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“¿Tu quoque, Brute,
fili mi?” a continuación se cubrió la cabeza con la toga y dejó
que sus asesinos lo rematasen. La escena ocurre el 15
de Marzo del año 44 a.C, en la puerta de acceso a la Curia del
teatro de Pompeyo, donde se reunía el Senado de Roma. Es el fin de Cayo
Julio Cesar; nombrado dictador de Roma por diez años: general, político,
legislador, escritor, ingeniero, seductor, etc. fue la figura más
importante de su época, y una de las más brillantes de cualquier tiempo.Su
desaparición marca el tránsito entre dos periodos históricos y proyecta al
primer plano otras figuras, hasta entonces eclipsadas.
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Entre
los nuevos actores figuran Cleopatra y Marco Antonio, hasta entonces en la
órbita del gran César. Él, un prestigioso general romano que contaban con la
confianza del difunto. Ella, reina de Egipto, amante del dictador, probable
padre del hijo nacido mientras permanecían unidos, Cesarión.
Se
habían conocido unos cuatro años antes, cuando Antonio encabezó una delegación
romana ante la corte egipcia. Es posible que también tuviesen encuentros
casuales durante la estancia de Cleopatra en Roma. Nada les hacía presuponer
entonces que una década más tarde ambos vivirían una historia de amor con
trágicas consecuencias, no solo para ellos, sino para las causas que cada uno
representaba.
Veamos con más detalle la biografía de los protagonistas antes del decisivo
encuentro.
Cleopatra VII Filopator (68 – 30 a.c.)
Hija
de Cleopatra V Trifena y de Ptolomeo XII Auletes pertenecía a la dinastía
Tolomeo, instaurada en Egipto por Ptolomeo I Sóter, uno de los
generales de
Alejandro Magno, tras la prematura muerte del conquistador. Contra lo que se
afirma con frecuencia, no era de estirpe egipcia, sino griega. Heredó el trono a
la edad de 17 años, junto con su hermano Tolomeo XIII (que contaba tan sólo 12
años). Conforme a la centenaria costumbre de la corte egipcia ambos
reyes-hermanos contrajeron matrimonio.
En el
tercer año de su reinado, Tolomeo XIII tomó el control exclusivo del gobierno y
empujó a su hermana al exilio. Cleopatra reunió un ejército en Siria con el que
pretendía defender su derecho al trono. Antes de la batalla, que no se auguraba
favorable a sus designios un suceso vino a trastocar todas las previsiones.
Tras
la batalla de Farsalia, el derrotado Pompeyo se dirige a la corte de Egipto, que
había sido su aliada, donde espera encontrar ayuda. El victorioso César lo
persigue hasta Alejandría; a su llegada, en el 48 a.C, los partidarios de
Tolomeo XIII, como homenaje, le presentan la cabeza del traicionado Pompeyo. ¡No
saben con quien están tratando! César se enfurece, ¡Pompeyo Magno! insigne
general romano, en otros tiempos su yerno y aliado no merece morir así, ¡a manos
de unos extranjeros que intentan rentabilizar su asesinato! Además, su instinto,
hasta entonces infalible, le hace atisbar posibilidades de nuevos triunfos;
decide permanecer en Egipto e intervenir en la contienda civil.
Enterada Cleopatra, resuelve aprovechar en su favor la nueva situación atrayendo
a su bando al virtual árbitro de Roma. No pudiendo entrevistarlo según los usos
habituales, puesto que las tropas de su hermano ocupan Alejandría, urde una
estratagema que ha pasado a los anales de la astucia. Se hace envolver ¿desnuda?
en una rica alfombra que, transportada a hombros de un servidor, no encuentra
obstáculos para ser llevada ante César como uno más de los ricos presentes. La
reacción del romano frente al inesperado regalo es de sobra conocida; se
convierte en su amante y apoya con todo entusiasmo a la destronada, iniciándose
la Guerra de Alejandría. Arsinoe, la otra hermana de Cleopatra, huye del palacio
uniéndose a Tolomeo XIII y es proclamada reina por la multitud y el ejército,
acción que nunca le perdonó Cleopatra. Rotas las hostilidades, las legiones
derrotan por completo a Tolomeo XIII, quien muere ahogado durante el combate, 47
a.C. Como colofón, César restaura a Cleopatra reina de Egipto.
