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HISTORIA DE ROMA ANTIGUA
TEMA XX: EVOLUCIÓN Y DESARROLLO DESDE LOS INICIOS DEL PUEBLO ROMANO: EL CRISTIANISMO

 

Historia de Roma Antigua

 

 

 


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LECCIÓN XX:
EL CRISTIANISMO
 

  1.  El cristianismo como hecho, histórico. — Si en la historia los hechos deben pesarse y apreciarse por las consecuencias que han tenido, y por la influencia que ejercieron en los destinos de la humanidad, ninguno merece atención tan preferente como el origen y propagación del cristianismo, que ha trastornado el mundo, regenerado a los hombres, dirigido los destinos de la humanidad durante diez y nueve siglos, y que los regirá de igual manera en lo futuro.

  Cúmplenos, pues, en nuestra misión de historiadores, examinar el cristianismo en si mismo, y en sus relaciones con la vida de la humanidad: conocer su Origen, su desenvolvimiento, y exponer la razón de su influencia en los destinos del hombre. 

  2.   Estado del mundo antes del Cristianismo. - Perdida la idea de la unidad de Dios, el mundo antiguo, fuera del pueblo hebreo, había caído en el politeísmo, que, si en los primeros tiempos de Grecia y Roma había contribuido a la cultura y civilización de aquellos pueblos, se convirtió más adelante en el principal elemento de su decadencia y de su ruina. Aquellos dioses, extraña mezcla de vicios y virtudes, no podían satisfacer en pueblos adelantados la fe y las creencias que el hombre necesita para vivir; así es que, mientras los sabios y filósofos desprecian y se burlan de las peregrinas fábulas mitológicas, el pueblo a su modo vuelve también la espalda a sus dioses, entregándose a la más groseras supersticiones. La superchería de los dioses paganos se manifestó como tal, luego que griegos y romanos adquirieron cierto grado de civilización.

  Y perdida la noción de un Dios único, desapareció también la igualdad entre los hombres, y nacieron las castas en Oriente, y la esclavitud en Grecia y Roma, se creyó el sabio de naturaleza diferente que el ignorante, y el hombre despreció a la mujer, y el rico al pobre. Aquella sociedad sin fe y sin creencias, perdió igualmente la sencillez de sus costumbres, y una depravación sin freno vino a destruir en las conciencias hasta los sentimientos morales. Y en medio de aquella sociedad corrompida, los espíritus se enervan, los sentimientos de humanidad desaparecen, y se pierde la dignidad humana. Y cuando parece que todo se acaba y la sociedad se revuelve en las convulsiones de la agonía, los espiritas superiores se sienten agitados por una vaga inquietud, y espera el poeta, el filósofo, y todos aguardan algo grande y extraordinario como único remedio a los males presentes.

  Tal era mundo romano en los últimos tiempos de la República. 

3.  Advenimiento de Jesucristo. — En este tiempo, y dominando Augusto en Roma, reinando la paz en todas partes, y cerrado por esta causa el templo de Jano, nació en Belén, pequeño lugar de la Judea Jesucristo, el Salvador del mundo, el Mesías prometido, y el Fundador de la edad de oro que esperaban los romanos. Nació en la humildad y en la pobreza, y los judíos lo desconocieron, Roma no se apercibió de su existencia.

  Jesucristo vivió en el retiro y en el silencio por espacio de treinta años, comenzando entonces su vida pública en el reinado de Tiberio, para completar la misión que Dios le había confiado de salvar a los hombres. Recorre Judea y Galilea enseñando a todos la moral sublime que se encierra en los preceptos de amar a Dios y a los hombres, reuniendo bien pronto gran número de discípulos, entre los cuales elige sus doce apóstoles, antes pobres pescadores, que habían de predicar el Evangelio en todo el mundo.

  Los Judíos, que esperaban un Mesías rey de gloria y de poder terrenal, no podían comprender al Enviado de Dios para predicar la paz y la caridad; Jesucristo murió ignominiosamente en una cruz regenerando con su sangre al género humano.

4. Fundación de la iglesia. — Jesucristo dejó fundada su Iglesia, encomendando a sus discípulos la predicación del Evangelio a todos los hombres. El príncipe de los Apóstoles, san Pedro, convierte en Jerusalén algunos miles de Judíos; san Esteban muere apedreado, y es el primer mártir de la fe cristiana; pero su martirio es grandemente provechoso para la religión; uno de sus perseguidores, Saulo, se convierte y viene a ser con el nombre de Paulo, el apóstol de los gentiles. 

