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LECCIÓN XVI.
EMPERADORES DE LA CASA DE AUGUSTO (44-68).
EMPERADORES FLAVIOS (68-98).
1. Reinado de Tiberio.
— A la muerte de Augusto, le sucedió Tibero hijo de Livia, su
segunda mujer, y que se había ya distinguido combatiendo en las
orillas del Rhin y del Danubio contra los bárbaros. Imitando la
conducta de su antecesor, aparentó que sólo aceptaba el Imperio por
obedecer al pueblo y al senado.
A la noticia de
la muerte de Augusto se sublevaron las legiones del Danubio, que
fácilmente fueron sometidas por Druso, hijo del emperador.
Igualmente se insurreccionaron las de Germania, que intentaron
proclamar emperador a su jefe Germánico.
Este hombre
valiente y generoso se opuso a sus pretensiones hasta con peligro de
su vida, y penetró al frente de aquel ejército en Germania para
vengar el desastre de Varo, consiguiendo dar honrosa sepultura a los
huesos de los que perecieron en tan funesta jornada, derrotar los
Queruscos y otros pueblos enemigos del nombre romano, venciendo a
Herman o Arminio en la sangrienta batalla de Idistaviso,
sacrificando a todos los germanos que cayeron en su poder. Poco
después Tiberio, envidioso de los triunfos de Germánico, le llamó a
Roma, para encargarle los asuntos de la parte oriental del Imperio,
donde murió envenenado por Pison gobernador de Siria.
2. Política astuta y cruel de
Tiberio. — En los primeros nueve años de su
reinado, Tiberio procuró seguir las huellas de la política de
Augusto, halagando al senado y al pueblo, administrando con rectitud
y justicia las provincias, y perdonando hasta a sus mismos enemigos.
Pero al mismo
tiempo abolió los comicios, confiriendo el derecho de nombrar los
magistrados al senado, que vino a quedar como un cuerpo consultivo;
y puso en vigor las acusaciones de lesa majestad, y favoreció las
delaciones, como medio el más fácil de deshacerse de todos sus
enemigos.
Entre los
cortesanos aduladores de Tiberio se encontraba Elio Sejano, a
quien confió el gobierno del Imperio y el mando de las legiones;
este hombre funesto se convirtió en instrumento ciego de las
crueldades del emperador; y con el propósito de sucederle en el
trono, consiguió desembarazarse de cuantos podían estorbarle en su
camino, haciendo que Druso hijo de Tiberio fuese envenenado por su
misma esposa, y desterrando a los hijos de Germánico, y a su viuda
Agripina, que murió de hambre en la isla Pandataria.
Por estos medios
llegó Sejano a ser el dueño de Roma, mientras que Tiberio retirado
en la isla de Tiberio se entrega a todo el desenfreno de los
vicios y de la corrupción.
Pero la mal
disimulada ambición del favorito, llegó bien pronto a conocimiento
del emperador; quien dió secretamente orden al senado de quitarle la
vida, pereciendo con todos sus partidarios a manos del populacho,
que arrojó su cadáver al Tíber.
3. Últimos años y muerte de Tiberio.
— Con la muerte de Sejano se aumentaron las sospechas, las
inquietudes y crueldades de Tiberio. En su retiro de Caprea, pasa
los últimos años de su vida ordenando el saqueo de las provincias,
el despojo de los bienes a los ricos, y condenando a muerte a un
gran número de personas, recreándose en los tormentos de sus
victimas.
Aborrecido por el
senado y por el pueblo, por el ejército y por las provincias, fue
ahogado en su propio lecho por su favorito Macron, por sugestiones
de Calígula que había de sucederle.
4. Reinado de Calígula.
— A la edad de 25 años ocupó el
trono Cayo Calígula, hijo de Germánico, siendo recibido con vivas
aclamaciones por el senado y por el pueblo, que creyeron encontrar
en él todas las virtudes de su padre.
Calígula, como
Tiberio, comenzó su reinado ocupándose exclusivamente del bien del
pueblo; dio una amnistía a los desterrados, perdonó a sus enemigos
prohibió las delaciones, y devolvió a los comicios la elección de
los magistrados. A los ocho meses de reinado sufrió una enfermedad
que puso en peligro su vida; y desde entonces, tal vez porque
quedara perturbada su razón, se entregó a las mayores locuras y a
todo género de crueldades.
