Sólo
si nos acercamos al minúsculo acróbata que baja desde lo alto, mofándose de la
ley de gravedad, podremos percibir un fino hilo prendido de una ramilla. La
araña aterriza, se detiene un instante, vuelve a subir, baja otra vez, va de una
rama a otra, aparentemente sin motivo, pero en cada una de ellas suspende un
hilo. Una araña que trabaja y teje es al mismo tiempo obrera y carrete.
Apenas comienza su tarea, surge
entre el ramaje una figura geométrica generalmente octogonal— de precisión
sorprendente, que se transformará, con la colocación de otras hebras, en una
tela maravillosa y una trampa formidable.
La extraordinaria hilandera es una
Epeira diadema, le cuerpo amarillo adornado con líneas negras
transversales que, por medio de numerosas glándulas situadas bajo el abdomen,
secreta una sustancia gelatinosa que al estirarse se transforma en los hilos de
la tela que tanto admiramos. La araña es un bicho muy común que comprende muchas
especies. Fabrica su tela para cazar a los otros insectos, especialmente a las
moscas, cuya sangre chupa con lentitud en cuanto las ve presas por las atas, o
enredadas en los finísimos hilos.
Algunas personas creen
erróneamente que las arañas son insectos; la mayoría las incluye en la vaga
categoría de "bichos". Las arañas son artrópodos pertenecientes a la clase de
los arácnidos, orden de los araneidos. Estos se dividen en numerosas familias
(alrededor de 70), las que a su vez, se dividen en géneros, especies y
subespecies. Entre los arácnidos, que tienen cuatro pares de patas (los insectos
poseen tres pares) y el cuerpo dividido en dos sectores, cefalotórax y abdomen,
se incluyen también los escorpiones y garrapatas.
Las arañas suelen tener una
especie de tubo o escondite en la parte superior de la tela su resistencia,
desde donde acechan a las víctimas incautas que constituye en su alimento.
Algunas no hacen telas, pero habían en agujeros tapizados con los hilos
extraídos de si mismas, formados por una sustancia particular que despide su
boca.
Si observamos a la tan común araña
de los jardines, advertiremos que su cuerpo nos ofrece dos regiones muy
distintas: el cefalotórax y el abdomen. Presenta seis pares de
apéndices, de los cuales cuatro pertenecen al tórax y dos son cefálicos.
Dos de estos últimos apéndices o pinzas se llaman quelíceros y poseen en
su extremidad una glándula venenosa cuyo producto de secreción sale al exterior
por un orificio especial. Este líquido puede causar a muerte: instantánea a
pequeños animales. El segundo par de apéndices está constituido por las
maxilas, que poseen pequeños palpos.
JUAN ENRIQUE FABRE
(1823-1915.), que hizo estudios completos sobre la vida de los insectos y
escribió, entre otros libros, Recuerdos entomológicos, traducido luego a
todos los idiomas, dio el nombre de atas interiores al último par de apéndices
de las arañas, porque cuando el animal camina realiza un movimiento en forma de
espiral y las dos últimas patas parecen ubicarse debajo de su centro
longitudinal. Un pedúnculo muy corto une al cefalotórax con el abdomen que es
globuloso y contiene órganos de vital importancia. Éste presenta, sobre su línea
el orificio genital y, próximo a él, los estigmas son los encargados de permitir
la entrada en dirección alias filotráqueas o pulmones. Más abajo se
encuentra el orificio anal, escondido de un grupo de pequeñas prominencias llama
“hileras”.
Por aquí sale esa sustancia
líquida al contacto con el aire se solidifica y forma el hilo con el cual teje
su tela. En la boca comienza el aparato digestivo. Posee estómago chupador
y un intestino que termina bolsa estercoral. El aparato circulatorio es
simple y el respiratorio formado por filotráqueas, láminas, que se
superpone a manera de acordeón y constituyen el pulmón. Algunas arañas poseen
cuatro pulmones (tetraneumo); otras presentan dos (dineumonadas).
Por regla general, las arañas tienen ocho ojos; en os algunas especies con
seis solamente y se muy pocas con dos. Algunas que viven bajo no tienen ojos.
Las Tegenarias, de color
gris oscuro y largas patas velludas, construyen sus telas preferentemente en los
de las paredes, en el interior de las casas o de los tragaluces; de esta manera
atraen hacia la trampa tendida a las moscas, su alimento preferido. Estas arañas
son muy comunes en América, Europa y y África,
y algunas alcanzan el tamaño de la a. tegenarias y aun las epeiras son
inofensivas el hombre, pero no se puede afirmar lo mismo de especies de arañas
exóticas. La picadura de negra, muy común en el Brasil, es peligrosa para el ser
humano.
