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VIAJE EN
COCHE DE BUENOS AIRES A SAN LORENZO (1813)
Bien temprano del día señalado para la
partida se sacó el vehículo, que tenía toda la apariencia de un
toldo de indios, movible. Era un armatoste español de alto techo y
antigua forma, cubierto con cuero crudo, excepto en las dos
ventanillas. Había gran capacidad para almacenar; y como sabía que
no existían hoteles en el camino, todas las cosas que podían
suministrar comodidad fueron estibadas (náuticamente hablando), en
sus amplios cajones.
Se requieren para transitar en
carruaje por las pampas no muchos menos preparativos que en los
viajes de mar. Jamones, lenguas, champaña, oporto, gallinas
sancochadas, queso, encurtidos y cognac, se guardaron como
provisión indispensable para la ruta, y se acomodó una batería de
cocina en el pesado vehículo y, luego, dentro de una especie de gran
bolsa de cuero, balanceando debajo, se metieron muchos de los
encargos y regalos que tenía para el Paraguay. Otros fueron
acondicionados sobre la capota y algunos colgados a los costados...
Después de atar la yunta del tronco
bajo la dirección de un cochero, se agregaron cuatro postillones
gauchos mal cubiertos, cada uno sobre su caballo, sin otro arreo que
el lazo. Este estaba prendido por una punta a la cincha del recado y
enganchado por la otra a la lanza del coche...
... Apenas hubimos llegado a los suburbios, cuando topamos con uno
de los terribles pantanos. Son masas de barro espeso de tres a tres
y medio metros de profundidad y de treinta a cincuenta de ancho. Los
cuarteadores chapuzaban en el barro, luego seguía la segunda yunta,
y cuando las dos salían del pantano y, en consecuencia, se hallaban
en terreno firme, antes que el carruaje entrara al tremedal, habían
ganado donde apoyarse para aprovechar sus fuerzas. A látigo y
espuela, y estimulados por gritos de los postillones, los caballos
nos arrastraron triunfalmente fuera del pantano. De esta manera
cruzamos con éxito todos los pantanos, ciénagas y arroyos que median
entre Buenos Aires y Santa Fe. Cuando no encontrábamos estos
obstáculos, atravesábamos la llanura a media rienda y con velocidad
de 12 millas por hora...
... De este modo avanzaba haciendo a
la vez de carruaje, de dormitorio y cuarto de vestir. Merced a los
útiles de cocina que llevaba y a mi sirviente que hacía de cocinero,
encontré el viaje mucho más tolerable que ninguno de los que había
hecho hasta entonces.
J. P. y G. P. Robertsofl.
RobertSofl Hermanos ingleses, comerciantes que viajaron por e
litoral y Paraguay, entre 1811 y 1815. |
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