Entre sus locuras
y extravagancias se cuenta, el haberse casado con su propia hermana,
el proponerse elevar su caballo Incitato a la dignidad
consular, etc., y de sus crueldades dan testimonio la muerte de
Macron a quien debía la corona, la de Gemelo hijo adoptivo de
Tiberio, y un gran número de personas principales y ricas, de cuyos
bienes se apoderaba el tirano para atender a sus prodigalidades,
presenciando con gran complacencia las angustias y tormentos de sus
víctimas.
Este hombre
insensato que tenia la pretensión de ser superior a los demás
hombres, quiso distinguirse como gran capitán, y emprendió una
expedición a Germania, haciendo en ella prisioneros a sus propios
soldados, y otra a Bretaña llevando a Roma como trofeos algunas
conchas recogidas en el Océano.
Por último, Casio
Chereas, tribuno de los pretorianos, le quitó la vida,
librando de este monstruo al mundo romano.
5. Reinado de Claudio: Mesalina y
Agripina. - El asesino de Calígula, de acuerdo con el
senado, intenta restablecer la República: pero los pretorianos se
adelantaron nombrando emperador a Claudio, hermano de
Germánico, y tío de Calígula.
Hombre anciano y
de buenos sentimientos, pero de carácter débil y apático,
Claudio comenzó perdonando a los desterrados, aboliendo las leyes
inicuas y absurdas de su antecesor, reformando la administración de
justicia y las costumbres, gobernando equitativamente las
provincias, y empleando grandes sumas en obras públicas de
reconocida utilidad; pero dejándose dominar por sus favoritos y
libertos, y por su esposa, la impúdica Mesalina, fue causa de
que se cometieran por éstos en su reinado tantos crímenes como en el
de Calígula.
Después de
explotar el poder imperial para satisfacer sus pasiones y sus odios,
Mesalina abandonó a Claudio y se casó con un joven patricio, llamado
Silio, quitándole la vida poco después los favoritos por orden del
emperador.
Agripina.
Claudio se casó después con Agripina, hija de Germánico,
atropellando la ley que prohibía el matrimonio entre tío y sobrina.
Dotada esta mujer de grandes talentos y de grandes vicios, la
situación de Claudio en este nuevo matrimonio, vino a ser tan
desairada como en el primero, siendo Agripina la dueña del gobierno,
y repitiéndose los crímenes y desórdenes anteriores.
En su primer
matrimonio con Domicio Enobarbo había tenido Agripina a su hijo
Nerón: y Claudio tenia de Mesalina a Británico y Octavia. Y
aunque era natural que Británico sucediese a Claudio en el Imperio,
los manejos y de las intrigas de Agripina consiguieron que su marido
adoptase a su hijo Neron, cuya educación fue confiada al filósofo
Séneca y a Burro general de los pretorianos: casándose
después con Octavia, la hija de Claudio. Conseguido su objeto, y
temiendo que Claudio revocara esta adopción, Agripina le dió un
veneno que puso fin a su vida, y Burro con sus pretorianos
proclamaron emperador a Neron.
El reinado de
Claudio merece citarse por las conquistas de Bretaña hasta el
Támesis y el Saverna, verificada por Plaucio; la de Frisia,
por Corbulon; y la incorporación al imperio de Licia y Judea en
Asia, y de Mauritania en África.
6. Reinado de Nerón. — Comenzó Nerón su
reinado bajo los mejores auspicios, haciendo concebir a todos las
más lisonjeras esperanzas. Dócil a los consejos de sus maestros,
respetuoso con el senado, al que devolvió todas sus prerrogativas,
espléndido y generoso con el pueblo y con el ejército, bien pronto
se hizo el ídolo de Roma. Pero, como si pesara una ley fatal sobre
los emperadores de la casa de Augusto, a los cinco años de un
reinado feliz tanto en Roma como en las provincias, comenzó Nerón
una serie de locuras, y tal cúmulo de iniquidades, que difícilmente
se encuentra una época tan calamitosa en la historia de todos los
pueblos.
