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BATALLA DE TUCUMÁN
OBRA MILITAR DE LA PRIMERA JUNTA DE GOBIERNO EN 1810: BELGRANO A CARGO DEL EJERCITO DEL NORTE

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batalla de Tucuman: OBRA MILITAR DE LA PRIMERA JUNTA DE GOBIERNO EN 1810: BELGRANO A CARGO DEL EJERCITO DEL NORTE

 

  

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SEGUNDA CAMPAÑA AL ALTO PERÚ
BELGRANO CONDUCE EL EJÉRCITO DEL NORTE

Belgrano en el Ejército del Norte — Después del desastre de Huaqui (capitulo V) el ejército diezmado y muy desmoralizado, fue conducido hasta Salta por Juan José Viamonte y luego hacia Tucumán por Pueyrredón. Este pidió ser relevado por razones de salud, siendo reemplazado por Belgrano, que estaba en Rosario.

Era una enorme responsabilidad hacerse cargo de esas fuerzas a las que había que disciplinar, dar instrucción militar, proporcionar armas y hasta remedios, pues eran muchos los atacados de malaria y por sobre todas las cosas Belgrano debía tratar de infundirles nuevos bríos para continuar la lucha. Recordemos que la situación no era nada halagüeña, porque Goyeneche se mostraba dispuesto a atacar con grandes efectivos.

El gobierno había elegido bien al nuevo general en jefe, pues poseía un admirable espíritu de abnegación, capaz de cualquier renunciamiento con tal de servir a la patria y demostró ser un extraordinario organizador.

En la posta de Yatasto (Salta) Pueyrredón le entregó el mando el 27 de marzo de 1812. Como el gobierno en esos momentos necesitaba concentrar todos sus esfuerzos en la Banda Oriental, y en consecuencia no podía enviar refuerzos al Norte, ordenó a Belgrano que bajara hasta Córdoba si fuera necesario, pues descartaba toda resistencia con tan escasos elementos materiales y humanos. Pero estalló un movimiento revolucionario en Cochabamba y los realistas debieron acudir a sofocarlo, de modo que desistieron momentáneamente de un avance hacia el sur. Esto dió tiempo a Belgrano para rehacerse.

Entre sus principales colaboradores se encontraban Manuel Dorrego, José María Paz, Gregorio Aráoz de Lamadrid, Juan Ramón Balcarce, etc. Fijó su campamento en Campo Santo, y empezó su obra: creó un cuerpo de baquianos, uno de lanceros, ya que como carecía de armas de fuego en cantidad ideó usar lanzas, y a fin de prestigiarlo, formó con ellos su escolta; organizó una academia para oficiales y mejoró la administración tanto como el estado sanitario de su ejército. Su disciplina, severa aunque no déspota, logró los mejores frutos.

En mayo trasladó su cuartel a Jujuy y allí se encontró el 25 de Mayo (le 1812. Para levantar la moral de sus hombres y de los ciudadanos, que se encontraban muy deprimidos, ese día enarboló (por segunda vez) la bandera blanca y celeste en los balcones del Cabildo, que fue bendecida por el canónigo Gorriti.

Cuando el gobierno, que no conocía el desencuentro de Belgrano y t±l oficio que se le envió a Santa Fe, supo esto, se creyó desobedecido y dispuesto a tomar una severa medida, le ordenó que dejara de usar esa bandera. Su creador la guardó con la promesa de enarbolarla después de una gran victoria que, como veremos, no estaba lejana.

Esto coincidía con el sofocamiento de la revolución de Cochabamba, con lo que el ejército realista quedaba nuevamente en condiciones de atacar nuestro Norte. Esta vez las fuerzas estuvieron al mando de Pío Tristán, nacido en Arequipa, primo de Goyeneche, hombre joven, poco experimentado, pero muy seguro de sí mismo.

Belgrano para aumentar sus fuerzas llamó a todos los ciudadanos de dieciséis a treinta y cinco años; sin embargo esto no bastó, y no pudiendo contar con refuerzos de Buenos Aires, tuvo que retirarse. El gobierno le ordenó hacerlo hasta Córdoba, pero él desobedeció la orden quedó en Tucumán.

Para no dejar en Jujuy ningún elemento útil al enemigo, ordenó remitir a Tucumán todos los materiales, caballada, alimentos, etc.; organizó la salida de las familias y llevó como rehenes a algunos realistas, para impedir medidas de Tristán contra los patriotas que cayesen prisioneros. Solamente quedaron los adictos al invasor; a esto se lo llamó “Exodo Jujeño”.

El general Eustaquio Díaz Vélez cubrió la retirada, pues eran perseguidos de cerca por los realistas. Al llegar al río Las Piedras, Díaz Vélez que dirigía la retaguardia ,fue atacado y vencido. Entonces los enemigos persiguieron al grueso de las fuerzas, dispuestos a vencer, pero la suerte les fue adversa. Alentado por esta acción, que aunque de escasa importancia sirvió para levantar los ánimos, Belgrano decidió fijar su cuartel en Santiago del Estero o Tucumán, porque retroceder hasta Córdoba significaba entregar a Tristán todo el Norte y ofrecerle una fácil victoria en el resto del Virreinato con ayuda de Montevideo.

El pueblo tucumano les brindó todos sus recursos, con tal de que los patriotas quedaran allí para defenderlos. Muchos hombres se pusieron bajo las armas y recibieron adiestramiento. Ya para esta época se había incorporado al ejército el barón de Holmberg, que impartió instrucciones sobre la moderna táctica europea.

El Triunvirato envió a Belgrano un nuevo oficio, ordenándole bajar hasta Córdoba, porque consideraba que empeñar una batalla con tan poder y recursos seria ir a una derrota segura. La orden de retirada fue firmada solamente por Rivadavia y Pueyrredón, pues Chiclana sostenía que eso significaría entregar todo el Norte al enemigo.

Belgrano mantuvo su desobediencia y se dedicó a preparar las defensas de la ciudad: fosos, fortificaciones, armas, un regimiento de caballería, etc.

Los realistas adelantaron su vanguardia al mando del coronel Huici, pero paisanos armados lo tomaron prisionero. El enemigo avanzaba; contrariamente a lo que Tristán suponía, pues creyó encontrarlo encerrado dentro de Tucumán, sólo dispuesto a defenderse; Belgrano, aprovechando todos los accidentes del terreno, coloc6 a su ejército estratégicamente, fuera de la ciudad.

El choque tuvo lugar el 24 de setiembre de 1812, once días después de la llegada de los patriotas a la ciudad, Es increíble lo que se hizo en tan contados días.

Como los atacantes no conocían el lugar, avanzaron tranquilamente, con las armas sobre las mulas, encontrándose de sorpresa ante los patriotas. Durante toda la batalla reinó gran confusión; los patriotas de caballería golpeaban ruidosamente sus guardamontes de cuero; los que carecían de bayoneta peleaban con un cuchillo atado a un palo, o un simple puñal, palos, lazos, etc.

Empeoraban la situación una manga de langosta y las nubes de polvo que levantaban los combatientes. Por todo esto, Belgrano no supo a quién había favorecido la victoria y pernoctó a tres leguas de Tucumán. Al día siguiente, convencido de su triunfo, se colocó de manera de cortar la retirada a los vencidos, pero éstos lograron burlarlo y se retiraron a Salta.

Fuente Consultada: Historia Argentina de Etchart - Douzon - Wikipedia -