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ALBERT
FISH: Nació
el Washington en mayo de 1870, hijo de una familia con diez hermanos. Entre
sus antepasados existían antecedentes de perturbaciones mentales: su madre oía
voces y tenía alucinaciones, dos de sus tíos fueron internados en institutos
mentales, tuvo una hermana demente y un hermano alcohólico.
El
no quedó ajeno a esta heredad, como explica su informe psiquiátrico: masoquismo,
sadismo, castración y autocastración, exhibicionismo, voyeurismo, pedofilia,
homosexualidad, coprofagia, fetichismo,
canibalismo, etc.
Fish
nace en 1870. En su familia existen numerosos antecedentes de perturbación
mental, empezando por su madre que oye voces por la calle y tiene alucinaciones,
dos de sus tíos internados en un psiquiátrico, un hermana demente, un hermano
alcohólico, etc.
A
los 26 años se casa con una joven de 19 años, con la que tiene seis hijos y
lleva una vida normal, siendo
considerado como un hombre apacible, religioso,
abstemio y amable, muy amante de sus hijos, de quienes debe hacerse cargo cuando
su esposa finalmente lo abandona, llevándose todo. A pesar de esta situación
siempre trató de mantener un hogar saludable. Su personalidad se manifiesta
sadomasoquista, ya que se autoflagelaba, en castigo por sus perversiones,
incrustándose astillas bajo las uñas, clavándose agujas en los escrotos,
masturbándose con cabos de rosas introduciéndose palillos en la uretra, así como
también bolas de algodón con alcohol en su ano que luego encendía, además de
beber su propia orina y comer sus heces.
Tenía como hobby coleccionar artículos periodísticos de asesinos en serie, sobre
todo de canibalismo, ya que era un tema que lo atraía ,particularmente. A los 55
años alucina que ve Cristo y que éste le dice que tiene que
lavar sus culpas a través del sufrimiento físico,
la tortura y los sacrificios humanos. De allí en más atormentaría a jóvenes
varones, haciendo su propia interpretación de lo leído. El abuso y asesinato de
niños lo llevaría a mudarse a 25 estados diferentes.
Oficialmente, fue detenido ocho veces: la primera por tentativa de estafa, luego
por robo, por pago con cheques sin fondos, por cartas obscenas a los anuncios de
agencias matrimoniales de los periódicos.
Sus
víctimas eran fundamentalmente niños afroamericanos o de clase social baja.
Amparado en su aspecto de abuelo seducía con dinero y golosinas, golpeaba a los
desafortunados hasta matarlos o los mutilaba hasta que morían, bebía su sangre y
cocinaba las partes.
Es
arrestado cuando envía un anónimo a la madre de una de sus víctimas: «[...] lo
desnudé y até sus manos y pies y lo amordacé con un trapo
sucio que tomé de la basura [...] corté uno de mis cinturones por la mitad e
hice seis tiras de esas mitades. Con ellas le golpeé el trasero hasta que la
sangre corrió. Le corté las orejas y la nariz y le rajé la boca de oreja a
oreja. Le saqué los ojos. Entonces se murió. Le clavé un cuchillo en la barriga
y puse mi boca en su cuerpo y me bebí su sangre [...] Corté una parte de su
trasero y me fui a casa con mi comida. Lo que más me gustó fue la parte de su
vientre. El culito lo tenía para hacerlo al horno. Hice un guisado con las
orejas, la nariz, trozos de la cara y el vientre [...] estaba delicioso».
Personalmente en el tribunal confiesa la autoría de los crímenes y otras
aberraciones que había llevado a cabo. Su deseo de comer
carne cruda las noches de luna llena le valió el apodo de
«Maníaco de la Luna».
Estos otros recuerdos macabros, que refiere sin atisbo de
arrepentimiento, convencen al tribunal par declararlo culpable por crímenes con
premeditación, tras diagnosticarlo psicótico pero cuerdo.
También confesó las emociones que experimentaba al comerse sus propios
excrementos, y el obsceno placer que le producía introducirse trozos de algodón
empapado en alcohol dentro del recto y prenderles fuego. Los hijos de Fish
contaron cómo habían visto a su padre golpeándose el cuerpo desnudo con tablones
claveteados hasta hacer brotar sangre.
El
Dr Wertham, testigo de la defensa, alega insania durante el juicio, y sugiere
que e autocastigo que Físh se imponía, era una racionalización de la paranoia
psicopática en sus propósitos de perversión sexual. Fue sentenciado a la silla
eléctrica, y electrocutado el 16 de enero de 1936 en la prisión de Sing Sing, en
un segundo intento, ya que las agujas que tenía incrustdas en los escrotos produjeron un corto circuito en la
primera instancia. Al conocer el veredicto decidido por el jurado, se asegura que
dijo: «Que
alegría morir en la silla eléctrica! Será el últí escalofrío, uno de los pocos
todavía no he experimentado».
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