  Nueva persecución aflige a la naciente iglesia, en la que pierde la vida Santiago el Mayor obispo de Jerusalén. Comienza san Pablo la predicación a los gentiles: los Apóstoles se reúnen en Jerusalén fijando el símbolo de la fe, y después se separan para anunciar la Buena Nueva a todos los pueblos.

  San Pedro funda la iglesia de Antioquía y otras en el Asia Menor, y viene a establecerse en Roma, san Pablo extiende el Evangelio por Siria, Asia Menor, Macedonia y Grecia, es conducido preso a Roma, donde contribuye con san Pedro a la organización de las iglesias de Italia. Ambos perdieron la vida en la primera persecución general en tiempo de Nerón.

5.  Causas que favorecen la propagación del cristianismo. — El cristianismo, como todas las ideas que han de aplicarse al hombre y a la sociedad, encontró elementos y condiciones que favorecían su desarrollo, así como tuvo que vencer grandes obstáculos de todo género para su propagación.

  Es indudable que los acontecimientos históricos habían venido a colocar el mundo en las mejores condiciones para la difusión de la nueva religión. Entre estas condiciones deben citarse: 1ª La unidad política de tantos pueblos sometidos al Imperio romano, con la facilidad y seguridad de las comunicaciones; 2ª la extensión de la lengua griega en todas las regiones orientales hasta la India, y de la latina en las occidentales; 3º la decadencia del politeísmo y la falta de creencias en las clases elevadas de la sociedad; 4º El conocimiento de la unidad de Dios y de la espiritualidad e inmortalidad del alma humana, profesados por los grandes filósofos de la Grecia, e introducidos en Roma por los estoicos y epicúreos; 5º la sublimidad de la doctrina cristiana, y la pureza de costumbres, y caridad inagotable de los primeros cristianos; y 6º el valor extraordinario y el heroísmo de los mártires, que naturalmente despertaba la admiración y el deseo de imitarlos.

6. Causas que se oponen a la propagación del Evangelio. — Pero juntamente con estas causas que le favorecen, encuentra el cristianismo grandes obstáculos que se oponen a su desarrollo. Entre otros citaremos: 1º la superstición romana, principalmente extendida en el pueblo ignorante; 2º la corrupción de costumbres, la relajación de los vínculos sociales, hasta los hábitos y diversiones paganas, como las fiestas del circo, que el paganismo consentía y toleraba, que el cristianismo tenia que reprobar y combatir; 3º el natural apego de los pueblos a las antiguas instituciones por absurdas que sean, o gastadas que estén, el recelo y desconfianza con que siempre son recibidas las nuevas ideas, cuya bondad se desconoce; 4º los grandes intereses creados al amparo del paganismo que se habían de lastimar con la adopción del cristianismo; 5º la profunda diferencia entre el paganismo, religión puramente exterior y formal, y el cristianismo, que tiende ante todo a la reforma interior del hombre; 6º las calumnias que se levantaron contra los primeros cristianos, fácilmente propaladas por la clase de vida que hacían; 7º el orgullo de los sabios y filósofos que se creían superiores a todos los hombres por su inteligencia ; 8º las persecuciones de los emperadores, y 9º las herejías.

  Persecuciones contra los cristianos. Durante los tres primeros siglos el cristianismo se vio casi constantemente perseguido, tanto por el pueblo cuyas supersticiones echaba por tierra la nueva religión, como por los emperadores romanos, que, siendo jefes de Estado, tenían sus intereses ligados con el paganismo.

  Las persecuciones más notables fueron diez, y duraron desde el año 69 en tiempo de Nerón, hasta el 313 en que, por el edicto de Milán, Constantino concedió la paz a la Iglesia.

  La primera fue motivada por el incendio de Roma debido tal vez a una de tantas excentricidades de carácter de Neron, pero que éste imputó a los cristianos en ella perdieron la vida san Pedro y son Pablo. La segunda persecución se verificó en tiempo de Domiciano, siendo por ella desterrado san Juan Evangelista a la isla de Patmos, donde escribió el Apocalipsis.

  Durante el siglo II tuvieron lugar las persecuciones ordenadas por Trajano y Marco Aurelio: en el III las de Septimio Severo, Maximino, Decio, Galo y Valeriano y en el IV la de Diocleciano.

