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LECCIÓN XVIII.
EMPERADORES SIRIOS (193-285).
ANARQUÍA MILITAR (235-284).
1. Pertinax. El Imperio en venta.
— Después de la dinastía de los Antoninos, el imperio es
víctima de la anarquía; los soldados disponen del trono; el gobierno
y la ley quedan olvidados; y el desorden dominó en todas partes.
A la muerte de Cómodo los pretorianos elevaron al trono a
Helvio Pertinax, que desde un origen humilde, se elevó por su
valor y su talento a los primeros puestos de la milicia. Botado de
virtud y de firmeza, se propuso de volver al senado su prestigio y
restablecer el orden y el imperio de la ley, pero al intentar
someter los pretorianos a una severa disciplina, fue asesinado por
los mismos que tres meses antes lo habían elegido.
Muerto Pertinax, y dueños de Roma los pretorianos, pusieron el
imperio en venta, adjudicándolo como mejor postor a Didio
Juliano, que ofreció 5,000 dracmas (18,000 reales próximamente)
a cada soldado. Hecho semejante, aunque aprobado por el senado,
atrajo a Juliano el odio del pueblo y hasta de los mismos
pretorianos y fue la ocasión de que se sublevaran contra él las
legiones de Siria, que nombraron emperador a Pecenio Niger,
las de Bretaña a Clodio Albino y las de Iliria a
Septimio Severo. Este último se dirige a Roma, y es proclamado
emperador por el senado, que había mandado decapitar a Didio
Juliano.
2. Septimio Severo.
— En este reinado se consolida el despotismo militar en Roma.
Septimio Severo disuelve la guardia pretoriana, creando otra nueva
mucho más numerosa, compuesta de soldados de todas las legiones,
perfectamente pagada, y sometida a una severa disciplina.
Dueño de Roma se dirigió Septimio Severo a combatir a sus
rivales. Consiguió desarmar a Albino nombrándole César, y venció en
Oriente a Níger en Cizico y en Nicea, y lo derrotó completamente en
Isso, pereciendo en la huida; apoderándose a la vez de Antioquía y
arrasando a Bizancio. Pacificado el Oriente, se encaminó contra
Albino, que perdió la batalla y la vida cerca de Lion. En una guerra
contra los partos se apoderó de Babilonia y Ctesifonte.
El reinado de Septimio Severo es una mezcla extraña de mal y
de bien, de buenas y de malas cualidades. Político como Augusto, y
cruel como Neron, restableció el orden en la administración,
protegió la ley y la justicia, quitó la vida a varios senadores y
desterró las principales familias de Roma. Juntamente procuró
Septimio Severo aumentar la prosperidad de las provincias,
especialmente en África, donde él había nacido, y en Oriente, por
ser su esposa, Julia Domna, de Emesa en Siria; al mismo
tiempo prestó una decidida protección a las letras.
Sublevados los Caledonios de Bretaña, Septimio Severo marchó
contra ellos, consiguiendo derrotarlos, pero murió poco después en
Evoracum (York), aconsejando a sus hijos, que tratasen bien,
y enriqueciesen a los soldados, y que no se inquietasen por lo
demás; cuyas palabras revelan todo el secreto de su política,
reducida a fundar el despotismo militar contra la influencia del
senado.
3. Caracalla y Geta.
— Septimio Severo dejó el trono a sus dos hijos,
Caracalla y Geta; de carácter amable y humanitario este último, y
cruel y sanguinario el primero, la armonía en el mando era imposible
entre ellos; y después de intentar la división del imperio,
Caracalla hizo asesinar a su hermano en los brazos de su madre, y
mandó quitar la vida al célebre jurisconsulto Papiniano, por
haberse negado a hacer elogio del fratricidio.
