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LAS GRANDES INVASIONES BÁRBARAS
Durante decadencia del Imperio Romano, fueron muchos los pueblos bárbaros
(extranjeros) que, aprovechando las disidencias internas, se aproximaron a sus
fronteras y se establecieron en ellas, presionando en forma permanente para
entrar. Si bien las legiones romanas contuvieron todos los intentos realizados,
los bárbaros lograron penetrar lentamente entre los siglos I y IV, y
establecerse en el interior, hasta que, finalmente, empujados por otros pueblos,
lo hicieron en forma violenta.
Estos
pueblos fueron:
Los
germanos, de raza blanca, establecidos desde el río Rin hasta el Oder,
entre los cuales se encontraban los trancos, anglos, alamanes, suevos,
borgoñones, daneses, sajones, lombardos, hérulos, vándalos y visigodos, estos
últimos divididos en ostrogodos, o godos del Este; y visigodos, o godos del
Oeste.
Los
eslavos, también de raza blanca, que se ubicaron en el valle inferior del
Danubio, en Bohemia y a orillas del rio Vístula, integrados por los venetos,
polacos, eslavones, servios, moravos, bosníacos y croatas
Y,
por ultimo, los tártaros o mogoles, en su mayoría de raza amarilla, entre
los cuales sobresalían los hunos (hiung-un), y quienes derivaron de la mezcla de
razas, como loS fineses, lapones, avaros, búlgaros y húngaros o magiares.
Los
primeros que penetraron fueron los mogoles, que ya eran dueños del Asia y se
convirtieron en el azote de los europeos. De costumbres primitivas, eran hábiles
jinetes y temibles combatientes, sin escrúpulos de ninguna naturaleza. Vivían
prácticamente a caballo y se alimentaban casi exclusivamente de carne.
Luego
lo hicieron los eslavos, en tanto que los germanos renovaron con su aporte las
poblaciones de Occidente y contribuyeron a su defensa contra el ataque de los
primeros. La gran diferencia entre unos y otros consistió en que los mogoles no
buscaban tierras para establecerse, sino pastos para su ganado y ciudades para
saquear.
Las Invasiones Bárbaras: Los germanos
Los
germanos constituían un pueblo de raza blanca, de ojos azules y cabellos rubios,
que sobresalían por su alta estatura y su físico robusto. No vivían agrupados en
ciudades, sino en chozas que se encontraban dispersas por el campo aunque
distribuidas según las tribus a que pertenecían. Sus actividades principales
eran el pastoreo y la agricultura. Elegían sus jefes entre los guerreros más
valientes y los obedecían ciegamente. Muchos germanos militaron en las legiones
romanas.
En el
aspecto social, cultivaban el amor a la familia y guardaban cierta consideración
a las mujeres; no tenían leyes escritas y se basaban en la tradición y las
costumbres. El padre ejercía un poder absoluto sobre la familia.
Las
cuestiones conflictivas eran sometidas al fallo de los jefes en los casos de
menor importancia, pero cuando se trataba de asuntos de mayor interés eran
considerados por la asamblea de la tribu.
Los
germanos teman arraigados los sentimientos de libertad, justicia y dignidad
personal. Creían en Odín o Wotan, padre de los dioses, de carácter guerrero, que
vivía en el paraíso o Walhala, acompañado por dioses menores, como Freijo,
esposa de 0dm, señora del amor y de la muerte, y Donar, hijo de ambos, dios del
trueno y la tempestad. El Walhala era un lugar de eternas delicias al que iban
aquéllos que en vida habían tenido un buen comportamiento y los que morían en el
curso de la guerra, conducidos por las valkirias, diosas también guerreras.
Cuando los hunos atravesaron los montes Urales y empujaron con su presencia a
los pueblos radicados en la zona adyacente, provocaron un desbande general de
todos los pueblos situados entre los ríos Rin y Danubio.
