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LECCIÓN X
LOS GRACOS (134-100)
1. Primera guerra de los esclavos.
Se había aumentado de una manera extraordinaria el número de
esclavos, procedentes de los prisioneros que se hacían en las
guerras extranjeras, de la piratería, y hasta de los mismos
plebeyos, que por su pobreza venían a caer en tan miserable estado;
y que por la desaparición de los colonos y pequeños propietarios
libres, todas las faenas agrícolas vinieron a ser desempeñadas por
los esclavos.
El trato que estos desgraciados recibían de sus señores no podía ser
más cruel e inhumano: mal alimentados, albergados en hediondos
calabozos, arrastrando pesadas cadenas, y aplicándoles los más
terribles castigos por las faltas más insignificantes; el
sufrimiento y la paciencia llegaron a acabarse, y se levantaron
contra sus dominadores en Sicilia.
La mayor fertilidad de aquella isla, que continuaba siendo el
principal granero de Roma, había aglomerado allí de tal manera los
esclavos, que se contaban diez por cada hombre libre. Allí fue
donde Euno, esclavo sirio, se puso al frente de sus compañeros, tomó
el título de rey Antíoco, y pasaron a cuchillo a sus amos, reuniendo
en poco tiempo un ejército de 70.000 hombres, que se aumentó después
con los esclavos sublevados en Agrigento por el siciliano Cleon,
hombre enérgico y activo, que hizo causa común con Euno.
Durante cuatro años los pretores mandados por Roma fueron derrotados
por Euno, que se apoderó de Enna, Tauromenium y otras plazas,
preparándose a pasar a Italia, donde los esclavos comenzaban a
agitarse. Por fin el cónsul Pison les obliga a levantar el sitio de
Mesina, se apodera de Tauromenium, quitando la vida a cuantos
prisioneros caen en su poder; y venciéndolos cerca de Enna, donde
perecieron 20.000 esclavos, y muerto poco después su jefe Euno, la
guerra quedó concluida.
2. Tiberio Graco: su tribunado.
La decadencia de la sociedad amenazaba destruir el poder romano, si
no se ponía pronto y eficaz remedio: los que lo habían intentado,
faltos de valor, cedieron en su empeño para evitar los graves
peligros que había que arrostrar al realizarlo. En estas
circunstancias aparecen los Gracos.
Tiberio y Cayo Graco eran hijos de Sempronio Graco, que se había
distinguido en las guerras de España, y de Cornelia hija de Escipión
el Africano. Muerto Sempronio, la virtuosa Cornelia dedicó toda su
atención y sus cuidados a proporcionar a sus hijos la mas esmerada
educación, consiguiendo hacer de sus dos joyas, como les llamaba,
hombres instruidos, elocuentes, y virtuosos republicanos.
Tiberio, el mayor, que se había señalado por su valor en el sitio de
Numancia, y que en sus campañas había observado la miseria de los
pueblos y la ruina de la agricultura en poder de los esclavos, se
propuso remediar los males de su patria, y con este fin solicitar el
nombramiento de tribuno.
3. Proyectos de Tiberio Graco: su muerte.
Tiberio, ayudado del consejo de los ciudadanos más prudentes de la
República, propuso el restablecimiento de la ley agraria de Licinio
Estolon, como único medio de reparar los males de la patria; pero
para hacerla aceptable por los nobles, que se habían apoderado del
ager publicus, cuya propiedad era del Estado, se acordó que a cada
ciudadano se le dejarían 500 yugadas de tierra, además de su
patrimonio, y 250 a cada uno de los hijos; debiendo abandonar todo
lo restante, cuyo importe les abonaría el Estado, para repartirlo en
pequeños lotes de 30 yugadas entre los ciudadanos pobres y aliados
italianos.
A pesar de las moderadas pretensiones de esta ley, los nobles que
por ella perdían parte de su influencia y de su fortuna, se oponían
tenazmente, consiguiendo que el otro tribuno, Octavio, interpusiera
su veto en el momento de la votación. Indignado Tiberio, propuso una
ley por la cual los nobles habían de abandonar todas las tierras
usurpadas al Estado. La oposición de la nobleza fue entonces mayor,
y Octavio interpuso nuevamente su veto. En esta situación Tiberio
acude al pueblo, y, sin respetar la inviolabilidad de su cargo,
consigue que sea depuesto su colega, votándose la ley, y nombrándose
una comisión encargada de hacerla cumplir.
