EL ABSOLUTISMO MONÁRQUICO

EL ABSOLUTISMO

LA MONARQUÍA ABSOLUTA EN EUROPA

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Al iniciarse el siglo XVIII, el sistema político predominante en Europa era el absolutismo monárquico, resultado del fortalecimiento del poder real

 iniciado desde finales de la Baja Edad Media. Este sistema se sustentaba esencialmente en la nobleza, que continuaba siendo el grupo dominante, propietario de la mayoría de las tierras y detentador de cargos y privilegios.

La burguesía, a pesar de su enriquecimiento, carecía de influencia política y permanecía marginada de los círculos de poder. A finales del siglo XVII se produjeron en Holanda y en Inglaterra una serie de transformaciones políticas que comenzaron a limitar el poder de la monarquía y a abrir camino al parlamentarismo.

No es posible entender la monarquía absoluta sin tener en cuenta que la sociedad estamental, la sociedad del Antiguo Régimen, tenía como fundamento la desigualdad civil. En el viejo orden, heredado de la Edad Medía, cada hombre o mujer nacía y vivía dentro de un estamento que determinaba su lugar en la sociedad y que le otorgaba o le negaba ventajas y privilegios.

Si pertenecía al pequeño grupo de los privilegiados (clero o aristocracia), podía gozar de empleos, cargos, exenciones de impuestos y fuerza social y política. Si nacía entre los no privilegiados (campesinos, burgueses, plebe urbana), se vería sometido toda su vida al poder y control de los poderosos. Esa sociedad piramidal tenía su cúspide en el monarca. El estaba por encima de todos los habitantes de su reino y todos eran sus súbditos, a él sometidos y por él gobernados.

Fundamentada en esa concepción de la estructura social, la fórmula política típica del Antiguo Régimen era la monarquía absoluta de derecho divino, según la cual la autoridad del monarca provenía directamente de Dios, en cuyo nombre ejercía el poder. Como reflejo del poder divino, el monarca poseía un poder absoluto: nombraba a los magistrados, administraba justicia y dirigía la política interior y exterior. No se sometía a ningún control y no compartía la soberanía con nadie. Todo el Estado residía en él y la voluntad de sus súbditos estaba englobada en la suya.

Para poder gobernar, el monarca estaba auxiliado en su tarea por ministros, consejos y secretarios. Asimismo, un enjambre de funcionarios hacían cumplir sus órdenes en todo el territorio, recaudaban los impuestos e informaban al monarca de la marcha de los asuntos del reino

El poder del soberano estaba restringido, sin embargo, por tres tipos de leyes: la divina, a la que estaba sometido como cualquier otro; el derecho natural, conjunto de leyes formadas por la costumbre o la tradición, y las leyes fundamentales de cada reino, que expresaban un mínimo pacto con sus súbditos. En este último caso hay que incluir

las limitaciones que los Parlamentos, Cortes o Estados Generales imponían al monarca. Desde la Baja Edad Media fue frecuente que a la Corte, formada por nobles y clérigos que aconsejaban al rey, se unieran los representantes de las ciudades (burgueses). Estos tres grupos o estamentos constituían las Cortes o Parlamentos.

Su papel era muy limitado y no se debe confundir con el de los Parlamentos modernos. Cada estamento deliberaba separadamente y votaba como grupo ante las propuestas del monarca. Aún así, los soberanos absolutos no aceptaban las limitaciones parlamentarias y no solían convocar las Cortes.

ABSOLUTISMO EN FRANCIA

CÓMO ERA GOBERNADA FRANCIA
Proclamados los principios sobre los cuales pretendía sustentar la monarquía absoluta, Luis XIV se dispuso a gobernar a Francia de manera que de él dependieran todas las actividades de la vida pública (administrativas, políticas, judiciales, militares, financieras y comerciales).

