
ANÉCDOTAS PARA NO OLVIDAR

El caballo en el pozo
Un campesino, que luchaba
con muchas dificultades, poseía algunos caballos para que lo ayudasen en los
trabajos de su pequeña hacienda. Un día, su capataz le trajo la noticia de
que uno de los caballos había caído en un viejo pozo abandonado. El pozo era
muy profundo y sería extremadamente difícil sacar el caballo de allí. El
campesino fue rápidamente hasta el lugar del accidente, y evaluó la
situación, asegurándose que el animal no se había lastimado. Pero, por la
dificultad y el alto precio para sacarlo del fondo del pozo, creyó que no
valía la pena invertir en la operación de rescate. Tomó entonces la difícil
decisión de decirle al capataz que sacrificase el animal tirando tierra en
el pozo hasta enterrarlo, allí mismo.
Y así se hizo. Comenzaron a
lanzar tierra dentro del pozo de forma de cubrir al caballo. Pero, a medida
que la tierra caía en el animal este la sacudía y se iba acumulando en el
fondo, posibilitando al caballo para ir subiendo. Los hombres se dieron
cuenta que el caballo no se dejaba enterrar, sino al contrario, estaba
subiendo hasta que finalmente consiguió salir.
Si estás "allá abajo",
sintiéndote poco valorado, y otros lanzan tierra sobre ti, recuerda el
caballo de esta historia. Sacude la tierra y sube sobre ella.
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Un hombre estaba perdido en
el desierto, destinado a morir de sed. Por suerte, llegó a una cabaña vieja,
desmoronada sin ventanas, sin techo. El hombre anduvo por ahí y se encontró
con una pequeña sombra donde acomodarse para protegerse del calor y el sol
del desierto. Mirando a su alrededor, vio una vieja bomba de agua, toda
oxidada. Se arrastró hacia allí, tomó la manivela y comenzó a bombear, a
bombear y a bombear sin parar, pero nada sucedía. Desilusionado, cayó
postrado hacia atrás, y entonces notó que a su lado había una botella vieja.
La miró, la limpió de todo el polvo que la cubría, y pudo leer que decía:
"Usted necesita primero preparar la bomba con toda el agua que contiene esta
botella mi amigo, después, por favor tenga la gentileza de llenarla
nuevamente antes de marchar".
El hombre desenroscó la
tapa de la botella, y vio que estaba llena de agua... ¡llena de agua! De
pronto, se vio en un dilema: si bebía aquella agua, él podría sobrevivir,
pero si la vertía en esa bomba vieja y oxidada, tal vez obtendría agua
fresca, bien fría, del fondo del pozo, y podría tomar toda el agua que
quisiese, o tal vez no, tal vez, la bomba no funcionaría y el agua de la
botella sería desperdiciada. ¿Qué debiera hacer? ¿Derramar el agua en la
bomba y esperar a que saliese agua fresca... o beber el agua vieja de la
botella e ignorar el mensaje? ¿Debía perder toda aquella agua en la
esperanza de aquellas instrucciones poco confiables escritas no se cuánto
tiempo atrás?
Al final, derramó toda el
agua en la bomba, agarró la manivela y comenzó a bombear, y la bomba comenzó
a rechinar, pero ¡nada pasaba! La bomba continuaba con sus ruidos y entonces
de pronto surgió un hilo de agua, después un pequeño flujo y finalmente, el
agua corrió con abundancia... Agua fresca, cristalina. Llenó la botella y
bebió ansiosamente, la llenó otra vez y tomó aún más de su contenido
refrescante. Enseguida, la llenó de nuevo para el próximo viajante, la llenó
hasta arriba, tomó la pequeña nota y añadió otra frase: "Créame que
funciona, usted tiene que dar toda el agua, antes de obtenerla nuevamente".
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Hace mucho tiempo existía un enorme árbol de manzanas. Un pequeño niño lo
apreciaba mucho y todos los días jugaba a su alrededor. Trepaba por
el
árbol, y le daba sombra. El niño amaba al árbol y el árbol amaba al niño.
