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Solamente a través del aprendizaje, las personas obtenemos un conjunto de
habilidades y conocimientos que nos proveen las herramientas para resolver todo
tipo de problemas. Aprender supone una búsqueda cotidiana y permanente de
conocimientos incorporados a través del estudio, la reflexión de las
experiencias vividas y la realidad.
Es
así que en nuestra vida nos encontramos rodeados de diversas situaciones, ya sea
en nuestro trabajo, la familia y en las relaciones interpersonales, en cada
lugar debemos tomar iniciativas, resolver situaciones y enseñar a los demás a
trabajar, y aprender de nuestros semejantes, a crear una mejor convivencia y a
llevar una vida mejor. En este sentido, quien posea más herramientas para
realizar estas tareas cotidianas, cumplirá con ellas de forma más eficaz, porque
este valor no consiste en acumular conocimientos sino utilizarlos para ayudar,
para transformar nuestra vida y nuestro medio.
Muchas veces, se piensa que debemos aprender sólo lo que es necesario e
indispensable, para desempeñar una actividad profesional determinada, o incluso,
que la vida académica se resuelve haciendo un mínimo esfuerzo.
Sin
embargo, ¿por qué nos da pereza aprender? Sencillamente porque deseamos que todo
tenga una utilidad práctica e inmediata (como el niño que aprende a contar y a
conocer la denominación de las monedas, para comprar con la seguridad de no ser
engañado); esto sin agregar el esfuerzo y el tiempo que supone estar frente a un
libro o cualquier otro medio.
Ocasionalmente encontramos a personas con la habilidad de obtener conclusiones
casi instantáneamente, teniendo una respuesta y explicación para cualquier
asunto, en fin, como si todo lo supieran. No obstante, sin quitar mérito a las
aptitudes personales, lo excepcional -y producto del aprendizaje- es la
capacidad de relacionar hechos, conocimientos y experiencias para tener un
criterio bien formado y dar una respuesta oportuna y acertada en cada caso.
Es
necesario entender que el perfeccionamiento personal abarca la superación
profesional, por lo tanto, debemos preocuparnos por profundizar. Terminar la
universidad, comenzar una maestría, emprender un doctorado, asistir a cursos de
actualización y diplomados. No podemos olvidar que en el mundo laboral de hoy
tener un título universitario ya no es suficiente. Es necesario ir más lejos si
se desea un progreso real.
Sin
embargo, también podemos obtener otros conocimientos no ligados inmediatamente a
nuestra actividad profesional, que nos brindaran un panorama más amplio y
acabado de la vida. En este sentido, podemos aprender historia, filosofía,
doctrina, literatura, relaciones humanas; o conocimientos técnicos y
científicos: manejo de programas para ordenadores (computadoras), administración
empresarial, funcionamiento del cuerpo humano, primeros auxilios, nociones de
mecánica automotriz o cualquier destreza manual.
Quien
aprende de sí mismo, disfruta de la actividad sin cuestionarse el cuándo y para
qué utilizará ese conocimiento, cada vez le es más fácil aprender, pues al igual
que el cuerpo humano, el intelecto también necesita desarrollarse.
La
ausencia de conocimientos muchas veces lleva a que no estemos preparados para la
vida y para nuestra profesión, somos incapaces de prevenir y resolver problemas.
En este sentido, si un padre de familia no advierte la formación que sus hijos
reciben en la escuela, no encontrará explicación a sus cambios de conducta;
tener una empresa dejando la administración en manos de otros, no siempre es
conveniente; manejar personal sin tener nociones básicas del comportamiento y
naturaleza humana, nos lleva a un trato impersonal.
Progresivamente nuestra incapacidad nos convierte en dependientes de las
circunstancias y de las personas, buscando culpables y eludiendo
responsabilidades. Una persona en constante preparación, se muestra interesada
en todo lo que rodea a sus semejantes porque quiere superarse y encontrar la
manera de ser más útil.
A su
vez, muchas veces no comprendemos los acontecimientos actuales: el cambio
cultural producido en los últimos 50 años, las controversias actuales sobre la
vida humana; los conflictos internacionales. Podríamos llenar de ejemplos y la
concusión sería la misma: es necesario aprender más para comprender mejor lo que
sucede en nuestra vida y en el mundo, para dejar de pensar que todo es obra de
la casualidad o producto del empeño de unos cuantos.
Entonces, aprender algo nuevo no es pérdida de tiempo, es una manera de alcanzar
la superación personal. Podríamos argumentar falta de tiempo y necesidad de
descanso, pero todo es cuestión de organización y esfuerzo, tal vez en forma
gradual, pero continua.
Para
reforzar el valor de aprender puedes:
•
Hacerte el hábito de leer al menos un libro por mes.
•
Terminar la universidad (si aún no lo has hecho)
•
Inscribirte en un curso de actualización o algún diplomado
•
Empezar la maestría
•
Cursar un doctorado
•
Escuchar noticieros, leer el periódico y acercarte a medios que te proporcionen
información sobre la realidad que te rodea.
•
Comprar revistas sobre temas adicionales a tu profesión u oficio
•
Observar cuidadosamente las actitudes de los demás y procura obtener
conclusiones que te sirvan en el futuro.
•
Desarrollar una nueva afición que te permita obtener nuevos conocimientos en un
área que no conoces.
El
valor de aprender nos convierte en personas que tienen más herramientas para
avanzar en la vida y para ser mejores seres humanos.
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