AUTOESTIMA Y LA FELICIDAD, Su Importancia
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La Autoestima y la Felicidad 	Importancia en la vida
 

 

 

 

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Anna O. (I) - Primera Paciente Padres Brillantes, Maestros Fascinantes Psicología Social

Hasta que punto la buena o mala opinión que uno tiene de sí mismo es culpable del fracaso escolar, la delincuencia o las adicciones?

El bienestar emocional de Marta Gómez, de 31 años, depende casi por completo de cómo se siente respecto de su apariencia física.

A pesar de que es delgada y atractiva, está profundamente influenciada por los cánones de belleza que aparecen en los medios de comunicación, y se impone criterios estéticos extremadamente exigentes —e inalcanzables— cuando se mira en el espejo. Marta está convencida de que cualquier descuido en su imagen corporal, como unos kilos de más o una mancha en la piel, puede socavar irreversiblemente sus relaciones sociales y laborales.

Enrique Castell, un economista de 35 años, es un perfeccionista absoluto, debido al sentimiento de incompetencia que lo persiguió durante toda su vida. En el trabajo, planifica con meticulosidad las tareas que emprende, para evitar cualquier error. Es incapaz de delegar tareas en sus compañeros y, cuando no le queda otra alternativa que hacerlo, el control se vuelve asfixiante: supervisa todo el proceso para asegurarse de que se hace de acuerdo con su plan, y cualquier crítica del subordinado desata su ira, ya que es percibida como un ataque personal o un desafío a su autoridad.

Castell sólo se siente satisfecho consigo mismo silos resultados están al mismo nivel que su ideal de perfección. Cada vez que algo no sale como estaba planeado en la oficina, situación que ocurre con relativa frecuencia, aflora su trauma de incapacidad. Además, el temor al fracaso hace que eluda los desafíos en los que hay que asumir riesgos, lo que abona su obsesiva sensación de incompetencia.

Álvaro encuentra comprensión en su banda Álvaro tiene 16 años y repitió el Polimodal. Está desmotivado; sus padres nunca lo felicitan por sus logros y siempre lo comparan con sus otros dos hermanos más aplicados y responsables.

Además, Alvarito, como lo llaman en su casa, es sensible, tímido y desgarbado, lo que lo convierte en el blanco de agresiones físicas y bromas pesadas por parte de sus compañeros. Pero en los últimos tiempos, la situación cambió. Conoció a una banda de chicos también frustrados. Bebe alcohol, fuma marihuana y participa en violentas peleas para ser aceptado. Dentro del grupo, se siente seguro y con un estatus que nunca alcanzaría fuera de él.

Marta, Enrique y Álvaro tienen básicamente un mismo problema psicológico que los hace infelices: están atormentados por la idea de que sus defectos, reales o no, los convierten en personas menos valiosas. Sin duda alguna, su nivel de autoestima está por el piso. ¿Pero qué es la autoestima? ¿De qué manera influye en nuestras vidas? ¿Nacemos con ella o la adquirimos? ¿Puede debilitarse? Y si es así, ¿es posible reforzarla?

Los psicólogos coinciden en subrayar que la autoestima es, ante todo, un producto de las experiencias vividas en la niñez y la adolescencia. “De forma sencilla, puede definirse como la percepción equilibrada de nuestros puntos fuertes y débiles, esto es, el reconocimiento objetivo de uno mismo, aceptando lo bueno y lo malo de nuestra personalidad”, dice el psicólogo español Enrique García Huete.

LA AUTOESTIMA SE LESIONA EN LA ADOLESCENCIA:
La Mayor parte de los psicólogos coinciden en afirmar que la autoestima es en parte un producto de la experiencia vividas en la adolescencia y que en la edad adulta zozobra. Algunos de los factores que pueden influir en forma perniciosa en la imagen que amamos de nosotros mismos son los siguientes:

El afecto condicionado: “Te quiero ¡Te aceptamos en el grupo si...”

La sobreprotección paterna, sobre todo cuando está dirigida a cubrir una debilidad o incapacidad del hijo que la recibe.

Ser receptor habitual de amenazas y abusos.

Ser el blanco de la crítica excesiva, la humillación y el ridículo.

Crecer en una familia con baja autoestima.

Crecer en una familia muy exigente.

Esperar de uno mismo logros inalcanzables.

Ser alentado para estar siempre pendiente de lo que puedan pensar los demás de uno mismo.

Ser comparado con los hermanos, amigos o personas de la misma edad que se destacan por algo: “Deberías aprender de Fulanito, que...”

La exclusión de un grupo por no adecuarse a él por cualquier motivo.

La imposición paterna de actividades, como la participación en deportes competitivos o el aprendizaje de un instrumento musical, no compatibles con el talento o los deseos del niño.

