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AMBROSIO PARE, CIRUJANO
REAL: (Bourg-Hersent, Laval, 1509 - París, 20
de diciembre de 1590) Ambrosio Paré
fue médico real en tiempos de Catalina de Médicis. Con esto queda acreditada su
fama. En su
juventud
había sido aprendiz de barbero, y es bien sabido que en el siglo XVI a los
barberos se les consideraba casi como médicos.
Pero Paré fue algo más, porque no fue un médico
vulgar sino un hombre autodidacta que llegó a la más alta cima de su profesión,
y que llegó a poner en ridículo a los profesores de la Sorbona de París.
Ambrosio Paré, por su condición de médico de la Corte, fue testigo de muchos
hechos históricos en los que, queriendo o sin querer, tuvo que tomar una parte
muy importante.
Muchos fueron los nobles y soldados a los que tuvo que operar o curar Ambrosio
Paré, el cual descubrió nuevos métodos para tratar las heridas. Si antes éstas
se trataban cauterizándolas por el fuego, o regando la herida con aceite de
saúco y tríaca (que por contener opio actuaba como sedante) hirviendo, Paré,
aunque al principio también aplicó este tratamiento a los heridos, en cierta
ocasión en que se terminó su provisión de aceite de saúco, aplicó en su lugar
una mezcla de yemas de huevo, aceite de rosas y trementina. Al día siguiente de
esta aplicación provisional, Paré comprobó que los heridos se hallaban muy
mejorados, especialmente más que los tratados por el fuego o con el aceite de
saúco.
Asimismo, Paré modificó la cirugía de su época, utilizando la sutura de los
vasos sanguíneos, lo cual anulaba en muchas ocasiones la necesidad de proceder a
una amputación.
En
1559, en la toma de Calais por los franceses, asistió al duque de Guisa de una
herida mortal. Los demás médicos del duque desistieron alegando que el duque no
tenía remedio y su orgullo les impedía aceptar que un cirujano no académico como
Paré pudiera hacer algo que ellos no podían. No sin muchos impedimentos
consiguió Paré salvar al duque, el cual a partir de entonces llevó el
sobrenombre del "acuchillado" por la tremenda cicatriz que le quedó en la cara.
Tuvo
también un papel destacado en el desarrollo de la obstetricia, mostrando que era
posible dar la vuelta al niño antes del parto cuando se presentaban
complicaciones debidas a su posición (versión podálica). Otras de sus
aportaciones fueron la técnica más adecuada para la extracción de proyectiles y
la utilización de tubos para drenar abscesos, bragueros para hernias y prótesis
de miembros amputados.
El rey Enrique II y el cirujano
Paré
Fue
Nostradamus quien profetizó en una célebre cuarteta la muerte del monarca
francés, Enrique II. La cuarteta decía así:
El león joven al viejo dominará,
en campo bélico, en duelo singular.
En jaula de oro los ojos le destrozará.
Dos clases en una y cruelmente morirá.
Efectivamente, con motivo de la boda de su hija Isabel con Felipe II, y de la de
su hermana con el duque de Saboya, el soberano francés organizó durante
aquel mes de julio de 1559 una serie de festejos, bailes, cacerías y torneos.
En
uno de éstos, cuando el rey ya había justado con otros caballeros, desafió
personalmente a Gabriel, conde de Montgomery; éste aceptó el reto,
partieron los dos jinetes al encuentro, y la lanza del conde chocó con el casco
de acero del monarca, rompiéndose en
astillas, una de las cuales atravesó el globo ocular, llegando al cerebro.
Naturalmente, llamaron inmediatamente a Ambrosio Paré, el cual desde el
principio comprendió la suma gravedad del caso. A fin de estudiar la herida, y
la trayectoria seguida por la astilla de acero de la lanza, Paré ordenó traer a
su laboratorio dos cabezas de dos criminales que acababan de ser ejecutados.
Paré
tuvo que repetir sus investigaciones varias veces, hasta lograr que una astilla
semejante a la que tenía el rey moribundo incrustada en su cerebro, siguiese la
misma trayectoria en una de las cabezas, que previamente él había disecado. Pero
todo fue inútil. La profecía de Nostradamus se cumplió y Enrique II falleció el
10 de julio de 1559, a causa de una infección cerebral.
Sin
embargo, Paré continuó gozando del favor de la Corte durante los reinados de
Francisco II y de Carlos II, pese a los rumores de que el célebre cirujano había
envenenado al primero de los dos monarcas por instigación de Catalina de
Médicis.
Hasta
el reinado de Enrique III, el de los Cuarenta y Cinco, estuvo Paré en la Corte.
Durante toda su profesión, Ambrosio Paré escribió diversos tratados de medicina
y cirugía, hasta un total de treinta y seis volúmenes, en los que expuso todo lo
aprendido a través de su experiencia.
Si más no, y a pesar de los fallos debidos inevitablemente a la parquedad de
medios con los que contaba, Ambrosio Paré debe ser considerado como un verdadero
innovador de la medicina, y descubridor de varios métodos de cirugía.
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