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El
descubrimiento de la agricultura dio origen a concentraciones humanas cada
vez mayores y favoreció la propagación de epidemias pavorosas. Los más
antiguos escritos sánscritos describen ya el cólera: hubo en Europa,
hace tres siglos, epidemias de viruela que exterminaron a los dos tercios de la
población; también se conocían males seudo-infecciosos, como el fuego dé San
Antonio (en épocas de humedad un hongo microscópico se desarrollaba sobre los
cereales utilizados para el pan y producía una sustancia que contrae los vasos
sanguíneos), que sembraba el terror en las comunidades.
Las
extremidades, privadas de circulación, se gangrenaban y desprendían, y las
ciudades se llenaban de mutilados. Muy pronto fue evidente que había
enfermedades contagiosas. Los antiguos solían desterrar a los leprosos de las
zonas pobladas, y en general se tomaban medidas de aislamiento para evitar la
propagación de las epidemias. Pero al ignorarse la causa, sólo por azar se
acertaba con las medidas higiénicas que correspondían.
Las
precauciones eran complicadas mezclas de superstición y acierto empírico, como
la circuncisión en los países cálidos. Los romanos progresaron en higiene
pública, especialmente en la evacuación de las aguas, y sus médicos
conocían el
uso de ciertas yerbas para curar heridas infectadas.
En el
campo teórico se habló, a menudo, de diminutas semillas o gérmenes como
responsables de las infecciones. Podemos citar a Lucrecio, el médico italiano
Fracastoro (imagen) , del siglo XVI, y a los descubrimientos de van
Leeuwenhoek,
de los que ya hemos hablado. Pero todas estas hipótesis y observaciones no
tuvieron repercusiones útiles.
PARTO ASÉPTICO El precursor de la asepsia
fue el austriaco Ignacio Setnmelweiss (1818-1865). Comprendió que las sucias
manos de los médicos y las parteras eran las responsables de la muerte de muchas
pacientes, por la llamada fiebre del parto. Obligando a la desinfección
de las manos al pasar de una paciente a otra logró disminuir muy apreciablemente
el número de fallecimientos en su sala. Pero vivió y luchó en medio de la
incomprensión y la obcecación de sus colegas.
VACUNA ANTIVARIÓLICA Fue el médico inglés
Eduardo Jenner (1749-1823) quien libró al mundo del azote de la viruela. Observó
que los ordeñadores que habían sufrido la benigna viruela vacuna, sólo
excepcionalmente contraían la terrible viruela humana. Sus experimentos
confirmaron sus observaciones y Jenner comenzó a inocular la viruela innocua de
los vacunos, para prevenir a sus pacientes contra la casi letal viruela humanal.
Desgraciadamente, este caso de una enfermedad que inmuniza contra otra es
prácticamente excepcional y no puede generalizarse a las demás
enfermedades.
Pablo Ehrlich descubrió que ciertos colorantes
tenian efectivamente determinados gérmenes y permitían distinguirlos. Esta
afinidad la dio la idea de crear sustancias que adhirieron a los gérmenes y -los
destruyera. Es el padre de lo quimioterapia.
INMUNIDAD Ya hemos hablado del francés
Luis Pasteur
(1822-1895) y de sus descubrimientos en el campo de la microbiología y la
fermentación, y
de
sus demostraciones contra la teoría de la generación espontánea de los
microorganismos. Su aporte fundamental en el terreno que nos ocupa, es la idea
de la vacuna, que tiene cierto parentesco con el procedimiento de Jenner, pues
consiste en prevenir una enfermedad grave mediante la introducción de los mismos
microbios, atenuados, debilitados o muertos, con el fin de que el organismo
aprenda a construir las sustancias químicas, o anticuerpos, que luego derrotarán
a los microbios de la enfermedad cuando éstos se presenten.
Los
descubrimientos de Pasteur desencadenaron una gigantesca corriente de
investigaciones. Mientras desarrollaba vacunas contra el ántrax, el cólera y la
rabia, se aislaban y descubrían innumerables bacilos. Entre esta pléyade de
investigadores se destaca Roberto Koch (imagen), alemán (1843-1910), que
identificó el bacilo de la tuberculosis y el vibrión en coma del cólera.
Descubrimiento occidental de lo penicilina. El profesor
Alejandro Fleming
observó que uno de sus cultivos de bacterias, contaminada por un moho (el
moho panicillium), los gérmenes no se multiplicaban.
