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Gobernante
enérgico y eficaz, Augusto fue el verdadero fundador del Imperio romano, aunque
nunca adoptó el título real, sino que mantuvo la ficción republicana. Durante su
mandato, el ámbito mediterráneo vivió una etapa de tranquilidad y prosperidad,
la denominada Pax romana, auténtica edad dorada de esta civilización
Juventud y triunvirato
Cayo
Octavio, nacido el 23 de septiembre de 63 a. C. en Roma, era hijo de un pretor y
de África, sobrina de César, quien impulsó los comienzos de la carrera política
del joven Octavio. Recibió la noticia de la muerte del dictador (44 a. C.)
mientras completaba su formación en Apolonia. Vuelto a Italia, descubrió que
César lo había adoptado y nombrado su principal heredero, y acudió a Roma, donde
tuvo que hacer frente a las intrigas de los senadores. Cicerón trató de
utilizarlo y Marco Antonio, sucesor político de aquél, de arrebatarle su
herencia. Octavio adoptó el nombre de Cayo Julio César Octaviano y, maniobrando
hábilmente, logró ganarse la confianza del Senado (convencido por Cicerón> y la
estima de los soldados de César; obtuvo así su nombramiento como senador y como
cónsul (43) y consiguió expulsar a Marco Antonio de Italia. No obstante, ese
mismo año alcanzó un acuerdo con éste, y con Lépido, otro de los antiguos
partidarios de César, para formar un segundo triunvirato de dictadores —el
primero fue el constituido por Pompeyo, César y Craso—, repartiéndose el poder.
Los triunviros decretaron la divinidad de César, lo que convirtió a Octaviano en
hijo de un dios, y se dedicaron a perseguir y eliminar a los enemigos de César,
entre ellos Cicerón; Bruto y Casio, los asesinos, fueron derrotados en Filipos
(42).
A
partir de ese momento, Lépido fue progresivamente alejado del poder y relegado a
África, mientras Antonio asentaba su autoridad en Oriente y Octaviano se quedaba
con Occidente. Allí tuvo que hacer frente a la rebelión de Sexto Pompeyo (hijo
de Pompeyo el Grande), al tiempo que su rivalidad con Antonio se hacía más
patente cada día. La presión del ejército obligó a ambos a firmar un nuevo pacto
en Brindisi (40>, y Antonio se casó con Octavia, hermana de su rival, a pesar de
que SU relación con la reina Cleopatra de Egipto era ya conocida. Octavio, por
su parte se casó con la viuda Livia Drusilla, lo que le permitió conseguir
apoyos en los círculos más selectos de la nobleza romana.
Poco
después cambió el equilibrio de fuerzas. Antonio fracasó en su expedición contra
los partos, mientras Marco Agripa, almirante de Octaviano, derrotaba
definitivamente a la flota de Sexto Pompeyo en el cabo Nauloco (36).
Lépido
trató de enfrentarse a su creciente poder, y fue depuesto como triunviro, aunque
conservo el cargo sacerdotal de pontífice máximo. Desde ese momento, Octavio
emprendió una cuidadosa campaña de propaganda, presentándose como defensor de
las libertades y tradiciones romanas; recibió el cargo de tribuno vitalicio
(importante porque le otorgaba influencia sobre la plebe romana) y el título de
¡mperator, que normalmente le concedía a los generales victoriosos.
Además, presentó a Antonio, que acaba por divorciarse de Octavia, como un
traidor al espíritu de Roma, llegando incluso a mostrar como prueba su
testamento, en el que hacía concesiones territoriales a a (33). La ruptura era
inevitable, y ambos líderes se prepararon para el inminente enfrentamiento.
En
el año 31, la flota de Octavio, mandada por Agripa, venla la de Antonio y
Cleopatra en la batalla naval de Accio. Los amantes se suicidaron al año
siguiente, cuando las tropas de su enemigo entraron en Egipto. El vencedor
ejecutó también a Cesarión, el hijo de César y Cleopatra, y se adueñó del país.
Gracias al tesoro egipcio pudo pagar a su ejército y convertirse en el nuevo amo
de todo el mundo grecorromano.
El principado
A
partir de ese momento se dedicó a organizar con una paciencia y una habilidad
extraordinarias el nuevo régimen. Licenció a la mitad de las legiones,
repartiendo al resto en las provincias fronterizas, que mantuvo bajo su control,
mientras los territorios pacificados eran cedidos a la autoridad del Senado,
institución que quedó reducida a 600 miembros y de la que se hizo nombrar
presidente (princeps Senatum).