Caracalla, comenzada así la carrera de sus crímenes; se entregó a
la corrupción más desenfrenada, y la más inaudita crueldad,
sacrificando a miles de personas, ya para complacerse en sus
sufrimientos, y para apoderarse de sus riquezas. Tuvo que comprar la
paz a los bárbaros del Danubio queriendo imitar a Aquiles y a
Alejandro, visitó las ruinas de Troya y ordenó en Alejandría de
Egipto una matanza general. Se casa con la hija del rey de los
Partos, pero los excesos de sus soldados provocan una guerra; antes
de comenzar las hostilidades, muere Caracalla en Carras,
asesinado, de orden de Macrino, prefecto del pretorio.
Un hecho importante registra la historia de Caracalla. Fue este la
publicación de la Constitución Antonina, por la cual se
concedió el derecho de ciudad a todos los súbditos del Imperio, de
condición libre; la ciudadanía tan disputada por los plebeyos y
después por los italianos, se extiende ahora a todas partes,
unificando a todos los pueblos bajo el punto de vista del derecho.
Tal vez se propusiera Caracalla con esta medida aumentar los
impuestos, desde una vigésima a una décima en las
herencias y legados; pero el resultado es que contribuyó en gran
manera a la unificación de todos los pueblos bajo Roma.
4. Macrino.-
Proclamado por los pretorianos, y aceptado por el senado y por las
legiones, Macrino se propuso restablecer la influencia del poder
civil, devolviendo al senado sus atribuciones y limitando el poder
militar, al cual debía la corona. Obligado a comprar la paz a los
Partos, después de haber huido del campo de batalla en Nisibis; y
por la tendencia de su gobierno en contra del elemento militar,
intentando restablecer la disciplina en el ejército, se sublevaron
las legiones y proclamaron a Heliogábalo, que consiguió
derrotarlo, muriendo poco después en Calcedonia.
5. Heliogábalo.
— Las intrigas de su abuela Julia Mesa, hermana política de
Septimio Severo, consiguieron que a la muerte de Macrino, fuese
nombrado Augusto el joven Heliogábalo, con el cual se
entronizaron en Roma, la crueldad y la demencia, el desorden, el
cinismo y la corrupción. Abandona el gobierno a un cochero, un
cocinero y un barbero; se casa con cuatro mujeres a la vez, funda
una academia de mujeres perdidas y de hombres corrompidos, da
participación en el senado a las mujeres, y casa al dios Baal, de
quien era sacerdote, con Astarte, la diosa de Cartago, mandando
celebrar las bodas con inusitada pompa en todo el Imperio.
Tantas locuras y tantos crímenes no podía ser mucho tiempo
tolerados por los romanos. Julia Mesa en unión con los pretorianos,
consiguió que Heliogábalo adoptase a su primo Alejandro; pero no
pudiendo arrastrarlo a la vida corrompida que él llevaba, intentó
quitarle el titulo de César, y aun se propuso asesinarle. Por lo que
se sublevaron los pretorianos, quitaron la vida a Heliogábalo,
arrastraron su cadáver por las calles de Roma, y lo arrojaron al
Tíber.
6. Alejandro Severo.
— Después del reinado por todos conceptos execrable de
Heliogábalo, ocupó el trono Alejandro Severo, educado por su
abuela Mesa y su madre Mamea, instruido en las letras griegas
y latinas, y conocedor quizá de la religión cristiana de costumbres
intachables, sencillo y modesto en su trato, Alejandro Severo fue un
modelo de príncipes, reproduciéndose en su reinado los buenos
tiempos de Augusto y de los Antoninos.
Su primer cuidado al ocupar el trono fue hacer desaparecer hasta
las huellas de los desordenes del reinado anterior, echando fuera de
Roma los sacerdotes de Heliogábalo, los eunucos, histriones, mujeres
y delatores. Se dedicó después a fortificar el poder civil,
organizando a la vez el ejército, mejorando la disciplina, y
aumentando el bienestar del soldado.
