LOS ABORÍGENES
LA POBLACIÓN INDÍGENA
EN EL RÍO DE LA PLATA - CONQUISTA Y SOMETIMIENTO |
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POBLACIÓN INDÍGENA EN EL
VIRREINATO DEL RÍO DE LA PLATA
En lo
que es actualmente el territorio argentino, vivían diversas tribus aborígenes
que alcanzaron diferentes grados de civilización. Los pueblos más adelantados se
caracterizaron por sus progresos en la agricultura, por la construcción de sus
viviendas, por la variedad de sus industrias y por la mayor riqueza de su
lenguaje. Los pueblos menos civilizados fueron también los menos apegados a la
tierra, habitaron en viviendas deficientemente construidas o tolderías y, muchas
veces, no llegaron siquiera a establecerse en un sitio fijo.
Teniendo en cuenta la distribución geográfica, han de considerarse los
siguientes grupos aborígenes:
En la
región del noroeste vivieron los diaguitas, que fueron los más adelantados de
todos los indios de nuestro territorio. Con piedras unidas sin cemento
construyeron sus viviendas, las cuales estaban agrupadas formando verdaderas
poblaciones. Usaban como vestimenta una especie de camisa larga, calzaban alotas
de cuera y se adornaban con vinchas, collares y pulseras. Gustaban pintarse el
rastro con vivos colores. Fueron inteligentes agricultores -sembraban maíz, papa
y porotos- y diestros alfareros y tejedores; trabajaron también hábilmente el
oro y la plata.
Debido a la aridez de la región en que vivían -montañosa, escasamente regada y
de suelo pedregoso y duro- los diaguitas se vieron obligados a trabajar la
tierra al modo quechua, labrando terrazas escalonadas en la montaña y realizando
obras de riego por un sistema de acequias. Cultivaban el maíz, el poroto, la
papa y el zapallo. El algarrobo, árbol propio de la zona, era fundamental para
su economía, ya que de él obtenían, además de la dura madera y del exquisito
fruto, una fuerte bebida fermentada, la aloja, a la que eran muy afectos.
Conocían también numerosas plantas medicinales y tintóreas.
En
cuanto a los animales, domesticaron la llama, a la cual los españoles de la
conquista, no sabiendo con qué compararla, dieron sucesivamente los pintorescos
nombres de oveja grande, camello mediano y carnero de la tierra. También
domesticaron ñandúes, pavos de monto, patos y pecaríes.
Las
viviendas diaguitas, bajas y cuadrangulares, tenían paredes de pirca, es decir,
hechas con piedras unidas sin cemento. Las aberturas eran libres, sin hojas de
puertas ni ventanas. En lo alto de los cerros construían fortificaciones
ubicadas estratégicamente. Estos largos muros de piedra, llamados Pucarás,
tenían carácter defensivo y alcanzaban a veces varios kilómetros de extensión.
Tanto
los hombres como ¡as mujeres diaguitas vestían una camisa larga hasta los
tobillos hecha generalmente de ¡ana tejida, y calzaban ojotas de cuero. Usaban
el pelo largo y recogido en complicadísimos peinados de los que estaban muy
orgullosos. Se adornaban con vinchas y plumas y se pintaban el rostro:
Los
diaguitas fueron magníficos alfareros. De su cerámica, colorida y rica, se han
hallado innumerables muestras. La forma predominante es la de las urnas,
decoradas con tal profusión de elementos, que no es exagera. do decir que no hay
dos iguales. En estas urnas enterraban a su niños cuando morían. Emplearon como
motivos esenciales de la decoración los rasgos humanos (cejas, ojos, narices,
bocas, dientes), los elementos animales (avestruces, sapos, serpientes), e
infinidad de elementos geométricos (círculos, rombos, grecas, reticulados). El
rojo, el negro y el amarillo fueron los colores predominantes.
Trabajaron también la piedra, con la que fabricaron pequeñas estatuas, armas y
utensilios diversos. Fueron, además, hábiles cesteros, hilanderos y tejedores.
En menor escala tallaron la madera y el hueso; en cuanto a los metales,
utilizaron especialmente el cobre y, en mucho menor proporción, el oro y la
plata.
