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UNO de los más extraños criminales que
registra la historia policial del siglo XX es el Dr. Marcel Petiot,
guillotinado en mayo de 1946, y quien confesó haber asesinado nada
menos que a 63 personas, haciéndose pasar durante la Segunda Guerra
Mundial por miembro de la Resistencia Francesa.
Petiot consiguió hacerse de una
cuantiosa fortuna mediante el sistema de ofrecer onerosa ayuda a sus
víctimas para salir del país y luego administrarles una inyección
mortal, previa una explicación de que se trataba de una vacuna
inmunizante contra las enfermedades infecciosas propias del país a
que querían huir. Todos los asesinatos fueron cometidos en su casa
del N.° 21 de la Rué Lesueur, cerca del Arco de la Estrella, en
París, dirección a la cual los infortunados clientes recibían
instrucciones de presentarse al atardecer, llevando todas sus
pertenencias.
MEDICO
Y ALCALDE Marcel Petiot, hijo de un oficial de correos, nació en
Auxerre, en 1897 mostrando ya desde sus tiempos de escolar
tendencias delictuosas, hurtando frecuentemente a sus compañeros. Su
primer delito de cierta importancia fue el robo reiterado de buzones
de correspondencia.
En 1917, cuando fue movilizado, se
acostumbró a substraer morfina del botiquín de su regimiento y a
venderla a precios del mercado negro en Dijon.
Al ser licenciado del Ejército, se
dedicó a estudiar medicina, obteniendo en 1921 el título de doctor.
El hecho de que parte de aquel año lo pasara recluido en un asilo
mental y parte en casa junto a su madre, sin abrir jamás un libro en
ese período, revela que se trataba de un hombre de extraordinaria
inteligencia.
Hacia 1928, Petiot se instaló en
Villeneuve, donde llegó a ser nombrado alcalde de la ciudad. Pronto
contrajo matrimonio y tuvo un hijo. Sin embargo, a pesar de su
investidura continuó cometiendo delitos de poca monta, como, por
ejemplo, defraudar en una pequeña cantidad a la compañía eléctrica.
Hasta que en 1930 fue destituido de su cargo alcaldicio, a raíz de
haber sido acusado de participar en un robo cometido en uno de los
almacenes de la localidad. Ese mismo año, una de sus pacientes,
Madame Debauve, fue a su vez robada y asesinada.
Algunos rumores señalaron a
Petiot como responsable del crimen; estas voces acusadoras cesaron
repentinamente cuando su principal promotor, también paciente del
médico, falleció repentinamente. Asimismo, otra dama que le había
acusado de fomentar en su hija la afición por la morfina,
desaparecía también misteriosamente. En 1945, durante el proceso de
Petiot, cuando quiso investigarse sobre estas muertes, se descubrió
que los respectivos informes habían sido sustraídos de los archivos
policiales de Villeneuve.
Poco después, en París, al resultar
convicto del robo de un libro, Petiot fue absuelto y sometido al
tratamiento de un psiquiatra. Más tarde, a comienzos de la Segunda
Guerra Mundial, fue juzgado por traficar en drogas, descubriéndose
que él mismo era morfinómano. Sin embargo, el desequilibrado médico
logró que la sentencia quedara reducida a una multa mínima. Esta fue
la época en que Petiot decidió iniciar su terrorífica serie de
asesinatos, aprovechándose de la dolorosa situación que advino poco
después: la Francia doblegada por los nazis.
ARRESTADO POR LA GESTAPO Para llevar a
cabo sus crímenes más fácilmente, Petiot adquirió expresamente una
casa en el N.° 21 de la Rué Lesueur. Un albañil se encargó de
efectuar en ella algunas modificaciones, entre las que se contaba
una cámara triangular sin ventanas. Según se supo después, en ella
el criminal introducía a sus víctimas después de aplicarles la
inyección correspondiente, observando por una mirilla su agonía.
Asimismo, dicho albañil recibió la orden de aliar unos centímetros
el muro del jardín, con el objeto de que los vecinos no pudieran
asomarse a mirar por encima de éste.
