|
La Armada Invencible
Fue la fuerza naval más grande de la Historia, y el rey Felipe II de España
la formó para deponer a la reina Isabel I del trono de Inglaterra y recuperar su
reino para el catolicismo. La Armada, contaba con 130 buques, con 8.000
marinos y 2.000 remeros, y más 19.000 hombres de guerra, zarpó de Lisboa; pero
sus barcos, a propósito para la ruta de las Indias, no podían resistir los
temporales de los mares europeos. La flota inglesa era más ligera y mejor
artillada que la española: en el primer encuentro (21 julio) se advirtió su
superioridad en maniobrar, España estaba perdida.
El
rey Felipe II de España eligió a Don Alonso de Guzmán el Bueno, duque de Medina
Sidonia para comandar la difícil y crucial expedición contra Inglaterra y
el duque le responde: “Mi salud es pobre para tal travesía”, imploró el duque
al rey en una carta de respuesta a la orden real, “pues debido mi escasa
experiencia marina sé que siempre me mareo y siempre me resfrío... Dado que
nunca tuve experiencia en la mar o en la guerra, no me siento merecedor de
comandar una misión de tan grande importancia”. De todas maneras no
tenía alternativas, pues era posible oponerse a la voluntad del rey.
Con
trabajo titánico Don Alonso consiguió organizar la flota y y el 25 de abril
compareció en la catedral para aceptar el estandarte que el ejército católico
llevaría en batalla: una bandera con el escudo de armas de España, flanqueado
por las imágenes de Jesús y la virgen María. Un rollo de pergamino contenía el
lema de la expedición: “Alzaos, oh Señor, y vindicad vuestra causa. Para los
españoles, ésta era una guerra santa que estaban destinados a ganar, a pesar de
que los ingleses tenían navíos más veloces, mejores armas y más experiencia en
el mar. Se preguntó a un alto oficial del duque la razón de su confianza en el
triunfo. “Es muy simple”, respondió, “peleamos la causa de Dios.”
Origen del Conflicto:
Católicos contra protestantes: El problema se gestó durante 30 años,
desde que la reina Isabel I sucedió en 1558 a su hermanastra María en el trono
de Inglaterra. El padre de ambas, Enrique VIII, rompió con el catolicismo y
fundó la Iglesia Anglicana al divorciarse de Catalina de Aragón, madre de María,
para casarse con la madre de Isabel, Ana Bolena. En su breve reinado, María
intentó con furia y encarnizada fe reimplantar el catolicismo y se casó con el
heredero de España, quien luego fue el rey Felipe II. Al morir María sin dejar
hijos, Isabel fue coronada. Pero Isabel era ferviente protestante, lo que el
católico Felipe consideró una herejía. Isabel formó una alianza con Holanda y
envió tropas para apoyar en ese país la rebelión de los súbditos protestantes de
Felipe, quien consideró esto como un agravio político y religioso de los
ingleses. Pero titubeó, pues había una esperanza: que la anciana y soltera reina
de Inglaterra fuera sucedida por su prima católica María Estuardo, la depuesta
reina de Escocia. Pero el 18 de febrero de 1587 ésta fue ejecutada por órdenes
de Isabel, y Felipe se vio obligado a tomar medidas más drásticas.
El Plan de España: El plan de Felipe era
enviar una flota muy pertrechada al canal de la Mancha para unirse a una fuerza
de invasión al mando de
su
comandante en Holanda, el duque de Parma. Protegidos por la flota, los 30
000 soldados de Parma cruzarían el canal en barcazas hasta Margate
y marcharían por el Támesis para tomar Londres.
La
expedición naval que el indeciso e improvisado Medina Sidonia comandó estaba
integrada por 130 barcos, equipados con 2400 cañones y 124.000 balas. El tamaño
de las naves iba desde formidables fortalezas flotantes llamadas galeones, hasta
galeras maniobradas con remos, y veloces fragatas que escoltaban a las enormes
urcas que transportaban los pertrechos. La flota estaba tripulada por 8.000
marineros y transportaba a 19.000 soldados.
Oficialmente la expedición fue llamada La felicísima armada; por su fuerza
apabullante los españoles la llamaron La Invencible. El 9 de mayo de 1588
los primeros buques levaron anclas y surcaron las aguas del ancho río Tajo rumbo
al choque con el ejército inglés en las aguas del océano Atlántico. Pero cayeron
tormentas fuera de temporada y por esto la flota tuvo que esperar hasta fin de
mes para reunirse en su totalidad y partir hacia el norte.
El
mar no fue favorable a la Invencible y ya una tormenta cerca del cabo Finisterre
perjudicó a sus buques. A los pocos días volvió a salir desde la Coruña pues el
viento le era favorable, pero Medina declaró a sus capitanes que el rey Felipe
no quería atacar hasta que se reuniera en Farnesio y se perdió una
formidable ocasión para vencer a los británicos.
Los británicos contaban con los marinos más famosos y mas
cualificados de la época, que ya habían prestado servicios numerosos y
memorables de la reina Isabel.
