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EL AMOR TRÁGICO I
(Raúl Barón Biza y Martha Rossi Hoffmann)
Raúl Barón Biza, millonario, joven y exitoso. Nació en Córdoba
en 1899, de acomodada posición era hijo de los millonarios Wilfrid Barón y Catalina Biza, poseedores de grandes latifundios en la provincia de Córdoba.
Desde joven había incursionado en la política, la literatura y los negocios.
Así, apoyó al líder radical Hipólito Yrigoyen, una posición extremadamente
inusual en las clases más acomodadas; en 1924 publicó Risas, lágrimas y sedas.
En el orden de los negocios, introdujo el cultivo sistemático del olivo en
Argentina, y organizó la explotación de minas de wolframio y bismuto en el
noroeste del país. El Barón Biza era un rebelde, de carácter y actitudes
imprevisibles, loco, inteligente y hasta tierno. Actuaba sometido a los
extremos, todo negro o blanco, nada de medias tintas. Esta personalidad
“bipolar” se materializó en todos los actos de su vida…
Cuando estaba de vacaciones en Italia, conoció en Venecia a la actriz austriaca
Rosa Martha Rossi Hoffmann, que actuaba con el seudónimo de Myriam Stefford.
Tras un rápido y apasionado romance, el 28 de agosto de 1930 contrajeron
matrimonio en la catedral de San Marcos, ella tenia 22 años y él 31. Todos
se
asombraban de la dulzura de Myriam y, más aún, del hecho de haberle contagiado a
Barón Biza algo de ella. Pronto, Raúl se olvidó de su vida de Playboy y
se alejó del alcohol, las fiestas descontroladas, el juego. Realmente, estaba
enamorado, compartiendo todo con su esposa hasta un pasatiempo como la aviación.
Sin embargo, este pasatiempo que los unía será también lo que los separe para
siempre.
Raúl
y Martha volaron juntos en un pequeño aparato el tramo Río de Janeiro-Buenos
Aires. Casi enseguida formaron parte de un raid que debía cubrir las catorce
provincias que formaban entonces la Argentina. De esta manera, a bordo de una
avioneta bautizada como Chingolo I comenzaron la aventura, pero debieron
aterrizar de emergencia en dos ocasiones. Barón Biza decidió abandonar el raid,
ya no lo entusiasmaba, pero ella, siempre sonriente y con la aventura corriendo
por su sangre, eligió seguir. Martha abordó otro avión, el Chingolo II, y la
acompañó otro copiloto y el alemán Luis Fuchs. Sobrevolaban la provincia de San
Juan y no faltaba mucho para aterrizar pero, a la altura de Marayes, un pequeño
pueblo rodeado de un gran desierto, la nave perdió sustentación y cayó. Los dos
tripulantes murieron en el acto, el 26 de agosto de 1931.
Cuando su esposa falleció trágicamente faltaban dos días para cumplir un año de
casados. Raúl Barón Biza, desconsolado, desganado hizo construir en el lugar
donde murió Martha un monumento donde hizo incrustar el motor destruido del
avión de Myriam.
Sin
embargo, el desconsuelo de Barón Biza lo llevó a construir en los Cerrillos, una
estancia donde la pareja había vivido, junto a la ruta 5 que une Alta Gracia con
Córdoba, un mausoleo enorme. Para ello contrato al ingeniero Fausto Newton. El
mausoleo era un obelisco de 15 metros de altura por lado. En su interior,
guardaba una cripta que guardaría para siempre los restos de la mujer amada.
También allí hizo que se pusieran junto a ella todas sus joyas, incluido un
enorme diamante de 45 kilates conocido como La Cruz del Sur. Para que nadie se
atreviera a profanar el lugar, ubicó la cripta con las joyas a 6 metros de
profundidad, la hizo cubrir con hormigón armado y colocó explosivos de gran
poder que no se pueden advertir a simple vista. Hubo quienes pensaron que esto
último no era cierto y sólo se trataba de una amenaza falsa para evitar
intrusos, pero muchos años después, sumándose a las decenas de profanadores que
se detuvieron tan sólo con el hormigón, hubo un grupo oficial que investigó con
aparatos el sitio y, en efecto, detestaron la presencia de poderosos explosivos.
