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RETRATO DEL GENERAL
BELGRANO
José Celedonio Dalbin:
Comerciante que conoció de cerca al general Belgrano en Tucumán y
Buenos Aires. En 1860 escribió al general Mitre dos cartas sobre la
personalidad de Belgrano, de ellas son los párrafos anteriores.
El general Belgrano era de regular
estatura, pelo rubio, cara y nariz fina, color muy blanco, algo
rosado, sin barba; su cara era más bien de alemán que de porteño. No
se lo podía acompañar por la calle porque su andar era casi
corriendo; no dormía más que tres o cuatro horas, montando a caballo
a media noche, que salía de noche para observar el ejército,
acompañado solamente de un ordenanza. Era tal la abnegación con que
este hombre extraordinario se entregó a la libertad de su patria,
que no tenía un momento de reposo, nunca buscaba su comodidad, con
el mismo placer se acostaba en el suelo que en la mullida cama.
Se presentaba aseado, como lo había
conocido yo siempre, con una levita. de paño azul, con alamares de
seda negra, que se usaba entonces, su espada y gorra militar de
paño. Su caballo no tenía más lujo que un gran mandil de paño azul,
sin galón alguno. Todo el lujo que llevó al ejército fue una volanta
inglesa de dos ruedas, que él manejaba, con un caballo y en la que
paseaba en algunas mañanas, acompañado de su segundo el general
Cruz.
La casa que habitaba, y que el general
mandó edificar en La Ciudadela era de techo de paja, dos bancos de
madera, una mesa ordinaria, un catre pequeño de campaña con delgado
colchón que siempre estaba doblado, y la prueba de que su equipaje
era muy modesto fue que, al año de haber llegado, me hizo presente
se hallaba sin camisas y me pidió le hiciese traer de Buenos Aires
dos piezas de hilo de Irlanda.
Se hallaba siempre en la mayor
escasez, así es que muchas veces me mandó pedir cien o doscientos
pesos para comer. Lo he visto dos o tres veces, en diferentes épocas
con las botas remendadas.
El general Belgrano era un hombre de
talento cultivado, de maneras finas y elegantes...
El general era muy honrado,
desinteresado, recto; perseguía el robo y el juego en su ejército;
no permitía que se le robase un solo peso al Estado, ni que se le
vendiese más caro que a los otros..
José Celedonio Balbín. |
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