  Con las persecuciones el número de los fieles se aumentó de tal manera que, aun antes de Constantino, las comuniones cristianas se extendían por todo el Imperio y por algunos países más allá de sus fronteras.

7. Triunfo del cristianismo. — Constantino hijo de Constancio Cloro grandemente afecto a los cristianos, y de santa Helena, dio la paz a la Iglesia por su edicto del año 313.

  Pero no se limitó Constantino a permitir a los cristianos el libre ejercicio de su religión, sino que concedió a la Iglesia bienes y edificios, y al clero los privilegios que hasta entonces habían tenido los sacerdotes paganos. Desde entonces se extiende rápidamente la influencia del cristianismo, contribuyendo eficazmente a moralizar las costumbres, haciendo desaparecer los combates del circo, mejorando el trato a los esclavos, suavizando los excesos de la patria potestad, y favoreciendo a los pobres y desheredados.

   8.  Las herejías. — Desde el tiempo de los apóstoles comenzaron algunos cristianos a separarse en puntos más o menos importantes de la doctrina de la Iglesia. Estos errores recibieron el nombre de herejías, y herejes los que las profesaban.

  Las primeras herejías eran una mezcla del mosaísmo y cristianismo. Las más importantes en aquel tiempo fueron la de los Ebionitas, que no admitían la divinidad de Jesucristo, y la de los Nazarenos que lo consideraban con un ser superior engendrado en una virgen. Aparecieron después los Gnósticos que admitían una inteligencia común en la doctrina cristiana, y otra superior que sólo comunicaban a los iniciados; y profesaban la eternidad de la materia origen del mal, al lado de Dios que es el origen del bien. Los Maniqueos debieron su origen a un mago persa, llamado Mani, y profesaban la existencia de dos principios, iguales y opuestos, Ormuz y Arimanes, el bien y el mal, Dios y el demonio, negando además la realidad del cuerpo y de la vida de Jesucristo.

  Además del gnosticismo y el maniqueísmo, que pretendían conciliar el cristianismo con el mazdeísmo, apareció a principios del siglo III el Montanismo, que negaba a la Iglesia el poder para perdonar los pecados graves, y profesó un falso ascetismo y una disciplina exagerada.

  Pero la más importante de las herejías en aquellos tiempos fue el Arrianismo, llamado así de Arrio su fundador, sacerdote de Alejandría, el cual negaba la divinidad de Jesucristo, afirmando que no era de la misma esencia de Dios, sino hijo de Dios por adopción. Arrio se atrajo a Eusebio obispo de Nicomedia; pero fue combatido enérgicamente por san Atanasio y Constantino para terminar aquellas luchas, de acuerdo con el Papa, convocó el primer concilio ecuménico en Nicea, que condenó el arrianismo, definiendo que el Hijo de Dios es no creado, sino engendrado desde la eternidad, de la esencia del Padre, y circunstancial al Padre. El Arrianismo se propagó entre los pueblos bárbaros, que lo profesaron por algunos siglos.

9.   Organización de la iglesia. — Para vencer tantos obstáculos y cumplir su misión de salvar a los hombres, necesitaba La Iglesia una organización fuerte y poderosa; Jesucristo había sentado los elementos esenciales de esa organización, y los apóstoles completaron su desenvolvimiento.

  Las primeras comuniones cristianas tenían una organización democrática, en cuanto los presbíteros (ancianos) y los diáconos (ministros), eran presentados por el pueblo, para que fuesen consagrados por los obispos. Esta consagración estableció la diferencia entre el clero y los legos.

  Los obispos (inspectores), jefes de los presbíteros y diáconos, eran designados por, los Apóstoles y estaban encargados de conservar pura la doctrina y la disciplina eclesiástica. Los obispos eran entre si iguales; pero para el mejor servicio de La Iglesia, formaron agrupaciones sometidas al que residía en la capital de la provincia, que tomó el nombre de Metropolitano o Arzobispo entre éstos alcanzaron mayor importancia los de Jerusalén, Antioquía, Alejandría y Roma.

  La primacía sobre los Patriarcas, Arzobispos y Obispos era inseparable de san Pedro, designado por el mismo Jesucristo como el príncipe de los Apóstoles. Por esta razón, desde que san Pedro estableció su Silla en Roma, fue considerada como el centro de unidad del cristianismo.