Con el intento de reproducir las leyes antiguas, y con ellas el
orden y la organización de otros tiempos, Alejandro devolvió al
senado su prestigio, separando a todos los senadores indignos o
incapaces, sometiendo a su deliberación todos los asuntos
importantes y el nombramiento de los magistrados. Al mismo tiempo
llamó a ocupar los principales puestos a las personas más
distinguidas, y procuró rodearse de los primeros jurisconsultos,
Ulpiano, Paulo y Modestino, siguiendo sus dictámenes en la
administración de justicia.
Bien pronto comenzaron a extenderse por todo el imperio el
bienestar y la prosperidad, que era el objeto preferente de
Alejandro Severo y a este fin regularizó la administración,
disminuyó los impuestos, y favoreció la industria y el comercio.
El ejército participó igualmente de las sabias reformas de
Alejandro Severo, no sólo por el aumento de la paga a los soldados,
sino también por la distribución de tierras en las fronteras a los
veteranos. Sin embargo los pretorianos, mal avenidos con la severa
disciplina a que fueron sometidos, por dos veces se sublevaron,
quitando la vida en la segunda al jurisconsulto Ulpiano, delante del
mismo emperador.
En los últimos años de su reinado Alejandro Severo que sostener
guerras en Oriente y Occidente. Por este tiempo Artajerjes,
hijo de Sasan, concluyó con el imperio de los Partos,
fundando el segundo imperio persa llamado de los Sasánidas,
invadiendo poco después las provincias romanas comarcanas. Alejandro
Severo marchó contra Artajerjes, y después de alcanzar algunas
victorias, se apoderó de la Mesopotamia, abandonada por Heliogábalo.
En Occidente tuvo que combatir contra los Germanos; pero
insurreccionadas las legiones de la Galia al mando de Maximino,
le asesinaron Juntamente con su madre, que siempre le acompañaba
en sus expediciones.
7. Anarquía militar.-
A la muerte de Alejandro Severo se inaugura en Roma un período
de anarquía y de desorden que alcanza a todo el Imperio, y que
amenaza de próxima descomposición a la sociedad. Hasta el
advenimiento de Diocleciano, o sea en el espacio de medio siglo, el
imperio romano se encuentra a merced de los pretorianos en Roma, y
de las legiones en las provincias, sucediéndose en este tiempo
una serie de emperadores que no baja de cincuenta, algunos
reconocidos por el senado, otros que llevan el nombre de tiranos y
que dominaron aunque por breve tiempo en las provincias y aun en
Roma.
8. Maximino, Gordiano I y II, Máximo
Pupieno y Balbino.-
El sucesor de Alejandro Severo, Maximino, tracio de
origen, se distinguía por su elevada estatura, sus fuerzas físicas y
una voracidad extremada, así como por su ambición y su crueldad; se
apoderó de las riquezas de los templos y de los pueblos y de los
particulares, sacrificando sin piedad a centenares de personas
distinguidas por su virtud o por sus riquezas. Se sublevan contra él
el pueblo y el ejército; pero consiguió vencerlos, costando la vida
a un gran número de ciudadanos.
Las legiones de África proclamaron emperador al procónsul
Gordiano, que por su avanzada edad de ochenta años, asoció en el
mando a su hijo, llamado también Gordiano. El senado,
indignado por las violencias de Maximino, lo declaró enemigo de la
patria, y se apresuró a reconocer a los Gordianos; pero el
gobernador de la Mauritania partidario de Maximino, venció a
Gordiano el Joven que pereció en el combate, y el Anciano se quitó
la vida.
El senado, enemigo de Maximino, nombró dos emperadores Máximo
Pupieno y Balbino; pero el pueblo, partidario de los Gordianos,
prefiere a Gordiano III, originándose de aquí una sangrienta lucha.
Maximino en tanto, desde Germania donde se encontraba, se dirige a
Roma, y sitiando de camino la ciudad de Aquileya, fue asesinado por
sus soldados. Poco después los pretorianos y el pueblo de Roma,
enemigos de las hechuras del senado, quitaron la vida a Pupieno y
Balbino, proclamando en su lugar a Gordiano.
