MAS DE 1000 MILLONES DE PERSONAS EN EL MUNDO CARECEN DE AGUA POTABLE, SEGÚN LAS
NACIONES UNIDAS.
LA MALA GESTIÓN DE LAS RESERVAS Y EL DERROCHE PROVOCAN PROYECCIONES ALARMANTES,
SE CONSIDERA YA UNA CRISIS GLOBAL
El
negocio del agua: En enero de 2000,
después de comprobar cómo la privatización del servicio de suministro de agua
había incrementado un 35% sus facturas, miles de vecinos de Cochabamba tomaron
las calles de esta ciudad boliviana para manifestar su descontento. El suceso
derivó en una protesta que se alargó más de una semana, mientras los ánimos se
caldeaban hasta el punto de que el presidente Hugo Banzer terminó decretando la
ley marcial en el país.
Sólo después de que muriera un joven en los disturbios,
el gobierno decidió rescindir el contrato con una filial de Bechtel, la
multinacional norteamericana que se había beneficiado de la privatización de la
gestión después de que el Banco Mundial impusiera esta medida como condición
para el otorgamiento de un préstamo de 25 millones destinado a refinanciar el
servicio de agua de la ciudad.
Los
hechos de Cochabamba dieron carta de ciudadanía a un movimiento transnacional
empeñado en demostrar que las políticas de privatización —una expresión más de
la tendencia liberalizadora que ha ido alcanzando en los cinco continentes a
todos los servicios públicos, desde la electricidad hasta las
telecomunicaciones, desde la salud hasta la educación— acarrean un efecto
perverso.
El
asunto, que también registró su episodio argentino en Tucumán, cuando la gente
se lanzó a la calle para protestar contra la francesa Vivendi, a cargo
del servicio, hoy resulta materia de polémica. Mientras que los impulsores de la
filosofía privatizadora sostienen que la escasez y la falta de agua que vive el
planeta se deben al hecho de que no ha sido considerada un bien económico, los
críticos opinan que el ímpetu privatizador no hace sino agravar la situación de
necesidad de los más desfavorecidos. Los primeros argumentan que someter el agua
a las leyes del mercado permitirá optimizar el recurso y extender los servicios
mínimos a toda la ciudadanía, mejorando su bienestar. Los segundos, por el
contrario, objetan que la lógica de mercado no asegura —como tampoco lo hace con
los alimentos, ya que a pesar de haber hiper producción siguen muriendo personas
de hambre— la distribución equitativa de un recurso necesario y escaso.
Un estadounidense consume más de
800 litros de agua por día. En la fabricación de un automóvil se utilizan
400.000 litros. En los hogares de Canadá, Francia o Alemania, cada inodoro
utiliza 18 litros cada vez que se tira de la cadena. La producción de una
tonelada de granos en un terreno poco indicado para su cultivo, como los campos
de Arabia Saudita, pide 3000 toneladas de agua, tres veces más de lo que se
considera normal... "Sobran las evidencias que muestran que el factor clave en
la explicación de lo que está"
Mientras las posturas en favor y en contra de la privatización se alejan
progresivamente y países como Uruguay intentan zanjar la cuestión convocando
—como ocurrió el pasado 2004— a un referéndum para decidir si privatizar o no el
servicio de suministro del agua, existen al menos dos hechos innegables. De un
lado, las experiencias en todo el mundo -fomentadas por el Banco Mundial y el
Fondo Monetario Internacional— han demostrado que la transferencia a manos
privadas del abastecimiento de agua trae como efecto un aumento de su costo, con
el detalle de que en muchos casos los que más la necesitan son los que más cara
la pagan.
En
su Manifiesto del agua..., Ricardo Petrella
acude al ejemplo significativo, pero no único, de Manila. La capital de
Filipinas, con 10 millones de habitantes, fue en 1997 una de las primeras
grandes ciudades en dejar la gestión del agua bajo control privado. Como
consecuencia, los pobres terminaron pagando el doble por el agua que los ricos.
Pero hay más, porque el del agua figura como uno de los negocios con mayor
crecimiento y más lucrativo de la actualidad, con unos márgenes de beneficios
que —a decir de muchos— resultan obscenos cuando se recuerda hasta qué punto la
vida de millones de personas está afectada por la falta de agua.
Barlow y Clarke se hacen eco en su libro de un número especial dedicado a la
industría global del agua, publicado en mayo de 2000 por Fortune, en el
que la revista auguraba lo siguiente: “El agua parece destinada a ser para el
siglo XXI lo que fue el petróleo para el siglo XX: la codiciada mercancía que
determina la riqueza de las naciones”.
Riccardo
Petrella. politicólogo itaiiano autor de El
manifiesto del agua, propone el establecimiento de una
triple tarifa para garantizar el derecho universal de acceso al liquido
azul. La primera aseguraría una cuota de agua que correspondería a la cantidad y
la calidad juzgada como necesaria para vivir en un
país determinado. Ahí, el agua no sería gratuita, sino pagada indirectamente por
los impuestos. La segunda —facturada directamente al cliente— sería la cuota
relativa a todo consumo que sobrepasara el umbral mínimo definido como
indispensable. La tercera tarifa gravaría el consumo suntuario, pero teniendo en
cuenta que no se puede cobrar
el derecho a derrochar.
