Balseiro, tuvo un muy importante papel en el desarrollo de la física atómica y
nuclear en la República Argentina.
José
Antonio Balseiro nació en la ciudad de Córdoba el 29 de marzo de 1919, cuarto
hijo de Antonio Balseiro, quien había emigrado de España en su adolescencia, y
de Victoria Lahore, argentina de origen francés.
En
1933 ingresa al Colegio Nacional de Monserrat dependiente de la Universidad de
Córdoba, de donde
egresa con el título de bachiller en 1938.
En
1942 había llegado a la Argentina el profesor austríaco Guido Beck, que se
instaló en el Observatorio Nacional de Córdoba. Beck traía las últimas novedades
sobre los avances de la física en Europa y se propuso difundirlas en la
Argentina, especialmente entre los estudiantes jóvenes que habían recibido una
visión estática de la ciencia, fruto de la escasa o nula actividad de
investigación de sus profesores.
Balseiro fue admitido en el Observatorio para completar una pasantía
post doctoral bajo la dirección de Beck. Del citado profesor austríaco, Balseiro
recibió los elementos necesarios para dominar las técnicas de la física teórica
de la época. La relación con su maestro amplió sus horizontes intelectuales y
emocionales enriqueciendo su personalidad. Esto lo reconocería Balseiro en una
carta en que le decía: “Usted, de quien aprendí más que física”.
En
1946 el entonces presidente Juan D. Perón creía de que la Argentina podía lograr
la fusión nuclear controlada. El emprendimiento de Richter, instalado en la Isla
Huemul, en Bariloche, consumía grandes cantidades de dinero y el gobierno
comenzó a desconfiar sobre la probabilidad de obtener los resultados prometidos,
por lo que se descartó definitivamente la continuidad del proyecto.
En
1955, usando parte de lo que fueron las instalaciones del Proyecto Huemul, la
Comisión Nacional de Energía Atómica creó el Instituto de Física de Bariloche.
Balseiro jugó un rol importante en la creación del instituto y fue su primer
director.
Balseiro muere por leucemia en Bariloche el 26 de marzo de 1962, unos días antes
de cumplir los 43 años. Dejó tras de si un ejemplo de vida regida por los más
altos principios de honestidad y decencia, dedicada en buena parte al avance de
la ciencia en la Argentina.