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El
arco, usado desde la más remota antigüedad para la caza y la guerra, se ha
convertido, con el transcurso de los siglos, en el protagonista de leyendas
románticas y de numerosas anécdotas históricas. En sus partes esenciales está
constituido por un largo y delgado tallo de material flexible y de una cuerda u
otra tira susceptible de tensión que se ata a una extremidad y sirve para
imprimir movimiento al proyectil, o sea a la flecha.
Las
formas más antiguas se han conocido por las diferentes pinturas que se conservan
entre los objetos raros y preciosos de los más importantes museos. Una pintura
rupestre de la península ibérica, que pertenece al remoto período paleolítico,
presenta un arco de dimensiones notables, más alto que la estatura común de un
hombre. Eso indujo a creer que en su parte flexible no fuera de una sola pieza
sino, por lo menos, de dos piezas unidas en el medio. El arco neolítico parece
haber sido más sencillo porque estaba formado por una sola pieza. Ambos fueron
empleados en épocas muy lejanas.
El arco y la flecha han sido desde
siempre herramientas fundamentales para la supervivencia de la humanidad.
Gracias a ellas el hombre se convirtió en cazador. Las mismas presas ya le
proporcionaban una amplia gama de materiales, como por ejemplo huesos, tendones,
herramientas, abrigo e incluso una dieta rica en proteínas. La caza con arco era
bastante más segura que otros métodos utilizados por aquel entonces, ya que
permitía mantener cierta distancia de seguridad.
El
arco homérico era de cuernos de cabrón salvaje raspados, pulidos y soldados en
la base que constituía una empuñadura del arma. Por medio de garfios o anillos,
se ataba, en sus extremidades, una cuerda robusta de tendones de buey. En
ciertas figuras se reproducen asimismo algunos tipos de arco semicirculares y
otros perfectamente derechos, provistos de garfios en los dos cabos. La cuerda
podía ser de tendones y también de tiras de cuero o crines de caballo trenzadas.
Se
dice que las mujeres de Cartago sacrificaron sus cabelleras para hacer cuerdas
con ellas, cuando los romanos sitiaron esa ciudad. La flecha era una punta
metálica (primero de bronce, luego de hierro) triangular, muy puntiaguda, con
dos o más filos cortantes, que se colocaba en la extremidad de una vara de
madera o caña cuyo otro extremo llevaba un adorno de plumas. Ese detalle le
valió el epíteto de “flecha alada” que se halla, muy a menudo, en los
poemas homéricos.
El
arco se empuña con la mano izquierda por su parte central, y se estira el brazo
de tal manera que el arco se coloque, ante quien lo maneja, eh forma horizontal
si es corto, y verticalmente en caso de ser largo o simplemente mediano. La mano
derecha extiende la cuerda sobre la cual habrá de apoyarse el extremo grueso de
la flecha en la que se encuentra la muesca en la cual se hace penetrar la
cuerda. El arquero apunta y suelta la cuerda. La flecha es así lanzada hacia el
blanco.
Durante la Edad Media, los más célebres arqueros fueron los hunos, mientras que
los celtas, los godos y los primeros francos utilizaban esa arma para la defensa
de las trincheras. Los escoceses y galos aprendieron a manejar el arco con mucha
habilidad y, en el tiempo de los Cruzados, muchos guerreros pertenecientes a los
países de Europa lo utilizaron para el combate. El arco francés del siglo XIII
no era muy grande; medía poco más de un metro y las flechas no sobrepasaban los
setenta centímetros.
Un siglo más tarde, en Inglaterra, se utilizó un arco tan
largo como la distancia entre el hombro y la extremidad de los dedos del
arquero, estando éste con los brazos extendidos. En el
momento de utilizarlo, vale decir, estando tendido, la longitud del arco se
reducía a la mitad. Las flechas eran de madera, de un largo menor de un metro.
En ese entonces los arcos se construían con madera de olmo, avellano, fresno,
tejo, cerezo silvestre o caña bambú; también se hicieron de cobre y de acero. La
cuerda era de tripa, de fibra vegetal o de hilo de cáñamo muy resistente. o de
crines de caballo trenzadas como en los arcos turcos. Entre los pueblos
orientales los jefes gozaban del privilegio de usar arcos más elegantes,
adornados con dibujos esgrafiados, y con la empuñadura cubierta con terciopelo o
con pieles de colores vivos; el astil estaba, a menudo, envuelto en tela o piel
de serpiente, y las extremidades adornadas con flecos, dientes de animales o con
chapitas metálicas.
