
Teodosio el Grande, que tras
grandes esfuerzos había conseguido reducir a los
visigodos, dividió el Imperio entre sus hijos, nombró a
Honorio emperador de Occidente y a Arcadio de
Oriente, y al vándalo Estilicón general y ministro a
Honorio. Mientras tanto los francos habían llegado a orillas
del Mosa, y los alamanos traspuesto el Rin.
Los visigodos, por
su parte, tenían por jefe a un valiente guerrero llamado Ala
Reik o Alarico (376-410), que permanecía al frente de sus bandas en la
Tracia. Estaba sometido a Roma y prestaba servicios militares mediante un sueldo
anual.
Por diferencias habidas con el
emperador Arcadio, Alarico cruzó Tracia y Macedonia, pasó las Termópilas y entró
en el Peloponeso, amenazando acabar con el Imperio oriental.
La avalancha pudo ser detenida
gracias a los esfuerzos de Estilicón, caudillo de los ejércitos de Honorio. Pero
este emperador cometió una imprudencia: temiendo que Estilicón, al frente de sus
30.000 bárbaros se convirtiera en emperador, ordenó su muerte. Los componentes de
su ejército huyeron en busca de Alarico y éste penetró en el Imperio de
Occidentepara vengar a los bárbaros.
Traspuso los Alpes, el Po y los Apeninos y,
siguiendo la vía Flaminia, llegó a las puertas de Roma a
la que puso sitio. Las gentes morían de hambre y se sucedían las epidemias. Fue
preciso que los orgullosos romanos imploraran la
clemencia del caudillo visigodo. Alarico exigió la entrega de todo el oro y la
plata que hubiese en la ciudad y la inmediata liberación de los esclavos
bárbaros. Cuando los consternados embajadores romanos le
preguntaron: "¿Qué nos dejas, pues?", el caudillo godo contestó en el idioma
natal: Saivalos, es decir, "la vida".
Entregado al rescate, Alarico se retiró a sus posiciones de
Etruria, después de exigir el nombramiento de general de los
ejércitos de Occidente, un sueldo anual y los territorios de
Dalmacia y Venecia. Ante la negativa, ocupó el puerto de Ostia e intimó
desde allí la rendición de la ciudad de Roma. Ostia era
el puerto mediante el cual Roma se surtía de víveres, y el lugar
donde radicaban los depósitos de trigo. Al no ser
atendidas sus peticiones, Alarico, deseoso de venganza, se presentó nuevamente
en Roma. Tras un largo asedio, el día 24 de agosto del
año 410 entró en la ciudad después de un violento asalto.
Junto con las tropas, penetraron
en la ciudad unos 40.000 esclavos que habían sido libertados en el anterior
sitio y que deseaban vengarse de sus antiguos amos. Ello
explica la cruel matanza que tuvo lugar durante los tres días que duró el
saqueo de la población. En esta gran hecatombe fueron respetados los
templos cristianos y las personas que en ellos se habían
refugiado.
Satisfecha su venganza, Alarico
abandonó la ciudad de Roma, en la que debido al hacinamiento de cadáveres
comenzaba a desarrollarse la peste. Se dirigió
hacia el Sur con intención de pasar a Sicilia, pero murió a la edad de 34 años,
antes de cumplir su propósito. Se cuenta que para evitar
que el cadáver fuese profanado, sus tropas cortaron
el curso del río Busento, en cuyo lecho cavaron una fosa
y depositaron en ella el ataúd conteniendo el cuerpo de su jefe y gran cantidad
de oro, plata y telas preciosas. Luego las agua del río volvieron a su cauce
normal y después degollaron a los esclavos que habían ejecutado las
obras.
Nuevas oleadas de pueblos bárbaros
se precipitaban sobre el Imperio. Francos, suevos, vándalos y alanos pasaron el
Rin y avanzaron por tierras galas. Los primeros se
asentaron en la Galia. Los restantes penetraron en Hispania y pactaron con
Estilicón. Los vándalos y los suevos ocuparon la Gallecia, los vándalos
la Bética, y los alanos se asentaron en la Lusitania y en
la Cartaginense.
Las agua del río volvieron a su
cauce normal y después degollaron a los esclavos que habían ejecutado las obras.
Nuevas oleadas de pueblos bárbaros se precipitaban sobre el Imperio. Francos,
suevos, vándalos y alanos pasaron el Rin y avanzaron por
tierras galas. Los primeros se asentaron en la Galia.
Fuente Consultada:
Consultora Tomo 7
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