TEOLOGÍA DE LIBERACIÓN:
Los prelados que asistieron a la Segunda Conferencia de Obispos
Latinoamericanos, realizada en Medellín, inspirados por las reformas del
Concilio Vaticano II, examinaron el papel social de la Iglesia en sus países.
Tras muchas discusiones, los obispos publicaron un documento.
Denunciaron la opresión
sistemática de los pobres, criticaron la explotación del Tercer Mundo por las
naciones industrializadas y exigieron reformas políticas y sociales. No se
detuvieron ahí: los obispos declararon que la Iglesia de Latinoamérica contenía
una misión distinta a la de la Iglesia de Europa (que en realidad era una
Iglesia distinta) y le otorgaban una función política activa.
Esta aplicación práctica de la
fe se conoció como Teología de la Liberación, una de las ramas más importantes
dentro de la Iglesia católica moderna y una influencia política importante en
América Central y del Sur. Las represalias laicas, en forma de asesinatos
cometidos por escuadrones de la muerte o en forma de encarcelamientos con
torturas, se incrementaron y clérigos como el arzobispo de El Salvador, Osear
Romero, y el padre Antonio Pereira Neto, de Brasil, y el obispo de La Rioja,
monseñor Enrique Angelelli, se convirtieron en mártires del movimiento.
El asesinato de Monseñor Angelelli:
Monseñor Angelelli era obispo de La Rioja. Fiel a la misión de Pastor de su
pueblo, se convirtió en el Defensor de las causas justas y de los hermanos más
humildes y oprimidos. Lo acompañan en esta tarea sus laicos, religiosas y
sacerdotes. Comienza entonces la persecución contra la Iglesia en La Rioja.
Se
encarcela y persigue a laicos, catequistas, luego a monjas y sacerdotes, muchos
de los cuales son expulsados de la provincia por las autoridades de seguridad.
Algunos son encarcelados y otros, después de ser liberados por falta de motivos,
son expulsados del país.
Esta
nueva campaña de difamación y ataque abierto, tampoco tiene mayor resultado en
asustar a los cristianos.
Se
pone en marcha entonces un plan sangriento: asesinar a algunos para que
escarmienten todos. El mismo Monseñor Angelelli lo advierte en conversaciones
con posibles amenazados para que sean precavidos.
Las
primeras víctimas son dos sacerdotes: el padre Gabriel y el padre Carlos de la
Parroquia de Chamical. Hasta allí llegan a medianoche hombres vestidos de civil
que mostrando credenciales de Policía Federal piden a los Sacerdotes que los
acompañen a reconocer a unos detenidos.
A las
pocas horas se escuchan muchos disparos. A la mañana siguiente los dos
sacerdotes son encontrados acribillados a balazos a la entrada del pueblo, junto
a las vías del ferrocarril. Uno de ellos había sido torturado, antes de ser
masacrado a tiros.
La
noticia corre como reguero de pólvora. El Chamical, La Rioja entera se llena de
estupor y tristeza. Nadie pregunta el por qué. Todos lo saben. Dolor, impotencia
compromiso se hacen como una sola mesa. “Hay que seguir, Dios lo quiere, La Rioja
lo necesita”.
A la
semana siguiente hombres encapuchados van a buscar al Párroco de Sañogasta, el
cual, avisado por Monseñor Angelelli, había abandonado la localidad.
Fueron entonces a buscarlo a la casa de un laico que trabajaba en el movimiento
rural, donde pensaban podría estar. Al salir éste al llamado de la puerta y al decir que no sabía el paradero del sacerdote, lo ametrallaron. Pocas horas después
recorrió en el hospital.
Los
sacerdotes, sabiendo por amenazas recibidas por Monseñor Angelelli que había
una lista en la que él mismo estaba amenazado, le pidieron que se fuera de
Rioja, a lo que él respondió: “Eso es lo que buscan, que yo me vaya para que
se
cumpla lo del Evangelio, heriré al pastor y se dispersarán las ovejas...”
Y se
fue a Chamical para acompañar a sus hijos doloridos que han perdido a sus
pastores asesinados y para hacer una investigación de los hechos.
Desde
Chamical denuncia públicamente a los posibles autores del crimen y pide una
investigación seria y profunda a las autoridades. No es escuchado.
(imagen der: Angelelli junto a
Menem en La Rioja, en una procesión)
El 4
de agosto, con una carpeta llena de pruebas irrefutables decide viajar a la
capital provincial para presentarlas a los responsables de la seguridad pública
y exigir justicia. Se dirige a La Rioja. En un
lugar llamado Punta de los Llanos aparece muerto, con el cráneo destrozado a
golpes. Asesinado. La versión oficial de los hechos habla de “un grave accidente”.
Obispado de La Rioja. Fragmentos del documento: Enrique Angelelli Mártir. 1991.
El 18 de julio a las nueve y media
de la noche, sacerdote Carlos Murias, fue secuestrado junto con el sacerdote
Gabriel Longueville de la casa religiosa donde vivían. El 20 por la tarde un
empleado ferroviario encontró los cadáveres de ambos sobre una vía, maniatados,
con restos de cinta adhesiva y algodón en la boca. Uno de ellos había sido
mutilado y la autopsia indicó que había padecido una muerte lenta.
Los cuerpos estaban cubiertos por
mantas del Ejército y junto a ellos había una lista con nombres de sacerdotes.
Pérez Battaglia prohibió que se publicara el comunicado del obispo y hasta el
aviso fúnebre que informaba del asesinato. En cambio firmó un comunicado en el
que, ante denuncias sobre desaparición de personas, anunciaba más operaciones
para "erradicar definitivamente de la provincia a los delincuentes subversivos e
ideológicos".
Angelelli fue asesinado cuando
viajaba a Buenos Aires con una denuncia sobre el secuestro y asesinato de sus
sacerdotes Gabriel Longueville y Carlos Murias. El diario vaticano L’Osservatore
Romano presentó el caso como un "extraño accidente".
Un sacerdote que llegó a poco del
vuelco intentó retirar el maletín, la carpeta y las pertenencias de Murias y
Longueville que Angelelli llevaba consigo, pero los militares se lo impidieron.