Con estas medidas, Tiberio se había enajenado las simpatías de toda
la nobleza, cuya hostilidad hacia el tribuno aumentó por haber
mandado éste distribuir al pueblo los bienes de Atalo rey de Pérgamo,
legados a Roma. Para completar su obra, Tiberio pretende ser
reelegido en el cargo de tribuno; pero los nobles, dirigidos por
Escipión Nasica, promueven en el momento de la elección un gran
alboroto, en el cual pierden la vida Tiberio y 300 de sus parciales.
4. Cayo Graco su primer tribunado.
A la muerte de Tiberio, el senado y la nobleza persiguen cruelmente
a todos sus partidarios. Hostigado así el partido popular, presenta
el tribuno Carbon algunas leyes contrarias a los intereses de la
nobleza, pero fueron combatidas por Escipión Emiliano, que se atrajo
por esta causa y por haber aprobado en público la muerte de Tiberio,
la enemistad popular: poco después el destructor de Cartago fue
asesinado en su propio lecho, sin que se supiera por quién.
Mientras estas luchas se sostienen en Roma, el senado había
conseguido alejar a Cayo Graco, nombrándole cuestor de Cerdeña; pero
éste, abandonando su cargo, volvió a Roma, y a pesar del senado, y
de la influencia de toda la nobleza, fue elegido tribuno,
recibiéndole el pueblo con el mayor entusiasmo.
Cayo Graco, estaba animado de las mismas ideas, y acariciaba los
mismos proyectos de su hermano. Así es que el primer acto de su
magistratura fue poner en vigor la ley agraria, y promulgar otras
varias, todas en favor de los pobres, y en menoscabo del prestigio
del senado y de la nobleza tales fueron, la venta del trigo a bajo
precio, la reparación de los caminos y la construcción de otros
nuevos, el establecimiento de colonias, el equipo de las tropas a
cargo del Estado, y el aumento del impuesto sobre los objetos de
lujo. Por otra parte, propuso la concesión del derecho de ciudad a
los latinos, y del derecho itálico a todos los aliados de Italia;
pero su mayor triunfo consistió en privar a los senadores del poder
judicial, que pasó al orden de los caballeros.
Todas estas medidas, así como su honradez y severidad de costumbres,
y la moralidad que procuró introducir en la administración de la
república, le conquistaron el entusiasmo del pueblo y el apoyo del
ejército y de los caballeros, sin que el senado ni la nobleza se
atreviesen a poner obstáculos a tanta popularidad. Así es que,
terminando su primer tribunado, fue reelegido por el pueblo.
5. Segundo tribunado de Cayo Graco:
su muerte. La actividad, la inteligencia y la energía no le
abandonaron en el segundo año de su tribunado, promulgando nuevas
leyes en favor de los caballeros, limitando la influencia de los
cónsules en las provincias y confiriendo el derecho de ciudad a los
Latinos aliados. No pudiendo luchar de frente con el célebre
tribuno, el senado se valió de su colega Livio Druso, que de acuerdo
con la nobleza, y con el fin de minar el crédito de su rival,
propuso leyes mas favorables al pueblo que las de Cayo, aumentando
el número de colonias, rebajando mas todavía el precio del trigo, y
dispensando a los pobres del pago del canon por las tierras que
aprovechaban del Estado. Con estas medidas el prestigio de Graco se
fue debilitando ante la multitud inconstante, que ya encontraba poco
beneficiosas sus leyes.
Para recobrar su popularidad, Gayo Greco aceptó el encargo del
senado de marchar a Cartago, para organizar allí una colonia; pero
cuando a los 70 días volvió a Roma, pudo comprender cuánto le había
perjudicado aquella ausencia, que había servido a los nobles para
destruir toda su influencia, viéndose rechazado por el pueblo cuando
solicitó por tercera vez el tribunado.