Siguiendo el ritual de la corte, contrae nuevo matrimonio con su hermano menor,
Tolomeo XIV, quien tenía alrededor de 11 años de edad. Sigue a César cuando éste
ha de retornar a Roma, donde realiza una entrada esplendorosa, y ambos conviven
como amantes. Nace su hijo, Cesarión, cuya paternidad atribuye a César. Después
del asesinato de éste, en el 44 a.C., regresó a Egipto, donde se dice que
envenenó a Tolomeo XIV y convirtió a Cesarión en su corregente (con el nombre de
Tolomeo XV).
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Mucho se ha especulado sobre la belleza de
Cleopatra. Las estatuas contemporáneas que se le atribuyen, con mucha
probabilidad estén idealizadas; de las monedas no puede sacarse
conclusiones por lo tosco de la acuñación en la época. Contamos con la
opinión del historiador Plutarco , pero vivió casi cien años después de la
reina :
"Su
belleza, seguramente sin par, se hallaba en su interior y no ejercía una
fascinación inmediata”
El
gran W. Shakespeare lo reflejaba así:
La edad no podrá
marchitarla,
ni la rutina helará sus
encantos.
Otras mujeres sacian el
hambre que alimentan,
ella provoca más hambre
cuanto más sacia.
Pues hasta lo más impuro
tanto purifica,
que incluso los santos
sacerdotes la bendicen si peca
La Vida de Antonio y Cleopatra
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Sin
duda fue una mujer excepcional: culta – hablaba siete idiomas, siendo el único
miembro de la dinastía que conocía el egipcio, lengua del pueblo-; hábil
intrigante; con un especial atractivo, no solo en el aspecto físico – aunque lo
cuidaba con personal atención, es famoso su colorido maquillaje, baños en leche
de burra con miel, etc. – sino que emanaba de una singular personalidad. Con el
transcurrir del tiempo ha conquistado un lugar de honor entre los personajes
históricos más destacados.
Marco Antonio (Roma, 82 a. C. - Alejandría, 30 a. C.)
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Nació en el seno de una de las familias más
ilustres -la gens Antonia- su madre estaba emparentada con Julio César,
quien siempre sintió especial cariño por él. Su carrera militar comienza
en la campaña de Palestina y Egipto – 58 a 56 a.C. – como oficial de
caballería. Acompaña a César en la conquista de la Galia, donde es uno los
generales de confianza. Al iniciarse la guerra civil entre César y Pompeyo
Magno, aquél le nombra su comandante en Italia. Tras la victoria, ocupa
diversos cargos políticos. El fatídico año 44 a.C. él y su protector son
nombrados cónsules.
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Era fuerte, jovial, apuesto, mujeriego y
bebedor. En la batalla, arrojado en extremo; amaba a la tropa y los
legionarios lo adoraban. Cuentan que César no tenía en gran estima sus
dotes de estratega, mas contaba entre sus generales más distinguidos por
su valentía, don de mando y fidelidad, que resistió todas las pruebas
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Estaba presente en el Senado
en el momento que César accede por última vez. La primera maniobra de los
conjurados consiste en distraerlo, apartándolo de la víctima, seguros de que
acudiría en su defensa. ¿Influyo en su posterior trayectoria no haber podido
ayudar a su protector? No hemos encontrado testimonio histórico en cualquier
sentido.