10. Decio. — En
el breve reinado de Decio, y por su orden, sufrieron los
cristianos una de las más crueles persecuciones. Por este tiempo, y
a consecuencia de grandes movimientos de los pueblos bárbaros,
vinieron a quedar en las fronteras del Rhin y de N. a S. los
sajones, francos, alemanes, borgoñones y lombardos, y en las del
Danubio los godos que se extendían hasta el Sur de Rusia actual,
divididos en ostrogodos al E. del rio Dniester, y visigodos al O.
Contra estos últimos que, pasando el Danubio, habían penetrado en la
Tracia, tuvo que combatir el mismo Decio; y aunque consiguió algunas
ventajas, fue al fin derrotado y perdió la vida en la batalla.
11. Galo y Emiliano.
— A la muerte de Decio, las legiones eligieron a Galo,
que compartió el gobierno con Hostiliano nombrado por el
senado. En una invasión de los godos en la Mesia, galo tuvo que
comprarles la paz; pero Emiliano consiguió derrotarlos, y
nombrado emperador por las legiones, se dirigió contra Galo, siendo
éste derrotado, y perdiendo la vida a manos de sus soldados. En
camino para Roma, salió a su encuentro Valeriano, nombrado
emperador por el senado, que consiguió derrotarlo, quitando la vida
a Emiliano las mismas legiones que lo habían elevado al trono.
12. Valeriano: los Treinta Tiranos:
Galieno. — Las condiciones de Valeriano
hacia esperar un reinado de paz y de prosperidad. Por este tiempo
hubo una irrupción casi general de los pueblos bárbaros, pasando
los francos el Rhin, los alemanes y los godos el Danubio, y
penetrando a la vez los persas en la Siria y Asia Menor.
Valeriano confía a su hijo Galieno, ayudado de sus mejores
generales, la guerra contra los bárbaros; y en mismo se dirige
contra los persas, con tan mala fortuna, que en la primera batalla
cayó prisionero, muriendo poco después en poder de sus enemigos.
Galiano,
proclamado emperador a la muerte de su padre, no pudo, ni intentó
evitar que las legiones proclamasen diferentes emperadores en las
provincias, originándose una espantosa confusión precursora de la
ruina del mundo romano. Los generales que se hacen independientes en
las provincias, gastan sus fuerzas combatiéndose unos a otros, sin
cuidarse de rechazar las invasiones de los bárbaros que cada día se
presentan más amenazadores.
En medio de tanto desorden, sólo merecen citarse el Imperio de las
Galias, el de Oriente y el de Iliria.
13. Imperio de las Galias. Postumio,
Eliano, Victorino y Tétrico. — Las
legiones de Galia, a la muerte de Valeriano, eligieron emperador a
Postumio, que estableció un gobierno semejante al de Roma,
siendo reconocido por las legiones de España y de Bretaña, y
contribuyendo a rechazar a los bárbaros al otro lado del Rhin.
Asesinado por sus legionarios, le suceden Eliano y Victorino,
que bien pronto concluyeron de la misma manera, y por último
Tétrico que gobernó en paz por algunos años en las Galias.
14. imperio de Oriente. Odenato y
Zenobia.
— Odenato, gobernador de la Palmirena en tiempo de Valeriano,
consiguió derrotar a los Persas que habían invadido las provincias
del Imperio, y venció a Balista nombrado emperador por las legiones,
viéndose él mismo obligado a tomar este titulo por iniciativa de su
ejército; murió asesinado, sucediéndole su esposa, la célebre
Zenobia, que aumentó sus Estados a expensas del Imperio, y más
adelante se vio destronada por Aureliano.
15.Imperio de Iliria, ingenuo,
Regiliano y Auréolo. — Las legiones de Iliria
proclamaron emperador a ingenuo, que poco después se suicida
por haber perdido una batalla; Regiliano su sucesor pereció a
manos de los legionarios. Auréolo, encargado por Galieno de
someter la Iliria, tomó también el titulo de emperador, e invadió
Italia para destronar a Galieno. Este consiguió sitiarlo en Milan;
pero fue asesinado por sus propios soldados.