El senado revistió al cónsul Opimio de poderes ilimitados, el cual
propuso la anulación de todas las reformas de Cayo y oponiéndose
éste con sus partidarios, el cónsul los derrotó en el monte
Aventino, pereciendo hasta 3.000 y el mismo Cayo Graco a manos de
los aristócratas, que persiguieron de una manera implacable a todos
los amigos del tribuno.
Con la muerte de Gayo Graco, todas sus reformas quedaron anuladas;
la democracia quedó al parecer ahogada en sangre, y Roma entregada a
los oligarcas.
6. Resultados del tribunado de los Gracos.
A pesar de los esfuerzos del senado, para abolir cuanto
habían hecho los Gracos, aquellas reformas en cuanto tenían de
justas y necesarias, sobrevivieron a sus autores, y dieron inmensos
resultados.
Así, todos los esfuerzos de la reacción no fueron bastantes, para
arrancar a los caballeros el poder judicial que se les había
concedido, no consiguiendo otra cosa que indisponerlos con la
nobleza y con el senado. Las leyes agrarias que habían hecho conocer
al pueblo el mecho de salir de la miseria, al ser abolidas,
produjeron en esta clase una animosidad profunda contra los nobles,
que bien pronto había de dar sus frutos en las guerras civiles de
Mario y Sila. Por último, los italianos llamados por los Gracos al
derecho de ciudad, no cesarán en sus exigencias, pacificas ó a mano
armada, hasta ver cumplidos sus deseos.
De manera, que casi todos los grandes acontecimientos políticos del
último siglo de la República, tienen su raíz y fundamento en las
reformas planteadas por los Gracos.
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7. Juicio sobre el tribunado de los Gracos.
La revolución de los Gracos es quizá el hecho mas importante de la
historia de la República romana, no tanto por lo que significa en si
misma, y en sus inmediatas consecuencias, como por lo que representa
en los destinos de Roma.
Las pretensiones de los Gracos se reducían a mejorar las condiciones
de los plebeyos pobres, y a extender el derecho de ciudad a los
italianos. En cuanto a lo primero, nada era mas justo que sacar de
la miseria a los que habían derramado su sangre en las continuas
conquistas de Roma, y que venían siendo victimas de la tiranía y de
la avaricia de los nobles. El mal era tan grande que, antes de los
Gracos, todos los personajes honrados é imparciales lo habían
comprendido, aunque les faltara el valor para corregirlo, quizá por
el temor de las complicaciones a que había de dar lugar una reforma
semejante. Los Gracos, mas atrevidos y mas patriotas, acometieron
esta empresa colosal, no llevados de la esperanza de medro personal,
sino con las mas puras y rectas intenciones, movidos exclusivamente
por el bien del pueblo y la salud de la República. Los oligarcas
oponiéndose tenazmente a las reformas, y procurando destruirlas tan
luego como fueron sacrificados sus autores, agravaron esta llaga
social por el encono que estas medidas produjeron en los plebeyos, é
hicieron necesarias las luchas sangrientas que tuvieron lugar en el
siglo siguiente.
En cuanto a la extensión del derecho de ciudad a los italianos, los
Gracos tenían igualmente de su parte la justicia y la conveniencia
de Roma. La justicia por cuanto Roma los había igualado a sus
ciudadanos en todo lo que constituía una carga, un servicio, ó un
deber, hasta el punto de que la mayoría en los ejércitos que habían
llevado a cabo tantas conquistas, eran italianos; y es justo que los
que son iguales en los deberes y sacrificios, lo sean también en las
ventajas y en los derechos. La intransigencia y el orgullo del
senado hicieron estériles en este punto los esfuerzos de los Gracos,
costando después ríos de sangre lo que entonces pacíficamente se
hubiera podido practicar.
Así se comprende que la extensión del derecho de ciudad a los
italianos, era conveniente para Roma. La misión de ésta era asociar
todos los pueblos a su propio destino. Esa fusión que tarda seis
siglos en realizarse dentro de Roma, por los esfuerzos de los reyes
primero, y por la lucha de los plebeyos contra los patricios
después, comienza desde los Gracos a extenderse fuera de la gran
ciudad, y se comunicará con el tiempo, gracias a César y a la
amplitud de ideas del Imperio, a todos los pueblos que vendrán a
formar así un solo cuerpo, cuya cabeza será Roma.