En la Edad Media, los reinos
europeos emplearon los "arcos largos", que resultaron ser armas muy importantes.
Esta arma desarrollada en Inglaterra y en Gales podía penetrar armadura desde
una distancia considerable. Pero, este arco era muy difícil de manejar y tomaba
varios años para que un soldado lo pudiera verdaderamente adiestrar. Esta arma
también requería de una persona muy fuerte para dispararlo, pero fue un arma
extremadamente efectiva, como se vio en la
Batalla de Hastings, donde una fuerza de
alrededor de 1000 arqueros ingleses logro derrotar a un ejercito de 3000
caballeros franceses.
Entonces los arqueros de a pie y de a caballo eran muy numerosos, y ese detalle
histórico se ve confirmado por una disposición del rey Carlos VII (1425-1461),
la cual ordenaba plantar tejos en todos lo cementerios de Normandía para
disponer así de abundante madera para arcos. El arco simple común varía, en sus
detalles, según las regiones donde se usa. El arco simple África no es un bastón
de curva generalmente convexa; su extremidades son afiladas sin esconce. La
cuerda e de fibra animal, raramente vegetal. El mismo arco está muy difundido en
India, Indochina y Ceilán. El arco simple, plano, difiere del anterior por
cuanto su curva es mucho menos pronunciada, la sección de la madera no es
circular sino elíptica, y la cuerda es de fibra de palma. Se usa en la
Melanesia, regiones andinas, Nueva Guinea y Papuasia.
No es
fácil establecer con exactitud en qué fecha el tiro con arco empezó a
considerarse como un de porte. Podemos recordar el interés demostrado por los
griegos en los certámenes de tiro con arco, que quedó documentado por los
historiadores HERÓDOTO
y JENOFONTE. Entre los romanos, el interés deportivo fue superado por las
finalidades bélicas. Hasta en la Biblia encontramos indicios de tiro con arco
como deporte. Mas el carácter deportivo de ese ejercicio se acentuó en épocas
más recientes, y en los siglos XI y XII se formaron en Suiza, en Alemania y en
Inglaterra sociedades para el tiro con arco y ballesta. En Italia sobresalieron
Génova y Pisa.
El
desarrollo de la pólvora, mosquetos y el creciente numero de los ejércitos hizo
que el arco lentamente perdiera importancia como arma y fuera utilizada como un
deporte. Los arcos son encontrados por casi todas las culturas mundiales,
incluso en América, los nativos lograron desarrollar sus propios tipos de arcos
sin tener contacto con Europa o Asia.
Entre
los años 300 y 400 se constituyeron sociedades de tiro con arco en muchas
ciudades italianas. En Francia, según ciertos autores, las primeras compañías de
arqueros se organizaron en el año 500. Eran asociaciones semimilitares, cuya
finalidad era mantener el orden público y reprimir el bandidaje. Un decreto de
la Asamblea Legislativa de Francia, con fecha 13 de junio de 1790, ordenó la
disolución esas compañías, y fue también en esa época cuando el tiro con arco se
transformó, definitivamente, en deporte.
Las
sociedades de arqueros se constituyeron nuevamente en muchos países, sobre todo
en Inglaterra y Estados Unidos de Norteamérica. Ese deporte, antes muy en boga,
está actualmente casi olvidado. Para practicarlo no se adoptan reglas fijas, y
tanto los blancos como el terreno o el tipo de arco son extremadamente variables
y adaptados a las circunstancias. En Italia, la última competencia importante de
tiro con arco tuvo lugar en Roma, en el año 1911. En las olimpíadas modernas,
los últimos certámenes de tiro con arco se disputaron en París, en e1 año 1924.
Pero, desde las olimpíadas de Ámsterdam (1929 -esas competencias fueron
excluidas porque ese deporte se practicaba solamente en los países anglosajones
y en los colegios femeninos norteamericanos, no contando, por lo tanto, con
suficientes adeptos como para organizar torneos.
La primera vez que el tiro con
arco apareció en unas Olimpiadas fue en París, en 1900, como homenaje al
guerrero mítico Hércules, al que se consideraba el primer arquero de la
Historia. En los Juegos Olímpicos de San Luis (1904) y los de Inglaterra (1908)
se tomaron en serio esta modalidad, aunque luego cayó en el olvido. Tuvieron una
representación fugaz en Bélgica (1920) aunque aún tendrían que pasar otros 52
años hasta que el tiro con arco se consolidase como deporte olímpico.
Fuente Consultada: Lo Se Todo Tomo III
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