Atendiendo a su cargo y
proximidad a César, el Senado le confiere el honor de pronunciar el elogio
póstumo; tras la lectura del testamento, que conmocionó al pueblo por su
generosidad, juró a los dioses que estaba dispuesto a vengarlo y cerró la escena
dramática presentando la toga ensangrentada del dictador y su cuerpo inanimado,
herido por 23 puñaladas. Ante aquel espectáculo, los presentes rugen de ira y
deseo de venganza, apoyando a Marco Antonio, que se erigió en el hombre más
poderoso de Roma. No quiso, o no pudo, aprovechar aquella circunstancia
favorable, lo que, al final, acarrearía su perdición.
Por el contrario, Octavio,
sobrino-nieto de César, que lo había nombrado su heredero, demostró una
habilidad excepcional. Valiéndose de la influencia de Cicerón encabeza un
ejército senatorial que derrotó al de Antonio. Cambiando la alianza, se
reconcilió con Antonio: uniendo los respectivos ejércitos con los del general
Marco Emilio Lépido, se enfrentan al Senado que, impotente, legaliza la
formación por cinco años (luego prologado otros cinco) de un segundo triunvirato
que debía restaurar el orden
El nuevo poder desata en Roma
represión sangrienta contra sus rivales, en gran parte formados por los
opositores a César y seguidores del Senado (Cicerón es una de sus víctimas). Por
último, en el 42 a.C., en la batalla de Filipos, el triunvirato aplastó a las
fuerzas de los dos asesinos de César, Marco Junio Bruto y Cayo Casio Longino. Ya
sin oponentes, los triunviros se reparten el territorio según zonas de
influencia. Más adelante Lépido es apartado del poder real y Marco Antonio asume
el control de todo el Oriente.
El romance
Las relaciones transcurrieron
durante trece años, desde el año 42 hasta el 30 a.C. en que se suicida Antonio.
Aceptan, sin exageración, el calificativo de tempestuosas, alternando largos
periodos de total entrega con otros de separación física. Ambos enamorados nunca
abandonaron del todo sus respectivas responsabilidades políticas. En este
sentido, la situación era muy desigual; el romano contaba con un poderoso
ejército, pero, además de mantener la hegemonía en Oriente, tenia que atender al
flanco interior; por el contrario, la egipcia, sin huestes que poder enfrentar a
las legiones de uno u otro triunviro, para mantener su corona solo tenia las
armas de la astucia y seducción personal.
Estando Marco Antonio en Tarso, importante ciudad
de Cilicia, en Asia Menor, convocó a Cleopatra para un encuentro personal. Ella,
que ya no contaba con validos en Roma, para deslumbrar al nuevo poder, preparó
le reunión con todo lujo de detalles: arribó a la cita en un majestuoso barco
escoltado por una solemne flotilla ataviada con todo lujo.
El extraordinario atractivo de la reina impresionó
a Antonio quien, ganado por su personalidad y encanto, le concedió algunas de
sus peticiones: parece que entre ellas eliminar a su propia hermana Arsinoe.
Ambos eran conscientes de que su alianza podía ser de mutuo beneficio: Cleopatra
deseaba hacer de Alejandría una nueva Roma y Marco Antonio necesitaba contar con
Egipto para controlar el Imperio Romano. Se despidieron concertando una nueva
entrevista
La cita tuvo lugar en el invierno del año 41 a.C.
El romano pasó toda la estación olvidando sus responsabilidades, malgastando el
tiempo en todo tipo de derroches y ociosidades. Mientras, en Roma, Octavio
sentaba las bases para la inminente pugna contra Marco Antonio, desacreditándolo
ante el Senado y acusándolo de dedicarse a pasar los días de bacanal en bacanal
con su "furcia "egipcia.
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En la primavera del año 40 a.C. y muy a
su pesar, Antonio hubo de abandonar Alejandría y embarcarse hacia Tiro,
desde donde sofocó una nueva revuelta parta. Luego marchó a Éfeso y desde
allí a Atenas, donde se encontró con su esposa Fulvia, dispuesta a no
perdonar su abandono y entrega a Cleopatra. Reunidas naves y tropas, Marco
Antonio fue a Italia para enfrentarse contra Octavio.