LA ANTISEPSIA EN CIRUGÍA
José
Lister (1827-1912) cirujano inglés, comprendió inmediatamente la trascendencia
de las demostraciones de Pasteur de que toda infección o putrefacción es causada
por un microorganismo. Debido a su profesión de cirujano, se propuso matar los
gérmenes exteriores con un veneno poderoso: utilizó para ello el acido fénico,
que es un antiséptico, es decir que combate y mata los microbios.
El
método se perfeccionó poco a poco: se aprendió esterilizar los instrumentos y
la& vendas, se crearon método para evitar la contaminación de la ropa y los
guantes de los cirujanos y se llegó, así, a eliminar toda posibilidad de
infección, por gérmenes exteriores, en los casos de operación quirúrgica.
SUEROS:
Cómo provocan los microbios las enfermedades? A
menudo los síntomas, como en la difteria, provienen de venenos o toxinas
producidos
por
los microorganismos. En 1890 el alemán Emilio Von Behring (imagen)
demostró que los pacientes que curaban de difteria producían unas sustancias,
las antitoxinas, que neutralizaban la toxina producida por el microorganismo.
Creó
así una medicación de urgencia que combate inmediatamente los síntomas de una
enfermedad y puede aplicarse al enfermo, ya contagiado en el periodo
critico. Los sueros son diferentes de las vacunas porque éstas confieren una
inmunidad activa, es decir una capacidad para luchar contra el microbio,
mientras que los sueros sólo brindan una inmunidad pasiva, una ayuda exterior
contra el veneno segregado por el microbio. También son sueros los que se
elaboran, por ejemplo, contra las picaduras de las víbora
LA QUIMIOTERAPIA
Pablo
Ehrlich (imagen) (1854-1915) era químico como Pasteur. Descubrió que ciertos
colorantes detenían exclusivamente a ciertos gérmenes y permitían así
descubrirlos y diagnosticar la enfermedad. Luego pensó que si ciertas sustancias
químicas se adherían únicamente a determinados microbios, podrían, quizá,
crearse compuestos tóxicos que no afectaran al paciente pero que si pudieran
“pegarse’ al microbio y matarlo.
Durante más de veinte años, con una tenacidad inquebrantable, ensayó compuesto
tras compuesto para luchar contra la sífilis, hasta que al llegar a la síntesis
N9 606 logró el primer remedio eficaz contra ese azote de la humanidad: se lo
denominó salvarsán o “606”. Era la primera droga sintética electiva
contra un microbio.
Gerhard Domagk, nacido en 1895, prosiguió los trabajos de su maestro Ehrlich y
encontró el prontosyl, un colorante que es el antepasado de las
sulfamidas, y con el que curó dramáticamente a su propia hija. Levaditi,
bacteriólogo francés autor de muchos otros meritorios progresos, descubrió que
la parte activa del prontosyl era la sulfanilamida, y con este hallazgo
cobré una importancia tremenda la curación mediante remedios de sintesis. En la
actualidad, los productos quimioterápicos son extraordinariamente
numerosos.
LOS ANTIBIÓTICOS :
Alejandro Fleming,
(imagen) escocés (1881-1955), observó que el moho penicillium producía
una sustancia que inhibía la multiplicación
de
las bacterias. La extrajo en forma impura y la llamó penicilina, pero no logró
prepararla en forma práctica. Fue un bioquímico, el profesor Howard Florey, que
con su asistente. el doctor Ernst Chain, prepararon una forma estable e
inyectable de penicilina, cuya aparición en el campo de la terapéutica fue
sensacional.
La
propiedad común de los múltiples antibióticos es inhibir la división de los
gérmenes y dar, así, lugar a que las defensas naturales del cuerpo destruyan a
los microbios existentes que no pueden ya multiplicarse. Por esta razón, los
antibióticos son más eficaces en las infecciones que producen fiebres x otras
reacciones violentas, que en aquéllas en -que la lucha defensiva del organismo
es mínima. Actualmente se producen o modifican en forma artificial, con el
objeto de que se concentren preferentemente en determinados órganos y se ajusten
con precisión a determinados tipos de bacterias.
UN ARSENAL COORDINADO :
Existen microbios, como el de la tuberculosis,
que desarrollan rápidamente una resistencia especial a su antibiótico
específico, en este caso la estreptomicina. En tales situaciones la
terapéutica ,recurre a una rotación de sustancias antimicrobianas. En el
caso de la tuberculosis se añade a la estreptomicina el ácido
paraaminosalicílico o PAS, la isoniacida, etc.