Agotados sus
recursos por sus prodigalidades, el orgullo y la ambición de su
madre Agripina, la fogosidad de sus pasiones, la condescendencia de
sus maestros con sus primeros vicios, y la adulación de sus
favoritos, todo contribuyó a lanzar a Nerón en el camino de los
vicios, de los crímenes y del desorden. Intentando, por consejo de
Séneca y de Burro, poner un límite a la ambición de su madre, ésta
le amenazó con dar a Británico el trono de que lo había despojado,
semejante amenaza causó la muerte de su rival, que fue envenenado en
un festín: y la muerte de la misma Agripina, ordenando su
propio hijo que fuese ahogada en el mar, echando a pique la nave que
la conducía en el golfo de Nápoles; y como este medio no diese
resultado, mandó asesinos que le quitaron la vida a puñaladas.
Lanzado en la
carrera de los crímenes, hizo perecer a su esposa Octavia, ya antes
abandonada para unirse con Popea, mujer de su favorito Oton; y mandó
quitar la vida a Burro a Séneca, y a los poetas Petronio y Lucano; y
en medio de una orgía, manda incendiar a Roma, acusando después a
los cristianos como autores de este crimen con cuyo motivo ordenó
contra ellos la primera persecución, en la que perecieron entre
otros, san Pedro y san Pablo.
Si tantos y
tantos crímenes hacen de Neron el tipo odioso de los tiranos, sus
locuras le colocan a la cabeza de los monarcas extravagantes. Tenía
la pretensión de ser el primero entre los actores y cantantes, el
más hábil cochero del circo; quería figurar a la cabeza de los
poetas, y emprendió una expedición a Grecia para tomar parte y
triunfar en todos los juegos públicos.
Sin
embargo, las legiones mandadas por Suetonio Paulino, vencieron una
insurrección en Bretaña: y las de Galia sublevadas por Vindex,
ofrecen la corona al anciano Galba, gobernador de
Tarraconense. Neron, a su vuelta de Grecia, se ve abandonado hasta
por el senado; y para no caer en poder de Galba que invadió Italia y
se atrajo a los pretorianos, se hizo matar por un liberto,
exclamando al morir. ¡Qué gran artista
pierde el mundo!
7. Juicio sobre los emperadores de casa
de Augusto. — El Imperio reunió en un solo
hombre todos los poderes del Estado, haciendo depender la felicidad
general de los talentos y de la conducta de los emperadores. Así se
vio florecer el Imperio bajo el gobierno hábil y paternal de
Augusto, y decaer notablemente cuando príncipes incapaces y
perversos vinieron a ocupar el trono.
Es digno de
llamarla atención el hecho de que, comenzando su gobierno como
buenos y honrados los emperadores de la familia de Augusto, todos
ellos concluyen tiranizando al pueblo, y sumiéndose cada vez más en
la crueldad y en la corrupción.
La constancia de
este hecho, en medio de la diversidad de caracteres de esos
emperadores, prueba que su causa debe atribuirse más que a las
personas, al estado de la sociedad. En primer lugar tenemos el
engreimiento natural de los monarcas, cuando los pueblos perdiendo
su sentido moral, se convierten en aduladores de sus actos, hasta de
los mas criminales; la corrupción de costumbres que a la sazón
dominaba en Roma, principalmente entre las clases superiores y
ricas, y mas todavía en la familia imperial; la extensión que
alcanzaron los espectáculos sanguinarios del circo, constituyendo la
más grata diversión de la juventud romana, que perdía en ellos la
dulzura, delicadeza y humanidad de sentimientos.
Todas estas causas
reunidas hacían de los romanos en general, y de los emperadores mas
especialmente, hombres igualmente dispuestos al bien y al mal,
pasando del uno al otro sin violencia y de un modo casi natural,
permaneciendo indiferente y casi impasible el pueblo ante sus
crueldades, y violando ellos las leyes divinas y humanas, sin que
jamás pueda notarse señal alguna de arrepentimiento.
