|
La
llamada telefónica que dejó huella en la historia de la medicina sonó cuando el
doctor Christiaan Barnard (imagen izquierda) tomaba una
siesta en su casa de El Cabo, Sudáfrica. La persona que llamaba —una monja del
hospital Groote Schuur de la ciudad— le informó que habían llevado a una joven
atropellada que hhabía resultado con daños cerebrales
irreparables. Si moría, su corazón se podría usar en el primer trasplante de ese
órgano en el mundo; era del grupo sanguíneo adecuado y su padre estaba dispuesto
a dar su consentimiento.
“Siempre rezo antes de
cualquier operación”, escribiría posteriormente el doctor Barnard.
"Suelo hacerlo al dirigirme hacia el hospital, porque
voy solo en el auto en esos momentos. En esa ocasión
sentí mas que nunca la necesidad de hacerlo, pero no pude,.... mis pensamientos
se interponían".
Hasta entonces
solo había realizado transplantes de esa índole con perros de laboratorio. Pero
ese sábado 2 de diciembre de 1967, estaba a punto
de transplantar el corazón de
un ser humano a otro. La donadora era Denise Darvall, de 25 años , y el receptor
Louis Washkansky, comerciante de la ciudad a quien le restaban pocas semanas de
vida por su avanzada enfermedad cardiaca. Washkansky, ya había sobrevivido a
varios infartos, pero antes de la operación presentaba la dificultad para
respirar, insuficiencia renal, y hepática y tenia las piernas hinchadas.
Se suponía que no debía comer ni
beber nada dulce debido a su diabetes, pero se las ingeniaba
para que su esposa le llevara limonada y caramelos a escondidas. Parecía más
interesado en leer novélas de
aventuras que en pensar en la ggravedad de su enfermedad.
Pero demostró valor cuando
Barnard le habló de la posibilidad de salvarle
la vida. “Eso me han dicho", le confió, "‘Así
que estoy dispuesto a jugármela".
Por
extraña coincidencia, cuando la esposa de Washkansky, volvía ya tarde a casa en
su auto, tras visitar a su marido en el hospital, vio una muchedumbre congregada
donde había ocurrido el accidente de transito. Mientras la policía le hacia
señas de que siguiera su camino, se fijo en que una de las victimas del percance
era una joven mujer que estaba tendida en el suelo. Más tarde se
enteraría de que esa desafortunada chica era Denise Darvall.
(imagen izquierda)
Hacia las 21 :00 horas de esa
noche el doctor Barnard examinó el cuerpo de la señorita Darvall: desde el punto
de’vista clínico había muerto, pero su corazón seguía estando sano y firme.
Barnard no perdió tiempo. Un
ordenanza empezó a afeitar el pecho de Washkansky mientras una enfermera
preparaba la máquina cardiopulmonar del hospital, que el propio Barnard había
importado de Estados Unidos al concluir su especialización en trasplantes en la
Universidad de Minnesota.
Se
bañó, se frotó las manos y los brazos con jabón
antiséptico, se puso ungüento germicida en las fosas nasales y se enfundó
una bata desinfectada, con un
gorro y mascarilla, además de las botas de hule esterilizadas. Al entrar al
quirófano vio a Washkansky sentado en la toesa de operaciones, sostenido por
varios cojines. Aunque apenas tenía aliento para hablar, Washkansky bromeó:
Conque el viejo va para afuera y el nuevo adentro! ¿No?”
Poco después el paciente ya estaba
anestesiado, y a la medianoche se inició la histórica operación. Bajo la hábil
direccion de Barnard, su jefe de ayudantes, Rodney
Hewitson, abrió el tórax de Washkansky.
“El corazón del enfermo quedó a plena
vista”, escribió el doctor Barnard más tarde, agitándose como un mar
embravecido, amarillo por medio siglo de tormentas, pero aún veteado por las
azules corrientes de sus profundidades.”
Entretanto, en otro quirófano
contiguo Denise Darvall se
conservaba "viva" gracias a un respirador. Barnard entró
corriendo y apagó la máquina; sus dedos ya mostraban señales de artritis,
que pondría prematuro fin a su
carrera de cirujano, pero en breve tiempo abrió el tórax de Denise
y extrajo el corazón. Le colocó en un recipiente lleno
de una solución salina helada y
luego lo l1evó al quirófano principal,
donde lo conectaron
a una bomba que hacia circular la
sangre de Washkansky, desde la máquina cardiopulomonar:
Barnard extrajo después el corazón
hipertrofiado de
Washkansky, y dejo un colgajo que se saturaría al órgano
transplantado, este fue entonces acomodado en el tórax vacío del paciente. Por
lo general un corazón femenino es un 20% menor que uno masculino, pero la
cavidad de Washkansky tenia el doble del tamaño normal!
Usando hilo de seda
y dos agujas Barnard inició entonces la
delicada tarea de coser en su lugar el corazón
transplantado. Se apagó la bomba que suministraba
sangre al órgano y así al instante empezó a amoratarse.
Mientras saturaba, Barnard echó un vistazo al
reloj del quirófano: eran las 5 30 am. y el corazón ya había pasado 15 minutos
sin sangre ni oxígeno. Transcurrieron
otros cuatro minutos y por fin Barnard dio
el último punto de sutura. ordenó que se volvieran a
conectar la bomba y el corazón comenzó a llenarse de
sangre.
Para hacerlo latir de nuevo, se le
aplicó una potente descarga eléctrica a través de dos discos colocados como
copas sobre él. El cuerpo inconsciente de Washkansky se convulsionó y, mientras
Barnard y sus 20 colaboradores lo observaban con ansiedad, el corazón empezó a
palpitar una y otra vez, sin cesar. Desconectaron la máquina cardiopulmonar y,
más de echo horas después de haber iniciado la operación, llevaron al paciente a
tina habitación esterilizada y lo colocaron debajo de una
tienda de plástico, tenía el
cuerpo erizado con 18 venoclísis y cables conectados a
diversos instrumentos y aparatos
clínicos.
Dr. Halmiton Naki
ayudante
clandestino de Barnard. Una historia de vida para conocer
Entonces dio
principio la lucha contra las infecciones
postoperatorias y contra el rechazo del órgano
transplantado, que el organismo del paciente tendía a destruir. Se de
administraron medicamentos antirrechazo, y una vez que paso el periodo de
peligro Washkansky, disfruto cinco días maravillosos y de optimismo.
Pero el 15 de
diciembre, 12 días después de la cirugía, una radiografía revelo que Washkansky,
tenia una mancha oscura en un pulmón. Su esposa ya había notado que parecía
tener catarro leve, pero en realidad era una pulmonía. Los fármacos que había
estado tomando debilitaron demasiado el sistema inmunológico y lo dejaron
indefenso contra gérmenes , que invadieron e inflamaron sus pulmones. A pesar de
los esfuerzos heroicos de Barnard y sus colegas, murió al amanecer del 21 de
diciembre. Su nuevo corazón , implantado 18 días antes, funciono perfectamente
hasta el momento final.
Fuente Consultada: El Funcionamiento de la Mayoría de
las Cosas de Readers Digest
|