  Para el mejor servicio de la iglesia se instituyeron: Sínodos o Concilios, especie de asambleas de los obispos de una provincia y en los casos más graves y que se relacionaban con toda la cristiandad, estas asambleas tenían un carácter general, llamándola concilios ecuménicos, el primero de los cuales fue el de Nicea, donde se condenó el arrianismo, y se redactó el Símbolo de la fe.

  La organización de la Iglesia separó la jerarquía eclesiástica del común de los fieles; pero fue un poderoso estimulo para atraer al cristianismo las clases poderosas de la sociedad.

10.  Influencia del cristianismo en el mundo romano. — El cristianismo extendido por todo el imperio en medio de las persecuciones, y más todavía cuando Constantino dio la paz a la Iglesia, comenzó a ejercer una influencia bienhechora en la sociedad romana.

  En primer lugar se dejó sentir su acción en las costumbres. La pureza de la moral cristiana y las virtudes de los primeros cristianos, contribuyeron en gran manera a modificar la espantosa corrupción en que vivían los romanos como puede notarse por la desaparición de los sangrientos espectáculos de los gladiadores en el circo; por el mayor número de esclavos que recibieron la libertad, suavizándose la condición de los otros; por el establecimiento de relaciones más humanas en la familia, entre el marido y la mujer, y el padre y los hijos.

  Sin embargo, es forzoso reconocer que los vicios de la sociedad romana estaban demasiado arraigados para que pudieran desaparecer en tan poco tiempo. A pesar de los generosos esfuerzos de algunos emperadores, que procuraron con su conducta y con sus disposiciones, aplicar los saludables principios de la moral cristiana, el egoísmo y la corrupción continuaron imperando en el pueblo romano, llevándolo por fin a la ruina y a la muerte.

11.  Influencia del cristianismo en la humanidad. - Los grandes hechos humanos, que llevan en la historia el nombre de revoluciones, no pueden, ni deben apreciarse por los resultados inmediatos, que muchas veces son contrarios a la misma idea que los ha producido; es necesario darles el tiempo necesario para que se desenvuelvan, y desarrollen pacíficamente sus naturales y lógicas consecuencias y ese desarrollo es tanto más lento, y las verdaderas consecuencias tanto más lejanas, cuanto más honda y profunda es la renovación social que la revolución ha de realizar.

  Esto sucede precisamente con el cristianismo, que representa la revolución más grande que han visto los siglos. Andaríamos muy descaminados si lo juzgásemos históricamente por la influencia que en los primeros siglos ejerciera en la humanidad; las consecuencias de la doctrina evangélica se han venido desenvolviendo desde Jesucristo acá, en el espacio de diez y nueve siglos, y lejos de estar agotadas, darán sus frutos más sazonados en el porvenir. Y si, como historiadores, no nos es dado penetrar en la marcha futura de la humanidad, podemos, sin embargo, apreciar la influencia del cristianismo en los destinos humanos, examinando los beneficios que nuestra sociedad actual ha reportado de la religión, comparándola con el estado de la humanidad en la edad antigua.

  La antigüedad gemía bajo el peso de la desigualdad nacida del politeísmo. La pluralidad y jerarquía de los dioses paganos había sancionado entre los hombres la horrible institución de las castas, y la no menos inhumana de la esclavitud. La más irritante desigualdad domina en todas aquellas sociedades: la mayor parte de la humanidad vive envilecida y abyecta por la cruel explotación de las clases privilegiadas. Jesucristo, predicando la unidad de Dios, y la consiguiente igualdad de las criaturas, vino a redimir a tantos desgraciados, levantándolos de su miserable estado, y dignificándolos con el santo nombre de hermanos en Dios. Desde entonces existe la fraternidad humana en La Tierra: tardará más o menos tiempo en abrirse paso en las conciencias, en realizarse en la vida; pero la semilla está arrojada, y mas tarde o más temprano dará sus frutos, y la gloria de tan grandioso resultado pertenece por completo al cristianismo.

  Y lo que decimos de la igualdad y fraternidad humanas, hay que repetir sobre la libertad del hombre que es su legítimo corolario. Que si hoy la esclavitud ha desaparecido, y la mujer se ha dignificado, y la libertad civil es un hecho, y la libertad política se va abriendo paso en todas las naciones civilizadas, no hay que olvidar que la primera idea de la emancipación del hombre, y el reconocimiento primero de sus derechos personales, como tal hombre, se encuentran consignadas en el Evangelio.