En esta
disposición general de los espíritus en aquella época, sólo faltaba
un estimulo, un motivo o causa ocasional, para que los emperadores
mas benévolos y humanitarios, cayeran en el extremo opuesto de la
crueldad y corrupción. Y ese motivo existía en la necesidad
Imperiosa de dinero que tenían los emperadores, no sólo para
satisfacer sus caprichos o sus locuras, sino para alimentar y
divertir al pueblo y al ejército, que en número de seis millones de
personas, exentas de todo tributo, pesaban constantemente sobre el
jefe del Estado. Y como éste no podía imponer nuevas
contribuciones, con que atender a tan perentoria necesidad, acudía
como supremo recurso al despojo, y a la confiscación de los bienes
de los particulares, inaugurando de este modo la carrera de sus
crímenes y la larga serie de sus violencias y crueldades. Sólo el
gobierno arreglado y económico de Augusto pudo salvar estos peligros
y dificultades menos discretos sus sucesores, no pudieron evitarlos.
Desde esta época,
por la decadencia del senado y de la nobleza, y por la miseria del
pueblo, la fuerza y el poder de Roma reside en el ejército, en el
cual se apoyan los sucesores da Augusto para ocupar el trono;
arrogándose después el derecho de elegir el monarca, naciendo de
aquí la larga serie de guerras civiles que, con ligeros intervalos,
ensangrentaron todo el imperio.
Añadiremos, sin
embargo, que los males sociales que acabamos de señalar, como causas
de la corrupción del imperio en tiempo de los sucesores de
Augusto, sólo afectaban a Roma, pero sin trascender las provincias.
Estas gozaban de los beneficios de la paz, y aumentaban cada día su
prosperidad y su bienestar: las escasas comunicaciones que mantenían
con Roma las libraron por algún tiempo de las desgracias y
calamidades de la gran ciudad.
8. Galba,
Otón y Vitelio. — Proclamado por las legiones,
Galba ocupó el trono, siendo aceptado por el senado, y reconocido
por el pueblo; pero bien pronto los pretorianos, a quienes negó el
donativo acostumbrado, se manifestaron descontentos; y dirigidos por
Otón, le quitaron la vida en el campo de Marte á los siete meses de
reinado, pereciendo después muchos de sus partidarios.
Otón, sin otros méritos que haber sido compañero de libertinaje de
Nerón, y marido de Popea la querida de aquel emperador, comenzó, sin
embargo, su reinado perdonando á sus enemigos, y dando una amnistía
á los desterrados. Pero á poco de subir al trono. las legiones de
Germania eligieron emperador á Vitelio, cuyos generales Valente y
Cecina pasaron á Italia, y obligaron a Otón á combatir en
Bedriacum (entre Mantua y Cremona), donde fue completamente
derrotado su ejército, y él mismo pocos días después se quitó la
vida en Brixéllum, por no prolongar las disensiones y
desventuras de su patria.
Vitelio no se distinguió mas que por su glotonería, gastando en
pocos días sumas inmensas en la preparación de las comidas mas
extravagantes. Y mientras pasa el tiempo en comilonas, las legiones
de Siria y de la Iliria proclamaron emperador á Flavio Vespasiano, y
pasando á Roma Antonio Primo, se apoderó de la ciudad, después de
incendiar el Capitolio y vencer en el campo de Marte á los
partidarios de Vitelio, pereciendo éste en la refriega, siendo su
cadáver arrastrado por las calles, y después arrojado al Tíber.
9. Juicio sobre el reinado de estos tres
emperadores. — En el corto tiempo de poco mas de un año
que reinaron Galba, Otón y Vitelio, el Imperio que hasta aquí babia
tenido un carácter casi aristocrático por pertenecer los emperadores
á las familias mas distinguidas de Roma, comienza ya á comunicarse á
las clases menos elevadas, y hasta á las provincias, como sucedió
con Vespasiano, que no era romano, y como sucederá después con los
Antoninos de origen español. Esto procedía de que las antiguas
familias habían llegado á extinguirse en las guerras y
proscripciones, y por la tiranía de los emperadores.
Por otra parte, los últimos emperadores para atraer á su causa los
partidarios que necesitaban, extendieron el derecho de ciudad á
muchos pueblos. Así se iba cumpliendo la misión de Roma, de
comunicar á los otros pueblos, todos los elementos de vida y
civilización, antes concentrados en la gran ciudad.
