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Los pájaros pueden volar, y los hombres han intentado imitarlos, probablemente
aun antes de Ícaro, quien, según la mitología griega, hizo unas alas de plumas
unidas con cera, para escapar del laberinto de Creta, (pero voló tan cerca del
Sol, que la cera se fundió, e Ícaro cayó al mar). Sin embargo, los primeros
vuelos con éxito que recuerda la historia fueron realizados en globos, que no
vuelan por el aire como los pájaros, sino que flotan en él, como un barco en el
agua.
Uno de los primeros, construido por los hermanos Montgolfier, lleno de aire
caliente, recorrió, en 1783, unos nueve kilómetros desde París. Se pensó
entonces que el hidrógeno sería más útil que el aire caliente para llenar los
globos, y, en el mismo año, el mayor de los hermanos Montgolfier, juntamente con
un profesor francés, hizo un vuelo de unos cuarenta y tres kilómetros, en un
globo que contenía hidrógeno.
Leonardo de Vinci había realizado ya varios
proyectos de máquinas voladoras más pesadas que el aire, a fines del siglo XV.
Éstas, como los globos, carecían de fuerza motriz que las impulsara por el aire.
Los globos avanzaban, únicamente, gracias al viento.
El proyecto de Vinci requería una fuerza motriz para que la máquina lograse
mantenerse en el aire. Las máquinas de vapor, tan populares para usos terrestres
durante el siglo XVIII, eran demasiado pesadas para aplicarlas en aviación. Aunque
estas máquinas se hubiesen podido construir lo suficientemente livianas, el agua
necesaria para que funcionasen durante algún tiempo ya seria de por sí bastante
pesada. Sin embargo, un globo equipado con una máquina de vapor, construido en
1852, consiguió volar a unos 8 km./h.
La invención del motor de combustión interna, a fines del siglo XIX, fue lo que
virtualmente capacitó al hombre para volar, pero hizo falta que los
hermanos Wright —Orville y
Wilbur—, cuidadosos y sistemáticos experimentadores, resolvieran el problema de
controlar el aeroplano en vuelo. La falta de controles apropiados había
malogrado todos los primeros intentos de volar en una máquina más pesada que el
aire, casi tan pronto como el vuelo empezaba. Los Wright comprobaron que era
esencial poder variar la inclinación de cada ala, para permitir que el aparato
se nivelara cuando se ladease por alguna razón.
Esto ya lo sabia Lilienthal, quien fue, con toda probabilidad, el más
afortunado exponente de aquel ardid de Ícaro, de usar alas unidas a su cuerpo,
con las cuales podría deslizarse por el aire. Por otra parte, los hermanos
Wright descubrieron que, al aumentar el ángulo de inclinación de un ala, todo el
aparato se ladeaba, originando un viraje.
Añadiendo un timón de mando directo,
evitaron este inconveniente, y consiguieron que su aeroplano realizara virajes,
bajo un completo control. Usaron un motor de 6 HP de potencia, fabricado por
ellos mismos, que impulsaba dos hélices por medio de cadenas.
El 17 de diciembre de 1903, Orville y Wilbur Wright, alternándose en el
pilotaje, hicieron varios vuelos de prueba, el mejor de los cuales duró algo más
de un minuto, volando a una velocidad de alrededor de 45 km/h. hasta fue la
primera vez que un hombre voló con una máquina más pesada que el aire, de un
modo convincente, usando la potencia de sus motores y pudiendo aterrizar y
despegar desde el suelo. En los años inmediatamente posteriores, los aeroplanos
se desarrollaron muy de prisa, sobre todo en Francia, donde, en
1906, Santos Dumont
(imagen izquierda) hizo el primer vuelo europeo en un aparato que él mismo diseñó Wilbur
Wright se trasladó a Europa para confrontar sus trabajos, y también vendió
algunas de sus máquinas y proyectos.
En 1909, Luis Bleriot voló sobre el canal de la Mancha, aterrizando con su
monoplano Bleriot XI en un terreno próximo a la ciudad de Dover. Posteriormente,
en el mismo año, Henry Farman, en un biplano, hizo el primer vuelo, cubriendo
una distancia que excedía los 150 km. La guerra de 1914 dio un tremendo impulso
a la aviación.
Durante los primeros años, los aviones se usaron,
fundamentalmente, para observar las posiciones del . enemigo; pero pronto se
construyeron tipos provistos de ametralladoras especiales, para usarlas desde el
aire contra los aparatos enemigos, y, a veces, también contra las fuerzas
terrestres; así aparecieron los bombarderos, como el Handlep Page c/400, de
1917.
Éste podía transportar una tonelada de bombas a 160 km./h. También se
construyeron los famosos cazas, del tipo del Sop-with Camet y el SESA, así como
el Spad francés y el triplano Fokker. Casi todos los aeroplanos
de aquella época tenían dos o, a veces, mas pares de alas, unas encima de las
otras. Los biplanos, como se los llamaba, parecían ser más seguros que los
monoplanos, que sólo tenían un par de ellas. Después de la guerra, los aviones
habían adquirido ya la suficiente seguridad y confianza como para que empezara a
desarrollarse la utilización de la aviación en usos civiles. Comenzaron los
primeros vuelos comerciales, y los aparatos de bombardeo fueron modificados con
facilidad, habilitándoselos para el transporte de pasajeros.
