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LOS ACUEDUCTOS ROMANOS:
La Roma antigua consumía unos 160 millones de litros de agua cada día,
sobre todo en fuentes, estanques, baños y letrinas públicos. Una parte de ese
caudal iba directamente a las casas de los ricos, que vivían en villas o en
manzanas de casonas de un piso. Pero la gente que habitaba en pisos altos tenía
que recoger agua de las fuentes y de los estanques, o contratar los servicios de
aguadores profesionales.
Por
lo menos 40 ciudades del Imperio Romano tuvieron redes de abastecimiento de
agua, y aún pueden verse las ruinas de unos 200 acueductos, entre ellos el
imponente Pont du Gard, de tres niveles, que dotó de líquido a Nimes, Francia, y
el de Segovia, España, de dos niveles y 36 m de altura.
Canalización del agua:
El agua era llevada a Roma por una red de 420 Km. de canales y tuberías desde
manantiales, lagos y ríos situados en las montañas de los alrededores; el
suministro era continuo, pues no había manera ‘de regularlo. Unas cuantas villas
tenían grifos formados por un tubo inserto en el conducto de abastecimiento
(llamado quinaria, de unos 2 cm. de diámetro); aquél tenía un orificio por donde
fluía el líquido y podía cerrarse o abrirse haciéndolo girar.
El
agua fluía por gravedad a lo largo de la red. Los canales (acueductos) eran de
ladrillo o de piedra con un revestimiento interior de cemento impermeable, y en
promedio medían 90 cm. de ancho y 1.8 m de profundidad; algunos eran subterráneos
y tenían respiraderos cada 73 m aproximadamente.
La
parte superior del canal se cubría con lajas de piedra para evitar que el agua
se ensuciara. El primer acueducto de Roma fue el Aqua Appia, construido hacia
312 a.C.: medía unos 16 Km. de largo y la mayor parte de su recorrido era
subterráneo.

Si el
acueducto no podía rodear un valle, por lo general se construía a través de
éste mediante una serie de arcos altos. El Aqua Marcia, erigido en 144 a.C.,
recorría 91 Km. para llevar agua a Roma desde los manantiales del valle del Anio,
situado a 37 Km. de distancia en línea recta; la mayor parte de él era
subterránea, pero los últimos 11 Km. se levantaban sobre arcos.
En
109 d.C. el emperador Trajano mandó construir un acueducto para abastecer la
zona comercial e industrial de la ribera oriental del Tíber; en algunos lugares
dicho canal tenía 30 m de altura y surtía agua hasta las piscinas del quinto
piso del Forum, que era la plaza del mercado.
Hacia
350 d.C. ya había 11 grandes acueductos que surtían agua a Roma. Al llegar a la
ciudad, el líquido era depositado en unos 250 tanques distribuidos en diversos
puntos de la red.
Suministro por tuberías de plomo: En
algunas partes del Imperio el agua era llevada a las ciudades por tuberías de
cerámica o de plomo y no por acueductos. Esas tuberías conducían el líquido
cuesta abajo por una pendiente del valle y luego cuesta arriba por otra hasta un
tramo plano; la presión que
Pozo
y cisterna Un acueducto llevaba agua al antiguo puerto africano de Cartago desde
unas montañas situadas a 80 Km. de distancia. El lìquido
se conservaba en un pozo alimentado por tuberías de arcilla
y después fluía hasta la cisterna contigua. Todos los días la gente de los
alrededores acudía a sacar agua de ésta metiendo sus baldes por el hoyo del
techo
ejercía el agua al descender la obligaba a subir hasta dicho nivel. La ciudad de
Lyon, Francia, era abastecida mediante este sistema a través de los valles de
los ríos Garona,. Beaunant y Brevenne. Para fabricar las tuberías se emplearon
unas 12 000 toneladas de plomo.

Aún
en pie Este acueducto romano construido durante el reinado del emperador Trajano
(98-117 d.C.) en Segovia, España, todavía esta en servicio; lleva agua a la
ciudad a lo largo de 19 Km. Sus arcos de granito fueron labrados y colocados en
su lugar sin usar cal ni cemento.
Las
alcantarillas romanas: Un
intrincado sistema de drenaje descargaba las aguas negras de la ciudad en el río
Tíber, que las llevaba hasta el mar. Las alcantarillas pequeñas desembocaban en
otra mucho más grande, la Cloaca Máxima, que se extendía desde el Forum hasta el
río bajo un corredor abovedado de 5 m de ancho y que aún está en servicio.
Las
alcantarillas comenzaron a construirse en el siglo VI a.C. para secar los
pantanos, y estaban comunicadas con las letrinas públicas y privadas al nivel
del suelo, pero no con las de los pisos altos de las viviendas.
El
agua no era potabilizada pero se procuraba escoger buenas fuentes de
abastecimiento. Una prueba al respecto consistía en rociar agua sobre un vaso de
bronce y ver si quedaban manchas en él; otra era hervirla y verificar que no
contuviera sedimentos, y otra más era averiguar si podían cocerse en ella
verduras frescas con rapidez.
A
veces el agua canalizada no era apta para beber: la del acueducto Anio Vetus,
por ejemplo, sólo se usaba para regar jardines y lavar ropa. Dicho acueducto fue
construido en 272 a.C., y surtía agua desde las cuencas altas del río Anio,
situado a 69 Km. de distancia.
La
red de abastecimiento de agua era administrada por un comisionado y dos
secretarios que daban órdenes a un grupo de empleados de mantenimiento. Los
canales requerían inspección y reparación constantes, pues las filtraciones
causaban daños estructurales y se desperdiciaba agua.
Los
baños públicos de Roma eran de excelente factura. Los primeros fueron
construidos en el siglo II a.C. por iniciativa de benefactores de la ciudad y
para fines
de lucro, y posteriormente diversos emperadores mandaron construirlos para uso
propio. Aún se conservan las ruinas de dos de los mejores, los de Caracalla (21
7 d.C.) y los de Diocleciano (306 d.C.).
Una
vez que recibían un masaje con aceite, los bañistas practicaban deportes o
hacían ejercicios y luego se metían en el baño de agua caliente (caldarium), que
era calentado por hornos y unos ductos subterráneos que hacían circular vapor y
aire caliente. Luego pasaban a una sala para que les quitaran el sudor y el
aceite con un raspador metálico, y finalmente se sumergían en un estanque de
agua tibia (tepídarium) y después en uno de agua fría (frigidarium).
Hombres y mujeres se bañaban en lugares separados, aunque el baño mixto fue
popular en el siglo I a.C. El emperador Adriano decidió prohibir dicha práctica
en 138 d.C., y como no siempre había locales suficientes para las mujeres, se
establecieron horarios de uso para uno y otro sexos.
Legado del Imperio Romano
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