LA AGRICULTURA EN ARGENTINA

LA PRODUCCIÓN PRIMARIA ARGENTINA: LA AGRICULTURA

 

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En el actual territorio de Argentina, las actividades agropecuarias sufrieron importantes transformaciones a lo largo del tiempo. Fue a fines del siglo XIX cuando cambiaron radicalmente dichas actividades.  Hacia la segunda mitad del siglo XIX, la industrialización y el proceso de crecimiento demográfico que se produjo en los países europeos creo la necesidad de incorporar nuevas áreas productoras de alimentos y materias primas.  En este contexto económico mundial, el área pampeana de la Argentina se vio favorecida por la existencia previa de producción agropecuaria, que sin embargo, debió sufrir algunos cambios para adaptarse a este nuevo sistema. Así, la especialización económica pampeana se basó fundamentalmente en la producción de cereales, como el trigo y el maíz; y de carne vacuna para abastecer al mercado externo.  Esta reorientación productiva,  que estuvo a demás acompañada de ciertas políticas estatales, se conoce como modelo agroexportador, o lo que vulgarmente se dice “Argentina, el granero del mundo”.

En la orientación agropecuaria de la región pampeana intervinieron ciertos actores sociales que hicieron posible el cambio.  Uno de ellos fue el colono agrícola, otro el Estado (nacional o provincial) y otras veces un tercer actor (persona o compañía). ¿Por qué decimos esto? Porque para trabajar estas desiertas y extensas tierras para la producción agropecuaria se necesitaba mano de obra, cuestión que se satisface   con la llegada de migrantes europeos (suizos, alemanes, italianos, entre otros), en su mayoría trabajadores rurales.  La creación de colonias agrícolas por parte del Estado (que comenzó en los años 1853 y 1856 en las provincias de Santa Fe, como la ciudad de Esperanza y en la provincia de Entre Ríos respectivamente), permitió la organización de la producción en las explotaciones basadas en el trabajo familiar.

Sin embargo, podemos afirmar que hacia 1870, esta inmigración contribuyó en primer lugar al aumento de la producción agrícola, permitiendo a su vez que la Argentina pudiera dejar de importar trigo.  Aumento que fue acompañado por la mecanización del agro, gracias a la incorporación de algunos nuevos elementos, como el arado de reja de hierro y acero, segadoras y trilladoras a vapor.

Sin embargo, en otras áreas del país, la agricultura comenzó a cobrar fuerza. Como ocurrió con el azúcar en Tucumán y la vid en Mendoza, que experimentaron un aumento tanto de las superficies cultivadas como de la producción, y se orientaron al abastecimiento del mercado interno.

Espacios agrarios    

 Se puede afirmar, que cada vez se producen más materias primas para las industrias y menos alimentos para el consumo directo, en los espacios agrarios.  También son cada vez mayor la cantidad de alimentos y materias primas destinadas al mercado internacional.  Esto permite que diferenciemos  dos tipos disímiles de espacios agrarios en nuestro país: por un lado, aquellos en los que las actividades agrarias están orientadas al mercado externo, y por el contrario aquellos otros espacios donde esas actividades se dirigen para satisfacer a la población del país, es decir, la demanda del mercado interno.

Orientación al mercado externo

Ciertas áreas de nuestro país se destacan porque desde hace mucho tiempo son áreas que exportan productos derivados de la actividad agrícola. El mejor ejemplo es, el del área pampeana que dicta su organización desde fines del siglo XIX.

Sin bien las innovaciones tecnológicas han sido constantes, hacia 1950 la actividad agraria pampeana registra un importante proceso de transformación tecnológica, sobre todo con la incorporación del tractor y de las cosechadoras mecánicas a la producción agrícola. Desde mediados de la década de 1970 se incorporaron otras tecnologías, como ciertas variedades de trigo y maíz de alto rendimiento, y se extiende el uso de fertilizantes y plaguicidas. Además este proceso fue acompañado por un importante aumento de los precios de algunos cultivos en el mercado internacional, entre ellos la soja: ello promovió la introducción y rápida expansión de este cultivo en el área pampeana, sustituyendo a los cereales, sobre todo el maíz y el sorgo granífero, y el de otras oleaginosas, por ejemplo el lino. Sin embargo, también se utilizaron otras zonas, antiguamente ganaderas para tal producción. Esto sucedió principalmente en el este, centro y norte de la provincia de Buenos Aires, el este de la provincia de Córdoba y el sur y centro de la provincia de Santa Fe.

Finalmente, desde mediados de esa década se comenzaron a incorporar nuevos espacios agrarios a la producción destinada al mercado internacional.  Las causas de este cambio están relacionadas con la modernización de antiguas explotaciones o por la instalación de nuevas empresas agrarias, como el caso del Alto valle del río Negro con sus explotaciones frutícolas, o en Jujuy y Salta.  Pero las más recientes son las explotaciones de arroz en Entre Ríos y Corrientes. Cabe mencionar, que otra causa es que se produjo la introducción de cultivos tradicionales del área pampeana, como la soja en el este de Tucumán o el girasol y el sorgo en el Chaco; proceso que se lo conoce como Pampeanización (traslado de cultivos y técnicas típicas del área pampeana a otros ámbitos).

Orientación hacia el mercado interno

Son muy heterogéneos entre sí los espacios agrarios cuya producción está destinada al mercado interno.  Esto se puede  explicar ya que, en algunas zonas se practica una agricultura intensiva, caracterizada por la aplicación de una mayor proporción de trabajo o tecnología por unidad de tierra, en comparación con otras actividades, este tipo de actividad utiliza mucha mano de obra y en algunos casos capital; es el caso de los pequeños y medianos productores algodoneros en el Chaco y Formosa, o el cultivo de la vid, en Mendoza.