Lo anterior dicho justifica a los Gracos y sus reformas; y si bien
es cierto que debe censurarse la fuerza y la violencia de que se
valieron para emprenderlas, no es menos cierto que a ello fueron
provocados por la obstinada resistencia de los oligarcas.
8. Guerra de Yugurta. Después de
la destrucción de Cartago, Masinisa reinó en Numidia, protegido
siempre por los romanos. A su muerte, le sucedieron sus hijos
Micipsa, Gulusa y Mastanabal, pero por muerte de los dos últimos,
quedó Micipsa como único rey, y adoptó a Yugurta, hijo de Mastanabal,
que se había distinguido en las guerras de los romanos en España.
Micipsa dejó dos hijos, Hiempsal y Aderbal, dividiendo su reino
entre éstos y su sobrino, por iguales partes.
Descontentos los hijos de Micipsa por la parte asignada a Yugurta, y
aspirando éste a reinar solo, la guerra estalló entre ellos,
penetrando Yugurta en el territorio de Hiempsal, que fue asesinado
por su mandato. Aderbal que implora la protección de los romanos, ve
sin embargo invadido su país por Yugurta, y sitiado en su capital
Cirta, tuvo que rendirse, perdiendo también la vida por orden de su
primo, a pesar de la presencia de los comisarios romanos vendidos al
oro del africano.
Indignada Roma con los crímenes de Yugurta, le declara la guerra,
enviando contra él un ejército a las órdenes de Calpurnio Bestia,
que se dejó sobornar y concertó la paz con el africano, que llamado
a Roma para justificarse, encontró medio de ganar a los principales
personajes a fuerza de dinero; pero el asesinato de otro de sus
primos, hijo de Gulusa, le obligó a salir de Roma, exclamando;
ciudad venal, tú te venderías si encontraras comprador.
9. Derrota y muerte de Yugurta.
Después de la derrota de Aulo Postumio, que tuvo que pasar bajo el
yugo él y su ejército, y firmar un nuevo tratado de paz, Roma
cansada de tanta inmoralidad en sus generales, y de los crímenes de
Iugurta, mandó contra él al incorruptible Metelo, que en poco tiempo
se apoderó de varias plazas, y venció en varios encuentros al
enemigo, obligándole a pedir la paz. Metelo con animo de apoderarse
de su persona, le exige que se presente él mismo en su campamento, y
conocida la estratagema por Yugurta, se renueva la guerra; pero el
general romano, después de varias victorias, tuvo que entregar el
mando a Mario, su lugarteniente, que había obtenido en Roma el
consulado.
Al frente de un ejército de proletarios y de la gente más perdida
del pueblo, Mario se presentó en África, apoderándose de varias
plazas y derrotando al mismo Yugurta, unido con su suegro Bocco rey
de Mauritania, que lo entrega a Sila, cuestor de Mario. Yugurta fue
conducido como prisionero a Roma, y encerrado en la prisión
Mamertina, donde se dejó morir de hambre. Numidia fue dividida por
los romanos, dando la parte accidental a Bocco, y colocando en el
pequeño Estado de la oriental a Goda hermano de Yugurta.
10. Juicio sobre la guerra de Yugurta.
Nada prueba mejor el rebajamiento y la inmoralidad de Roma a fines
del siglo II, que la guerra de Yugurta. Aquellos generales, aquellos
cónsules, y hasta aquel senado, se dejan sobornar por el oro del rey
de Numidia, posponiendo los intereses, el honor y la dignidad de
Roma a su sed de riquezas. Pueblos que de tal manera pierden el
sentido moral, no son dignos de gobernar el mundo; ó han de
desaparecer, ó vendrán indefectiblemente a parar a la tiranía.
Afortunadamente esto último es lo que sucede en Roma, que ensaya el
poder personal con Mario, Sila y César, para concluir en el
despotismo del Imperio.
