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Pertenecían
a la raza mongólica, procedían de las estepas de Asia y
llevaban una vida nómada. Estas tribus, que en un
principio habían estado sometidas a unos príncipes del
Asia central, constituyeron más tarde un gran imperio que se
extendía desde el Cáucaso hasta el Elba.
Parece ser que al
verse empujados por la expansión china, los hunos se retiraron
hacia el Oeste y cayeron sobre los alanos y demás pueblos
godos, los cuales, a su vez, huyeron hacia el Oeste. Un
historiador antiguo los describe así: "Los hunos son de baja
estatura, anchos de hombros, robustos los miembros y grande la
cabeza.
Viven como animales. Se alimentan de raíces, plantas
silvestres y de carne que maceran entre sus muslos y el lomo
de sus caballos. Una túnica de lino o de pieles de rata es su
vestidura, que no se quitan hasta que se les pudre sobre el
cuerpo. Se diría que están clavados sobre sus feos pero
resistentes caballos. Son crueles y feroces."
El caudillo de los hunos fue un
guerrero legendario que vivió a mediados del siglo V,
llamado Atila. De él se cuenta que se
dirigió hacia Occidente y atravesó el Rin al frente de medio
millón de guerreros, mientras los pueblos huían ante él
aterrorizados. Sin hallar apenas resistencia, llegó a Orleans,
donde el "magister militum" Aecio, en unión del rey visigodo
Teodorico, habían reunido bajo su mando a las legiones galo
romanas, a los visigodos, burgundios y francos.
Librase una
gran batalla en los Campos Cataláunicos (o Campos Máuricos),
donde los hunos fueron vencidos en la jornada más sangrienta
que
registran los anales antiguos. Sobre el campo de batalla
quedaron más de 180.000 hunos. Atila volvió a Germania y al
año siguiente invadió Italia, llegando hasta las puertas de
Roma. El papa León salió a su encuentro, le instó a que
respetara la ciudad y Atila se retiró, aunque se cree que fue debido a
una plaga mortal que asolaba toda esa zona.
La muerte le sorprendió
cuando intentaba realizar un nuevo ataque contra Bizancio
(453). No es cierto que Atila fuera una bestia salvaje ni
tampoco el "azote de Dios", ni que donde pisaba su
caballo no volvía a crecer la hierba. Tales
apelativos le fueron aplicados por el pánico que producían sus
avances. La capital de su imperio fue Panonia (cerca de la
moderna Tokai). En esta ciudad se desplegaba tanto lujo y
magnificencia como en Roma, Constantinopla y Ravena.
Las
esposas de los poderosos usaban joyas de gran valor hasta el
punto que era cosa corriente llevar incrustadas perlas en los
zapatos. Atila, sin embargo, vestía como un pastor y comía en
vasija de madera. Su imperio, basado en la energía y el
prestigio de su persona, se disgregó a raíz de su muerte.
Casi al mismo tiempo, desaparecía el Imperio Romano de
Occidente. En el año 476, Odoacro, rey de los
hérulos, destronó al último emperador de Occidente,
Rómulo (conocido por el apodo de "Augústulus"). Desde
este momento los reyes
bárbaros se convirtieron en soberanos de los
romanos.
Fuente Consultada:
Consultora Tomo 7 |