 Y en otras zonas se practica una agricultura extensiva, caracterizada por la utilización de una mayor proporción de tierra respecto del trabajo y la tecnología. Además este tipo de actividad requiere proporcionalmente más tierra que mano de obra o capital, como es el caso de los productores de maíz y mandioca en Formosa.

Es importante destacar que, las actividades agrarias de estos espacios tuvieron una gran expansión hasta la década de 1960, al mismo tiempo que crecía el consumo de productos agrarios en el mercado interno.  A partir de ese momento, gran parte de los productores de estas áreas han sufrido problemas de sobreproducción, es decir, producen más de lo que se consume, lo cual ha llevado a un descenso de los precios de sus productos. Estas situaciones afectaron en mayor medida a aquellos productores que realizan un solo cultivo y que no son propietarios de las tierras que trabajan.

Para superar esos problemas, muchos productores que disponían del capital necesario han intentado optimizar la calidad de sus productos incorporando nuevas tecnologías.  Otros cambian el tipo de cultivos que realizan o diversifican su producción, incorporando otros cultivos o la cría de algún ganado.

USO DE AGROQUÍMICOS: Los agroquímicos constituyen un elemento esencial dentro de la agricultura moderna para incrementar los rendimientos de los cultivos. En la Argentina su uso está cada vez más generalizado y han constituido un gran sostén para el crecimiento agrícola, tanto de las áreas recientemente incorporadas a la agricultura como de aquellas tradicionalmente agrícolas a través del aumento de los rendimientos.

Entre los agroquímicos se encuentran los fitosanitarios, productos destinados a la protección de los cultivos, que permiten su adecuado desarrollo sanitario. Entre ellos: los herbicidas (controlan las malezas que invaden los cultivos), los insecticidas (controlan los insectos perjudiciales), los acaricidas, funguicidas y bactericidas (combaten ácaros, hongos y enfermedades bacterianas respectivamente).

Otro de los productos agroquímicos fundamentales son los fertilizantes. Estos reponen al suelo los nutrientes que se lleva la cosecha. Al igual que en el caso anterior, la utilización de fertilizantes se ha incrementado notoriamente.
 

SEMILLAS MEJORADAS Y TRANSGÉNICAS: Las semillas mejoradas son aquellas cuyo material genético ha sido modificado a través de la incorporación de información que les permita adquirir una característica que antes no tenían, por ejemplo, mayor rendimiento, mejor resistencia a enfermedades, mayor valor nutricional, mejor sabor de las frutas y hortalizas, entre otras cualidades.

Un tipo de semillas mejoradas son las semillas híbridas, que surgen del cruce
de plantas de diferentes tipos dentro de la misma especie, las cuales tienen ciertos caracteres deseados, que se combinan en su descendencia. Otro tipo son las semillas transgénicas. Se trata de semillas que han sido modificadas genéticamente a través del injerto de genes de otras especies vegetales o animales o bien del aislamiento y modificación de sus propios genes y su reintroducción en la especie original.

Las semillas modificadas genéticamente son comercializadas, en general, por algunas pocas, pero muy grandes, empresas multinacionales, como Cargill o Monsanto.
La empresa Monsanto ha desarrollado una serie de semillas transgénicas de amplia difusión en la Argentina, especialmente en el caso de la soja.

Nuevos sistemas de producción: la siembra directa
Una de las principales innovaciones de los últimos tiempos en la agricultura argentina lo constituye la difusión de la siembra directa como sistema de producción. Se trata de un sistema en el cual se cultiva sobre un suelo que no ha sido arado previamente, es decir, sobre el rastrojo o residuos del cultivo anterior.

Esto presenta una serie de ventajas desde el punto de vista agronómico y técnico:
• Favorece la conservación de la cobertura del suelo al evitar o disminuir la erosión.
• Mejora el aprovechamiento del agua, ya que mantiene la humedad del suelo al quedar cubierto por una capa de biomasa (rastrojo), que retarda la pérdida de humedad por evaporación.
• Mejora la actividad biológica y aumenta el contenido de materia orgánica en el suelo.
• Mejora la eficiencia en el uso de! tiempo, ya que reduce la cantidad de labores necesarias.
• Reduce el uso de maquinarias (y de combustible) y personal.

Pero también presenta algunas desventajas. En los sistemas de labranza convencionales, el arado se usa, entre otras cosas, como método de control de las malezas. Con la siembra directa, ese método de control mecánico debe reemplazarse por el mayor uso de herbicidas, con lo cual la siembra directa aumenta la dependencia respecto de esos fitosanitarios.

La amplia difusión de la siembra directa en la Argentina tuvo lugar gracias a la disponibilidad de herbicidas eficientes a precios accesibles y de sembradoras adecuadas. Pero el factor fundamental que explica la creciente adopción de este sistema va de la mano de la expansión del cultivo de soja transgénica. En efecto, si se observa la evolución de la superficie sembrada con siembra directa, puede advertirse el gran crecimiento a partir de 1996, año en que comienzan a usarse semillas de soja RR y el glifosato, que permite controlar las malezas antes tratadas de forma mecánica a través del arado.

El sistema de siembra directa se está expandiendo hacia otros cultivos, aunque mayormente se usa para el cultivo de soja.

Profesora de Geografía: Claudia Nagel
Fuente
: Geografía Mundial y los desafíos del SXXI. Editorial Santillana. Geografía Mundial, Editorial Puerto de Palos.  

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