Pasó el tiempo y el pequeño niño creció y el nunca más volvió a jugar
alrededor del enorme árbol. Un día el muchacho regresó al árbol y escuchó
que el árbol le dijo triste: "¿Vienes a jugar conmigo?". Pero el muchacho
contestó: "Ya no soy el niño de antes que jugaba alrededor de enormes
árboles. Lo que ahora quiero son juguetes y necesito dinero para
comprarlos". "Lo siento, dijo el árbol, pero no tengo dinero... pero puedes
tomar todas mis manzanas y venderlas. Así obtendrás el dinero para tus
juguetes". El muchacho se sintió muy feliz. Tomó todas las manzanas y obtuvo
el dinero y el árbol volvió a ser feliz. Pero el muchacho nunca volvió
después de obtener el dinero y el árbol volvió a estar triste. Tiempo
después, el muchacho regresó y el árbol se puso feliz y le preguntó:
"¿Vienes a jugar conmigo?". "No tengo tiempo para jugar. Debo trabajar para
mi familia. Necesito una casa para compartir con mi esposa e hijos. ¿Puedes
ayudarme?". "Lo siento, no tengo una casa, pero... puedes cortar mis ramas y
construir tu casa". El joven cortó todas las ramas del árbol y esto hizo
feliz nuevamente al árbol, pero el joven nunca más volvió desde esa vez y el
árbol volvió a estar triste y solitario. Cierto día de un cálido verano, el
hombre regresó y el árbol estaba encantado. "Vienes a jugar conmigo?", le
preguntó el árbol. El hombre contestó: "Estoy triste y volviéndome viejo.
Quiero un bote para navegar y descansar. ¿Puedes darme uno?". El árbol
contestó: "Usa mi tronco para que puedas construir uno y así puedas navegar
y ser feliz". El hombre cortó el tronco y construyó su bote. Luego se fue a
navegar por un largo tiempo. Finalmente regresó después de muchos años y el
árbol le dijo: "Lo siento mucho, pero ya no tenga nada que darte, ni
siquiera manzanas". El hombre replicó: "No tengo dientes para morder, ni
fuerza para escalar... ahora ya estoy viejo. Yo no necesito mucho ahora,
solo un lugar para descansar. Estoy tan cansado después de tantos años...".
Entonces el árbol, con lágrimas en sus ojos, le dijo: "Realmente no puedo
darte nada... lo único que me queda son mis raíces muertas, pero las viejas
raíces de un árbol son el mejor lugar para recostarse y descansar. Ven,
siéntate conmigo y descansa". El hombre se sentó junto al árbol y éste,
feliz y contento, sonrió con lágrimas.
Esta puede ser la historia de cada uno de nosotros. El árbol son nuestros
padres. Cuando somos niños, los amamos y jugamos con papá y mamá... Cuando
crecemos los dejamos... Sólo regresamos a ellos cuando los necesitamos o
estamos en problemas... No importa lo que sea, ellos siempre están allí para
darnos todo lo que puedan y hacernos felices. Parece que el muchacho es
cruel contra el árbol... pero es así como nosotros tratamos a veces a
nuestros padres.
Valoremos
a nuestros padres mientras los tengamos a nuestro lado.
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Esta es la historia de un
muchachito que tenía muy mal carácter. Su padre le dio una bolsa de clavos y
le dijo que cada vez que perdiera la paciencia, debería clavar un clavo
detrás de la puerta.
El primer día, el muchacho
clavó 37 clavos detrás de la puerta. Las semanas que siguieron, a medida que
él aprendía a controlar su genio, clavaba cada vez menos clavos detrás de la
puerta.
Descubrió que era más fácil
controlar su carácter durante todo el día.
Después de informar a su
padre, éste le sugirió que retirara un clavo cada día que lograra controlar
su carácter. Los días pasaron y el joven pudo finalmente anunciar a su padre
que no quedaban más clavos para retirar de la puerta.
Su padre lo tomó de la mano
y lo llevó hasta la puerta. Le dijo: "Has trabajado duro, hijo mío, pero
mira todos esos hoyos en la puerta. Nunca más será la misma. Cada vez que tú
pierdes la paciencia, dejas cicatrices exactamente como las que aquí ves".
Tú puedes insultar a
alguien y retirar lo dicho, pero el modo cómo se lo digas lo devastará y la
cicatriz perdurará para siempre. Una ofensa verbal es tan dañina como la
ofensa física. Los amigos son joyas preciosas. Nos hacen reír y nos animan a
seguir adelante. Nos escuchan con atención y siempre están dispuestos a
abrirnos su corazón. Tenlo siempre presente.