Claudio II.-
A la muerte de Galieno le sucedió Claudio II, distinguido
general de Valeriano, y recibido con entusiasmo por el ejército y
por el senado. Prosiguiendo el sitio de Milan, logró apoderarse de
la plaza, dando la muerte a Auréolo; y rechazó a los alemanes y a
los godos, que habían penetrado en el Imperio.
16.Aureliano restauración del Imperio.-
Aureliano procedía de Panonia, y había sido el general más
distinguido en tiempo de Valeriano. Recibió el nombre de restaurador
del Imperio por haber tenido la fortuna de vencer a los emperadores
de las provincias, restableciendo el orden y la unidad romana.
Consiguió derrotar a los alemanes que habían penetrado en Italia;
abandonó a los godos la Dacia de Trajano, dejando el Danubio como
limite del Imperio por aquella parte. En Oriente, Zenobia que había
extendido su dominación por Siria y Egipto, fue vencida por
Aureliano, y tomada Palmira, la famosa reina quedó en poder del
vencedor. En las Galias, Tétrico entregó el poder a Aureliano,
quedando éste único dueño del Imperio.
Sin embargo, Aureliano no fue tan afortunado cuando pretendió
restablecer el orden interior, y someter el ejército a una severa
disciplina. Los pretorianos se sublevaron en Roma, y el emperador
para someterlos quitó la vida a 7,000; poco después marchando a la
guerra contra los persas, fue asesinado por sus mismos soldados.
A la muerte de Aureliano eligió el senado emperador al anciano
Tácito que intentó, aunque sin resultados, restablecer la
antigua República. En su tiempo fueron vencidos los Alanos en el
Asia Menor, y preparándose para combatir a los persas, murió, o tal
vez fue asesinado por las legiones en Tracia.
17.
Probo.
— En su breve reinado de seis años, se manifestó Probo digno
de ocupar el trono de Augusto y de los Antoninos. Rabiase
distinguido como el mejor general y hábil político en los reinados
anteriores, y su nombramiento fue recibido con grande entusiasmo
tanto en Roma como en las provincias.
En los cinco primeros años se ocupó constantemente en combatir a
los enemigos de Roma. Venció a los Francos y les obligó a
repasar el Rhin; derroto a las Sármatas en Iliria, a los Godos en
Tracia y a los Isaurios en el Asia Menor. Estableció colonias de
bárbaros de diferentes puntos del Imperio, y unió con una
muralla el Rhin y el Danubio para contener a los Germanos.
Restablecidos así los límites del Imperio, Probo se ocupaba en
mejorar la administración, y asegurar la disciplina del ejército,
cuando fue asesinado por sus mismos soldados.
18. Caro, Carino y Numeriano.
— Aprovechando los preparativos de su antecesor, Caro
hizo la guerra a los persas, llegando victorioso hasta el
Tigris; pero murió poco después, habiendo asociado en el mando a sus
hijos Carino y Numeriano.
Numeriano hizo una paz vergonzosa con los persas, y fue
asesinado por su suegro Aper, cuando regresaba a Roma.
Diocleciano mandó quitar la vida al asesino, y muerto después
Carino a manos de sus soldados, las legiones lo proclamaron
emperador.
19. Juicio sobre la anarquía militar en
Roma.
— Ni Roma, ni pueblo alguno, registra en su historia una época tan
calamitosa, como los 50 años que trascurrieron desde Maximino hasta
Diocleciano, cuyos principales acontecimientos acabamos de reseñar.
En menos tiempo, y con menos motivo, otras naciones han desaparecido
de la historia; y Roma, sin embargo, vive y se repone; llegan
momentos en que todos sus órganos parecen disgregarse, como atacados
de muerte próxima, la disolución y la ruina se presentan como
inevitables y necesarias; no obstante Roma no muere en estas
agonías, sino que con pasmosa facilidad se mejora, vuelve a la vida,
recobra sus fuerzas, ostentándose de nuevo como siempre grande y
majestuosa. Roma decae y se rehabilita al tenor de las condiciones
de sus emperadores; pero Roma no muere nunca.
