramas. El vestido los acerca nuevamente a los tehuelches: el manto usado con la piel hacia adentro.

Relaciones en el seno de la comunidad: Un conjunto de toldos conformaba la unidad social mínima a cargo de un cacique. La familia era monogámica aunque no se desconocía la poligamia. La unión de las diferentes bandas solo ocurría en caso de guerra para lo cual se organizaba el consejo de caciques.

Relaciones con lo sobrenatural: La Concepción del mundo estaba presidida por la creencia en un ser supremo; ligado a él se encuentra “el espíritu guardián” de cada hombre a quien se invoca en momentos de peligro.

El chamanismo estaba muy desarrollado y parece ser que existían representantes del bien y sus opuestos, los del mal. Los primeros, responsables de las curas mágicas, los segundos con la capacidad de enfureccr a la naturaleza desatando tormentas y desbordando los ríos.

Existía un culto muy elaborado a los muertos con entierro secundario de los huesos. Una práctica similar a los querandíes era la conservación del cráneo del enemigo como trofeo de guerra.
Relaciones con otras comunidades: Por el norte de su hábitat han entrado en contacto con parcialidades guaraníes provenientes de la selva y aún con los caingang de Misiones y Corrientes. Por el oeste se relacionaron con los chaná-timbú del Litoral y por el sudoeste con los querandíes.

El territorio inicial fue ampliado considerablemente a partir del siglo XVII con la incorporación del caballo en un proceso parecido al operado en la Llanura, aunque menor en tiempo, dado el rápido sometimiento en que cayeron estas comunidades.

Ver: Investigadores de Aborígenes de Argentina

 
MATACOS, TOBAS Y PILAGAES:
 
Los Guaranies Aborigenes de Argentina
 
 
 

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