ÁRBOLES ARGENTINOS, Especies Nativas

ÁRBOLES NATIVOS DE ARGENTINA

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        ÁRBOLES NATIVOS DE ARGENTINA

Cedro misionero (Cedrela fissilis)
Las maderas de ley de la selva misionera alcanzaron fama en las primeras décadas del siglo XX. Por aquel entonces, existían grandes extensiones de montes con forestales de primera calidad. Se trataba del cedro, el lapacho y el peteribí (Cordia tríchotoma). La madera del cedro misionero reúne características óptimas para trabajarla (pulido, barnizado) y muy buena estabilidad (no se deforma con el tiempo). Se la emplea para vanados fines: desde mueblería de calidad, hasta instrumentos musicales, decoración de interiores, cerramientos y embarcaciones. También puede considerárselo una especie ornamental. Crece bien en climas templados y tiene follaje decorativo. Las selvas son una fuente valiosa de maderas de alta calidad con el desarrollo de forestales silvestres como el cedro misionero. Ahora, para que podamos seguir disfrutando de estos recursos, el desafío es convivir sin exterminarlos. Todavía estamos a tiempo.

Ibirá-pitá (Peltophorum dubium)
Sin resultar común, el ibirá-pitá es un árbol nativo que se ha ganado un lugar destacado dentro de montes silvestres y espacios verdes urbanos. En su habitat, las selvas del nordeste argentino, resulta notable por su gran porte, formando parte del dosel superior, a veces, con ejemplares gigantescos que pueden emerger del techo enmarañado de la jungla. En la ciudad, en cambio, su floración profusa no pasa inadvertida. Su copa se llena con densos conjuntos de flores amarillas, toda una delicia para quienes tienen balcones a esa altura. Incluso en la ciudad de Buenos Aires hay individuos añosos en calles, donde asume un porte elevado compitiendo con los edificios por exponerse primero al sol.
Su nombre común proviene del guaraní y significa árbol o madera roja, en alusión al hermoso colorido de su leño, que tiene tintes rojizos y puede presentar tonalidades entre castañas y coloradas a rosadas y moradas. Posee usos variados: carpintería (madera), curtido de cueros (corteza) y medicinal (hojas, flores y frutos).
Este magnífico árbol da buenos resultados plantado en avenidas anchas y bulevares, donde también se destaca por su follaje verde intenso, tan particular.

Ombú (Phytolacca dioica)
El ombú es uno de los más destacados aportes nativos a la jardinería. Ornamental por excelencia, tiene a su favor un desarrollo rápido y extraordinario, con una copa enorme y tronco gigantesco y corto, que se desparrama en su base en múltiples raíces robustas, a modo de pedestal desordenado. Y toda esta masa vegetal se convierte en un atractivo juego de columpios, pistas para escaladas y toboganes para niños, tal vez los que más disfrutan de los ombúes de los parques. Del ombú se han dicho muchas cosas. La más conocida controversia se inició con los versos de Luis Domínguez, publicados en 1843: "Buenos Aires, patria hermosa, tiene la Pampa grandiosa; la Pampa tiene el ombú."
En realidad, el ombú no es nativo del pastizal pampeano. Es oriundo de los montes del nordeste argentino, que llegan al sur hasta los talares de barranca del norte bonaerense. Allí, lo encontraremos
con su forma natural, un estilizado árbol con tronco alargado, diferente a los cultivados en plazas, donde no tienen ninguna competencia por el sol directo y pueden crecer a sus anchas. En el bosque, este vegetal "amigo del sol", debe invertir energía para elevarse hasta las copas de los árboles.

Palo borracho (Ceiba speciosa)
El palo borracho o samohú, su nombre guaraní, es un magnífico árbol que tiene en su tronco abultado, panzón, con base angostada, una estampa inconfundible (aunque en los montes hay ejemplares de figura estilizada). Y durante la floración, parece un enorme botellón con varios ramos de cientos de flores rosadas. También nos sorprende durante la maduración de los frutos. Del tamaño y el aspecto de una palta grande, al desprenderse sus gajos superficiales dejan expuesto un hermoso pompón blanco reluciente, donde entre pelos sedosos se encuentran las semillas. Al desprenderse en copos deshilachados, cada uno flota en el aire, con la ayuda del viento, llevando una semilla como único navegante.
Tiene muchos usos conocidos. Como muestra, basta mencionar la utilidad reconocida a los aguijones del tronco en medicina popular. Hervidos en agua, según la dosis o cantidad agregada, se le asignan diferentes propiedades: desde calmar el dolor de espaldas hasta curar el alcoholismo.
Propio de las selvas del nordeste argentino, brinda buenos resultados como planta de adorno en parques y bulevares de zonas templadas y cálidas del país.
Durante muchos años recibió el nombre científico de Chorísia speciosa.

