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JUAN BAUTISTA ALBERDI:
Cuando Urquiza reunió en Santa Fe al Congreso que sancionaría la
Constitución de 1853, sus integrantes comenzaron a buscar modelos para
redactarla. Si bien había una idea bastante concreta de lo que se quería,
faltaba el aspecto operativo, práctico. Entonces llegó a sus manos un librito
que había preparado Alberdi, abogado argentino radicado en Valparaíso que,
alejado de Buenos Aires unos veinte años antes por disidencias con Rosas (aunque
nunca fue perseguido), había cumplido en Chile una labor profesional muy
destacada.
En su libro, Alberdi proponía un proyecto de
Constitución y el fundamento teórico de este nuevo país que iba a emprender su
marcha, dejando atrás la larga dictadura de Rosas y la larga época de las
guerras civiles, y preparándose para tener otro papel y otras funciones, incluso
en el resto del mundo.
¿Qué decía Alberdi,
en síntesis?, el gran historiador argentino Félix Luna lo expresa así: "Para
resumirlo con palabras mías: hagamos una Constitución donde se dé toda clase de
garantías a las personas que quieran venir aquí a trabajar, a ejercer sus
industrias, a educar y a educarse, a transmitir sus ideas. Es decir, una
Constitución que garantice la creación de una sociedad próspera. Pero en cambio
no seamos tan liberales cuando se trata de política. No existe un electorado o
una ciudadanía. La Argentina no tiene, todavía, ciudadanos. Los argentinos
nativos no tienen aún hábitos de trabajo, respeto por la autoridad. No tienen
nada de aquello que hace posible un gobierno regular.
¿Qué tenemos que hacer entonces? Fomentar
la inmigración. Que vengan muchos extranjeros, si es posible anglosajones, y se
vayan mezclando con la población nativa. Entonces, cuando con los hijos o los
nietos de esos inmigrantes fragüe un nuevo tipo de hombre, un nuevo tipo de
argentino, será el momento de darle no solamente las libertades civiles, sino
también las políticas. Mientras tanto, que gobiernen los más aptos, los mejores
—nosotros—, llevando las cosas de modo tal que con inversión extranjera, con
tendido de ferrocarriles, con la explotación racional de la pampa, poco a poco
se vayan creando condiciones que hagan posibles formas republicanas con un
contenido también republicano. Mientras tanto, mantengamos sólo la forma de la
república.
En última instancia, este era un pensamiento
bastante realista, comparable, si se quiere, al que Rosas expuso en la Carta de
la Hacienda de Figueroa. Y, sin que nadie lo dijese de manera directa, fue el
pensamiento que se puso en marcha en la época de Mitre y, más aun, en la de
Roca, a partir de 1880. Es decir: hagamos un país próspero, tratemos de que
tenga inserción dentro del mundo contemporáneo, abramos la frontera a los
inmigrantes, a los capitales, a las ideas, y por ahora posterguemos un poco lo
político, porque todavía no están dadas las condiciones para una república
perfecta."
Documento: El
pensamiento de Alberdi
El pensamiento de
Alberdi —que, entre otras cosas, sentó las bases de la Constitución
Nacional una gran preocupación por el aspecto sociológico de un
proyecto de construcción de “El problema del gobierno posible en la
América antes española no tiene más que una solución sensata, ella
consiste en elevar nuestros pueblos a la altura de la forma de
gobierno que nos ha impuesto la necesidad; en darles la aptitud que
les falta para ser republicanos; en hacerlos dignos de la república,
que hemos proclamado, que no podemos practicar hoy ni tampoco
abandonar; en mejorar el gobierno por la mejora de los gobernados;
en mejorar la sociedad para obtener la mejora del poder, que es su
expresión y resultado directo. [...] ¿Cómo hacer, pues, de nuestras
democracias en el nombre, democracias en la realidad? ¿Cómo cambiar
en hechos nuestras libertades escritas y nominales? ¿Por qué medios
conseguiremos elevar la capacidad real de nuestros pueblos a la
altura de constituciones escritas y de los principios proclamados?
Por los medios que dejo indicados y que todos conocen; por la
educación del pueblo, operada mediante la acción civilizante de
Europa, es decir por la inmigración, por una legislación civil,
comercial y marítima adecuadas; por constituciones en armonía con
nuestros tiempos y nuestras necesidades; por un sistema de gobierno
que secunde la acción de esos medios.
[...] ¿Qué nombre
daréis, qué nombre merece un país compuesto de doscientas mil leguas
de territorio y de una población de ochocientos mil habitantes? Un
desierto. ¿Qué nombre daréis a la constitución de ese país? La
constitución de un desierto. Pues bien, ese país es la República
Argentina; y cualquiera que sea su constitución, no será otra cosa
que la constitución de un desierto.
Pero, ¿cuál es la
constitución que mejor conviene al desierto? La que sirve para
hacerlo desaparecer , que sirve para hacer que el desierto deje de
desierto en el menor tiempo posible, y se convierta en un país
poblado. Luego éste debe ser el fin político, y no puede ser otro,
de la constitución argentina y en general de .:-das las
constituciones de Sudamérica.
Las constituciones de
países despoblados no pueden tener otro fin serio y racional, por
ahora y por muchos años, que el dar al solitario y abandonado
territorio la población de que necesita como instrumento fundamental
de su desarrollo y progreso. [...] Es, pues, esencialmente económico
el fin de la política constitucional y del gobierno en América. Así,
en América, gobernar es poblar. Definir de otro modo el gobierno es
desconocer su misión sudamericana. [...] La cuestión argentina de
hoy es la cuestión de América del Sur, a saber: buscar un sistema de
organización conveniente para obtener la población de sus desiertos,
con pobladores capaces de industria y libertad, para educar sus
pueblos, no en las ciencias, no en la astronomía [...] sino en la
industria y en la libertad práctica. [...] Para poblar el desierto,
son necesarias dos cosas capitales: abrir las puertas de él para que
todos entren, y asegurar el bienestar de los que en él penetren: la
libertad a la puerta y la libertad dentro.”
Juan Bautista Alberdi.
Bases y puntos de partida
para la organización política de la República Argentina. Valparaíso,
1852. Citado en: Tulio Halperin Donghi.
Proyecto y construcción de una nación (Argentina, 1846-1880).
Caracas, Ayacucho. 1980. |
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