La
afirmación no debe sorprender, habida cuenta del formidable volumen de negocios
de la industria del agua, cuyos ingresos anuales alcanzan ya cerca del 400/o del
sector del petróleo y son una tercera parte más elevados que los del sector
farmacéutico. “En 1998, el Banco Mundial predijo que el comercio global del agua
alcanzaría pronto la cifra de los 800.000 millones de dólares y para 2001 esa
cantidad se había elevado nada menos que a un billón de dólares”, aseguran los
especialistas, a la vez que aportan los datos del crecimiento del otro gran
negocio azul, el del agua embotellada, un sector que en 30 años (de 1970 a 2000)
pasó de embotellar 1000 millones de litros a comercializar 84.000 millones de
litros en todo el mundo.
»
El Sistema Acuífero Guaraní es una de las reservas de agua subterránea más
grandes del planeta.
» Con una superficie de más de un millón de kilómetros cuadrados
comprende cuatro países: la Argentina, Paraguay, Brasil y Uruguay.
Nuestro país posee 225.000 kilómetros cuadrados de reserva acuífera, ubicados en
la zona del Litoral.
» El volumen total de agua almacenado por el sistema es de 37.000 kilómetros
cúbicos (1 km3 es igual a mil millones de litros).
» El Proyecto Acuífero Guarani, destinado a la protección y al desarrollo
sostenible del sistema, está cofinanciado
por organismos nacionales e internacionales, y cuenta con la coordinación del
Instituto Nacional del Agua (INA).
Fuente Consultada: INA
Un derecho universal:
Frente a este panorama, mientras las grandes empresas del negocio del agua, como
Vivendi Universal, el grupo RWE o la firma Suez, maximizan sus beneficios
—las tres figuraban ya en 2001, según el Instituto Polaris de Canadá, entre las
100 más poderosas del mundo—, una corriente de opinión cada vez más persuadida
de su fuerza está dando batalla a escala global para que el agua deje de
considerarse un bien económico y pase a ser considerada un bien social ligado al
derecho a la vida, fuera del manejo de las empresas.
“El
acceso al agua debe ser un derecho y cualquier barrera que se le interponga
lesiona ese derecho”, dice Emiliano Ezcurra, director de campañas de
Greenpeace Argentina.
“El
agua no es como otros recursos naturales. [..] Hay que evitar que siga el camino
del petróleo”, escribe Petrella, cuya obra sobre el tema es el libro de cabecera
de muchas de las organizaciones implicadas en esa causa. “No hay ninguna
alternativa que pueda sustituirla y, por lo tanto, es más que un recurso: es un
bien vital para todos los seres vivos y para el ecosistema de la Tierra en
general”, argumenta este profesor de la Universidad de Lovaina.
Para
el italiano, “todos los seres humanos tienen derecho, individual y
colectivamente, a acceder a este bien vital. El acceso al agua y la obligación
de conservarla para la supervivencia pertenecen al conjunto de la humanidad; no
pueden ser nunca objeto de apropiación individual”, apunta. “El control del agua
no se puede dejar librado a la lógica de las finanzas y el mercado, porque éstos
garantizan el derecho a la vida sólo a los consumidores solventes”, concluye el
politicólogo, que propone la firma de un convenio mundial para defender la
consideración del agua como “un patrimonio común y vital”.
Esta fiebre del bienestar se traduce en un incremento del consumo per cápita
que refleja la siguiente proporción: la cantidad de agua utilizada se
multiplicó por seis entre 1900 y 1995 (más del doble del ritmo de crecimiento de
la población) y por dos desde 1975.Además, hay que reparar en el notable impacto
provocado por la industrialización y la agricultura intensivas, que no sólo
traen aparejada la utilización de enormes cantidades de agua, sino que además
contaminan los recursos a un ritmo muy superior al que tiene la natural
regeneración de las reservas hídricas.
Cuando el reto de las Naciones Unidas de reducir para 2015 a la mitad la
proporción de personas sin acceso al agua potable y garantizar un consumo mínimo
de 20 litros parece para muchos un desafío imposible, los grupos de activistas
en los que militan estudiosos como Barlow y Clarke hablan de la conveniencia de
un cambio de mentalidad.
“Nosotros creemos que el acceso al agua limpia para satisfacer las necesidades
básicas es un derecho humano fundamental. Este recurso vital no puede
convertirse en una mercancía que se ofrece al mejor postor. Cada generación debe
asegurarse de que la abundancia y la calidad del agua no se vean afectadas
negativamente por sus actividades”, enfatizan los canadienses..
EL
AGUA EN MEDIO ORIENTE
Fuente Consultada:
La Nación Revista Marzo de
2006