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Aculturación y xenofobia:
Cuando una sociedad impone a otra sus propias pautas culturales bajo el supuesto
de que son mejores, se produce un proceso de aculturación, es decir, de pérdida
y transformación forzada de los rasgos culturales que caracterizan a una
sociedad. Si esta desvalorización es llevada al extremo de no tolerar la
existencia de una cultura diferente, se producen prácticas xenófobas (de
intolerancia absoluta) que pueden llevar al exterminio físico masivo de las
personas que integran una cultura particular, como sucedió con los judíos y los
gitanos encarcelados en los campos de concentración alemanes durante la Segunda
Guerra Mundial o con los indígenas patagónicos a fines del siglo XIX.
La dominación de los aborígenes americanos
“Con perfecto derecho los españoles imperan sobre estos bárbaros del Nuevo
Mundo, los cuales con prudencia, ingenio, virtud y humanidad son tan inferiores
a los españoles como los niños a los adultos y las mujeres a los varones,
habiendo entre ellos tanta diferencia como ¡a que va de gentes fieras y crueles
a gentes dementísimas, de los prodigiosamente intemperantes a los continentes y
templados, y estoy por decir que de monos a hombres. ¿Qué cosa pudo suceder a
estos bárbaros más conveniente ni más saludable que el quedar sometidos al
imperio de aquellos, cuya prudencia, virtud y religión los han de convertir de
bárbaros, tales que apenas merecían el nombre de seres humanos, en hombres
civilizados en cuanto pueden serlo; de torpes y libidinosos, en probos y
honrados, de impíos y siervos de los demonios, en cristianos y adoradores del
verdadero Dios? Por muchas causas pues, y muy graves, están obligados estos
bárbaros a recibir el imperio de los españoles conforme a la ley de la
naturaleza, y a ellos he de serles todavía más provechoso que a los españoles,
porque ¡a virtud, la humanidad y la verdadera religión son más preciosas que el
oro y que la plata.”
Juan Ginés de Sepulveda (filosofo
español), 1547.
La superioridad de la cultura aria
“Existen en ¡a historia innumerables ejemplos que prueban con alarmante claridad
cómo, cada vez que la sangre aria se mezcló con la de otros pueblos inferiores,
la consecuencia fue la destrucción de la raza portaestandarte de la cultura. La
América del Norte, cuya población está formada en su mayor parte por elementos
germánicos que apenas si llegaron a confundirse con las razas inferiores de
color, exhibe una cultura y humanidad muy diferentes de las que exhiben la
América Central y del Sur, pues allí los colonizadores, principalmente de origen
latino, mezclaron con mucha libertad su sangre con la de los aborígenes.”
Adolf Hitler Mi Lucha, 1927.
Fuente Consultada:
www.laguia200.com y Filosofía de Editorial Santillana Ética Ciudadana II
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