Un fenómeno tan singular tiene su causa y su explicación en la
fuerza y energía de la constitución de Roma, en la firmeza de sus
instituciones. Roma imperial continúa siendo la Roma republicana;
los esfuerzos de algunos emperadores para desarraigar las
instituciones antiguas, no dieron nunca el resultado que sus autores
se proponían; y esas instituciones debilitadas, pero no destruidas,
constituyen el elemento salvador de Roma. Si Roma hubiera sido un
Estado puramente monárquico, como lo fueron los imperios de Oriente,
hubiera perecido indefectiblemente en tiempo de los emperadores
monstruos, y con más razón durante la anarquía militar.
Por otra parte, Roma cumple su misión de unificar el mundo y
extender su vida a todos los pueblos, contribuyendo a ello en gran
manera hasta la época calamitosa y anárquica que ahora nos ocupa. La
persona sagrada de los emperadores deja ya de pertenecer
exclusivamente a Roma para comunicarse a las provincias, a las
aldeas, y hasta a los bárbaros.
Es el último privilegio, de que Roma se despoja, la última
manifestación de la lucha eterna entre patricios y plebeyos, entre
Roma e Italia, entre Roma y los pueblos todos del Imperio. Hasta
aquí Roma lo era todo, el Imperio estaba Roma; de hoy más Roma está
en todas partes. Y como es natural, la conquista de un privilegio
tan importante, no se llevó a cabo en paz y tranquilamente, sino que
costó luchas sin cuento, ríos de sangre; tan grande era la
trascendencia del hecho que se debatía.
RESUMEN DE LA LECCIÓN XVIII.
—1. Pertinax fue elevado al trono por los pretorianos
introdujo saludables reformas en el imperio; pero queriendo someter
el ejército a una severa disciplina, fue asesinado por los mismos
pretorianos, que pusieron el imperio en venta, adjudicándolo a Didio
Juliano, como mejor postor. A causa de este hecho fueron nombrados
en las provincias, Níger, Albino y Septimio Severo, siendo éste
último aceptado por el Senado.
—2. Septimio Severo consolidó el despotismo militar: consiguió
vencer y deshacerse de sus rivales y derrotó a los Partos; su
reinado fue una mezcla de buenas y malas cualidades, pero favoreció
en gran manera las provincias, singularmente África y Siria; y murió
en York después de haber derrotado a loe Caledonios.
—3. Caracalla mandó quitar la vida a su hermano Geta, y a Papiniano,
entregándose a la corrupción más desenfrenada y a la más refinada
crueldad; compró la paz a los bárbaros, se propuso imitar a Aquiles
y Alejandro, y muere asesinado de orden de Macrino. A Caracalla se
debe la publicación de la Constitución Antonina.
—4. Macrino se propuso restablecer la influencia del poder civil en
contra del militar, y por esto y por haber comprado la paz a los
Partos, se sublevaron las legiones, muriendo Macrino poco después.
—5. Heliogábalo entronizó en Roma el cinismo y la corrupción, la
locura y la crueldad; y habiendo intentado asesinar a su primo y
adjunto Alejandro, los pretorianos le quitaron la vida y arrojaron
al Tíber su cadáver.
—6. Alejandro Severo fue un modelo de príncipes, y su reinado puede
compararse con los de Augusto y los Antoninos. Borró hasta las
huellas de los desordenes anteriores, organizó el ejército y
fortificó el poder civil, devolviendo al Senado su prestigio: con
sus acertadas medidas aumentó la prosperidad en todo el imperio:
venció al fundador del imperio persa de los Sasánidas; y fue
asesinado por los legionarios de las Galias, instigados por
Maximino.
