1050:
Ballestas Cuanta más fuerza se aplique
a tensar un arco, mayor será la fuerza con que salga despedida la flecha cuando
se libere la tensión. Y a mayor fuerza de disparo, mayor alcance y capacidad de
penetración. Naturalmente, cuanto mayor sea el arco o cuanto menos flexible,
mejor, pero llegará un momento que el músculo humano no bastará para tensar la
cuerda del arco.
En
Francia, en algún momento en torno a 1050, se aplicó un mecanismo a este
proceso: el arco se
tensaba mediante una manivela de dos manetas, o con un
dispositivo equivalente. Andando el tiempo, los arcos se fabricaron de acero, y
con ellos se disparaba un dardo corto a una distancia de unos 300 m, capaz de
penetrar en una cota de malla.
Ésta
fue la primera arma manual mecanizada, y el dardo que disparaba se consideró tan
terrorífico, que la ballesta pareció demasiado mortífera para ser utilizada. Al
menos un concilio eclesiástico reunido en 1139 trató de proscribir su uso, salvo
en contra de los no cristianos. (Pero la prohibición no fue tenida en cuenta) La
mayor desventaja de la ballesta era su lentitud. Se precisaba mucho tiempo para
tensarla mediante la manivela, y dejarla lista para disparar, y una vez
efectuado el tiro, el enemigo podía fácilmente arremeter sin dar tiempo a
recargar el arma.
1298: Arcos largos:
El arco largo lo inventaron en el siglo XIII los galeses. Tenía más de 1,80 m de
longitud y disparaba flechas de 0,90 m. Un hábil arquero podía lanzar con
exactitud una flecha a unos 225 m, y alcanzar un máximo que superaba los 300. Lo
cual equivalía al doble del promedio de la ballesta (véase 1050) y, lo que era
mucho más importante: en el tiempo que aquélla necesitaba para ser recargada,
con el arco largo podían efectuarse cinco o seis disparos. Si se enfrentaban
unos arqueros provistos de esta arma con un número igual de ballesteros, estos
últimos eran acribillados.
La
desventaja del arco largo, sin embargo, radicaba en que el arquero debía aplicar
una fuerza de 40 a 45 Kg. para tensarlo, y mantener la tensión hasta el momento
en que la pluma de la flecha estaba alineada con la oreja del tirador. Ello
requería fuerza y un gran entrenamiento.
Eduardo 1 de Inglaterra (véase 1291) reconoció el valor de esta arma y organizó
un cuerpo de arqueros ingleses provisto de ella. Ensayó su eficacia en su
enfrentamiento con los escoceses en la batalla de Falkirk el 22 de julio
de 1298.
La
infantería escocesa disponía de picas, pero los arqueros ingleses, con sus arcos
largos, dispararon contra ellos a distancia, y cuando ya habían sido aniquilados
en número suficiente como para que el resto quedara reducido a una masa en
desorden, la caballería inglesa acudió a rematar la tarea. Los ingleses
utilizaron los arcos largos en otras batallas, y ninguna otra nación adoptó
nunca esta arma tan lógica. Como consecuencia de ello, los ingleses
constituyeron una gran potencia militar durante el siglo y medio que siguió.
1346:Cañón
Una vez los europeos dispusieron de pólvora, no
tardó mucho en abrirse paso la idea de colocarla en un grueso tubo metálico y,
aprovechando su fuerza explosiva, proyectar una bola de piedra o de metal. Ésta
saldría con mucho mayor ímpetu que si se lanzara mediante una catapulta.
Ignoramos quién inició la construcción de esos tubos o cañones, pero algunos
afirman que una versión primitiva se utilizó en el asedio de la ciudad de Metz
en 1324.
En
cualquier caso, no cabe duda de que hacia 1346 ya se empleaban. Eduardo III de
Inglaterra, en su intento de reclamar el trono de Francia, entró en guerra en
1337, dando así comienzo a la que sería conocida como guerra de los Cien Años.
La
primera batalla campal de esa guerra se libró en Crécy, en la Francia
centro septentrional, el 26 de agosto de 1346. Los franceses aventajaban en
número a los ingleses, sobre todo en caballería, y también disponían de
ballesteros genoveses. Pero los ingleses contaban con arqueros armados con arcos
largos, y éstos prevalecieron. Los arqueros ingleses avanzaron y los franceses
fueron aniquilados. Eduardo III también tenía cañones en Crécy. Se trataba de
artefactos primitivos y no sirvieron para nada, pero constituían todo un
presagio del futuro.
1565:Mosquete
Por esta época, el perfeccionamiento
del arcabuz dio como resultado el mosquete. Esta palabra deriva de (mosca), y
con anterioridad se había aplicado al cerrojo de las
ballestas, tal vez porque tanto esa pieza como la bala del mosquete producían,
al pasar junto al oído, un sonido semejante al zumbido de una mosca.
Los
mosquetes podían disparar balas capaces de penetrar
la armadura, con lo que ésta empezó a desaparecer. Carecía de utilidad soportar
su peso si, a cambio, no ofrecía protección.
Durante dos siglos, los mosquetes continuaron siendo las principales armas
ligeras usadas por los soldados, pero aún resultaban difíciles de manejar y
cargar, por lo que los mosqueteros precisaban la protección de los alabarderos.
1450: Arcabuces
Naturalmente, uno de los problemas que
planteaba la artillería era que los cañones resultaban pesados y tenían que
trasladarse con mucho esfuerzo de un lugar a otro. Sin duda hubiera sido muy
conveniente disponer de un cañón lo bastante pequeño como para que una sola
persona pudiera acarrearlo.
Hacia
1450 se inventó en España el primer cañón lo suficientemente reducido como para
que lo disparase un soldado. Recibió el nombre de arcabuz, de una palabra
holandesa que significaba "cañón de gancho". Tal vez fue llamado así porque se
asociaban los primeros arcabuces con las picas, que eran «lanzas con gancho».
El
arcabuz no era fácil de llevar. Los primeros resultaban tan pesados, que
necesitaban soportes. La pólvora cargada detrás de la bala debía prenderse para
poder efectuar el disparo, operación tan ardua como la de tensar de nuevo la
ballesta, por lo que se precisaban alabarderos que protegieran a los arcabuceros
mientras procedían a recargar sus armas. No obstante, el arcabuz señaló el
comienzo de las armas ligeras. Se perfeccionó y aligeró, de tal manera que podía
dispararse apoyándolo en el hombro. Continuó utilizándose durante siglos, hasta
que quedó superado.
LAS
ARMAS DE LA EDAD MEDIA
Fuente Consultada:
Revista TECNIRAMA-HISTORIA DE LA CIENCIA TOMO II