La
personalidad de Henry Ford continuó dominando la empresa Ford cuando el anciano
fue asaltado por la senilidad. Se volvió cada vez más desconfiado con sus
subordinados y concedía muy poca independencia a su único hijo Edsel —que había
sido el presidente nominal de la compañía desde 1918—. La debilidad de Ford
residía en la organización de su empresa, si es que puede llamarse
“organización”. Desconfió de los “expertos” y desoyó continuamente las opiniones
de ejecutivos especializados.
Teóricamente, cualquier empleo en Dearborn era
asequible a cualquiera, pero lo’ cierto era que ningún empleo era seguro y
yarios altos ejecutivos de Ford fueron despedidos. William Knudsen, que más
tarde llegó a ser presidente de General Motors, sé marchó en 1921 durante uno de
los clásicos arrebatos que Ford experimentaba ante un bache catastrófico. Esto
era un intento de “limpiar” la organización —el personal administrativo quedó
reducido a la mitad—, se redujeron costes de todo tipo, se comenzó a producir
más a menor precio y se colocaron miles de coches sobre las espaldas de los
desesperados vendedores. Charles Serenson, que había estado íntima mente
relacionado con Ford durante cuarenta años, acabó siendo despedido.
LOS OTROS GIGANTES
Durante la vida de Ford la industria del motor se fue concentrando cada vez más
y, desde su muerte, aún no lo ha hecho más. Las tres firmas más importantes del
mundo son estadounidenses y su volumen de ventas es superior al de todas las
demás firmas reunidas. Todas ellas operan a escala mundial, con filiales en
varios lugares del mundo. En efecto, las compañías automovilísticas se contaron
entre las primeras grandes
multinacionales, ya que Ford y Sloan no tardaron en darse cuenta de
que la proximidad de los mercados, el montaje local y la fabricación dentro de
las barreras arancelarias, podía ser muy beneficiosa.
Ya en
1919, General Motors trató en vano de absorber la empresa francesa Citroen, e
igualmente resultaron vanos sus esfuerzos para adquirir Austin y Morris en
Inglaterra. Pero en 1925 pudieron hacerse con la pequeña empresa inglesa
Vauxhall y, en 1929, adquirieron Adam Opel en Alemania. La expansión mundial de
los gigantes norteamericanos estaba en marcha. Incluso el Holden —“el coche
propio de Australia”, como afirman los anuncios— es un producto de General Motors.
Las empresas estadounidenses dominan la industria mundial del motor, pero,
dentro de cada país en donde existe, ya sea como empresa nacional o como empresa
multinacional, la industria está muy concentrada.
En Italia, por ejemplo, Fiat
tiene un poder arrollador, pues controla tres cuartas partes del mercado
interior, mientras que en Francia unas pocas empresas, Renault —que de hecho
está nacionalizada—, Peugeot y Citroen, acaparan el sector. El enorme mercado
inglés se halla en su mayor parte en manos de cuatro firmas, British Leyland,
Ford, Chrysler y Vauxhall, mientras en Alemania, Ford, Opel y Volkswagen se
reparten la casi totalidad del mercado.
Tal
como se ha visto las firmas automovilísticas se han desarrollado, bien por
crecimiento interno, como Ford, bien por adquisición y fusión, como General Motors. British Leyland fue el resultado en 1968 de la unión de la British Motor
Corporation, casi en quiebra, con la boyante Leyland Motor Corporation,
constituyendo una de las mayores empresas industriales inglesas. La misma
British Motor Corporation había sidó el producto de la unión en 1951 de dos
importantes empresas inglesas, Morris y Austin.
La Austin Motor Company, fundada
en 1906, se adelantó cuatro años a la Morris, mientras Lanchester había
fabricado ya en 1895 el primer motor de coche
enteramente inglés. Pero fue la empresa Monis la que adquirió rápido predominio
entre los fabricantes ingleses, siendo la primera entre todas las firmas
inglesas en hacer la competencia a los gigantes norteamericanos.