Con este propósito, instituyó diversos "Consejos" (Consejos de Estado, de Finanzas, de Guerra, de Comercio, de Negocios, de Religión, etc.) que, bajo su dirección personal, examinaban todos los problemas del Estado. En los Consejos sólo intervenían algunos ministros con el único objeto de hacer respetar las decisiones tomadas por el rey. Tenían su sede en el palacio real y las sesiones se realizaban en los apartamentos privados del monarca.

El territorio de Francia fue dividido en diversas "provincias", a las que se enviaron "intendentes" que representaban la autoridad real y tenían a su cargo la tarea de hacer respetar las órdenes del soberano. De esta manera, Luis XIV consiguió dominar toda la vida de la nación , hacer sentir, al mismo tiempo, cuando así lo deseaba, el peso de su autoridad.

LOS "ESTADOS GENERALES"
La población francesa estaba dividida desde el siglo XIV en tres grandes clases: nobleza, clero y "tercer estado".
La nobleza se hallaba representada por las familias de los antiguos señores feudales. El clero, como lo indica la palabra, era el conjunto de los hombres de la Iglesia. "Tercer estado" designaba al resto de la población. Esta clase se componía de personas de las más variadas condiciones económicas y sociales, tales como obreros, campesinos, artesanos, pequeños propietarios, comerciantes, profesionales, banqueros e industriales.

Los representantes de estas tres clases formaban los llamados "Estados Generales".
Cada clase contaba con sus propios representantes ante el gobierno; su misión era informar al rey sobre las necesidades del sector de la población al que representaban.

Ciertas decisiones del rey, particularmente las relativas a impuestos, carecían de validez sin la aprobación de los "Estados Generales". El poder del rey era, pues, limitado.

HACIA LA MONARQUÍA ABSOLUTA
El primer soberano que intentó investir de mayor prestigio al poder monárquico fue Enrique IV, coronado en el año 1594. Su programa era bien definido; en primer lugar, deseaba abatir definitivamente el poderío de los nobles, que muchas veces se habían rebelado contra la autoridad del rey, y luego, proyectaba liberarse de la fiscalización de los "Estados Generales". Sin embargo, Enrique IV no alcanzó a realizar su plan, dado que en el año 1610 fue asesinado por un fanático antimonárquico. En tiempos de su sucesor Luis XIII, su programa fue retomado por un ministro extraordinario: el cardenal Richelieu.

Durante dieciocho años, desde 1624 a 1642, el cardenal obró con extrema energía para asegurar un poder absoluto a la monarquía francesa. No sólo mantuvo una lucha sin tregua contra los nobles rebeldes, sino que decidió no convocar más a la asamblea de los "Estados Generales", con el propósito de eliminar toda limitación a la autoridad real.

Después de la muerte de Richelieu (1642) y de Luis XIII (1643), sucedió a aquél el cardenal italiano Julio Mazarino, quien también luchó enérgicamente para que el rey (entonces Luis XIV, menor de edad) tuviera asegurado el poder absoluto. A la muerte del cardenal Mazarino, en el año 1661, sólo le quedaba a Luis XIV, ya mayor de edad, la tarea de mantener la monarquía en la posición de prestigio a que la habían llevado los dos hábiles cardenales.

EL ABSOLUTISMO DE LUIS XIV
Al subir al trono, en el año 1661, Luis XIV era el rey más adecuado para aquel momento histórico. No ha existido otro soberano que después de él haya ejercido con mayor rigor el poder absoluto en Francia. Firmemente convencido de que el rey recibe la autoridad directamente de Dios y que por esa razón está por encima de los demás hombres, Luis XIV se consideraba con el derecho de exigir la obediencia absoluta de todos sus súbditos.

Fuente Consultada:
Historia del Mundo Contemporáneo García/C.Gatell Primer Curso Bachillerato
Enciclopedia Estudiantil Tomo IV CODEX

El Antiguo Régimen Crisis del Antiguo Régimen

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