A
partir del siglo I comenzaron a cruzar las fronteras del Imperio Romano, en
busca de tierras y botín. No perseguían con ello la destrucción del imperio, ya
que consideraban al Estado romano como una admirable organización política, en
la que pretendían obtener un lugar. Antes de su caída, el imperio fue
incorporando numerosos grupos de germanos como soldados o como colonos. Ellos se
comprometían a defender las fronteras, a cultivar las tierras y a reconocer la
autoridad del emperador.
Pero
en el siglo V este avance pacífico se convirtió en incontrolable para los
romanos. Esta irrupción violenta se debió, entre otras cosas, al ataque de un
pueblo de Europa oriental, los hunos, que empujó a los germanos hacia el Oeste.
Las invasiones germanos al Imperio Romano fueron entonces emigraciones en masa
para huir de un terrible enemigo, pero esta vez saquearon las zonas recorridas y
respetaron solamente la autoridad de sus jefes; contribuyeron, quizá sin
quererlo, al derrumbe de la organización imperial.
Los
invasores más importantes se asentaron en el antiguo territorio romano y
formaron diversos reinos. Los principales pueblos germanos que se asentaron en
el imperio fueron: los ostrogodos, los visigodos y los francos.
Las Invasiones Bárbaras: Los
Ostrogodos
En el
año 493, Teodorico, jefe de los ostrogodos, venció luego de encarnizados
combates a las fuerzas de Odoacro, rey de los hérulos, que había destituido al
último emperador romano.
Instaló entonces en Italia un reino ostrogodo independiente, con capital en
Ravena, que duró 60 años. En este período Teodorico mantuvo una política
amistosa con la corte imperial de Constantinopla.
En el
orden económico, los ostrogodos mantuvieron la administración de impuestos y el
sistema burocrático de los romanos.
En el
aspecto religioso, los ostrogodos adhirieron al “arrianismo, herejía de origen
cristiano, que fue sustentada por un obispo de Alejandría, Arrío (280-336),
quien negaba la eternidad de Jesús y no reconocía a la Santísima Trinidad.
Teodorico basó su gobierno en la idea de una convivencia pacífica entre godos y
romanos, por lo que respetó la tradición y la cultura del pueblo dominado.
Esta
política favoreció un florecimiento cultural en la Italia ostrogoda. Se
destacaron las figuras de Boecío, comentador filosófico que tradujo e interpretó
a Aristóteles, y Benito de Nursía, quien fundó su propio monasterio en Monte
Cassino, al Norte de Nápoles. Allí impuso normas para la vida en los
monasterios, que se convirtieron en el acta de fundación” del monacato latino.
La regla benedictina combinaba la oración y el trabajo. En adelante, los
monasterios serán focos de ciencia y literatura. La actividad desarrollada por
Benito de Nursia fue el acontecimiento más importante de la Italia de los
ostrogodos.
Las Invasiones Bárbaras: Los visigodos
Los
ostrogodos, sorprendidos por el ataque, no atinaron a defenderse y se
sometieron, acompañando a los hunos en su sangrienta marcha hasta el centro de
Europa. En cambio, los visigodos huyeron hacia la cuenca del Danubio, se
instalaron en la Tracia y, como vimos, vencieron al emperador Valente en la
batalla de Andrinópolis (378).
Luego
fueron contenidos por el emperador Teodosio, que les pagó un tributo, pero a su
muerte, durante el reinado de Honorio en Occidente, continuaron su avance a las
órdenes de Alarico, quien invadió Grecia, y aunque respeté a Atenas, saqueé a
Eleusis e incendié Olimpia. Luego intentó penetrar en Italia, pero fue derrotado
en dos oportunidades por Estilicón, uno de los generales de Honorio.
tiempo después, Honorio desplazó a Estilicón, que fue asesinado 108), lo que fue
aprovechado por Alarico, que se dirigió directamente a Roma, que se entregó sin
combatir. Honorio se refugió en Ravena.