Aunque no se conoce la lista detallada
de los crímenes de Petiot, al parecer, su primera víctima fue un
peletero polaco llamado Joachim Gusbinov. En enero de 1942 el polaco
liquidó sus negocios y, retirando dos millones de francos de su
cuenta bancaria, se dirigió a la consulta del Dr. Petiot, en la Rué
Lesueur, no volviendo a vérsele nunca más. Al peletero siguieron
probablemente primero un colega de Petiot, el Dr. Paul Braunberger,
y después una familia entera, los Kneller. Parece ser que Petiot
empleaba a cuatro hombres, que recorrían los cafés parisienses
buscando a personas que desearan huir del país. Dichos individuos no
tenían idea de lo que sucedía después a los "clientes".
Los crímenes de Petiot se sucedieron
durante todo el año 1942, hasta mayo de 1943, fecha en que el médico
fue arrestado por la Gestapo por sospechas de que ayudaba a escapar
a los saboteadores. A su detención había precedido un hecho curioso.
La Gestapo obligó a un ciudadano judío
a presentarse ante Petiot solicitándole que le facilitara su salida
de Francia. El solicitante desapareció y los alemanes dedujeron de
esto que el médico lo había hecho huir del país, cuando en realidad
lo había hecho abandonar este mundo. Petiot permaneció encarcelado
hasta diciembre de 1943. Tal vez la Gestapo descubrió sus
actividades criminales y pasó a considerarlo un aliado del régimen
nazi. Sea como fuere, el hecho es que Petiot salió en libertad y
pudo continuar su interrumpida seguidilla de asesinatos.
HALLAZGO Y FUGA El 11 de marzo
de 1944 M. Jacques Marcáis denunció a la policía que la chimenea de
su vecino, el Dr. Petiot, despedía un humo espeso y negro que
inundaba su casa. Dos agentes se presentaron en la consulta de la
Rué Lesueur, encontrándose con una nota clavada en la puerta, en la
que el médico rogaba a sus clientes dirigirse a la Rué Caumartin N.°
66, donde Petiot tenía su residencia privada y también un pequeño
consultorio. Los policías le telefonearon y Petiot respondió que
acudiría en el acto. Entretanto, un sargento, alarmado por la
cantidad de humo, daba aviso a los bomberos. Pronto, la chimenea
empezó a arder. Ante esto, los bomberos forzaron la entrada de la
casa y se introdujeron en ella, hasta dar en el sótano con la estufa
causante de la humareda y junto a ella los restos de veintisiete
mutilados cadáveres.
Mientras la policía practicaba el
registro llegó Petiot, identificándose tranquilamente como el dueño
de casa. Cuando el sargento le comunicó que en vista del macabro
hallazgo no tenía más remedio que proceder a su arresto, el médico
le respondió sin inmutarse que dicho descubrimiento correspondía, ni
más ni menos, que "a la cámara de ejecución de la Resistencia
francesa", y que los cadáveres eran de pronazis y colaboracionistas.
El policía, pecando de ingenuidad, lo
dejó partir. Petiot volvió rápidamente a su morada en la Rué
Caumartin, y tras hacer su equipaje con atropellada prisa, se dio a
la fuga con su esposa Georgette y su hijo de 17 años. La policía
logró averiguar que había pasado la noche en Auxerre, donde el
hermano del asesino poseía un establecimiento de venta de aparatos
eléctricos. Allí encontraron sólo a su mujer, que dijo al respecto
no saber nada de las actividades de su cónyuge.
Cuando en junio de 1944 se produjo el
desembarco de Normandía y el 24 de agosto París fue liberado, nada
se sabía acerca del paradero de Petiot, quien parecía haberse hecho
humo. La prensa le dedicó sus primeras páginas, expresando las más
"variadas teorías acerca del doctor: que su cuerpo había sido
encontrado en un río; que había sido médico de un campo de
concentración nazi, etc. Algunos se inclinaban a creer lo que su
esposa había afirmado, esto es, que trabajaba para la Resistencia.
Sin embargo, la mayoría de los periódicos coincidía en que era más
verosímil pensar que actuara al servicio de la Gestapo.