Pino Paraná (Araucaria angustifolia)
La selva misionera también tiene el privilegio, al igual que los bosques patagónicos. de contar con una araucaria nativa, figura inconfundible y bella asomando entre las copas del monte. Recurso forestal valioso, el pino Paraná o curíy (en guaraní) parece haber definido su suerte en la segunda mitad siglo XX. En la Argentina solo existían manchones de bosques silvestres dentro de las sierras del norte de Misiones. Hacia 1960 se contabilizaban unas 200.000 hectáreas con pino Paraná; en cambio hoy quedan menos de mil hectáreas en unas pocas áreas naturales protegidas (San Antonio, Cruce 3aballero y La Araucaria). Además, está declarado Monumento Natural Provincial.
Forma un tipo de selva particular, donde abundan los helechos arborescentes y hay especies ce aves y mamíferos bastante ligados a este ambiente. Los gigantescos conos dan semillas comestibles para la fauna y un alimento aprovechado por los aborígenes que poblaron anteriormente la zona.
Ha demostrado ser una buena conífera ornamental para las zonas templadas y cálidas de la Argentina. Se diferencia de las especies australianas (Araucaria bidwilli A. hetemphylla) por presentar la base y el medio del tronco principal casi sin ramas secundarias,

Yerba mate (llex paraguariensis)
Seguramente nos llevaríamos una sorpresa si analizáramos cuál es el árbol nativo con el que tienen mayor contacto diario los habitantes del país. En el momento de pensar una respuesta tal vez tengamos la solución entre manos. Para muchos argentinos no hay día que no bebamos mate, infusión preparada con las hojas de la yerba mate. Incluso el gaucho, aunque se jactaba de vivir comiendo solamente carne, tenía en el mate el principal o único componente vegetal de su dieta.
Este árbol propio de la selva misionera, hoy es cultivado intensamente en forma de arbusto alto para la obtención industrial de yerba. Los guaraníes aprovechaban los yerbales naturales y bebían la infusión dentro de determinados ceremoniales, ya que eran conocedores de los poderes estimulantes de la planta. Serían los jesuitas quienes extenderían el uso del mate en la vida cotidiana.
Por la importancia en la economía regional de Misiones y Corrientes, la yerba mate debería ser empleada como árbol ornamental en plazas y jardines, para que todos conozcan de cerca a su compañero de cada mañana.

Jacaranda (Jacaranda mimosifolia)
Entre fines del siglo XIX y comienzos del siguiente, unos pocos árboles de la Argentina fuere elegidos para emplearlos en las nuevas plazas y los parques de cascos en estancias, bajo el impulso de Carlos Thays. El Jacaranda, junto al palo borracho y la tipa (en menor escala, el ombú) tuviere -ese extraño privilegio cuando mucho de lo que se hacía en el país buscaba parecerse a lo foráneo.
El Jacaranda o tarco se ganó el afecto de la población y hoy en día sigue constituyendo uno de los árboles oriundos del país más empleado en las zonas templado-cálidas. Cuenta a su favor ce • cualidades irremplazables. El follaje está dividido finamente, de manera grácil como los helechos. En primavera, surgen densos ramos florales de una suave tonalidad violeta azulada, que cubren toe; su copa.
Tiene su patria en los sectores bajos de las selvas de montaña del noroeste argentino. Dado que hay antecedentes de su asilvestramiento en zonas templadas, debe tenerse cuidado al emplear; Jacaranda en la vecindad de reservas naturales.

