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QUIEN ERA JUAN MANUEL DE
ROSAS?
JOHN LYNCH. Juan
Manuel de Rosas. Buenos Aires, Emecé, 1984.
“Era
ya un caudillo antes de ser elegido gobernador. Comenzó en la
estancia,
aprendió el negocio desde el extremo inicial, y avanzó desde allí.
Fue un pionero en la expansión de las propiedades rurales y la cría de
ganado, empezando algunos años antes de que se produjera el gran empuje
hacia el sur, a partir de 1820. [Rosas] no era un terrateniente ausentista; era un estanciero trabajador, que actuaba en todas las fases
de la cría de ganado. Y fue así como tuvo contacto directo con los
gauchos, delincuentes, indios y otros habitantes de las pampas, un poco
para reclutarlos para sus estancias, otro poco a fin de movilizarlos
para sus milicias. Rosas ejercía autoridad no sólo sobre sus propios
peones, sino también sobre las masas rurales más allá de los límites de
sus propiedades privadas [...]. Tenía mayor experiencia militar que
cualquier otro estanciero [...] para el reclutamiento de tropas, el
entrenamiento y el control de las milicias. Era la dimensión militar
desde los inicios de la carrera de Rosas lo que le daba ventajas con
respecto a sus rivales. Rosas no era solamente una creación de los
hechos; él los producía. No sólo representaba a otros; él los conducía.”
La persecución de Dorrego y
su fusilamiento
en Navarro (provincia de Buenos Aires) provocaron indignación en las
filas federales y una creciente reacción popular contra
Lavalle y su
partido.
Ante la difícil situación, la Convención
se proclamó autoridad nacional soberana, repudió el golpe militar de
Lavalle y el asesinato de Dorrego. También decidió enfrentar a Lavalle
con un ejército bajo las órdenes del gobernador santafesino Estanislao
López.
Por su parte, Juan Manuel de Rosas —comandante
general de milicias desde julio de 1827— sumó sus fuerzas a las de
López. La derrota de Lavalle ante López y Rosas en Puente de Márquez, en
abril de 1829, debilitó al grupo unitario porteño.
Al mismo tiempo, se produjeron
levantamientos de la población de la campaña bonaerense, que, invocando
como jefe a Rosas, amenazaba con entrar a Buenos Aires junto con grupos
de indígenas pampas.
En estas circunstancias, Lavalle pactó con
Rosas, en Cañuelas (en junio de 1829), el cese de las
hostilidades y la formación de un gobierno provisional con
representantes de ambas facciones. Las elecciones ocasionaron nuevos
enfrentamientos y, por un nuevo pacto —el de Barracas—, Lavalle se
retiró al Uruguay y Juan José Viamonte fue elegido gobernador interino
de la provincia. Era, como lo consideraron los mismos protagonistas, “un
arreglo entre porteños”.
La Junta de Representantes que había
acompañado a Dorrego en el gobierno, disuelta por Lavalle, fue
restablecida por Viamonte. El 6 de diciembre de 1829, los legisladores
eligieron gobernador a Rosas y le otorgaron “facultades
extraordinarias” —la posibilidad de dictar las leyes que considerase
necesarias sin el acuerdo de la Legislatura— para restablecer el orden
en la provincia.
La llegada de Rosas al gobierno de Buenos
Aires —estanciero, saladerista y comandante general de milicias—
significó el ascenso de un sector conservador y autonomista y el
desplazamiento de la elite urbana tradicional —grupo de profesionales,
militares y comerciantes, cercano al liberalismo— que había controlado
el poder desde la Revolución de Mayo hasta la caída de Rivadavia. Así,
el gobierno de Rosas, que se extendió por veinte años —de 1829 a 1832 y
de 1835 a 1852—, expresó el ascenso al poder político de la elite
terrateniente vinculada a la producción ganadera y al comercio.
Esta nueva elite, que algunos llaman
mercantil-ganadera, fue acrecentando su poder económico gracias al
crecimiento de la economía ganadera de exportación y del comercio
exterior. Este grupo estaba integrado por antiguos hacendados,
comerciantes urbanos —que, a la mercantil, agregaron la lucrativa
actividad ganadera— y, en menor medida, funcionarios y militares
poseedores de tierra y ganado. Entre esos comerciantes-ganaderos se
hallaban quienes en la década del ‘20 habían obtenido grandes
extensiones en enfiteusis.
Rosas representó y dirigió los intereses
particulares de los grupos dominantes de Buenos Aires -que se negaban a
compartir los ingresos aduaneros porteños con las demás provincias—.
Logró, a la vez, mantener, bajo la bandera del federalismo, el orden
social necesario para el desarrollo de las actividades económicas y la
autonomía de la provincia. Al mismo tiempo, Rosas explotó su influencia
sobre los sectores populares y aprovechó el temor que inspiraban
en las clases propietarias, para alinearlas de su lado. La amenaza, la
censura y el uso de la fuerza contra rivales, opositores y disidentes
fueron también recursos corrientes para mantener la cohesión y el
control del régimen que a partir de esa fecha dominará por dos décadas
consecutivas. |
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