Hay que tener mucho amor propio

La autoestima sólo se entiende si se consideran dos elementos psíquicos: por una parte, el auto concepto o conciencia que cada persona tiene acerca de sí misma, es decir, cuáles son los rasgos de su identidad, cualidades y características más significativas, para bien o ara mal, de su manera de ser; por otra, el amor propio, un sentimiento tan fundamental como legítimo de aprecio hacia nuestra propia persona que sirve de acicate para relacionarnos socialmente y fijarnos metas en la vida. La imagen que construimos acerca de quiénes somos o cuál va a ser nuestra identidad, la elaboramos mediante la conducta que desarrollamos.

Por otra parte, cuando la interpretación que efectuamos de nuestra persona o que percibimos que los demás hacen de nosotros aparece distorsionada, la autoestima corre el riesgo de desmoronarse. “La mayoría de las personas, en algún momento de su vida, sufrirá una cierta disminución de la autoestima. El espectro abarca desde aquellos cuya creencia en sí mismos sólo flaquea ante graves presiones o profundas crisis existenciales hasta quienes dudan de si en todo momento y en toda circunstancia. Son escasos los individuos cuya autoestima es tan sólida que pueden resistir todos los embates imaginables”, asegura el escritor John Caunt en su libro Eleve su autoestima.

Una persona de éxito escondida detrás de una mascara

De hecho, más de uno se sorprendería al comprobar que gente considerada exitosa y segura de sí misma se siente en realidad un fraude, un fracaso o no suficientemente valiosa. No le sobra razón a Caunt cuando advierte que muy pocos son inmunes a este daño, pero aquellos que tienen una imagen negativa de sí profundamente arraigada poseen antenas más sensibles y son menos aptos para defenderse de los golpes de la vida.” Además, los individuos con la autoestima herida son un blanco fácil para quienes intentan contrarrestar sus propios sentimientos de inferioridad controlando a los demás.

“Una baja autoestima o una percepción errónea de sí mismo conduce inexorablemente a miedos, inseguridades, temores, frustración e incluso, según el grado, aislamiento”, comenta García Huete. La situación contraria es igualmente válida. “La persona con la autoestima sobrevalorada —agrega este psicólogo— es incapaz de hacer una atribución interna del fracaso: la falla siempre está en los demás o tal vez en mala suerte”.

La ventaja de que sea equilibrada

Como no podía ser de otra manera, el equilibrio está en el medio. La autoestima armoniza permite conocernos y aceptarnos tal como somos, consolidar y nutrir nuestra imagen interna mantener la motivación ante las adversidades y afrontar nuevos desafíos y aspiraciones.

Nadie niega el hecho de que autoestima desempeña un papel nada despreciable en la salud psíquica. De ahí, el interés de los psicólogos por preservarla y potenciarla, sobre todo en una sociedad como la nuestra marcada por estrés, la competitividad, la presión laboral, la crisis de valor éticos y unos estereotipos social inalcanzables para la mayor p te de la gente. Ahora bien, si u idea sólida de nosotros mismos fuente de tantos beneficios, cabe preguntarse lo siguiente: ¿la baja autoestima conlleva a trastorno psicológicos individuales y, por ende, sociales?

Fuente de todos los males de la sociedad

Durante bastante tiempo, un considerable grupo de expertos argumentó que es posible mejorar la condición humana con el refuerzo de la autoestima. Partiendo de esta premisa, el gobernador de California, George Deukmejian, puso en marcha en 1987 un programa estatal con el objetivo de elevar la autoestima de todo el Estado. Su impulsor, el entonces miembro de la cámara regional John Vasconcellos, defendía la tesis de que con el estímulo de la autoestima de los jóvenes se alejaba el fantasma de la drogadicción, la delincuencia, los embarazos no deseados y el fracaso escolar, entre otros males de la sociedad. Tres años después, se hizo público un informe titulado La importancia social de la autoestima que consideraba que ésta era la vacuna que remediaría todos los males de la sociedad moderna.

De categoría psicológica a derecho adquirido

Aunque el informe tenía poca solidez científica, sus conclusiones se tomaron como ciertas y alentó la aparición de una corriente de pensamiento en esta dirección. Por ejemplo, David Long explicaba en su libro La anatomía del terrorismo (1990) que la escasa autoestima era la piedra angular de todos los actos terroristas, y Gloria Steinem publicó en 1992 Revolución desde adentro: el libro de la autoestima, que se convirtió en la Biblia del movimiento feminista. Paralelamente, las autoridades educativas lanzaron programas destinados a elevar y cimentar la autoestima de los chicos y los empresarios recibían la consigna de que la clave del éxito radicaba en elevar la autovaloración del personal.

Hoy, en cambio, la autoestima no es considerada la solución a todos los males. En efecto, los estudios más recientes señalan que el refuerzo de la autoestima sí aumenta claramente la perseverancia para afrontar un traspié o un fracaso, y favorece las relaciones sociales y el establecimiento de nuevas amistades. “Las personas con una buena imagen de sí mismas seguramente inicien sin especial dificultad conversaciones con desconocidos, mientras que los faltos de autoestima rehúyan tomar esta iniciativa, quizá por miedo al rechazo”, dice García Huete. En cuanto al éxito en el amor, la cuestión no está tan clara. En 2002, la psicóloga Sandra L. Murray y sus colegas de la Universidad de Buffalo, en Nueva York, descubrieron que los faltos de autoestima desconfían de las manifestaciones afectuosas de su pareja y temen constantemente ser rechazados. Pero esto no demuestra que sean más propensos a romper una relación. Más bien sucede lo opuesto: quienes tienen una elevada opinión de sí mismos son más proclives a resolver los conflictos amorosos abandonando a la pareja y buscando otra nueva.