Fue él: Sir Francis Drake, el primer circunnavegante del mundo, el terror
de todas las costas españolas del Antiguo y del Nuevo Mundo, Sir John Hawkins,
el veterano crujiente de muchos viajes en los mares de África y América, y el
señor Howard, el Gran Almirante
Inglaterra. Además tenían alimentos bien conservados y la moral
alta de sus soldados, en cambio en los barcos españoles se
detectó putrefacción en las provisiones: carne, pescado y galletas que habían
sido embaladas para la fecha original de partida en octubre de 1587. Más aún, el
agua, que había estado almacenada durante por lo menos un mes, ya no podía
beberse.
Hubo
pequeños enfrentamientos en que los pequeños y ligeros buques ingleses fueron
los que dominaron la situación. No hubo realmente un combate decisivo entre
ingleses y españoles en el estrecho sino un desgaste continuo de la
"Invencible", batida por la superioridad de los ingleses y dispersada por las
furias del mar, que aquellas pesadas fortalezas flotantes eran inhábiles para
eludir.
En la
madrugada del 27 de julio, los 105 barcos de la flota inglesa estaban listos
para el combate. Lo que avistaron los defensores antes de que una tormenta y el
anochecer les limitara la visión fue la flota más grande de la Historia: 125 de
los 130 barcos de Sidonia Medina sobrevivieron al viaje desde España.
En un
verdadero golpe de genio Sir Francis Drake se lanzó en contra de los
grandes barcos españoles que se alinearon en el puerto de Calais, ocho "Bulot" o
brulotes. Estos pequeños barcos cargados con explosivos, sustancias inflamables
que son impulsados por el viento, se topan con las naves enemigas. Con el
choque, una sobreviene la tragedia. Tomado por sorpresa, asustados por el
estruendo de las explosiones, que se producen constantemente, los españoles
cortan las amarras y parten en un gran desorden.
Mientras Medina Sidonia navegaba por el canal de la Mancha, formó a su vasta
flota en un semicírculo apretado, con las puntas dirigidas hacia el enemigo. Los
españoles planeaban forzar a los barcos ingleses hacia el centro, más cargado,
donde serían abordados y sometidos. Por su parte, los ingleses, con naves más
veloces, esperaban evitar un combate de cerca y destruir al adversario con
maniobras ingeniosas y constante fuego de cañones. Durante la primera semana de
enfrentamientos en la costa sur de Inglaterra, los españoles pudieron mantener
su formación. Pero el 6 de agosto Howard ganó superioridad numérica
cuando llegaron las naves que estaban en Dover para evitar que el duque
de Parma cruzara el estrecho. Pero ésa no fue la peor noticia para Medina
Sidonia: le llegó un informe del puerto francés de Calais notificándole
que la fuerza de invasión aún no estaba lista para combate.
Algunos historiadores creen que Felipe no tenía verdaderas intenciones de
invadir Inglaterra, sino más bien de asustar a Isabel y someterla. De ser así,
fue un costoso error que significó un severo golpe al poder y orgullo de España.
Medina Sidonia resistió los ataques ingleses unos cuantos días más, pero sus
perseguidores lo empujaron hacia el norte, más allá del punto donde podía dar
protección a la peculiar invasión. El 12 de agosto Howard se replegó, necesitado
de provisiones y convencido de que lo peor ya había pasado. Los ingleses no
perdieron un solo barco en las dos semanas de combates.
El
viaje de regreso por el mar del Norte fue desastroso, pues tormentas fuera de
temporada desviaron a muchos de los barcos o los arrojaron contra acantilados,
donde los sobrevivientes eran capturados y muchos de ellos ejecutados
sumariamente. El 21 de septiembre, el barco de Medina Sidonia atracó derrotado
en el puerto de Santander.
Sólo
otras 67 naves, poco más de la mitad de la Armada Invencible, lograron llegar a
puertos españoles. Desde hacía algún tiempo era evidente que España estaba
perdiendo su batalla contra las fuerzas del protestantismo internacional. El
primer aviso, y el más abrumador, lo dio la derrota, en 1588, de la Armada
Invencible.
Felipe II siempre afrontó las adversidades con dignidad , firmeza y con
su exasperante imperturbabilidad, pero estas malas nuevas, le afectaron
profundamente. En otoño de 1588 estuvo muy enfermo. En opinión de los
observadores diplomáticos venecianos, los más sagaces, la enfermedad fue
agravada por la ansiedad y los disgustos. El nuevo nuncio de Su Santidad opinó
que el rey tenía los ojos enrojecidos, no sólo a causa del estudio, sino del
llanto, aunque si el rey lloró nadie había sido testigo de ello. Su tez adquirió
una extraña palidez en su rostro comenzaron a formarse bolsas, a la vez que su
barba encaneció absolutamente.
Para España, esta derrota significó el final de un
mito, el dominio de Inglaterra, y el comienzo de un poder naval con un
brillo único en los siglos futuros.
|