Función del Aparato Reproductor Masculino
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Funcionamiento del Aparato Reproductor Masculino Sistema Genital - Dibujo

 

 

 

 

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El aparato genital masculino
Funcionamiento del Aparato Reproductor Masculino Sistema Genital - Dibujo
El aparato genital masculino, situado en la porción inferior de la pelvis ósea, tiene en su última porción una función triple: es el órgano de la cópula, está destinado a perpetuar la especie, mediante la emisión de espermatozoides y pertenece también al aparato urinario, para la expulsión de orina.

Consta de dos glándulas llamadas testículos, de forma ovoidea y situadas dentro de unas cubiertas denominadas bolsas. Los testículos tienen una secreción externa, que es el esperma, formado por los espermatozoides, y un líquido viscoso que les sirve de vehículo; y una secreción interna, que es la hormona testicular. Los espermatozoides son las células sexuales del varón, destinadas a unirse con los óvulos del ovario de la mujer y producir el nuevo ser.

En cada eyaculación normal fe expulsan unos 200 o 300 millones de espermatozoides, por lo que en la vida sexual del hombre se cuentan por billones. Desde que se producen en el interior del testículo hasta que salen por el pene en el momento de la emisión, los espermatozoide han de recorrer un largo trayecto, que puede observarse en la figura adjunta del  aparato sexual masculino. Tienen una gran movilidad, y la rapidez de su movimiento es, aproximadamente, de 3 a 3,5 mm. por minuto.

La relación entre la velocidad con que se desplazan y la longitud de los mismos es, aproximadamente,  la misma que existe entre la estatura de un hombre y la velocidad con que éste avanza cuando camina a paso normal; o sea, aproximadamente unos 75 metros por minuto. Por lo tanto, con arreglo a su longitud, el trayecto que tiene que recorre el espermatozoide desde su punto de origen hasta el sitio en que encuentra al óvulo es proporcional al de un hombre que recorriera 170 kilómetros.

Aunque la totalidad de ese camino no sea recorrido sólo gracias al propio movimiento del espermatozoide, ya que en el interior de los órganos sexuales existen fuerzas impulsoras que desempeñan cierto papel, es, no obstante, admirable que una célula relativamente aislada tenga que recorrer tan largo trayecto luchando contra toda clase de obstáculos, pues aunque la vía genital esté adaptada para recibirlos, si los espermatozoides no tienen la necesaria vitalidad, el organismo dispone de medios adecuados para eliminarlos. Afortunadamente para la especie, sólo los espermatozoides mejor dotados alcanzan la meta, a pesar de lo cual su número e: suficientemente elevado para asegurar la fecundación.

El hecho de que los testículos estén situados en las bolsas y no en el interior del abdomen, se debe a que las temperaturas elevadas, incluso los 37°, disminuye movilidad y el poder fecundante de estas células, y por lo tanto, mediante su situación anatómica en el exterior del cuerpo, esta temperatura se mantiene - -nivel favorable. Tanto es así, que en el nuevo ser en desarrollo (o sea, en el embrión) los testículos se originan en la región lumbar y descienden normalmente en el curso del desarrollo para ir a ocupar las bolsas; pero si esta emigración queda dificultada por cualquier causa, que en este momento no nos corresponde analizar, y el testículo permanece en el interior del abdomen (anomalía que se conoce con el nombre de criptorquidia), se produce esterilidad: debiéndose aconsejar en el niño afecto de criptorquidia la visita a un especialista y posiblemente la intervención, destinada a reponer los testículos en las bolsas.

Refiriéndonos ahora a la secreción interna del testículo, o sea a la hormona testicular, ésta es la responsable del desarrollo de las características masculinas, favoreciendo el crecimiento y las funciones de los órganos sexuales, dependiendo la erección del pene y la eyaculación de una producción adecuada de hormona testicular o testosterona. Precisamente al llegar a la pubertad, la secreción de testosterona aumenta, como signo del despertar de la actividad genital.

La existencia en los testículos de un factor responsable de las características masculinas fue demostrada en 1786 por John Hunter, el cual llevó a cabo experimentos de castración en pájaros y gallos demostrando que éstos perdían su virilidad y que la recuperaban posteriormente mediante injertos de testículo. Incluso, con este fundamento, se ha utilizado en los laboratorios médicos y farmacológicos la prueba de observar el crecimiento de la cresta del capón para determinar la acción virilizante de un preparado hormonal. Actualmente, la hormona testicular se obtiene en los laboratorios por síntesis y, en igual cantidad, su actividad es mucho mayor que la natural.

