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América Latina:
claves para el siglo XXI
El siglo XXI representa para
América Latina un siglo controversial, la mayoría de los países latinoamericanos
continúan centrando su producción en la producción de materias primas.
El término “materias
primas” contiene a un conjunto heterogéneo de bienes, englobando entre otros
alimentos, materias primas de origen vegetal, metales, minerales y combustibles.
El valor total de las exportaciones mundiales de estos bienes aumentó de $1.3
trillones en 2001 a $3.0 trillones
en 2007.
La
razón del incremento del precio de las materias primas a nivel internacional se
debe a la incorporación de China e India a la economía mundial. Si bien puede hablarse, en general, de
un fuerte incremento en el precio de las materias primas, las evoluciones son
distintas en función del tipo de producto. Las que
han registrado un mayor incremento son las materias primas minerales, como los
metales (cobre, petróleo). En este sentido, se observa que ultimo quinquenio
estos productos alcanzaron tasas anuales de crecimiento promedio del 30% y 20%.
Al contrario, los productos tropicales (café, te, azúcar) han tenido un
comportamiento oscilante, incluso han caído sus precios.
“La tendencia a largo plazo demuestra que los precios de las
materias primas agrarias se están recuperando de una tendencia regresiva. En los
países de América Latina, el sector de las materias primas tiene una gran
importancia sobre la actividad económica, hasta el punto que América Latina es
una de las áreas exportadoras de materias primas más importantes a nivel
mundial, tras los países exportadores de petróleo del Golfo. En efecto, para
países como Argentina y Chile las exportaciones representan un porcentaje
superior al 34% del PIB, porcentaje que en Perú y Colombia se sitúa en 19% y 14%
del PIB respectivamente. Esta tendencia se ha acentuado en determinados países
(Venezuela, Chile y Perú), dado que algunas de sus principales materias de
exportación han registrado una gran revalorización (petróleo y metales, y
particularmente el cobre).”

De
esta forma,
las
cuatro mayores empresas de la región —PEMF PDVSA, Petrobras y PEMEX Refinación—
son petroleras. De las doce compañías más grandes de la región, sólo cuatro
venden productos que no sean petróleo o minerales (Wal-Mart de México, Teléfonos
de México, América Móvil y General Motors de México).
Sumado a que la mayoría de
los países de Sudamérica siguen dependiendo de las negociaciones con los países
centrales como EEUU o Europa, presionando para modificar las políticas de
proteccionismo sobre la producción de materias primas en los países
desarrollados. Brasil y la Argentina hacen bien en exigir que los países ricos
eliminen sus obscenos subsidios agrícolas, pero están concentrando sus energías
en apenas una de las varias batallas comerciales que deberían estar librando.
Están poniendo una buena parte de sus energías en ampliar su tajada del 4 por
ciento de la economía mundial lugar de —además de seguir exigiendo el
desmantelamiento de barreras agrícolas- iniciar una cruzada interna para
aumentar la competitividad de sus industrias y entrar en la economía del
conocimiento del siglo XXI.
Sin embargo, este proceso
contiene oportunidades como riesgos, todo depende de las decisiones y las
políticas gubernamentales que se lleven a cabo. En efecto, los elevados precios
de las materias primas que han disfrutado las economías de América Latina las
han situado ante una
extraordinaria oportunidad de emplear los elevados ingresos financieros
derivados de la extracción y producción de materias primas para desarrollar un
patrón de crecimiento que explote sus ventajas comparativas.
Ahora bien, frente a este hecho
existen posiciones controvertidas, algunos economistas son escépticos y
manifiestan que esta coyuntura es solo un “cuento chino”,
ya que los precios de las materias primas —incluso tras haber subido
considerablemente en los últimos años— se desplomaron en más de un 80 por ciento
en el siglo XX, y actualmente constituyen un sector minoritario de la economía
mundial. En la década del 60 las materias primas constituían el 30% del Producto
bruto mundial, en la actualidad sólo representan el 4%. Los nodos de la economía
mundial están centrados en el sector de servicios (68%) y el sector industrial
(29% porque desde la década del 70 a la actualidad, se produjo una
transformación del modo de acumulación centrando las actividades rentables en
las actividades financieras y de servicios.
Esto produce que las empresas
multinacionales de tecnología como IBM, o Microsoft, tengan ingresos muchísimo
más altos que las que producen alimentos u otras materias primas. Mientras que a
principios del siglo XX diez de las doce compañías más grandes de los Estados
Unidos vendían materias primas (American Cotton Oil, American Steel, American
Sugar Refining, Continental Tobacco y U.S. Rubber, entre otras), en la
actualidad hay sólo dos en esa categoría (Exxon y Philip Morris).
La posibilidad de
crecimiento en América Latina reside en la diversificación de sus economías, el
desarrollo de actividades más rentables como el caso de Nokia en Finlandia o la
multinacional Wipro en la India. Al igual que Nokia y Wipro, hay cientos de
ejemplos de grandes compañías que nacieron produciendo materias primas y se
fueron diversificando a sectores más redituables.
En el caso de
Finlandia, uno de los países más desarrollados del mundo, empezó exportando
madera, luego pasó a producir y exportar bienes, más tarde se especializó en el
diseño de muebles, y finalmente, paso a concentrarse en el diseño de tecnología,
que era mucha más rentable. El ejemplo más conocido de este proceso es la
compañía Filandesa Nokia, una de las mayores empresas de telefonía ce& del
mundo. Nokia comenzó en 1865 como una empresa maderera, fundada por un ingeniero
en minas en el sudeste de Finlandia. A mediados del siglo XX ya diseñaba
muebles, y empezó a usar su creatividad para todo tipo de diseños industriales.