La tarántula (imagen Izq.),
que recibió este nombre porque era común en los alrededores de Tarento,
abunda casi toda Italia. Antaño se creía que el veneno de picadura provocaba una
locura melancólica que entre la música y la agitación podían curar, pero
demostrado que esa ponzoña sólo puede provoca en el ser humano un acceso de
fiebre. Las arañas esa familia tienen la particularidad de llevar los huevos en
una especie de bolsa serosa.
La Menneus, que vive en el
África, lleva su tela entre las patas abiertas y la usa como red para capturar
su presa. Las Nephiles son las hilanderas de los cálidos, y sus telas
poseen tal resistencia que los indígenas las emplean como redes de pescar.
Se conocen más de mil especies de
arañas y con seguridad no constituyen éstas la totalidad de las existente. Las
más importantes son: la Epeira diadema, peluda de origen americano, cuya
picadura produce un dolor intenso, y la araña pollito —muy aún en la
Argentina, Paraguay, oeste de Uruguay y Brasil—, tan enorme que a veces llega a
pesar doscientos cincuenta gramos. Su venenosa picadura puede ser fatal para los
animales menores.
PARTES DE UNA ARAÑA:
Anatomía externa de una araña. c:
cefalotórax (prosoma). a: abdomen (opistosoma).
q: quelícero. p: pedipalpo. l: patas locomotoras. h: hileras.
REPRODUCCIÓN DE LAS ARAÑAS:
Siete días después de la cópula, la hembra deposita hasta 2000 huevecillos,
similares a cápsulas gelatinosas de
un
blanco traslúcido, que envuelve por grupos en sacos distribuidos en la red. En
unas cuantas semanas las crías salen y se alejan de su madre aprovechando las
corrientes de aire para desplazarse e iniciar su propia vida.
Peculiaridad de aquí surge la
leyenda de la viuda negra. La hembra puede devorar al macho en el
apareamiento, lo que da el nombre a la especie, aunque esta práctica es
frecuente en muchos tipos arañas. Solo la mordedura de la hembra es venenosa
para el ser humano y puede llegar a ser letal, aunque con los tratamientos
modernos la muerte ya no es un evento común. (imagen: araña viuda negra)
Aunque su mordida es indolora, el
efecto, a muy corto plazo, es contundente. El veneno, corre por el torrente
sanguíneo, ataca el sistema nervioso y provoca hinchazón, enrojecimiento,
náuseas, dolor estomacal, espasmos musculares y calambres en el tórax, en el
abdomen y en la parte superior de las piernas, así como contracciones y dolor
intenso. Los síntomas empeoran cada vez más provocando escalofríos, sudoración,
convulsiones, náusea, dolor de cabeza, fiebre y parálisis, aunque en la mayoría
de los casos no son tan severos.
TIEMPO DE VIDA DE LAS ARAÑAS:
Las arañas macho generalmente viven hasta que logran fecundar a una hembra; es
decir, llegan al estado
adulto
(determinado por su evolución sexual y capacidad para fecundar a la hembra) a
los cuatro años en las grandes arañas, por término medio. En otras especies la
madurez sexual se alcanza en menos tiempo.
El doctor W. Búcherl observó que
las arañas criadas en cautividad (terrarios) pueden llegar a vivir algo más de
doce años. Algunas arañas "pollito" del Brasil, según este investigador,
vivieron entre catorce y dieciocho años.
(imagen: araña "pollito")
En libertad en la naturaleza, la
mayoría de las arañas sucumbe a diversos accidentes en la lucha con otros
enemigos. Difícilmente alcanzan lo que podríamos llamar, en términos humanos,
vejez. Sin embargo, el profesor Bücherl, del Instituto Butantan de San Pablo
(Brasil), observó que las arañas cautivas, que habían nacido en el terrario y
que sobrepasaban el limite de los diez años de edad mostraban evidentes signos
de apatía y cansancio, comenzando a descuidar la propia higiene (de la cual las
arañas son celosas conservadoras; es un hábito parecido a la limpieza de los
gatos). Aparecían hongos micelianos en el borde del ano, que luego se extendían
a otras partes del cuerpo; se abandonaban en posiciones normalmente inusuales;
se negaban a comer, y por fin se producía la muerte.