10. Los Flavios. Vespasanio.—Flavio
Vespasiano, natural de Reate, que se babia distinguido en’ las
guerras de Bretaña, y había recibido de Nerón el encargo de la
guerra contra los Partos y contra los judíos, fue el fundador de la
dinastía de los Flavios, á la que pertenecieron sus hijos
Tito y Domiciano.
Vespasiano consiguió restablecer la gloria del Imperio,
introduciendo la justicia en el gobierno, la moralidad en la
administración de las provincias, y la disciplina en las
legiones restableció el orden y la tranquilidad, aumentó con
prudentes economías las rentas públicas, favoreció las artes y las
letras, y de volvió al senado su prestigio, separando los miembros
incompetentes ó indignos. A él se deben gran ni5mero de magníficos
monumentos en Roma, corno el Coliseo, el templo de la Paz y la
restauración del Capitolio; y puentes, acueductos, vías militares, y
otras obras de marcada utilidad en las provincias.
11.
Guerras en la Galia y en Judea. — Desde los
tiempos de Pompeyo la Judea se encontraba bajo la protección de los
romanos y gobernada por virreyes en nombre de Roma Augusto la redujo
á provincia romana; pero los judíos, amantes siempre de su
independencia, promovieron varias insurrecciones –que obligaron á
Nerón á mandar contra ellos á Vespasiano Sometida la Galilea,
marchaba éste á sitiar á Jerusalén, cuando, nombrado emperador y
teniendo que marchar á Roma, encargó la prosecución de aquella
guerra á su hijo Tito.
Sitiada Jerusalén, y resistiéndose siete meses valerosamente los
judíos, á pesar de sus divisiones intestinas, de los estragos de la
peste y del hambre, la ciudad fue tornada por asalto, saqueada y
reducida a cenizas. Esta guerra costó la vida á mas de un millón de
judíos, y los que sobrevivieron á ella fueron unos reducidos á la
esclavitud, y otros obligados á abandonar su patria, diseminándose
por todos los pueblos, sin haber vuelto á formar después un cuerpo
de nación.
La guerra de las Galias tuvo origen en la sublevación de los
Bátavos, habitantes de una isla formada por dos brazos del Rhin,
siendo su jefe el valiente Civilis. Esta insurrección se
propagó á los pueblos ved— nos, galos y germanos, que alcanzaron
algunas victorias sobre los romanos, y se hicieron independientes.
Sabino que se proclamó emperador de las Galias, fue vencido por los
Secuanos; y los pueblos restantes, divididos entre sí, fueron
sometidos por Cerealis, general de Vespasiano, consiguiendo
los Bátavos una paz honrosa y su independencia por la energía y el
valor de Civilis.
Después de esta guerra, comenzó la de la Bretaña, mandando los
ejércitos romanos primero el mismo Cerealis y después
Agrícola.
12. Imperio de Tito. — Durante
su juventud Tito se habla entregado á los mayores desórdenes en la
corte de Nerón. Pero asociado al gobierno por su padre Vespasiano,
cambió completamente de conducta.
Cuando llegó á ocupar el trono procuró por todos los medios hacer la
felicidad de su pueblo M clemente y mas humano que su padre, y
amante ante todo de la justicia, reformé la administración, concedió
al senado y al pueblo una prudente libertad; distinguiéndose
principalmente por sus esfuerzos para remediar las desgracias que en
su tiempo experimento Roma, por la invasión de la peste, por un
incendio que destruyó el Panteón y el Capitolio ; y sobre todo por
la gran erupción del Vesubio (79) en que quedaron sepultadas las
ciudades de Herculano, Pompeya Estables, y en la que pereció Plinio
el naturalista.
Tito que consideraba perdido el día que no había hecho algún bien á
sus semejantes, fue llamado pi sus contemporáneos delicias del
género humano.