Mas, en lugar de combatir, los rivales optan por negociar,
consolidando las zonas de influencia del triunvirato en vigor legal.
Aprovechando que Antonio había enviudado de Fulvia, el acuerdo es sellado
mediante el matrimonio con Octavia, la hermana de su rival. Por aquel
entonces -otoño del 40 a.C.- Cleopatra daba a luz los gemelos Alejandro
Helios y Cleopatra Selene, hijos de su compañero romano. |
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Los tres años siguientes, suministran escasa
información sobre Cleopatra, con supuesto enfado por la boda de Marco Antonio.
Éste, atiende en Roma sus obligaciones: prepara una campaña para rechazar a los
partos y reorganiza algunos territorios como Judea.
En el año 36 a.C. parte a la guerra de Oriente, que en los
primeros combates se muestra desfavorable a las legiones. No es de extrañar que,
desalentado, decide reposar en compañía de Cleopatra, con la que se reúne en
Antioquia, pasan luego a Alejandría donde se casan.
La derrota, seguida del
aparente abandono del teatro de operaciones; la boda pública, en realidad
bigamia pues ya estaba casado con una romana; el cambio de aspecto y costumbres,
cada vez más orientales, son pretextos que aprovecha con éxito Octavio para
ahondar el descrédito de su rival. Nace un tercer hijo y Cleopatra es acusada de
embrujar a Antonio, quien termina siendo declarado
“enemigo de la República”
Mientras, la situación
en la frontera parta sigue deteriorándose. En el 34 a.C., se hace imprescindible
una nueva intervención militar; esta vez la fortuna sonríe a Marco Antonio,
quien, en lugar de ir a explotarla a Roma, retorna a los brazos de Cleopatra,
quien organiza en su honor un ostentoso simulacro del “triunfo”
(desfile de entrada en Roma del general vencedor, que era
aclamado por el pueblo) romano. La
pareja continúa su fastuosa vida oriental, ajenos al entorno, cada vez más
hostil.
Un dicho popular
afirma “el diablo, cuando quiere perder a alguien, primero lo envanece”.
Esta es la única explicación a que, con su demostrada sabiduría y experiencia,
cometiesen el error que Roma jamás ¡jamás! podía tolerar:
reparten el territorio bajo su control entre Cleopatra, Cesarión
- el hijo de César- y los hijos que había tenido con Cleopatra, entre ellos,
Ptolomeo Filadelfo, de tan sólo 2 años. La guerra es inevitable, una guerra “a
la romana”, esto es: total sometimiento del enemigo, cuando no, su exterminio.
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Tras
algunas escaramuzas, el ejército combinado de Cleopatra y Antonio es
bloqueado en Actium (Grecia). Para romper el cerco, deciden plantear una
batalla naval, que se adivina decisiva.
El 2 de Septiembre del
31 a.C. tiene lugar el enfrentamiento de la flota combinada, mandada por
el propio Antonio y con la presencia de Cleopatra, contra la romana
comandada por el prestigioso almirante Agripa. |
En pleno fragor del combate,
por razones aún no aclaradas, Cleopatra ordena a los 60 barcos de la flota
egipcia que sigan a su bajel abandonando la lucha. Al ver esta maniobra,
Antonio, desentendiéndose de la batalla, ordena a su trirreme dar alcance a la
reina fugitiva. La derrota fue total, perdiendo más de la mitad de las naves y
la defección de gran parte de las legiones acuarteladas en tierra. Cuentan las
crónicas que el general pasó “tres días, sentado en la proa, sin moverse y
con la cabeza entre los brazos”.
Cleopatra puso rumbo a Alejandría. Ante el temor
de que sus súbditos reaccionasen a la derrota de manera negativa, la reina no
dudó en engalanar las naves al arribar al puerto, convirtiendo así el
estrepitoso fracaso en una fingida victoria. Por su parte, Marco Antonio, marcho
a Cirenaica, donde había dejado tropas acantonadas, con las que pretendía hacer
frente a la previsible ofensiva final de su rival, pero le retiraron su
fidelidad, pasando de bando en masa. Abandonado, regresa a Alejandría, donde se
sume en una profunda depresión.
