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LA ANESTESIA
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La introducción de la anestesia: Aunque la cirugía se practicaba desde la más remota antigüedad, la habilidad del cirujano tenía hasta hace relativamente poco tiempo dos importantes limitaciones. La primera era la intensidad y la duración del dolor que un paciente podía soportar. La segunda era el elevado índice de mortalidad a causa de las infecciones postoperatorias. El primer obstáculo fue superado hacia 1840 con la aplicación del éter como agente anestésico. El segundo cedió a mediados de los años 30 gracias a la utilización de las sulfamidas y, más adelante, de la penicilina y otros antibióticos.

En el campo de la anestesia, se reconoce generalmente que la introducción de los anestésicos intravenosos ha sido el mayor acontecimiento desde la anestesia por inhalación, que se había adoptado casi un siglo antes. Aparte de sumir al paciente en la inconsciencia de forma casi inmediata, los nuevos anestésicos tenían ventajas evidentes en las operaciones de cabeza y cuello. Como otras muchas técnicas, su aparición no fue repentina sino que constituyó la culminación de experimentos anteriores.

Cuando en 1902 se introdujo el barbital (veronal), se investigó la posibilidad de su  administración intravenosa, pero hubo que esperar hasta 1932 para que Helmuth Weese, en Alemania, encontrara un fármaco satisfactorio en este sentido, el evipán, seguido dos años más tarde por el pentotal. Hacia su el final de la década, millones de personas habían sido  sometidas con todo éxito a intervenciones quirúrgicas se bajo los efectos del evipán. La sustancia demostró ser la inocua, pero adecuada solamente para operaciones breves. Más adelante, pasó a utilizarse como preparación  para la anestesia profunda, necesaria en las operaciones de cirugía mayor.

Durante este siglo, el papel del anestesista ha cambiado radicalmente. En 1900, su trabajo consistía simplemente en dejar caer gotas de cloroformo o éter sobre una almohadilla absorbente colocada sobre el rostro  del paciente. A fines del siglo XX, el anestesista se ha  convertido en un miembro altamente especializado del si equipo quirúrgico, que controla el ritmo cardiaco y la  presión sanguínea del paciente y le administra oxigeno y dióxido de carbono según lo exigen las circunstancias. Los adelantos en la técnica de la anestesia hicieron posibles técnicas quirúrgicas más avanzadas. Así si por ejemplo, en 1936, en el Hospital General de Massachusetts, en Boston, se intentó por primera vez la cirugía a corazón abierto, con la función cardiaca asumida temporalmente por una bomba combinada con un oxigenador. Este aparato fue el prototipo del corazón-pulmón artificial, aparecido en 1953, que revolucionaría la cirugía cardiaca.

Otra importante técnica nueva fue la anestesia epidural. En 1899 se utilizó la cocaína con este fin, pero su aplicación resultó ser arriesgada. La aparición del  producto sintético procaína, en 1904, aumentó la seguridad del procedimiento que, en consecuencia, se difundió un poco más. El principal riesgo en aquella época no era la sustancia utilizada, sino la aguja, que podía romperse. Sólo a mediados de siglo fue posible fabricar una aguja segura, pero para entonces se utilizaban ya el curare y otros relajantes administrados por inyección intravenosa.

 

La introducción de la procaína pone de manifiesto  la creciente importancia del químico en la elaboración de nuevos y mejores agentes anestésicos de todo tipo. Por ejemplo, el ciclopropano fue introducido en 1934 como anestésico inhalable, clase que se vio ampliada demás con el halotano, un anestésico volátil con contenido de flúor que comenzó a utilizarse poco después de la Segunda Guerra Mundial. Actualmente, el uso del halotano está muy difundido porque su acción es rápida y no provoca escasos efectos secundarios.

En general, la anestesia es probablemente el adelanto más importante en el campo de la cirugía. Ha hecho posibles operaciones de gran complejidad y larga duración, como la cirugía a corazón abierto o los trasplantes de órganos, en las que el equipo quirúrgico debe trabajar en ocasiones durante varias horas seguidas. Otra de sus ventajas es el alivio que puede ofrecer a los dolores del parto. Para este fin, el cloroformo dista mucho de ser la sustancia ideal. En 1935, la utilización del tricloretileno, semejante químicamente, constituyó un gran adelanto pues puede aliviar el dolor sin provocar la pérdida total de la conciencia.