A
pesar de que retuvo el poder efectivo en sus manos, su prudencia y la
experiencia de las guerras civiles le hicieron mantener la apariencia de un
régimen republicano. Entre 31 y 23 a. C. basó su autoridad en su designación
interrumpida Como cónsul, y en 27 se hizo nombrar gobernador por diez años de
Hispania, Galia y Siria, donde se acantonaba la mayor parte del ejército. Añadió
también a su nombre el de «Augusto», dotado de un halo religioso y sobrehumano,
que se completó cuando asumió el pontificado máximo tras la muerte de Lépido (12
a. C.).
Se
preocupó por establecer el orden en las provincias, e incluso dirigió
temporalmente la guerra contra los cántabros (27-19) y contra las tribus alpinas
(26-14), al tiempo que convertía Mauritania en un reino aliado. En 23, su
crónica mala salud hizo temer por su vida. Abandonó entonces el mecanismo de los
consulados sucesivos, recibiendo el imperium proconsular con carácter vitalicio,
al que asoció a su colaborador Agripa.
Éste fue el encargado de dirigir las
impresionantes obras públicas y monumentales de Roma, que contribuyeron a su
gloria tanto como los elogios de los grandes escritores de la época, Horacio,
Tito Livio y Virgilio, ganados para SU Causa por su amigo Mecenas, conocido
protector de artistas.
La búsqueda de un sucesor
El
año 23 moría el sobrino de Augusto, Marcelo, casado con su hija Julia y previsto
como su sucesor; dos años después Agripa ocupaba su puesto, tanto como esposo de
julia como en el terreno político. Mientras, Augusto aumentaba su prestigio al
alcanzar la paz con los partos (20), al tiempo que Agripa completaba el
sometimiento de Hispania (19). Por esa época, Augusto se embarcó en un esfuerzo
por restaurar los valores de la antigua sociedad romana en la institución
familiar, la moral y la religión.
También trató de asegurar la continuidad de su
obra, y dado que no tenía descendencia masculina, adoptó a los hijos de Agripa,
Cayo y Lucio, y otorgó importantes cargos a sus hijastros Druso y Tiberio —hijos
del primer matrimonio de su mujer Livia—, que quedaron encargados de dirigir al
ejército en la anexión de los territorioS al norte de los Alpes.
En
esta misma época incrementó el número de sus auxiliares en las tareas
administrativas, principalmente procedentes de la clase media de los caballeros,
germen del futuro aparato burocrático romano. Se reorganizó el sistema monetario
y aumentó la efectividad del fiscal, lo que se tradujo en una hacienda fuerte y
constituyó una favorable influencia en el comercio, alentado también por la paz
generalizada y la mejora de las comunicaciones.
El
año 12 a. C., el mismo en que Augusto adoptó la máxima dignidad sacerdotal,
Agripa murió, obligando al princeps a apoyarse aún más en sus hijastros Druso Y
Tiberio, y casando a la fuerza a este último con su hija Julia, nuevamente
viuda. Druso fue enviado a conquistar Germania, donde murió en 9 a. C., mientras
su hermano sometía Panonia (actual Hungría). Mecenas falleció al año siguiente,
hecho que aumentó la soledad de Augusto. Investido con el título de «padre de la
patria», introdujo a sus nietos Cavo y Lucio en la vida pública lo que nrovocó
el resentimiento Y
tiro
de Tiberio. La prematura muerte de ambos jóvenes, sin embargo, hizo que volviera
a la actividad política y fuera adoptado por Augusto, al tiempo que él taba a su
sobrino Germánico, convirtiéndose en la mano derecha y en sucesor viejo
gobernante (4 d. C.). Tiberio y Germánico fueron enviados a completar la
conquista de Germania, pero la rebelión desatada en Panonia e Iliria forzó su
retorno -tardarían tres años en sofocarla. El caudillo germano Hermann aprovechó
esta circunstancia para unir a varias tribus y asestar un terrible golpe a la
presencia romana en Germania. Augusto frenó el avance en el territorio y Tiberio
y Germánico fueron encargados de asegurar la frontera del Rhin.
En
los últimos años de Augusto su actividad administrativa prosiguió, especial-te
en Roma, donde organizó una brigada urbana de extinción de incendios, con iones
policiales, y convirtió el cargo de prefecto de la ciudad en una magistratura
permanente. También creó una tesorería militar para poder pagar las licencias de
veteranos, y en las provincias, se anexionó Judea (6 d. C.) tras la muerte de su
antiguo aliado, Herodes el Grande.
En el
año 13 se renovaron sus cargos por una década, y Tiberio fue equiparado él en
todos los ámbitos. Ese mismo año depositó su testamento y su autobiografía (Res Gestae DIvii Augustíi) en el templo de las vestales. Tras su fallecimiento,
un año más tarde, fue divinizado por el Senado.
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