Octavio, tras superar una resistencia testimonial,
entraron en la ciudad en agosto del año 30 a.C. Marco Antonio, aislado, recibe
la falsa noticia de la muerte de Cleopatra; desesperado, se clavó su propia
espada. No murió de inmediato, sus sirvientes le trasladaron al mausoleo donde
ella se había encerrado. Allí expira, en los brazos de su amada.
Aunque algunos de sus ex-generales solicitaron de
Octavio el honor de enterrarlo, Cleopatra recibió del vencedor esta última
distinción.
Epílogo
Tras sepultar a Antonio, Cleopatra decide morir.
Las heridas que se hizo en el pecho, llorando ante el cuerpo del amante
moribundo, se habían infectado. La fiebre y la privación voluntara de alimentos
la estaban consumiendo. Octavio - quien no podía consentir que la reina muriera,
tenía que desfilar en su “triunfo”- la amenazó con la muerte de sus hijos si
persistía en su actitud, Cleopatra cedió y volvió a alimentarse.
Octavio quiso asegurarse del cambio de actitud y
la visitó en persona. La entrevista ha inspirado la leyenda más conocida sobre
la reina del Nilo; intenta repetir la maniobra que tanto éxito había tenido en
el pasado: seducir a Octavio. Pero el victorioso general no se dejó impresionar
por la reina, al parecer concentra su rechazo en la nariz, demasiado grande a su
gusto:
“Si
la nariz de Cleopatra hubiese sido más corta, la historia del mundo habría
cambiado”
Vuelta al mausoleo, los espías le informan que
marcharía, junto a sus hijos, hacia Roma dentro de tres días. Era el fin,
negándose a la humillación de caminar prisionera en el “triunfo” de Octavio,
elige la única salida posible: Se hizo bañar, maquillar y vestir como reina por
sus dos fieles servidoras, Iras y Carmión. A continuación envió una carta a
Octavio en la que pedía que su cuerpo fuese sepultado junto al de Antonio.
Cuando Octavio abrió la carta, sospechó que la reina iba a quitarse la vida. Con
urgencia, envió emisarios para evitarlo, pero ya era demasiado tarde. Los
esbirros abrieron las puertas y...
Vieron ya a Cleopatra muerta en un lecho de
oro, regiamente adornada. De las dos siervas, la que se llamaba Iras, estaba
muerta a sus pies, y Carmión, ya vacilante y torpe, le estaba poniendo bien la
diadema que tenía en la cabeza. Díjole uno con enfado: "Bellamente, Carmión", y
ella respondió: "Bellísimamente, y como convenía a quien era de tantos reyes
descendientes", y sin hablar más palabras, cayó también muerta junto al lecho.
(Plutarco)
Encontraron dos tenues punzadas en un brazo de la
fallecida reina, lo que hizo pensar que se había dejado morder por un áspid.
Alguien dijo que un campesino había traído una cesta llena de higos en la que se
ocultaba el reptil.
Era el 12 de agosto del año 30 a. de C. La reina
había vivido 39 intensos años.
Octavio continúa la cruel eliminación de los hijos
“romanos” de sus antecesores, que podrían ser obstáculos en su camino: El
primogénito de Marco Antonio y Fulvia ya había sido asesinado en Alejandría, le
sigue Cesarión, quien podría pretenderse heredero de Julio César. Otros hijos de
Cleopatra, Alejandro Helios y Ptolomeo Filadelfo por el momento corrieron mejor
suerte: fueron enviados a Roma bajo el cuidado de Octavia, aunque mas adelante
desaparecieron en circunstancias misteriosas. Se dijo que fueron asesinados por
Herodes.
La única sobreviviente fue Cleopatra Selene a quien casaron con Juba II de
Mauritania.
José Andrés Martínez
Collado Villalba, verano 2005
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