La guerra yugurtina casi concluida por el aristócrata Metelo, pero
que tuvo la fortuna de terminarla Mario, que era el ídolo del
pueblo, contribuyó a enconar mas y mas los odios de los dos
partidos, atribuyéndose ambos la gloria del triunfo. De todas
maneras es indudable que Mario consiguió en ella asentar la base de
su futura dominación.
Por otra parte, la costumbre introducida por primera vez en esta
guerra, de reclutar el ejército entre los hombres sin propiedad y
sin derechos, que por consiguiente no tenían lazo alguno que los
uniera al Estado, trajo funestos resultados a la República; pues los
ejércitos así constituidos, esperándolo todo de su general, se unían
estrechamente a él, dispuestos a secundarle en todas sus empresas.
Así comienzan a formarse los partidos, cuyas sangrientas luchas
abreviaron los días de la República.
11. Conquista de Galia Narbonense.
Marsella, antigua aliada de Roma, había extendido su comercio
por todo el Mediterráneo occidental, cuando se vio libre de la
competencia cartaginesa, después de las guerras púnicas.
Tanta prosperidad la hizo pensar en la dominación da los pueblos del
interior de Galia; pero careciendo de ejércitos de tierra para
combatirlos, tuvo que apelar a Roma, que mandó en seguida sus
legiones, logrando en poco tiempo apoderarse de los territorios
entre el Var y el Ródano (Provenza), aumentando los dominios de
Marsella, y estableciéndose los romanos en los puntos mas
importantes.
Pasando después el Ródano, se apoderaron de Narbona, haciéndola
capital de todo aquel país, que con el nombre de Galia Narbonense,
fue la primera y única provincia que por algún tiempo poseyeron los
romanos en Galia Transalpina.
12. Invasión de los Cimbrios y Teutones.
Los Cimbros, procedentes del Jutland (Quersoneso Címbrico), y los
Teutones, de Germania, huyendo tal vez de las inundaciones del
Báltico en las tierras bajas de la Dinamarca y Prusia actual, se
dirigieron en número de 300.000 a las regiones meridionales,
devastando cuanto encuentran a su paso, llegando hasta Nórica y
Panonia, donde derrotaron un ejército romano.
Corriéndose después estos bárbaros a Helvecia (Suiza) y a l Galia,
vencen cerca de Aix (Aquax Sextice) al cónsul Silano, y poco
después sufren la misma suerte las armas romanas en Agen y en
Orange: los bárbaros en vez de penetrar en Italia se dirigen a los
Pirineos, inundando la parte septentrional de la península española.
En tanto Roma, terminada la guerra de Yugurta, y siendo entonces
Mario el general de mas prestigio, le confía el mando del ejército
de Galia. Mario, aprovechando la ausencia de los bárbaros, se ocupa
en restablecer la disciplina, y habituar a sus tropas a los más
rudos trabajos.
Cuando al cabo de tres años, los bárbaros volvieron a Galia y a
Bélgica, obligados por la falta de subsistencias, se dividen para
penetrar en Italia, los Teutones por Liguria, y los Cimbros por
Helvecia y el Tirol. Mario derrota a los primeros en la sangrienta
batalla de Aix, y pasando a Italia para oponerse a los segundos, los
destruye por completo en Vercelli.
13. Segunda guerra de los esclavos.
Mientras combatía Mario a los bárbaros, se insurreccionaron por
segunda vez los esclavos de Sicilia.
En los 30 años que habían transcurrido desde la muerte de Euno, la
situación de los esclavos en aquella isla no había mejorado. Su
número creció de día en día, a pesar de las órdenes del senado para
que se diese la libertad a todos los que ilegalmente hubieran sido
reducidos a la esclavitud: los tratamientos de los amos eran cada
vez más duros é insoportables.
Y esto dio lugar a una sublevación, dirigida por un italiano,
Salvio, que tomó el nombre de Trifon, y por Atenion, de origen
griego. Después de haber derrotado a tres generales romanos, fueron
vencidos y muertos por el cónsul Manio Aquilio, colega de Mario. En
esta insurrección y en la de Euno, perdieron la vida un millón de
esclavos.