En 1967 se fusionó con una empresa finlandesa de neumáticos y otra de cables,
para crear un conglomerado de telecomunicaciones que hoy se conoce como Nokia
Corporation y que tiene 51 mil empleados y ventas anuales de 42 mil millones de
dólares. Es el equivalente a cinco veces el producto bruto anual de Bolivia, y
más del doble del producto bruto anual de Ecuador.
Por su parte, la
multinacional Wipro Ltd., de la India, que empezó vendiendo aceite de cocina, y
hoy día es una de las empresas de software más grandes del mundo. El empresario Azim
Premji —conocido por muchos como
el Bill Gates de la India— llegó a ser el hombre más rico de su país, y el
número 38 en la lista de los más ricos del mundo de la revista Forbes,
transformando radicalmente su empresa familiar. Estaba estudiando ingeniería en
la Universidad de Stanford, en los Estados Unidos, cuando murió su padre en 1966
y tuvo que regresar a su país a los 21 años para hacerse cargo de la empresa
familiar, Western India Vegetable Products Ltd. (Wipro). La compañía estaba
valuada en ese entonces en 2 millones de dólares, y vendía sus aceites de cocina
en supermercados. Premji inmediatamente comenzó a diversificarse, empezando por
producir jabones de tocador. En 1977, aprovechando el vacío creado por la
expulsión de IBM del país, empezó a fabricar computadoras. El negocio fue
prosperando, y la compañía comenzó a producir software hasta crearse una
reputación de empresa innovadora, con gente creativa. Hoy día, Wipro Ltd. tiene
ingresos de 1.900 millones de dólares por año, de los cuales el 85 por ciento
proviene de su división de software, y el resto de sus departamentos de
computadoras, de lámparas eléctricas, de equipos de diagnóstico médico y —aunque
parezca un dato sentimental— de jabones de tocador y de aceites de cocina. La
empresa ha triplicado su número de empleados desde 2002, a 42.000 personas, y su
sede de la ciudad de Bangalore está contratando un promedio de 24 personas por
día.
El gran desafío
consiste en aprovechar las actividades productivas, incluso las del sector
primario, y utilizarlas como “trampolines” hacia actividades más rentables.
Para hacer eso, la experiencia de China, Irlanda, Polonia, la República Checa y
varios otros países demuestra que hay que invertir más en educación, ciencia
y tecnología, para tener una población capaz de producir bienes industriales
sofisticados, servicios, y fabricar productos de la economía del conocimiento.
El ranking de las patentes
El cambio en el
régimen de acumulación también se evidenció en el crecimiento del patentamiento
de los distintos avances y descubrimientos científicos. Entre 1977 y 2003, la
oficina de patente de los Estados Unidos registró alrededor de 1.631.000
patentes de ciudadanos o empresas estadounidenses, 537.900 de Japón, 210.000 de
Alemania, 1.600 de Brasil, 1.500 de México, 830 de la Argentina, 570 de
Venezuela, 180 de Chile, 160 de Colombia y 150 de Costa Rica. En 2OQ3 la oficina
registró unas 37.800 patentes de empresas o inversores 4 Japón, 4.200 de Corea
del Sur, 200 de Brasil, 130 de México, 76 de la Argentina, 30 de Venezuela, 16
de Chile, 14 de Colombia y 5 de Ecuador.
En estos datos se
puede demostrar el protagonismo de las empresas japonesas y surcoreanas frente a
la situación de América Latina. En las oficinas de patentes de los países
latinoamericanos, la situación es parecida: en México apenas el 4 por ciento de
las patentes registradas provienen de personas o empresas mexicanas; el 96 por
ciento restante son de compañía multinacionales como Procter & Cambie, 3M,
Kimberly-Clark, Pfizer, Hoechst y Motorola.
A su vez, los
países que más patentes registran, claro, son los que más invierten en ciencia y
tecnología. En esa categoría están los Estados Unidos, que invierten el 36 por
ciento del total mundial destinado a investigación y desarrollo, la Unión
Europea, el 23 por ciento, y Japón el 13. Comparativamente, los países
latinoamericanos y caribeños convirtieron apenas un 2,9 por ciento del total
mundial destinado a investigación y desarrollo en 2000, según la publicación Un
mundo de Ciencias de la
Unesco.
Incluso,
Latinoamérica esta rezagada por la falta de capacitación de la mano de obra
destinada a la producción de bienes de alto valor agregado. En China, por
ejemplo, se gradúan 350.000 ingenieros por año, y en India unos 80 mil.
Comparativamente, en México se gradúan 13 mil, y en la Argentina 3 mil, según
datos oficiarles. Claro que China e India tienen poblaciones muchísimo más
grandes, y por lo tanto producen más ingenieros. Pero su cantidad de graduados
en ingeniería es un factor importante en la economía global: a la hora de
escoger en qué países invertir, las empresas de informática y otros productos
sofisticados van a buscar aquellos que tengan la mayor mano de obra calificada
disponible, al mejor precio.
Los economistas ortodoxos y las instituciones financieras
internacionales se acordaron tarde de la importancia de la educación en el
desarrollo de las naciones. En la década de los 90 bajo el Consenso de
Washington, los países latinoamericanos aplicaron recetas recesivas y de
achicamiento del gasto público, donde la educación sufrió un severo recorte de
presupuesto. Esta situación se agravo aun más con el paso de las décadas
llegando a la actualidad con severos problemas estructurales. Quizás la tarea
más importante de los gobiernos actuales de América Latina es generar políticas
educativas y sociales tendientes a solucionar estos problemas que afectan a las
sociedades latinoamericanas. Y sólo a partir de allí, repensar qué lugar ocupará
Latinoamérica en el nuevo concierto mundial
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