Como
otras manifestaciones de su arte se conservan numerosas pictografías que
representan escenas de la vida diaria, animales y multitud de signos cuyo
simbolismo se desconoce. Su música, de carácter guerrero, era interpretada con
instrumentos de hueso, de arcilla o de piedra <flautas, silbatos, cornetas>;
también tenían cascabeles hechos con nueces, tambores y calabazas huecas, en
cuyo interior ponían semillas o piedrecitas.
Los
diaguitas constituyeron un pueblo esencialmente belicoso. Obedeciendo a esta
condición natural, manejaban con gran rapidez y destreza el arco y la flecha.
Usaron además otras armas picas, mazas, hachas y hondas.
Socialmente, vivían agrupados en familias -constituidas por cuatro o cinco
miembros- y agrupadas, a su vez, en tribus que obedecían a un cacique. Poco se
sabe de sus creencias religiosas, salvo que adoraban al Sol y a las fuerzas
naturales. T4nían sacerdotes especiales, magos o hechiceros, y creían en el más
allá. Velaban a sus muertos durante ocho días y, luego de enterrarlos, guardaban
luto -con vestidos negros al modo europeo- durante un año.
Los
pueblos del Chaco ocuparon las llanuras boscosas del norte. Vivían en chozas
hechas con ramas y paja. Se cubrían con
mantas tejidas o camisas, pero solían andar semidesnudos. Se adornaban con
collares, pulseras y plumas y gustaban también de pintarse el rostro. Fabricaban
rudimentarios utensilios domésticos, armas y canoas. No cultivaban la tierra, y
su alimentación provenía de la caza y de la pesca, abundantes en la zona. Comían
también algunos vegetales y frutas silvestres.
El
territorio de la Mesopotamia estaba habitado por los guaraníes, que vivían en
chozas hechas de barro y paja y dormían en hamacas. Los hombres andaban
semidesnudos, y las mujeres vestían una camisa larga, el tipoy. Unos y otras
iban descalzos. Cultiva. ron el maíz, el zapallo, la mandioca y el algodón;
conocieron también las propiedades curativas de algunas plantas y las aplicaron
en su primitiva medicina. Fueron, además, tejedores y alfareros. Amaban la
música y la danza. Su lengua, el guaraní sigue hablando aún entre sus
descendientes.
La
inhóspita Tierra del Fuego estuvo poblada por los onas y los yaganes, que fueron
los más primitivos de cuantos habitaron el territorio argentino. Los onas vivían
en rudimentarias tiendas hechas con cueros sostenidos por palos.
Los
yaganes -o yamanes- fabricaban toscas chozas con ramas y pasto, pero
frecuentemente solían pasar largas temporadas en sus canoas -hechas de madera o
corteza-, recorriendo el litoral marítimo, lo cual les valió el nombre de
canoeros. Tanto los unos como los otros se cubrían sólo a medias con cueros de
guanaco; los yaganes solían untarse el cuerpo con grasa, para combatir el frío.
Tratándose de pueblos nómadas, sólo se alimentaban de lo que ocasionalmente
obtenían del mar y de la tierra: peces, moluscos, algas, aves marinas, hongos,
raíces y frutos silvestres.
La
vasta y desolada Patagonia estuvo habitada por los patagones o tehuelches, que
vivían en toldos de cuero, se cubrían con cueros y mantas y usaban una especie
de calzado rudimentario. Fueron avezados cazadores, pero no cultivaron la
tierra.
Diversas agrupaciones aborígenes ocuparon la vasta llanura uniforme y mon6ton~
del centro del país, cuyo nombre indígena, pampa, significa campo abierto, campo
raso. Estas tribus primitivas vivían en toldos de cuero armados sobre estacas.
No fueron agricultores ni sedentarios, y se alimentaban preferentemente de los
animales que cazaban. Fueron alfareros y tejedores.
Entre
las tribus que constituían los pueblos pampas, ha de citarse a los guaraníes y a
los puelches. También vivieron en la pampa los araucanos, provenientes de Chile,
que primero se establecieron en el oeste y luego se extendieron hacia el este,
desalojando a las otras tribus. Los araucanos eran, después de los diaguitas,
los aborígenes que alcanzaron más alto grado de civilización. Vestían mantas de
vivos colores, sujetas a la cintura, y calzaban rudimentarias botas de cuero.
Usaban adornos sencillos de plata, y eran excelentes tejedores. Existen aún
tribus araucanas en las provincias de La Pampa, Río Negro y Neuquén.
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