EL METICULOSO PROCESO DE PETIOT En
octubre de 1944 Petiot cometió un grueso error que habría de
significarle su arresto. Decidió enviar un remitido al periódico "Resistence",
declarando que la Gestapo había utilizado su casa como "depósito de
cadáveres", mientras él permanecía recluido en sus cárceles.
Afirmaba^ además, que aún se desempeñaba como oficial de la
Resistencia Francesa. La escritura de esta carta fue comparada por
la policía con la de cada uno de los miembros alistados en las
Fuerzas Libres Francesas, encontrándose que coincidía con la de un
capitán de nombre Henri Valery, destinado en Reuilly, el cual se
había alistado hacía apenas seis semanas.
El supuesto capitán Valery, que
encubría la identidad del siniestro asesino, fue arrestado el 2 de
noviembre de 1944, cuando salía de la estación del metro de St.
Mande Tourelle, en los arrabales parisienses. Más tarde se supo que
había permanecido oculto durante el último tiempo en un piso de la
Rué Faubourg St. Denis, dejándose crecer la barba.
Su protector era un pintor de
interiores llamado Georges Redoute, a quien el médico había
solicitado alojamiento diciéndole que su casa había sido destruida
durante un bombardeo. Petiot fue escrupulosamente interrogado en el
"Quai des Orfebres". Entre otras cosas, se hizo el descubrimiento de
que se había alistado en el Ejército el 27 de diciembre del año
anterior, encomendándosele entonces el trabajo de hacer hablar a los
prisioneros. Llamada a declarar, su secretaria, de 25 años, Mlle.
Cécile Dyfana, lo describió como un hombre tranquilo, "pero con
ciertas inclinaciones sádicas".
El criminal sostuvo que los
veintisiete cadáveres encontrados en su casa correspondían en su
mayoría a soldados alemanes. Admitió, asimismo, haber ultimado a
sesenta y tres personas, pero trabajando al servicio de la
Resistencia. Dijo también haber prestado ayuda a muchos patriotas
franceses, facilitándoles su huida al extranjero, para lo cual
invocó el testimonio de varios conocidos jefes del movimiento de
liberación. Pero todos ellos habían muerto.
El proceso de Petiot comenzó el 18 de
marzo de 1946, después de dieciocho meses de investigaciones previas
y cuidadosa acumulación de antecedentes, y se prolongó durante tres
semanas. El fiscal designado fue M. Pierre Duval, asumiendo la
defensa del acusado Rene Floriot, un brillante abogado. En larga y
triste sucesión fueron desfilando por la sala los deudos de las
víctimas. Asimismo fue citado un oficial de la Resistencia, quien se
encargó de probar que Petiot ignoraba completamente la mayoría de
las materias que tan bien pretendía conocer, al insistir en su
coartada de que había actuado al servicio de las Fuerzas Libres de
Francia.
El quinto día del proceso, el tribunal
y el jurado en pleno se trasladaron al N.° 21 de la Rué Lesueur,
donde examinaron meticulosamente la cámara triangular mandada
construir expresamente por el médico. En esa ocasión fue cuando se
descubrió la mirilla en la cual Petiot aplicaba un periscopio para
observar con mayor comodidad cómo agonizaban sus víctimas.
A las 9.30 de la noche del 4 de abril
de 1946 los tres jueces y el jurado, compuesto de siete miembros, se
retiraron a deliberar. A medianoche ya tenían su veredicto: Petiot
fue declarado culpable de veinticuatro de los veintisiete asesinatos
descubiertos. Un gran revuelo se levantó en la sala, ahogando la voz
del juez Leser, que lo sentenciaba a muerte.
Cuando el acusado escuchó el
veredicto, intentó en vano escapar, siendo sujetado por los guardias
del tribunal. Aunque Petiot apeló, la sentencia no fue revocada y el
26 de mayo de 1946 el criminal moría en la guillotina. Al parecer,
los beneficios materiales que le había reportado al médico su
impresionante serie de crímenes alcanzaron a una suma equivalente a
varios millones de francos.
Sin duda, la codicia de ir aumentando
esta fortuna constituyó el estímulo fundamental que lo impulsó a
seguir matando más allá de todo límite, hasta llegar a la abismante
y sobrecogedora cifra de 63 asesinatos. |