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Un cargador
de agua de la India tenía dos grandes vasijas que colgaba a los extremos de
un palo y que llevaba encima de los hombros. Una de las vasijas tenía varias
grietas, mientras que la otra era perfecta y conservaba toda el agua al
final del largo camino a pie, desde el arroyo hasta la casa de su patrón,
pero cuando llegaba, la vasija rota sólo tenía la mitad del agua.
Durante dos años completos esto fue así diariamente, desde luego la vasija
perfecta estaba muy orgullosa de sus logros, pues se sabía perfecta para los
fines para los que fue creada. Pero la pobre vasija agrietada estaba muy
avergonzada de su propia imperfección y se sentía miserable porque sólo
podía hacer la mitad de todo lo que se suponía que era su obligación.
Después de dos años, la tinaja quebrada le habló al aguador diciéndole:
"Estoy avergonzada y me quiero disculpar contigo porque debido a mis grietas
sólo puedes entregar la mitad de mi carga y sólo obtienes la mitad del valor
que deberías recibir”.
El aguador, apesadumbrado, le dijo compasivamente:
"Cuando regresemos a la casa quiero que notes las bellísimas flores que
crecen a lo largo del camino."
Así lo hizo la tinaja. Y en efecto vio muchas flores hermosas a lo largo del
camino, pero de todos modos se sintió apenada porque al final, sólo quedaba
dentro de sí la mitad del agua que debía llevar.
El aguador le dijo entonces
"¿Te diste cuenta de que las flores sólo crecen en tu lado del camino?
Siempre he sabido de tus grietas y quise sacar el lado positivo de ello.
Sembré semillas de flores a todo lo largo del camino por donde vas y todos
los días las has regado y por dos años yo he podido recoger estas flores
para decorar el altar de mi Maestro. Si no fueras exactamente como eres, con
todo y tus defectos, no hubiera sido posible crear esta belleza."
Cada uno de nosotros tiene sus propias grietas. Todos somos vasijas
agrietadas, pero debemos saber que siempre existe la posibilidad de
aprovechar las grietas para obtener buenos resultados.
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Durante mi último curso en la escuela, nuestro profesor nos puso un examen.
Leí rápidamente todas las preguntas, hasta que llegué a la ultima, que decía
así: ¿Cuál es el nombre de la mujer que limpia la escuela? Seguramente era
una broma. Yo había visto muchas veces a la mujer que limpiaba la escuela.
Era alta, cabello oscuro, como de cincuenta anos, pero... ¿cómo iba yo a
saber su nombre? Entregué mi examen, dejando la última pregunta en blanco.
Antes de que terminara la clase, alguien le preguntó al profesor si la
última pregunta contaría para la nota del examen. Por supuesto, dijo el
profesor. En sus vidas ustedes conocerán muchas personas. Todas son
importantes. Todas merecen su atención y cuidado, aunque solo les sonrían y
digan: !Hola! Yo nunca olvidé esa lección.
También aprendí que su nombre era Dorothy.
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Resulta que había dos
ranitas que aprovechando su día libre
salieron a pasear por una
hermosa mansión. Cuando llegaron
a la cocina en busca de
algo de comer, se resbalaron en unas
gotas de aceite para caer
en una gran olla de crema.
Ambas desesperadas
comenzaron a defenderse de la masa
movediza que las iba
devorando, hasta que una de ella dijo:
-Querida amiga ha llegado
mi hora, por más que me esfuerce
nunca podré salir con vida
de esta situación, no tengo opción yo
me entrego, mi vida ha
terminado... Y dejando de patalear, lenta
mente fue desapareciendo de
la superficie.
La amiga, por su parte
pensó: Yo no sé si hoy es mi día, así que
no me entregaré, en todo
caso seguiré luchando hasta que Dios
me llamé, pero que antes
observe que hice todo lo imposible para conservar mi
vida. La ranita siguió sin
descanso moviendo sus patas, y lo hizo
con tanta decisión y con
tanta voluntad, que sin darse cuenta la crema se convirtió
en manteca, pudiendo pisar
firme y escapar tranquilamente.