—7. A la muerte de Alejandro Severo domina en Roma la anarquía
militar, sucediéndose en medio siglo más de 50 emperadores,
nombrados por los pretorianos en Roma y por las legiones en las
provincias, algunos de los cuales se conocen en la historia con el
nombre de los Treinta Tiranos.
—8. Maximino se distinguió por su estatura y su voracidad, por su
ambición y su cruel tiranía. Los gordiano nombrados en África
y aceptados por el Senado, perdieron la vida combatiendo con el
gobernador de Mauritania. El Senado nombró a Pupieno y a
Balbino; y Maximino que se dirige a Roma, fue asesinado por sus
soldados en Aquileya. Pupieno y Balbino fueron también asesinados.
— 9. Gordiano III con el concurso de su suegro Misiteo,
introdujo la paz en el imperio: en su tiempo fueron derrotados los
francos y los godos y en guerra con los persas, fue asesinado por
sus soldados por instigación de Filipo el Árabe, que le sucede: éste
celebró el milenario de la Fundación de Roma y fue derrotado y
muerto por Decio en la batalla de Verona.
—10. Decio ordenó una cruel persecución contra los cristianos, y
perdió la vida peleando contra los godos en las orillas riel
Danubio.
—11. Las legiones proclamaron a Galo,
que compró la paz a los godos, y fue asesinado por sus soldados,
combatiendo con Emiliano que había sido nombrado emperador por las
legiones. Este alcanzó la misma suerte poco después en guerra con
Valeriano.
— 12. Valeriano nombrado por el Senado, hizo concebir por sus buenas
condiciones grandes esperanzas; pero en guerra con los persas, cayó
prisionero y murió en el cautiverio. Le sucedió su hijo Galieno, en
cuyo tiempo las legiones nombraron diferentes emperadores en las
provincias.
— 13. En las Galias estableció Postumio un gobierno semejante al de
Roma, pero murió asesinado por sus legionarios, como sus sucesores
Eliano y Victorino: Tétrico gobernó en paz algunos años.
—14. Ordenato, gobernador de Palmirena, derrotó a los persas, y fue
nombrado emperador por el ejército: murió asesinado, y su viuda la
célebre Zenobia fue destronada más adelante por Aureliano.
— 15. En Iliria se suicidó Ingenuo, pereciendo a manos de los
legionarios Regiliano, y Auréolo invadió la Italia y fue sitiado en
Milan por Galieno, a quien asesinaron sus soldados; pero la plaza
fue tomada por Claudio II, nombrado emperador por el Senado y el
ejército, y Auréolo perdió la vida. Claudio II rechazó a los
alemanes y a los godos.
—16. Aureliano venció a los emperadores de las provincias, y
restauró el orden y la unidad del imperio. Abandonó Dacia de
Trajano, derrotó a los alemanes, venció e hizo prisionera a Zenobia,
y Tétrico le entregó el imperio de las Galias. En una sublevación do
los pretorianos, perecieron hasta 7,000; Aureliano fue asesinado por
sus soldados cuando marchaba contra los persas. Tácito que le
sucedió, intentó restablecer la República, y murió en una expedición
contra los persas.
—17. Probo fue uno de los mejores emperadores de Roma. Venció a los
Francos, a los Sármatas, Godos e Isaurios, y unió con una muralla el
Ruin y el Danubio; cuando se ocupaba de mejorar la administración y
restablecer la disciplina, fue asesinado por sus soldados.
—18. Caro murió en guerra con los persas. Numeriano compró la paz, y
fue asesinado por su suegro Aper; Carino murió a manos de sus
soldados, y las legiones eligieron a Diocleciano.
—19. No hay en la historia época más calamitosa que la que
transcurre desde Maximino basta Diocleciano: y sin embargo, Roma
amenazada de próxima muerte, no desaparece, debiendo su salvación a
la fuerza y energía de sus antiguas instituciones. En medio de un
periodo tan anárquico, Roma continua su misión de unificar los
pueblos, nombrándole desde ahora los emperadores indistintamente, de
las provincias lo mismo que de Roma. |
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