Por
otra parte, se utiliza a fondo la vacuna preventiva, y es de esperar que la
tuberculosis será pronto erradicada de la Tierra por la vacuna BCG (iniciales de
biliario Calmette-Guérin), que lleva el nombre los dos investigadores
franceses que consiguieron atenuar la tienda del microbio, mediante el uso de
derivados de la y que se compone de bacilos vivos que se administran por boa a
los recién nacidos, a los que inmuniza durante años. Por otra parte, adelantan
los medios de análisis y de control, sobre todo cuando se trata de una
enfermedad social, como la tuberculosis, cuya frecuencia depende indirectamente
del grado de desnutrición y hacinamiento de los habitantes.
Los
médicos desean tener siempre métodos de diagnóstico rápidos seguros. La sífilis,
por ejemplo, logró revelarse rápidamente mediante las reacciones de
Wassermann y de Kahn. Actualmente existen muchísimos métodos de diagnóstico
de las enfermedades, te todo en sus etapas iniciales. Es muy importante, por
ejemplo el uso masivo de las radiografías y ecografías de tórax en la
prevención la tuberculosis. Por otra parte, muchas enfermedades infecciosas son
transmitidas por insectos y la prevención racional consiste en exterminar a
éstos cuando es posible: de allí la lucha con insecticidas sintéticos, de los
cuales el primero ha sido el DDT, para exterminar mosquitos que transmiten el
paludismo y la fiebre amarilla, pulgas que diseminan la peste, la mosca tsé-tsé
que transmite enfermedad del sueño, etc. La medicina preventiva es quizá el
aporte más significativo a lucha contra las infecciones, porque permite impedir
su aparición y propagación y promete borrarla de la faz de la Tierra vez de
limitarse a curar los enfermos que la contraen.
LUCHA CONTRA LOS VIRUS:
Durante
mucho tiempo no se pudo elaborar vacunas contra los s porque era prácticamente
imposible cultivarlos en el laboØrio En efecto se sabe que el cultivo de los
virus requiere, ¡ la inmensa mayQria de los casos, disponer de células vivas á
lograr que se multipliquen. El descubrimiento más senk~cal de los últimos
tiempos en este campo fue el de la mna contra la poliomielitis, por el doctor J.
Salk. Dicha VaGina toe luego pericccionada a fin dt pol&r adrninisraria en forma
oral, en base a los trabajos del doctor A. B. Botín.
BALANCE Y ESPERANZAS
El
mejor elogio de la terapéutica actual es el hecho de que no queda casi nada de
la farmacopea del siglo XIX. Salvo los remedios comprobados, como la digital, el
opio, la quinina y algunas vacunas, cada año o cada mes se abren nuevas vías:
desde hace seis lustros disponemos de antibióticos, de antihistaminicos
sintéticos, de hormonas sintéticas, de anticoagulantes, de la cortisona y sus
derivados artificiales, de los neurolépticos, etc. La quimioterapia domina toda
la terapéutica actual y es la que mediante los hipnóticos perfeccionados y todo
el cortejo de nuevas drogas permite los asombrosos progresos de la cirugía.
El
porvenir de la quimioterapia es inmenso puesto que el numero de combinaciones
químicas orgánicas es casi infinito. Cada vez que se aísla una sustancia y se
reconoce su actividad se dispone de un punto de partida para investigaciones y
nuevos descubrimientos. Pero la química está muy lejos de resumir la
terapéutica. Las hormonas, primero en la forma empírica de glándulas o de sus
extractos y luego ya modificadas y sintetizadas, químicamente, intervienen
también en forma activa.
Lo
mismo ocurre con la nutrición, en la que las investigaciones comenzaron con las
vitaminas, que en gran parte ya no se extraen sino se preparan industrialmente.
También los progresos de la física condicionan muchos adelantos de la medicina:
sin los galvanómetros ultrasensibles no existirían el electrocardiograma o el
electroencefalograma que registra las microcorrientes producidas por el corazón
y el cerebro. Tampoco dispondríamos de los radioisótopos que se fijan
electivamente sobre determinados tejidos sanos o enfermos, donde se controla
cómodamente su concentración mediante los contadores Geiger.
Citemos por último
los exámenes llamados complementarios como la cutireacción, la
intradermoreacción, los análisis de las punciones esternales o los dosajes de
los cetoesteroides que facilitan el trabajo del médico y le permiten
confirmar y precisar un diagnóstico, establecer un pronóstico y controlar los
efectos de su tratamiento.
Desde
el punto de vista social la medicina cifra sus esperanzas en la higiene, ausente
aún de continentes enteros. Tiene ante sí un trabajo muy arduo pero
extraordinariamente prometedor. La ciencia moderna utiliza todas las ciencias
nuevas o renovadas en los últimos años: la fisiología, la bacteriología, la
química biológica, la física nuclear, etc. Cada descubrimiento hace crecer en
progresión geométrica el número de adelantos realizables.
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