Los aviones de
línea Handley Page, desarrollados a partir de los bombarderos militares, se
usaron para transportar pasajeros desde Londres a Bruselas, y los de Havilland
inauguraron la línea Londres-París.
En el periodo comprendido entre ambas guerras mundiales los radios de acción de
los vuelos aumentaron .con rapidez. En 1919,
Alcock y Brown hicieron el primer
vuelo sin escalas a través del Atlántico, en un Vickers Vimy. Era éste un
biplano equipado con dos motores de 350 HP, Rolls-Royce “Eagle”, montados entre
las alas, que proporcionaban al aparato una velocidad máxima de 160 km./h. Ocho
años después, Lindbergh hizo la primera travesía solitaria, en un monoplano Ryan
transformado. En 1931, el récord de velocidad mundial alcanzado superaba los 650
km./h. y fue conseguido por un Supermarine S6B, con un motor Rolls Royce
especialmente preparado.
Como los mejores aviones volaban a tan altas velocidades, había que construirlos
dándoles suaves formas aerodinámicas. Para proporcionárselas se utilizaron
fuselajes de una construcción resistente, muy sólida. Normalmente, consistían en
un bastidor liviano que se recubría de una delgada chapa de un metal ligero,
remachada firmemente en aquél, lo que daba a la estructura fortaleza, rigidez y
poco peso, con una forma exterior aerodinámica que reducía la resistencia del
viento.
Por esta razón, también se consideró conveniente que el tren de
aterrizaje se retrayese en vuelo, y que la carlinga del piloto estuviese
completamente cerrada. En 1936, empezó a volar uno de los aviones comerciales
que más éxito tuvieron: el Douglas DC3 o “Dakota" (imagen izq.). Capaz de transportar 21
pasajeros a más de 320 km./h., fue usado para cubrir líneas a lo largo de todo
el mundo, durante muchos años. En total, se construyeron casi 11.000 DC3,
algunos de los cuales siguen volando aún.
En la segunda guerra mundial la aviación desempeñó un importante papel. Como
bombarderos llevó la guerra hasta el corazón de las naciones enemigas. Como
transportes, pudo abastecer zonas e islas que, de otro modo, habrían capitulado
por carecer de alimentos y municiones. Estimulados por la necesidad, los diseños
de aparatos y motores se desarrollaron muy velozmente. El radar y la radio
ayudaron a los aviones a navegar y a establecer comunicación mientras cubrían
tremendas distancias durante el día o la noche, y con toda clase de condiciones
atmosféricas.
Se fabricaron en serie muchos aviones de pronto apareció el inglés Gloster
Whittle E 28.39, a partir del cual se desarrolló el Gloster Meteor, un
birreactor que fue el único reactor de los aliados que entró en servicio activo
durante la guerra. Después de ésta, la aviación civil experimentó un importante
crecimiento.
Uno de los nuevos prototipos, el Boeing Stratocruiser, contaba con
cuatro motores Pratt and Whitney, de 2.800 HP, con dos “pisos” con cabinas de
pasajeros; hubo, incluso, algunos que estaban dotados de camas para los largos
vuelos transatlánticos. La aplicación de los motores de reacción de los
turborreactores, durante el año 1950 a los aviones de línea, ha transformado la
aviación comercial. Los motores de turborreacción que impulsaron el aparato fueron
usados para cubrir líneas de gran distancia volando a una velocidad superior á
los 800 km./h. y a gran altura, como el Havilland Comet, que entró en servicio
en 1952.
Los motores de turbohélice —básicamente iguales a los motores de chorro, salvo
una turbina que se añade para aprovechar la potencia del chorro de gases y
comunicar a una hélice, lo que aumenta el rendimiento a bajas alturas y pequeñas
velocidades—, han sido usados preferentemente para aviones de tamaño medio y
pequeño, como e Vickers Viscount. Se han fabricado gigantes
aviones de línea, con velocidades de 960 km./h., como el Boeing 707, luego
sucedido por el Vicker VC10. En la figura vemos el interior de un 707.
La propulsión puramente a chorro se usó también para aviones rápidos de
tipo pequeño o medio, como el Sud Aviation Caravelle, que estuvo poco
tiempo en
servicio, y el Hawker Siddeley Trident, el BAC 111 y el Boeing 727.
Otro grandes aviones, que iniciaron la gran revolucion de aeronautica
comercial fueron el Concorde,
de origen anglo francés, y el
Airbus 380 que alcanzan velocidades
superiores al doble de la del sonido, pudiendo cruzar el Atlántico en poco más
de tres horas.
(puede conocerlo picando sobre sus nombres)
En ochenta años la aviación ha evolucionado desde aquellos
primeros días en que sobre las lonas estiradas el aire ejercía ligeras
presiones, hasta alcanzar hoy velocidades muy por encima de la del sonido, con
la construcción de aviones capaces de transportar varias toneladas de mercancías
o cientos de pasajeros, a lo largo de miles de kilómetros.
Fuente Consultada: Gran
Enciclopedia Universal - Fasciculo: El Árbol de la Sabiduría
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