Tipa (Tipuana tipu)
Los bosques de montaña del noroeste argentino tienen en la tipa uno de sus mejores exponente; arbóreos. Resulta increíble como un solo tronco puede sostener una copa enorme, extendida hacia arriba con varias ramas principales tortuosas y resistentes.
En su patria, la tipa suele estar adornada con grandes masas de bromelias silvestres, que se fijan sobre los recodos de las ramas, huéspedes bien visibles en el invierno, cuando el árbol permanece sin hojas. En cambio, durante la floración, se engalana con miles de flores amarillas sumamente decorativas.
Es uno de los árboles argentinos que tiene tradición en la jardinería local. Su cultivo se ha extendió: con éxito por las zonas templadas. En la ciudad de Buenos Aires, las hileras sobre veredas opuestas ce las avenidas forman bóvedas inmensas, como un enrejado de troncos finamente diseñados. Aquí brindan una de las más hermosas estampas verdes de la ciudad, sublimes en diciembre cuando tapiza" el suelo con una alfombra de flores amarillas,

Algarrobo (Prosopis chilensis)
Los algarrobos son un grupo de árboles nativos de las zonas cálidas de la Argentina, que han ganado un papel central en las culturas regionales. Generan un ramillete de recursos: madera de primera calidad, tinturas, sombra, frutos comestibles nutritivos y forraje (los frutos) que puede almacenarse para suministrar en los momentos de mayor necesidad.

Su importancia se acentúa allí donde los recursos escasean. A tal punto, que en el oeste argentino es conocido simplemente como "el árbol". Es el caso de la especie que nos ocupa, que vive en estos
desiertos. Allí se desarrolla puntualmente en los lugares con agua subterránea, a la cual accede con sus raíces larguísimas que pueden explorar el suelo a 20 metros de profundidad.

Este es el algarrobo que podemos apreciar en el cañón de Talampaya (La Rioja), pues justamente por allí corre un cauce temporario, en Ischigualasto (San Juan) y en Merlo (San Luis), donde hay un ejemplar enorme conocido como "el abuelo".
Tiene un tronco grueso y fuerte, con una copa amplia, en forma de sombrilla gigantesca.

Chañar (Geoffroea decortícans)
El chañar pertenece a ese grupo de árboles nativos que a fines de invierno y principios de primavera tienen una floración espectacular. Sus hojas caen en la temporada fría y lo primero que brotan son las flores. Por lo tanto se transforma en un gigantesco ramo de flores amarillas, de suave fragancia.

Al acercarnos, comprobaremos que el zumbar incesante que percibimos a cierta distancia es una multitud de insectos visitadores de flores que aprovechan esta oferta limitada. Otro detalle decorativo, típico de la especie, es que la corteza de los ejemplares jóvenes se desprende en placas dejando a la vista su tronco verde claro.

Además, el chañar produce frutos dulces, del tamaño de una ciruela, utilizados tradicionalmente para elaborar mermeladas y arropes (dulce casero),
Este árbol ornamental presenta las dos situaciones más extremas de abundancia. Los campos, que originariamente eran pastizales en la mitad sur de San Luis y el sudoeste de Córdoba, están invadidos con chañares. En el otro extremo, hay lugares donde la especie va desapareciendo, como en los talares de barranca.
cerca de Buenos Aires, donde los únicos ejemplares están en la Quinta de Pueyrredón (San Isidro) y al sur de Campana.

Su distribución es amplia en la Argentina: abarca bosques y matorrales de las eco-regiones del Chaco, el espinal y el Monte.

Quebracho colorado santiagueño (Schínopsis lorentzii)
En los montes del Chaco árido, sobre extensas llanuras al norte de la Argentina, crece la contrapartida del quebracho colorado chaqueño: el santiagueño. Esta especie tiene un gran parecido con e horco quebracho, también del mismo género, que fue considerado durante un tiempo una subespecie del quebracho colorado santiagueño.
Al igual que otros integrantes de la familia Anacardiáceas, como los melles, este quebracho produce una reacción alérgica a las personas que toman contacto con la planta o sus productos. Los aborígenes denominaban paaj a la especie y a su dolencia, que en quechua significa "cosa que vuela, por la forma casi misteriosa con que surgen las molestias en la piel. La prevención es sencilla: ser respetuoso con el árbol. Hay que saludarlo, entregarle ofrendas. Y, en definitiva, hacerse amigo de quebracho. De forma similar se opera con los molles.
Dueño de madera pesada y proveedora de tanino, el quebracho colorado santiagueño sufrió una intensa extracción. Hoy la mayoría de los montes nativos de la zona carecen de los mayores ejemplares de quebracho y la presencia de ganado, que tiene gran predilección por consumir los renovales, impide la renovación del principal componente arbóreo de la formación. Para apreciar el esplendor de los bosques chaqueños, legendarias fuentes de riquezas maderera, hay que remitirse a unos pocos lugares que se han salvado del hacha y los animales domésticos.