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Un monje andariego se
encontró, en uno de sus viajes, una piedra preciosa, y la guardó en su
talega. Un día se encontró con un viajero y, al abrir su talega para
compartir con él sus provisiones, el viajero vio la joya y se la pidió. El
monje se la dio sin más. El viajero le dio las gracias y marchó lleno de
gozo con aquel regalo inesperado de la piedra preciosa que bastaría para
darle riqueza y seguridad todo el resto de sus días. Sin embargo, pocos días
después volvió en busca del monje mendicante, lo encontró, le devolvió la
joya y le suplicó: "Ahora te ruego que me des algo de mucho más valor que
esta joya.
Dame, por favor, lo que te
permitió dármela a mí".
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La noche había caído ya.
Sin embargo, un pequeño hacía grandes esfuerzos por no quedarse dormido; el
motivo bien valía la pena: estaba esperando a su papá.
Los traviesos ojos iban
cayendo pesadamente, cuando se abrió la puerta; el niño se
incorporó como impulsado
por un resorte, y soltó la pregunta que lo tenía tan inquieto:
-Papi, ¿cuánto ganas por
hora? –dijo con ojos muy abiertos.
El padre, molesto y
cansado, fue tajante en su respuesta:
-Mira hijo, eso ni
siquiera tu madre lo sabe, no me molestes y vuelve a dormir, que ya es muy
tarde.
-Si papi, sólo dime,
¿cuánto te pagan por una hora de trabajo? –reiteró suplicante el niño.
Contrariado, el padre
apenas abrió la boca para decir:
-Papi, ¿me podrías
prestar cuatrocientos pesos? –preguntó el pequeño.
El padre se enfureció,
tomó al pequeño del brazo y en tono brusco le dijo:
-Así es que para eso
querías saber cuánto gano, ¿no?. Vete a dormir y no sigas fastidiando,
muchacho....
El niño se alejó
tímidamente y el padre, al meditar lo sucedido, comenzó a sentirse culpable:
"Tal vez necesita algo", pensó, y queriendo descargar su conciencia se asomó
al cuarto de su hijo y con voz suave le preguntó:
-Dime papi, respondió él
entre sueños.
-Aquí tienes el dinero
que me pediste.
-Gracias papi –susurró el
niño mientras metía su manita debajo de la almohada, de donde sacó unos
billetes arrugados-. ¡Ya completé! –gritó jubiloso-.
Tengo, ochocientos
pesos..., ahora papá:
¿ME PODRÍAS VENDER UNA
HORA DE TU TIEMPO?
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Dice una leyenda árabe que
dos amigos viajaban por el desierto y en un determinado punto del viaje
discutieron, y uno le dio una bofetada al otro. El otro, ofendido, sin nada
que decir, escribió en la arena: "Hoy, mi mejor amigo me pegó una bofetada
en el rostro". Siguieron adelante y llegaron a un oasis donde resolvieron
bañarse. El que había sido abofeteado comenzó a ahogarse, y le salvó su
amigo. Al recuperarse tomó un estilete y escribió en una piedra: "Hoy, mi
mejor amigo me salvó la vida". Intrigado, el amigo preguntó: "¿Por qué
después que te pegué escribiste en la arena y ahora en cambio escribes en
una piedra?". Sonriendo, el otro amigo respondió: "Cuando un amigo nos
ofende, debemos escribir en la arena, donde el viento del olvido y el perdón
se encargarán de borrarlo y apagarlo. Pero cuando nos ayuda, debemos
grabarlo en la piedra de la memoria del corazón, donde ningún viento podrá
borrarlo".
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Cuando yo era chico me
encantaban los circos, y lo que más me gustaba de los circos eran los
animales. También a mí como a otros, después me enteré, me llamaba la
atención el elefante. Durante la función, la enorme bestia hacía despliegue
de peso, tamaño y fuerza descomunal... pero después de su actuación y hasta
un rato antes de volver al escenario, el elefante quedaba sujeto solamente
por una cadena que aprisionaba una de sus patas a una pequeña estaca clavada
en el suelo. Sin embargo, la estaca era sólo un minúsculo pedazo de madera
apenas enterrado unos centímetros en la tierra. Y aunque la cadena era
gruesa y poderosa, me parecía obvio que ese animal capaz de arrancar un
árbol de tajo con su propia fuerza, podría, con facilidad, arrancar la
estaca y huir. El misterio es evidente: ¿Qué lo mantiene entonces? ¿Por qué
no huye? Cuando tenía cinco o seis años, pregunté a algún maestro, a mi
padre o a algún tío por el misterio del elefante. Alguno de ellos me explicó
que el elefante no se escapaba porque estaba amaestrado. Hice entonces la
pregunta obvia: Si está amaestrado, ¿por qué lo encadenan? No recuerdo haber
recibido ninguna respuesta coherente. Con el tiempo me olvidé del misterio
del elefante y la estaca... y sólo lo recordaba cuando me encontraba con
otros que también se habían hecho la misma pregunta.
