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El Aire:
El aire que respiramos no es un
compuesto químico, sino una mezcla de gases, formada en un 99,997% —por debajo
de los 90 km de altitud sobre la superficie terrestre— por cinco componentes:
nitrógeno (N2), oxígeno (02), argán (Ar), dióxido de carbono (C02) y vapor de
agua.
De
los cinco componente principales del aire, el nitrógeno, el oxígeno y el argón
son considerados gases permanentes, porque su concentración no varía de forma
sustancial en el tiempo, ya que tienen un periodo de permanencia muy grande (se
consideran gases permanentes aquellos con una duración media de las moléculas en
la atmósfera superior a 1 .000 años). La tabla siguiente recoge ¡a proporción en
la que se hallan los distintos gases que componen el aire atmosférico en las
proximidades del suelo, así como su tiempo de permanencia:

En
las proporciones que figuran en el cuadro anterior, ninguno de los gases es
considerado como contaminante, ya que forman parte de la composición natural del
aire. Sin embargo, entre ellos aparecen muchos que, habitualmente, se
identifican como contaminantes: el dióxido de carbono, el sulfuro de hidrógeno,
los óxidos de nitrógeno y de azufre o el propio ozono. Esto es así cuando su
concentración en el aire supera sustancialmente la que corresponde al equilibrio
natural de la atmósfera, de forma que, cuando éste se altera, hablamos de
contaminantes atmosféricos.
El
aire que respiramos, aun en su estado más puro, contienen también partículas
sólidas y liquidas en suspensión, lo suficientemente pequeñas como para que su
tiempo de permanencia en la atmósfera sea importante. Muchas de estas
partículas, llamadas aerosoles, son emitidas por fuentes industriales o urbanas,
aunque también pueden hallarse de forma natural en la atmósfera. Una parte de
ellas procede de reacciones químicas entre los gases contaminantes.
El
vapor de agua representa aproximadamente el 4% en volumen del aire situado cerca
del suelo; es resultado de la evaporación de las aguas superficiales de océanos
y mares y de la transpiración de las plantas. Sin embargo, su bajo peso
molecular hace que sea transportado con relativa facilidad hacia arriba por las
corrientes ascendentes, hasta una altura máxima de 10-12 km sobre la superficie
terrestre, franja en la que la turbulencia es más efectiva. A alturas superiores
la concentración de vapor de agua en el aire es prácticamente nula.
¿Podemos considerar al aire como
un gas perfecto?
Si
prescindimos del vapor de agua —dado su bajo tiempo de permanencia en la
atmósfera (del orden de 10 días)—, de todos los gases que forman parte de la
composición del aire en muy pequeña proporción y de las posibles impurezas
presentes en el mismo, podemos hablar de aire seco o aire puro con una
composición fija hasta alturas de 16 km:
— N2: 755,5 g/kg. aire seco.
—02: 231,4g/kg. aire seco.
— Ar: 13,1 g/kg. aire seco.
El
hecho de que estos gases se hallen en unas condiciones de presión y temperatura
muy alejadas de las críticas para cada uno de ellos, hace que podamos
identificar el aire seco con un gas perfecto a la hora de describir la evolución
térmica de la atmósfera. El efecto del vapor de agua en el aire es mínimo
mientras no se den condiciones que favorezcan su condensación.
Evolución termodinámica del aire
La
mezcla de los gases que componen el aire atmosférico es muy homogénea hasta
niveles muy altos, debido a la agitación atmosférica. Esto quiere decir que los
gases están perfectamente mezclados entre sí, algo que no ocurriría si no
existiera turbulencia, ya que en este caso los gases más ligeros ascenderían más
rápido que los más pesados y el aire que respiraríamos los seres vivos estaría
formado casi en exclusiva por nitrógeno y oxígeno.
Una
de las principales características de la atmósfera desde el punto de vista
termodinámico es que la temperatura del aire desciende, en general, con la
altura. No obstante, existen estratos en los que ocurre exactamente lo
contrario; son las denominadas inversiones térmicas, que se caracterizan por una
gran estabilidad que impide las corrientes verticales y los movimientos
turbulentos (favorecen, por tanto, la concentración de contaminantes por debajo
de ellas).
Aire frío y cálido. Su influencia
en el comportamiento de la atmósfera: Una
masa de aire frío es aquella que se halla a temperatura inferior que el suelo
sobre el que se encuentra. Normalmente proviene de latitudes altas y. por tanto,
según evoluciona hacia latitudes más bajas se va calentando. Se trata de una
masa de aire inestable, en la que se desarrollan con facilidad corrientes
verticales convectivas como resultado del
calor que absorben del suelo, y también corrientes turbulentas. El efecto de
estas corrientes es la dispersión por toda la masa de aire del vapor de agua y
de las partículas de polvo procedentes del suelo. Por eso, las capas bajas de la
atmósfera quedan limpias de impurezas y proporcionan una gran visibilidad.
Por
el contrario, una masa de aire cálido posee mayor temperatura que el suelo sobre
el que se halla, ya que normalmente procede de bajas latitudes y evoluciona
hacia las más altas. Al estar el suelo más frío, las capas más bajas de la masa
de aire se enfrían antes que las superiores, por lo que suele producirse una
«inversión de tierra», es decir, una inversión térmica junto al suelo, en la que
la temperatura del aire aumenta con la altura. Las corrientes verticales en
estas capas, por tanto, quedan impedidas, lo que hace que se acumulen el vapor
de agua y las partículas de polvo en la zona más próxima al suelo, dificultando
la visibilidad.
En
primavera ocurre que, aunque el aire no procede de latitudes frías, se comporta
como una masa fría por efecto de la radiación solar, que empieza a ser cada vez
más fuerte y hace que el suelo se caliente antes que el aire. Por eso suelen
darse días muy claros y limpios en esta época del año. Por el contrario, las
nieblas son características del otoño, debido al fenómeno opuesto: al decrecer
la radiación solar, el suelo se enfría antes que el aire que se halla sobre él,
por lo que éste se comporta como una masa cálida aunque no provenga de latitudes
bajas. La inversión térmica que se produce hace que se acumule el vapor de agua,
dando origen a la niebla.
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