Un buen ejemplo es el flamante Parque Nacional Copo, en el noreste de Santiago del Estero, donde este quebracho colorado aún es el señor del monte.
Tal vez ya es tiempo de volver a escuchar a los mayores y actualizar esa idea de hacerse amigo del quebracho.

Sauce Criollo (Salix humboldtiana)

Dentro de las muchas especies de sauces y álamos cultivados en la Argentina hay una sola nativa el sauce criollo. Se distingue de sus parientes cercanos por ser el único con hojas alargadas, de menos de un centímetro de ancho, y la misma tonalidad en ambas caras.
Es un árbol de bello porte, con copa densa y llena de ramitas ascendentes, a diferencia del sauce llorón y otros exóticos, con ramas péndulas. Antes de perder las hojas con los fríos otoñales, durarte unos días el follaje adquiere una hermosa tonalidad amarilla.
Desde siempre se lo ha utilizado como ornamental. Vive silvestre desde el norte de la Patagonia pe toda la Argentina templada y cálida, siempre junto a cursos de agua, donde llega a formar bosques puros. Es indicado para forestar campamentos, recreos, parques, bulevares y calles.

Las propiedades curativas de los sauces son conocidas desde la antigüedad y han sido la fuente ce la aspirina, difundida en la actualidad. La corteza de! sauce criollo es empleada para calmar las fiebres en la medicina popular de muchas regiones déla Argentina

La cultura de la Argentina como república recibió la influencia desde sus comienzos, del aporte de los colonos europeos que llegaron al país. Resulta lógico, por lo tanto, que el manejo de los recursos naturales haya resultado acorde con esa realidad.

Desde la colonización, se priorizó el uso de las especies conocidas en el viejo mundo, Jo cual queda reflejado en la elección de los cereales, los frutales, los árboles ornamentales y el ganado doméstico, entre otros componentes de la producción tradicional.

Ese histórico mirar hacia afuera, nos hace más susceptibles a aceptar una globalización cultural que lo invade todo desde finales del siglo XX.

Pero esa elección de modelos y especies foráneas ha tenido, como una silenciosa consecuencia, la desvalorización de nuestro patrimonio natural original. Pese a ser América del Sur una de las regiones más interesantes y ricas en diversidad biológica del planeta, seguimos desprestigiando lo nuestro para asumir las modas foráneas.

En la actualidad, está surgiendo un masivo interés por la naturaleza, con un apoyo de los medios que se nos hacía impensado hace apenas dos décadas atrás. Estamos dentro de un incipiente despertar de la valoración del planeta, que ya empieza a tener sus primeras consecuencias en la incorporación de la temática en las currículas escolares y la creación de organismos ambientales en diferentes reparticiones oficiales, por ejemplo. Pero nos resta un largo camino para madurar esta iniciativa.

Los árboles constituyen uno de los grupos biológicos que mejor pueden mostrar todo este proceso. Los colonos europeos buscaron repetir los paisajes que les eran familiares y trajeron sus sauces) álamos para sombra, durazneros y manzanos para dar frutas, confieras diversas para adorno. Y aunque ya había un sauce nativo, se emplearon los ya conocidos, lo cual no es tan ilógico. Come cuando nos vamos de viaje a otro país y llevamos nuestro equipo de mate para mantener, al menos, una base de nuestra idiosincrasia cotidiana.

Ahora, dentro de esta aún inmadura revalorización de la naturaleza del país, apenas estamos escribiendo los primeros capítulos para respetar los árboles que nos rodean. El desparejo bienestar del arbolado urbano o la facilidad con que podemos derribar un árbol centenario para ensanchar un camino o construir un garaje, son síntomas de la inmadurez apuntada en la sociedad y sus normas. Por ello, promocionar el uso de árboles nativos puede resultar para muchos una simple sutileza, un detalle todavía incomprensible.

Debemos empezar a valorar los árboles nativos para mejorar nuestra calidad de vida actual y evitar profundizar algunos problemas en el futuro.

Fuente Consultada: 100 Árboles Argentinos de E. Haene - G. Aparicio

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