 

A continuación de los testículos, se observan los conductos deferentes. Sobre el borde superior de los testículos se adapta la parte ancha del conducto deferente, llamada epidídimo; éste se continúa en forma de un conducto cilíndrico, de unos cuarenta y cinco centímetros de longitud, que atraviesa el conducto inguinal, formando parte del llamado cordón espermático conjuntamente con arterias y venas, y al llegar cerca de la vejiga de la orina, los conductos deferentes derecho e izquierdo se unen en un solo conducto y van a terminar en la uretra, precisamente en la porción de la misma que está en contacto con una glándula masculina llamada próstata.

De todas formas, a los conductos deferentes se les unen, unos dos centímetros antes de terminar, las vesículas seminales, que se pueden comparar a pequeñas, cavidades alargadas donde se acumulan los espermatozoides, y en donde, para muchos autores, se destruyen gran cantidad de ellos, precisamente los menos aptos. Obsérvese el dibujo del aparato genital masculino que se acompaña, el cual facilita la comprensión del texto a las personas no avezadas a la terminología anatómica.

La uretra, en el hombre, tiene función urogenital. Por un lado es continuación de la vejiga de la orina, y por lo tanto sirve como desagüe de la misma en la emisión de orina; y por otro lado, en ella desembocan, como más arriba se ha dicho, los conductos deferentes y a ella van a parar, en el momento del coito, los espermatozoides que, desde el testículo, lugar de su formación, ascienden por los conductos deferentes; algunos se acumulan en las vesículas seminales y el resto sigue por la uretra hasta su eyaculación.

En el hombre, la uretra suele ser considerada en tres porciones: una que está rodeada por la próstata y en la cual desembocan una serie de pequeñas glándulas de secreción viscosa que contribuyen a formar el líquido espermático; otra porción, de características membranosas, en donde se encuentra el esfínter de la uretra que regula el buen funcionamiento de la misma; y finalmente, la tercera porción, la visible, es el pene. En él se observan unas masas musculares con cavidades que en la relación sexual se llenan de sangre y contribuyen a su erección. Son los dos cuerpos cavernosos y el cuerpo esponjoso. En estado fláccido son delgadas y vacías; su aumento de volumen por la excitación sexual produce la erección y el aumento de volumen del pene.

Representación de un espermatozoide. Esta célula producida en el testículo tiene una longitud de unas cinco centésimas de milímetro y presenta tres partes claramente diferenciadas: cabeza, segmento intermedio y cola. La más importante es la cabeza, en la que se halla el núcleo, y cuya parte anterior dispone de un borde cortante que al aplicarse contra el óvulo secciona su superficie y facilita la penetración del espermatozoide en su interior. Al fusionarse la célula masculina con la femenina (óvulo) tiene lugar la fecundación, dando lugar al huevo, que, a pesar de estar formado por una sola
célula, dará origen al nuevo ser.

Precisamente es el erotismo, con su complejo mecanismo psicofisiológico, lo que influye sobre la erección. En la cópula podemos distinguir una fase precopulatoria en la que la intensidad del deseo sexual produce variaciones en la circulación de la sangre, responsable como ya se ha dicho de la erección y del aumento de las secreciones glandulares, produciéndose una tumescencia del órgano. En terminología psicosexual se denomina contrectación a la tendencia al contacto corporal, al abrazo amoroso, y amplexación, a la de fundirse con la pareja en el acto sexual. Ya en plena cópula, aquella tendencia obliga a la introducción o inmisión del pene en la vagina de la mujer y a la necesidad y deseo de efectuar unos movimientos confricatorios alternativos del cuerpo y del miembro que terminan en el orgasmo.

El orgasmo es una sensación de placer que se presenta al final del coito y que en el hombre se acompaña de eyaculación, con pérdida parcial de la conciencia, tensión muscular, congestión de la cara y sudoración. Después del orgasmo, aparece una relajación del cuerpo y del instinto; o sea, una relajación somato-psíquica con tendencia a la ternura.

Fuente Consultada: El Libro de Vida Sexual López Ibor

La Fecundación Humana

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