En
ese lugar, Barón Biza hizo colocar una placa muy visible en la que está escrita
la frase: Viajero, rinde homenaje con tu silencio a la mujer que en su audacia,
quiso llegar hasta las águilas. Sin embargo, en pleno Buenos Aires se iniciara
en 1935, la construcción del obelisco. Ese monumento en plena avenida 9 de Julio
mide 67 metros y medio. Barón Biza, no quiso que la construcción porteña
superara al monumento de su esposa, así que se decidió a superarlo en altura. De
esta forma, la construcción mezcla de cripta funeraria y cueva de tesoros mide
84 metros, es decir 16 metros y medio más que el obelisco de Buenos Aires. Es el
mausoleo más grande del país. Sin embargo, los amores contrariados no terminaran
con esta historia, Barón Biza también vivirá un amor oscuro…
EL AMOR TRÁGICO II
(Raúl Barón Biza y Rosa Clotilde Sabattini)
Fue a
partir de esta historia cargada de celos y locura que se conoció al apellido
Barón Biza como “el nombre de la maldición”. En 1935, el mismo año en que se
erigió el mausoleo y a cuatro años de la muerte de su esposa Myriam, Raúl conoce
a una joven de 17 años hija de una familia reconocida de Córdoba, los Sabattini.
A pesar de que le llevaba casi veinte años, comenzaron un romance Rosa Clotilde
Sabattini, era hijo de un amigo íntimo de Barón Biza, Amadeo Sabattini, gran
caudillo radical en Córdoba. La pareja continúa el romance en secreto hasta el
punto de que huyen a Europa y se casan en secreto, despertando la furia y el
repudio de la familia Sabattini.
Sin
embargo, él la ayudó en sus estudios en Suiza, los que harían de ella una de las
mejores pedagogas de los años siguientes. Rosa Clotilde Sabattini había cursado
sus estudios primarios y secundarios graduándose de maestra normal para luego ir
a la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires, dónde se
tituló como Profesora de Historia. Por sus excelentes notas le fue concedida una
beca en Suiza para realizar estudios sobre los métodos educativos y pedagógicos
europeos. Cinco años más tarde, regresan a Argentina, pero Barón Biza había
retornado a su vida licenciosa de soltero. Con Rosa habían tenido tres hijos,
pero la convivencia entre ellos se fue haciendo cada vez más insoportable. Las
peleas eran continuas e incontrolables, las actitudes del hombre eran tan
reprochables como para que el hermano de Rosa lo retara a duelo, y duelo en
serio ya que ambos terminaron con heridas de bala.
Todos
estos episodios hacían que el matrimonio se torne insostenible. De esta forma,
Rosa huye con sus hijos y permanece deambulando. Hasta que en 1964 pide formal y
oficialmente la separación definitiva. Ante este pedido, Raúl la cito a Rosa y a
sus dos abogados en su propia casa, el 16 de agosto de 1964, un domingo, a las
ocho de la noche. Rosa acompañada de sus representantes legales acudieron a la
cita. Baron Biza parecía sereno, aceptando las condiciones del divorcio. Muy
amablemente, sirvió dos vasos de whisky y los llevo a los dos abogados.
Luego
llenó un tercer vaso y se acercó a su esposa sin apuro. Al tenerla frente a él,
arrojó el contenido a la cara de Rosa Sabattini. El de ella no era whisky, era
ácido clorhídrico. La escena se transformó en una pesadilla que no podría
describirse a través de las palabras. Los abogados la cubrieron como pudieron y
la llevaron de inmediato al Instituto del Quemado. Barón Biza quedó allí, solo.
Unas horas después fue a buscarlo la policía y lo halló en su cama. Se había
disparado un tiro en la cabeza. Rosa Sabattini, soportó una vida recluída, luchó
por años por recuperar algo de su hermoso rostro, pero fue en vano, a pesar de
haber sido operada por los mejores cirujanos plásticos de Europa. En 1978, se
suicidó arrojándose al vacío desde el mismo departamento donde ocurrió todo.
Raúl Barón Biza fue enterrado a pocos metros del mausoleo de Myriam.
Fuente Consultada:
Basado en Crónica Loca de Víctor Suerio
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