13. Imperio de Domiciano. — Hijo
de Vespasiano hermano de Tito, Domiciano comenzó gobernando de
justicia, aumentando la prosperidad del imperio, embelleciendo á
Roma, y tratando á todos con human dad y clemencia. Pero muy luego
cambió de conducta y arrastrado por la pasión de la envidia, y por
su carácter cruel y sanguinario, restableció la ley de lesa
majestad, con lo que Roma se poblé de delatores; despreció al
senado, y condenó á muerte á los ciudadanos mas distinguidos, entre
otros a Cerealis y al ilustre Agrícola, a quienes debía la conquista
de Bretaña expulsé de Roma á los filósofos y á los hombres d letras,
y ordenó la segunda persecución contra lo cristianos.
Este hombre sanguinario, que como Calígula y Neron, se complacía en
el tormento de sus víctimas, fu asesinado, por orden de su propia
esposa y por lo principales oficiales de su corte, librándose así de
1 muerte contra ellos decretada, y librando de un monstruo a la
humanidad.
Fue notable, sin embargo, el reinado de Domiciano, por la conquista
de la mayor parte de Gran Bretaña que llevó a cabo su general
Agrícola, extendiendo la dominación romana hasta los límites de la
Caledonia, construyendo una línea de fortalezas desde el golfo de
Fort al Clyde, para evitar las incursiones de los Pictos y
Caledonios. A la vez sostuvo guerras en las fronteras del Danubio,
venciendo a los Catos; y poco después a los Dacios establecidos en
la orilla izquierda, y que pasando el río habían penetrado en la
Mesia; pero fue derrotado por los Marcomanos, y tuvo que pagar un
tributo a Decébalo rey de la Dacia.
14. Juicio sobre los emperadores
Flavios.
— Desde que el imperio pertenece a un solo hombre, y éste es dueño
de las vidas y haciendas de sus súbditos, la felicidad o la
desgracia de tantos hombres y pueblos, está pendiente de las
condiciones del emperador. Así pueden notarse las alternativas y
cambios casi repentinos entre la prosperidad y la decadencia, la
gloria y el rebajamiento, la humanidad y la crueldad, según las
circunstancias personales del que regia los destinos de Roma.
Vespasiano, con sus altas dotes de gobierno, con su actividad y
rectas intenciones, hace florecer el imperio Tito, con su natural
bondadoso, y la humanidad de sus sentimientos, hace las delicias del
género humano pelo Domiciano, cruel y sanguinario, hace renacer los
calamitosos tiempos de Calígula y de Nerón siendo perdidos, durante
su reinado, los nobles y generosos esfuerzos para labrar la
felicidad del imperio, llevados a cabo por su padre y por su
hermano.
Por otra parte, en la época de Domiciano se inaugura una política
calamitosa para Roma en sus relaciones con los bárbaros. Tal fue el
comprar la paz a Decébalo, en lugar de combatirlo con todas las
fueras de que el imperio podía disponer. Este ejemplo, muchas veces
repetido por los siguientes emperadores, reveló la debilidad de Roma
a los bárbaros, cuyas exigencias fueron en aumento, hasta la
invasión general que concluyó con el imperio de Occidente.
RESUMEN DE LA LECCIÓN XVI.
—1. A Augusto sucedió Tiberio su reinado. Su hijo Druso
sometió las legiones sublevadas del Danubio; y Germánico venció a
los germanos mandados por Herman, y dio sepultura a los huesos de
los soldados de Varo; pasó después a Oriente por orden de Tiberio, y
fue envenenado por el gobernador de la Siria.
—2. Tiberio gobernó al principio con moderación y justicia pero
entregando después el mando a su favorito Sejano, éste
consiguió deshacerse de todos los que podían estorbarle el acceso al
imperio, mientras el emperador después de cometer grandes
crueldades, se retiró a Caprea entregándose a todos los vicios.
Sejano, de orden de Tiberio, pereció en manos del populacho.
— 3. Después de la muerte de Sejano, no tuvo límites el desenfreno y
la crueldad de Tiberio, atrayéndose de esta manera la odiosidad
general, y pereciendo ahogado en su propio lecho por sugestiones de
Calígula.
—4. Después de algunos meses de un gobierno paternal y humanitario,
Calígula, a consecuencia de una grave enfermedad, se tornó
cruel, sanguinario y extravagante, complaciéndose en el tormento de
sus victimas, y emprendiendo ridículas expediciones a Germania y a
la Bretaña; y fue asesinado por Chareas.
