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Los gobernadores del Río de la
Plata, temerosos del riesgo que significaba para Buenos Aires la banda oriental
del río, extensa y despoblada, pidieron que se enviaran soldados para la defensa
y colonos españoles para poblar. Nada se hizo. El Imperio no daba para más.
Confirmando esos temores, en 1658,
corsarios franceses venidos del puerto de La Rochela intentaron desembarcar en
Buenos Aires. Pero el gobernador español logró detenerlos con la ayuda de
ciertos marinos holandeses que en forma pacifica traficaban en las aguas
porteñas. Poco después (1664) el francés Bartolomé Massiac, dueño de un garito
de juego en la ciudad, elevó una prolija descripción al poderoso Colbert,
ministro del rey Luis XIV. Sugería que Francia fundara un establecimiento
permanente en el Plata.
"Buenos Aires es una pequeña
ciudad de unas trescientas o cuatrocientas familias, que sólo tienen para su
defensa doscientos soldados de guarnición (...) La ciudad no está cubierta ni
protegida por ninguna muralla, trinchera o foso”, informaba. Calculaba que el
gobernador podía reunir 600 combatientes, más 400 indios de servicio, 300
mestizos y otros tantos negros esclavos. Sólo hay cien casas de habitantes
adinerados, dice, el resto de la población vegeta en la pobreza y unas 2.000
mujeres casadas y solteras viven, la mayoría, de su trabajo o de sus amores
secretos”.
«Los habitantes —continúa Massiac—
son cuidadosos de sus personas, viven honestamente entre ellos y respetan a los
extranjeros. Viven libres y en familia como en Francia: las mujeres prefieren
casarse con un europeo antes que con un criollo porque los criollos son muy
aficionados a las indias”. La población está descontenta con el gobierno de
Madrid, porque distribuye los buenos empleos entre los españoles de la Península
y nada entre ellos, a no ser que paguen por obtenerlos. Desearían ser gobernados
por un príncipe o un rey in dependiente. Estas eran sin duda afirmaciones
tan apresuradas como interesadas.
Colonia del Sacramento
Desde mediados del siglo XVII,
altos funcionarios y mercaderes del Brasil proponían la conquista de Buenos
Aires a fin de tener una factoría para el comercio con Potosí. Estas amenazas no
eran ignoradas por las autoridades del Río de la Plata, cuando a fines de 1679
recibieron avisos desde el Paraguay y del Superior de la Compañía de Jesús,
sobre el reclutamiento de una gran expedición en el puerto brasileño de Santos
con destino al Río de la Plata.
Manuel Lobo, un militar de
prestigio, vino al frente de la expedición que en 1680 fundó la Colonia Do
Sacramento en la banda oriental del Río de la Plata, el centro histórico de la
actual Colonia (Uruguay). Soldados, aventureros, indígenas y esclavos negros
integraban el contingente fundador. Varios comerciantes flamencos, holandeses e
ingleses llegaron de inmediato a la nueva factoría, dispuestos a explotarla.
Entre tanto, el gobernador de
Buenos Aires, José de Garro, enterado por unos pescadores de la presencia de los
portugueses, visitó a Lobo para hacer protesta formal de los derechos de España
al territorio usurpado. Mientras daba aviso a los gobiernos de Santa Fe,
Corrientes, el Tucumán y al superior de los jesuitas.
Garro juntó una fuerza
considerable: 120 soldados
y vecinos porteños, 300 cordobeses, 81 correntinos, 50 santafesinos, unos pocos
indios quilmes de los vencidos en la reciente guerra calchaquí y 3.000 indios de
las misiones del Paraguay que venían mandados por sus caciques y acompañados por
los confesores jesuitas quienes ejercían la verdadera autoridad sobre esa tropa.
Con el apoyo del cabildo, Garro
tomó la decisión de atacar. No había tiempo de preguntar a España o a Lima si
estaban de acuerdo. Por eso puede decirse que ésta, como ha escrito
Félix Luna, es la primera guerra
de los argentinos,
tanto por la iniciativa de pelear en defensa del territorio, como por la
composición de la tropa mencionada más arriba.
El ataque se produjo en la noche
del 6 de agosto. Previamente el gobernador, en el lenguaje caballeresco de la
época, intimó a Lobo el desalojo de la Colonia. Bastante menos caballeresco
resultó el final de la lucha, pues se permitió saqueo libre, aprovechado por los
indios tapes para ensañarse con la guarnición portuguesa vencida. Más de un
centenar de lusitanos había muerto.
La victoria llenó de júbilo a los
rioplatenses. Pero el esfuerzo pronto se vio defraudado: España, que al
enterarse de la usurpación había dado instrucciones de desalojar a sangre y
fuego a los portugueses, cedió ante la reacción enfurecida del rey de Portugal.
En efecto, Pedro II de Braganza, apenas supo lo ocurrido en Colonia, amenazó a
España con una guerra. Carlos II cedió, desautorizó al gobernador de Buenos
Aires y devolvió la Colonia a Portugal. Ambos reinos se comprometieron a
discutir los límites de Tordesillas, pero este compromiso se postergó y la
Colonia Do Sacramento fue reconstruida y repoblada por los portugueses.
El siglo XVII concluía en el Río
de la Plata con una importante experiencia de autogestión victoriosa, seguida
por una decisión de la metrópoli que resultaba incomprensible a los ojos de los
criollos, pues se había gestado en la Península según los intereses europeos y
no de acuerdo a los intereses netamente americanos.
Buenos Aires se acomodó a las
nuevas circunstancias y se estableció una buena comunicación entre ambas costas
ribereñas. Sin embargo esta fundación portuguesa genero tres guerras regionales
de repercusión internacional.
(Tratado de Permuta)
Fuente Consultada: La Argentina Historia del
País y de Su Gente de Maria Saénz Quesada |