Más
tarde los romanos se sublevaron, por lo cual
Alarico regresó y sometió a la
ciudad a un implacable saqueo (410), durante tres días.
Alarico se dirigió luego
hacia el centro de Italia, donde falleció. Sus soldados sepultaron su cadáver en
un lugar oculto para que no fuera profanado. Su Sucesor, Ataúlfo, pacté con el
emperador y se caso con su hermana (412). De esta manera, Honorio logró
desplazar a los visigodos hacia la Galia y España, donde fundaron un reino cuya
capital fue Tolosa.
Al
llegar a la Gália, los visigodos se encontraron con los alanos, suevos, vándalos
y burgundios, que habían devastado las ciudades de la región. Solamente los
burgundios habían erigido un reino en el Jura y en el valle del Saona. Estos
pueblos se dirigieron a la península ibérica y tras ellos fueron los visigodos,
que obligaron a los suevos a dirigirse hacia el Norte y a los vándalos hacia el
Sur.
En el
centro quedaron los alanos. Los vándalos se establecieron en el valle del
Guadalquivir, que recibió el nombre de Vandalucía o Andalucía, y luego se
dirigieron al Norte de Africa, donde se apoderaron de la ciudad de Hipona y de
la región de Numidia, actual Argelia (429). Con ambas regiones fundaron un
reino. Por la misma época, los francos comenzaron su establecimiento en el Norte
de la Galia.
Las Invasiones Bárbaras: Los hunos
Entretanto, los hunos habían proseguido su marcha y llegado a las orillas del
Danubio y del Rin, donde a las órdenes de
Atila amenazaron a los pueblos
germanos. Este jefe fue famoso) por su intrepidez y su crueldad, a tal punto que
un ermitaño lo llamó el azote de Dios, mote que
Atila aceptó, ufanándose de que
donde pisaba su caballo no volvía a crecer la hierba.
En
principio Atila
, aceptó tierras y tributos de Roma, a cambio de si inercia, pero
luego exigió que se le entregara la mitad del Imperio y se k concediera por
esposa a la hermana del emperador. Como tales pretensiones fueron rechazadas,
Atila invadió la Galia (451) y arrasó varias ciudades hasta llegar a París,
cuyos habitantes, aterrorizados estaban resueltos a huir, cuando una joven
llamada Genoveva (más tarde venerada por la Iglesia católica como Santa
Genoveva) los convenció de que organizaran la resistencia e hicieran penitencia
y oración.
En
esas circunstancias, Atila, respondiendo al llamado del rey de los alanos, se
dirigió a sitiar la ciudad de Orleáns, donde pensaba establecer su base de
operaciones en la Galia. Aunque los habitantes de Orleáns, alentados por su
obispo San Aiñan, resistieron denodadamente, finalmente fueron abatidos y se
vieron obligados a entregar la plaza. Poco después llegó un ejército integrado
por visigodos, burgundios y francos, comandado por el general Aecio, prefecto de
la Galia, —llamado el ultimo de los romanos—, ante lo cual Atila abandonó la
ciudad y retrocedió con sus tropas hasta los Campos Cataláunicos, en la
Champaña, donde se libró una memorable batalla en la que se enfrentaron las
fuerzas que conducía, integradas por una infinidad de pueblos de distinto
origen, con el ejercito romano de Aecio, en el que militaban entre otros, los
francos, sajones, galos, visigodos, borgoñones y alanos. El encuentro fue
encarnizado y muy cruento, finalizando con el triunfo de Aecio, quien permitió
que Atila se retirara.
Este
se dirigió entonces a Italia, donde sitio y arrasó la ciudad de Aquíleya. Desde
allí emprendió la marcha hacia Roma, pero la intercesión del papa San León, que
tuvo la valentía de ir a su campamento para concertar la paz, obtuvo su
alejamiento a cambio de un tributo. Atila retrocedió hasta el Danubio y al año
siguiente murió repentinamente (453), con lo cual sus seguidores se dividieron.
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