Hace algunos años descubrí
que por suerte para mí alguien había sido lo bastante sabio como para
encontrar la respuesta: "El elefante del circo no escapa porque ha estado
atado a una estaca parecida desde que era muy pequeño". Cerré los ojos y me
imaginé al pequeño recién nacido sujeto a la estaca. Estoy seguro de que en
aquel momento el elefantito empujó, tiró y sudó tratando de soltarse. Y a
pesar de todo su esfuerzo no pudo. La estaca era ciertamente muy fuerte para
él. Juraría que se durmió agotado y que al día siguiente volvía a probar, y
también al otro y al que seguía... hasta que un día, un terrible día para su
historia, el animal aceptó su impotencia y se resignó a su destino. Este
elefante enorme y poderoso no escapa porque cree que no puede. Él tiene
registro y recuerdo de su impotencia, de aquélla impotencia que se siente
poco después de nacer. Y lo peor es que jamás se ha vuelto a cuestionar
seriamente ese registro. Jamás... Jamás... intentó poner a prueba su fuerza
otra vez... Cada uno de nosotros somos un poco como ese elefante: vamos por
el mundo atados a cientos de estacas que nos restan libertad. Vivimos
creyendo que un montón de cosas "no podemos hacer" simplemente porque alguna
vez probamos y no pudimos. Grabamos en nuestro recuerdo "no puedo... no
puedo y nunca podré", perdiendo una de las mayores bendiciones con que puede
contar un ser humano: la fe.
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Nos convencemos a nosotros
mismos de que la vida será mejor después de casarnos, después de tener un
hijo, y entonces después de tener otro.
Entonces nos sentimos frustrados de que los hijos no son lo suficientemente
grandes y que seremos felices cuando
lo sean. Después de eso nos frustramos por que son adolescentes (difíciles
de
tratar). Ciertamente seremos más felices cuando salgan de esa etapa.
Nos decimos que nuestra vida estará completa cuando a nuestro esposo o
esposa le vaya mejor, cuando tengamos un mejor auto o una mejor casa, cuando
nos podamos ir de vacaciones, cuando estemos retirados...
La verdad es que no hay mejor momento para ser felices que AHORA. Si no es
ahora? , Cuando? Tu vida siempre estará llena de retos. Es mejor admitirlos
y decidir ser felices de todas formas. Una de mis frases favorita es de
Souza, dijo: "Por largo tiempo parecía para
mí que la vida estaba a punto de comenzar, la vida de verdad. Pero siempre
había un obstáculo en el camino, algo que resolver primero, algún asunto sin
terminar, tiempo por pasar, una deuda que pagar, entonces la vida
comenzaría. Hasta que me dí cuenta que esos obstáculos eran mi vida.
Esta perspectiva me ha ayudado a ver
que no hay un camino a la felicidad.
la felicidad es el camino.
Así que atesora cada momento que tienes, y atesóralo más cuando lo
compartiste con "alguien especial", lo suficientemente especial para
compartir tu tiempo, y recuerda que el tiempo no espera por nadie...
Así que deja de esperar hasta que termines la escuela, hasta que vuelvas a
la escuela, hasta que bajes 10 kilos, hasta que tus hijos se vayan de casa,
hasta que te cases, hasta que te divorcies, hasta el viernes por la noche,
hasta el domingo por la mañana, hasta la primavera, hasta el verano, o hasta
que mueras, para decidir que no hay mejor momento que este para ser feliz...
La felicidad es un trayecto, no un destino.
Pensamiento para la vida: Trabaja como si NO necesitaras dinero, Ama
como si
nunca te hubieran herido, y baila como si NADIE te estuviera viendo...
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