—5. Fue nombrado emperador por las legiones el viejo Claudio,
tío de Calígula, que inaugura su reinado por medidas prudentes y
justas; pero sus favoritos y su esposa Mesalina, valiéndose
le su debilidad, cometieron innumerables crímenes. Mesalina perdió
la vida poco despees de orden de Claudio. Este se casó entonces con
Agripina, que repitió los crímenes y desordenes anteriores, y que
consiguió del débil é irresoluto emperador que adoptara a su hijo
Neron en perjuicio de Británico, hijo de Tiberio y Mesalina.
Agripina envenenó a Claudio, y las legiones proclamaron a Neron.
— 6. La moderación y justicia de Neron en los primeros años de su
reinado, le hicieron el ídolo de Roma; pero después su vida fue un
cúmulo de vicios, de crímenes e iniquidades, mandando quitar
la vida a Británico y a su propia madre Agripina, a su esposa
Octavia, a Séneca, Burro, Lucano etc., incendió a Roma, y ordenó la
primera persecución contra los Cristianos. A estas crueldades hay
que añadir una larga serie de locuras y extravagancias, pretendiendo
ser el primero en todas las artes y letras, etc. Sublevadas las
legiones, Neron se hizo matar por un liberto.
—7. Todos los emperadores de la casa de Augusto comienzan gobernando
con justicia, y terminan entregándose a las mayores crueldades y un
hecho semejante debe atribuirse al estado de la sociedad, y
principalmente a la necesidad de proporcionarse recursos con que
atender a la subsistencia del ejército y el pueblo. Desde esta época
el ejército se arroga el derecho de elegir los emperadores. Entre
tanto las provincias permanecían ajenas a los desordenes de Roma.
—8. Galba proclamado por las legiones, se vio poco después arrojado
del trono, por Oton al frente de los pretorianos. Este a su vez, fue
derrotado en Bedriacum por las legiones de Vitelio, y se quitó la
vida. Vitelio, que no se distinguió más que por su glotonería, se
vio atacado en Roma por las legiones que habían elegido en Oriente a
Vespasiano, pereciendo en la refriega.
—9. En este tiempo, por haberse extinguido las antiguas familias
patricias, comienzan a ser elegidos emperadores, personajes de
Italia y de las provincias, extendiendo éstos al derecho de ciudad a
muchos pueblos.
— 10. La dinastía de los Flavios comienza con Vespasiano, que con su
prudente y acertado gobierno hizo renacer en Roma y en las
provincias la prosperidad y la grandeza del imperio de Augusto.
—11. Vespasiano en la guerra de Judea se apoderó de Galilea; y su
hijo Tito después de un horroroso sitio tomó a Jerusalén y la
destruyó, obligando a los judíos a expatriarse. La insurrección de
los Bátavos mandados por Civilis, se propago a la Galia y Germania;
pero fueron sometidos por Cerealis, quedando independientes los
Bátavos.
—12. Tito procuró por todos los medios hacer la felicidad de
sus pueblos, y reparar en lo posible las calamidades que por aquel
tiempo experimentó Roma, y las que se originaron por la erupción del
Vesubio.
— 13. Domiciano, al principio imitó por algún tiempo la
prudencia del gobierno de su padre y de su hermano, pero cometió
después toda clase de crueldades, mandando quitar la vida a Cerealis,
Agrícola y otros ilustres personajes; arrojó de Roma a los sabios, y
ordenó la segunda persecución contra los cristianos. Fue asesinado
por instigaciones de su propia esposa. En su tiempo Agrícola
conquistó la Bretaña hasta la Caledonia: y sus ejércitos alcanzaron
algunas victorias en las orillas del Danubio; pero tuvo que
comprar la paz a los Dacios.
— 14. Desde que el imperio está en manos de un solo hombre, la
felicidad o la desgracia de tantos pueblos están pendientes de las
condiciones de los emperadores. Así Vespasiano y Tito reproducen la
prosperidad y la grandeza del imperio de Augusto, y Domiciano
renueva las calamidades y desgracias de tiempo de Nereo, inaugurando
a la vez la política calamitosa para Roma da comprar la paz a
los bárbaros.
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