   Cuando una religión domina por largo tiempo en la sociedad, una gran parte de la civilización es debido seguramente su influencia. Así es que al cristianismo que viene dirigiendo los pueblos europeos hace diez y nueve siglos, es justo atribuirle una gran participación en el estado actual de la humanidad. No será, pues, aventurado afirmar que el cristianismo, reemplazando al paganismo, ha realizado el mayor progreso de la historia; y que ha sido la ley de vida en el pasado, y lo será en el porvenir.

RESUMEN DE LA LECCIÓN XX.

—1. El cristianismo considerado como hecho histórico merece una atención preferente por haber sido el que más ha influido en los destinos de la humanidad.

—2. Las peregrinas fábulas mitológicas no podían satisfacer la necesidad de fe y de creencias en los pueblos civilizados; y la pluralidad de los diosas produjo la desigualdad entre los hombres, creyéndose unos de diferente naturaleza que los otros y de aquí nació la corrupción de costumbres; y la general esperanza y la común expectación de un acontecimiento grande que regenerase la sociedad.

—3. En estas circunstancias nació Jesucristo en Belén, ciudad de Judea vivió en el retiro 30 años, comenzando entonces su predicación, eligiendo entre sus numerosos discípulos los doce Apóstoles. Jesucristo fue desconocido por los judíos, y sufrió la muerte en una cruz regenerando con su sangre al género humano.

—4. Jesucristo dejó fundada su Iglesia encomendando a sus discípulos la predicación del Evangelio, bajo la dirección de san Pedro. El martirio de san Estiban fue motivo para la conversión de san Pablo, que vino a ser el apóstol de los gentiles. Los Apóstoles fijaron el Símbolo de la fe, y comenzaron la predicación, distinguiéndose entre ellos San Pedro y san Pablo.

—5. La propagación del Evangelio fue favorecida por la extensión del Imperio romano, y de las lenguas griega y latina por el descrédito en que había caído el politeísmo: por el conocimiento de ciertas verdades, debido a los grandes filósofos; por la sublimidad de la doctrina cristiana y el heroísmo de los mártires.

—6. Pero la nueva religión tuvo que vencer grandes obstáculos; como la superstición del pueblo romano, la corrupción de costumbres, el apego natural a las instituciones antiguas, los intereses creados al amparo del paganismo, el orgullo de los sabios, las persecuciones y las herejías.

—7. Las persecuciones generales fueron diez, y duraron desde el 69 en tiempo de Nema, hasta el 313 en que Constantino dio la paz a la Iglesia por el edicto de Milán. En la primera fueron martirizados san Pedro y san Pablo.

—7. Constantino favoreció considerablemente al cristianismo, concediendo bienes y edificios a la iglesia, y al clero los privilegios que antes tenían los sacerdotes paganos. Desde entonces se extendió rápidamente la influencia del cristianismo en la sociedad romana.

— 8. Las herejías en tiempo de los Apóstoles tendían a conciliar el Cristianismo con el judaísmo; después los Gnósticos y Maniqueos procuraban armonizar el Cristianismo con el mazdeísmo; pero la herejía más importante en aquellos tiempos fue el arrianismo, que fue combatido por san Atanasio y condenado en el Concilio de Nicea, y que se extendió entre los pueblos bárbaros,

—9. Las primeras comuniones cristianas estaban en cierto modo organizadas democráticamente. Existía la distinción entre el clero y los legos; los presbíteros y diáconos estaban subordinados a los obispos, y éstos a los metropolitanos, entre los cuales tuvo la primacía el de Roma. Para arreglar los asuntos de La Iglesia se reunían los Sínodos o Concilios.

—10. La influencia del cristianismo se dejó sentir en las costumbres romanas, suavizando la esclavitud, desterrando los espectáculos del circo, etc., pero los vicios de la sociedad romana estaban demasiado arraigados para desaparecer en tan poco tiempo.

—11. Para apreciar históricamente el cristianismo hay que examinar los beneficios que la sociedad actual ha reportado de la religión, comparándola con la sociedad antigua. En la antigüedad domina la desigualdad, derivada del politeísmo, y Jesucristo vino a establecer la fraternidad y la igualdad, y como corolario la libertad, emancipando al hombre y reconociendo sus derechos personales. El cristianismo ha realizado el mayor progreso de la historia; ha sido la ley de vida en el pasado y lo será en el provenir. 

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