La autoestima no alienta al estudiante a esforzarse más

Desde no hace mucho, se sabe también que un deficiente sentimiento de aceptación y aprecio de uno mismo constituye un factor de riesgo en relación con los trastornos alimentarios, sobre todo en el caso de la bulimia, según algunos investigadores. Y la revisión de varios trabajos psicológicos permite establecer una coherente relación entre la imagen de uno mismo y la felicidad: los individuos con un buen grado de autoestima confiesan ser más felices que los demás y tienen menor riesgo de caer en una depresión.

Por otro lado, los estudios modernos cuestionan la creencia de que una autoestima elevada prevenga el fracaso escolar. No existen indicios que avalen la idea de que aliente a los estudiantes a esforzarse más.

Otro tanto ocurre con el abuso del alcohol y las drogas, donde los trabajos publicados hasta la fecha resultan ambiguos y nada concluyentes. Mientras que unos no indican ninguna relación causal entre la baja autoestima y el alcoholismo y la drogadicción en jóvenes, otros estudios advierten una ilación entre la autoestima desmesurada y el consumo abusivo de alcohol, así como entre el uso ilícito de drogas y la baja autoestima. Por último, las conductas agresivas y la violencia tampoco pueden ser relacionadas, como se creía, a un déficit de autoestima. Contra lo que cabria esperar, algunos investigadores observaron que los que cometen ciertas agresiones pueden tener una opinión bastante buena de sí mismos.

COMO DESARROLLAR LA AUTOESTIMA
1

Conózcase: interesante para usted, sólo así podrá ser interesante para los demás.

2

Aprenda a reírse de Ud. mismo y aceptar los aspectos humorísticos de la vida y de los demás.

3

Adquiera Flexibilidad para poder responder a los desafíos, y no limitarse a los extremos del éxito y el fracaso.

4

Acepte sus miedos e inseguridades

5

Reconozca sus errores, pues no debe estar atado a una imagen de perfección.

6

Incorpore una actitud de apertura hacia nuevas ideas, experiencias y posibilidades.

7

Decida tener tiempo para tareas humanas esenciales, tales como jugar, leer, poner en orden las ideas, tener amigos, amar.

8

Desarrolle un orgullo de pertenencia, la comunidad de origen y el lugar de trabajo no deben verse como fuente de identidad prepotente, sino como raíz valorada y fuente de legítimo orgullo.

9

Permítase pensar más allá de las creencias y los valores convencionales, La auténtica autoestima se basa en la adopción de juicios y conductas que surgen de la propia conciencia de lo que es apropiado decir o hacer.

Es Ud. Una Persona Asertiva?

No es ningún secreto una de las facetas más importantes de nuestra vida son las relaciones sociales. Prácticamente en todas las cosas que realizamos existe un componente de interacción con los demás, ya sea en el ambiente familiar, en el lugar de trabajo y estudios o en los ratos de ocio, que determina en gran medida la consecución o no de la felicidad.

Una de las habilidades sociales fundamentales para interaccionar correctamente con los demás es la asertividad. Se trata de un concepto que ha sido tergiversado por ciertos libros de autoayuda y cursos orientados a cómo cosechar el éxito estando por encima de los demás,

no dejándose apabullar y erigiéndose como un líder nato. Según los psicólogos, la asertividad es una conducta bien distinta a esto. La psicóloga Olga Castanyer la define de esta forma en su libro La asertividad: “Es la capacidad de autoafirmar los propios derechos, sin dejarse manipular y sin manipular a los demás”. El estilo asertivo se halla a medio camino entre el pasivo o sumiso, que es incapaz de defender sus derechos e intereses personales, y el agresivo, que los salvaguarda en exceso sin tener en cuenta los de los demás.

“El que una relación nos resulte satisfactoria -dice Castanyer— depende de que nos sintamos valorados y respetados, y esto, a su vez, no depende tanto del otro, sino de que poseamos una sene de habilidades para responder correctamente y una serie de convicciones o esquemas mentales que nos hagan sentir bien con nosotros mismos.”

Las personas que tienen o aprenden este talento son llamadas asertivas y, sin duda alguna, tiene mucho que ver con la imagen que tenemos de nosotros mismos. “La asertividad hay que situarla muy cerca, como una habilidad que está estrechamente ligada al respeto y el cariño por uno mismo y, por ende, a los demás”, comenta Castanyer en su libro.

Fuente Consultada: Revista Muy Interesante Enrique Coperías
Testo enlazado: Psicoactiva.com

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