RESUMEN DE LA LECCIÓN X.
1. El número extraordinario de esclavos en Sicilia, y el trato
cruel de los amos, provocaron una sublevación dirigida por Euno que
durante cuatro años derrotó a cuatro pretores mandados por Roma,
siendo al fin vencido por el cónsul Pison cerca de Enna.
2. Tiberio y Cayo Graco eran hijos de Sempronio y de Cornelia, y
nietos por ésta, de Escipión el Africano. Para remediar los males de
la sociedad romana, Tiberio, el mayor de ellos, pidió y obtuvo el
nombramiento de tribuno.
3. Tiberio propuso el restablecimiento de la Ley Agraria, como medio
de dar a los pobres una pequeña propiedad; pero el otro tribuno
interpuso su veto, y Tiberio consigue que sea depuesto y votada la
ley; pero con motivo de una nueva elección, los nobles promueven un
tumulto, en que pierden la vida Tiberio y 300 de los suyos.
4. Cayo Graco fue elegido tribuno a pesar del senado y de la
nobleza: puso en vigor la ley agraria, y otras igualmente favorables
al pueblo; propuso la concesión del derecho de ciudad a los
latinos, y del derecho itálico a todos los italianos. y privó al
senado del poder oficial, que pasó a los caballeros.
5. En su segundo tribunado continuó favoreciendo a los pobres y no a
los caballeros. Su colega Livio Druso, de acuerdo con la nobleza,
propuso leyes aun mas favorables al pueblo que las de Cayo, cuyo
prestigio disminuyó hasta el punto de no ser reelegido tribuno,
anulando sus leyes el cónsul Opimio, que además lo derrotó en el
Aventino, pereciendo Cayo Graco y 3.000 de sus partidarios.
6. A pesar de la muerte de los Gracos, sus reformas subsistieron en
lo que tenían de justas y los esfuerzos de los oligarcas para
abolirlas, no consiguieron mas que ahondar el odio y la animosidad
del pueblo y de los caballeros contra la nobleza, y de los italianos
contra Roma.
7. La pretensión de los Gracos de mejorar la situación de los pobres
era justísima, como ya lo hablan comprendido antes otros personajes;
y por no realizarse entonces pacíficamente, se originaron después
sangrientas luchas. En cuanto a la extensión del derecho de ciudad a
los italianos, era conveniente para Roma, por cuanto contribuía al
cumplimiento de su misión de asociar los pueblos.
8. Micipsa dividió al morir su reino de Numidia entre sus hijos
Hiempsal y Aberdal, y su sobrino Yugurta. Este vence y manda quitar
la vida a sus primos; soborna a los generales romanos mandados
contra el, y llamado a. justificarse a Roma. Encontró con el oro el
medio de aplacar a los senadores.
9. Metelo fue incorruptible al oro de Yugurta: lo vence en varios
encuentros; sustituyéndole Mario en el mando del ejército, quien
derrotó a Yugurta, siendo esto entregado por su suegro Bocco a Sila,
y llevado a Roma, donde se dejó morir de hambre.
10. Los acontecimientos de la guerra de Yugurta prueban el
rebajamiento y la inmoralidad de Roma, que estaba destinada a pasar
por el poder personal de Mario y Sila, para terminar en el
despotismo del Imperio. Esta guerra, por sus resultados, enconó mas
los odios de la nobleza y el pueblo; y el reclutamiento de les
proletarios para el ejército dio origen a los partidos y a las
guerras civiles del siglo siguiente.
11. Auxiliando Roma a Marsella en sus guerras con los pueblos del
interior de Galia, se hizo dueña de Narbonense, primera provincia
que poseyeron los romanos en Galia Transalpina.
12. Los Cimbrios y Teutones, procedentes de Dinamarca y de Germania,
derrotaron varios ejércitos romanos, y pasaron hasta Espada. A su
regreso consiguió Mario vencer a los Teutones en Aix, y a los
Cimbros en Verceil.
13. Sublevados por segunda vez los esclavos en Sicilia a las órdenes
de Sabio, derrotaron a tres generales romanos, pero fueron
destruidos por Manio Aquilio, colega de Mario.
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