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SEGUNDA CAMPAÑA AL ALTO
PERÚ
BELGRANO CONDUCE EL EJÉRCITO DEL NORTE
Belgrano en el Ejército del Norte
— Después del desastre de Huaqui (capitulo V) el ejército diezmado y muy
desmoralizado, fue conducido hasta Salta por Juan José Viamonte y luego hacia
Tucumán por Pueyrredón. Este pidió ser relevado por razones de salud, siendo
reemplazado por Belgrano, que estaba en Rosario.
Era una enorme responsabilidad
hacerse cargo de esas fuerzas a las que había que disciplinar, dar instrucción
militar, proporcionar armas y hasta remedios, pues eran muchos los atacados de
malaria y por sobre todas las cosas Belgrano debía tratar de infundirles nuevos
bríos para continuar la lucha. Recordemos que la situación no era nada
halagüeña, porque Goyeneche se mostraba dispuesto a atacar con grandes
efectivos.
El gobierno había elegido bien al
nuevo general en jefe, pues poseía un admirable espíritu de abnegación, capaz de
cualquier renunciamiento con tal de servir a la patria y demostró ser un
extraordinario organizador.
En la posta de Yatasto
(Salta) Pueyrredón le entregó el mando el 27 de marzo de 1812. Como el gobierno
en esos momentos necesitaba concentrar todos sus esfuerzos en la Banda Oriental,
y en consecuencia no podía enviar refuerzos al Norte, ordenó a Belgrano que
bajara hasta Córdoba si fuera necesario, pues descartaba toda resistencia con
tan escasos elementos materiales y humanos. Pero estalló un movimiento
revolucionario en Cochabamba y los realistas debieron acudir a sofocarlo, de
modo que desistieron momentáneamente de un avance hacia el sur. Esto dió tiempo
a Belgrano para rehacerse.
Entre sus principales
colaboradores se encontraban Manuel Dorrego, José María Paz, Gregorio Aráoz
de Lamadrid, Juan Ramón Balcarce, etc. Fijó su campamento en Campo Santo, y
empezó su obra: creó un cuerpo de baquianos, uno de lanceros, ya que como
carecía de armas de fuego en cantidad ideó usar lanzas, y a fin de prestigiarlo,
formó con ellos su escolta; organizó una academia para oficiales y mejoró la
administración tanto como el estado sanitario de su ejército. Su disciplina,
severa aunque no déspota, logró los mejores frutos.
En mayo trasladó su cuartel a
Jujuy y allí se encontró el 25 de Mayo (le 1812. Para levantar la moral de sus
hombres y de los ciudadanos, que se encontraban muy deprimidos, ese día enarboló
(por segunda vez) la bandera blanca y celeste en los balcones del Cabildo, que
fue bendecida por el canónigo Gorriti.
Cuando el gobierno, que no conocía
el desencuentro de Belgrano y t±l oficio que se le envió a Santa Fe, supo esto,
se creyó desobedecido y dispuesto a tomar una severa medida, le ordenó que
dejara de usar esa bandera. Su creador la guardó con la promesa de enarbolarla
después de una gran victoria que, como veremos, no estaba lejana.
Esto coincidía con el sofocamiento
de la revolución de Cochabamba, con lo que el ejército realista quedaba
nuevamente en condiciones de atacar nuestro Norte. Esta vez las fuerzas
estuvieron al mando de Pío Tristán, nacido en Arequipa, primo de Goyeneche,
hombre joven, poco experimentado, pero muy seguro de sí mismo.
Belgrano para aumentar sus fuerzas
llamó a todos los ciudadanos de dieciséis a treinta y cinco años; sin embargo
esto no bastó, y no pudiendo contar con refuerzos de Buenos Aires, tuvo que
retirarse. El gobierno le ordenó hacerlo hasta Córdoba, pero él desobedeció la
orden quedó en Tucumán.
Para no dejar en Jujuy ningún
elemento útil al enemigo, ordenó remitir a Tucumán todos los materiales,
caballada, alimentos, etc.; organizó la salida de las familias y llevó como
rehenes a algunos realistas, para impedir medidas de Tristán contra los
patriotas que cayesen prisioneros. Solamente quedaron los adictos al invasor; a
esto se lo llamó “Exodo Jujeño”.
El general Eustaquio Díaz Vélez
cubrió la retirada, pues eran perseguidos de cerca por los realistas. Al llegar
al río Las Piedras, Díaz Vélez que dirigía la retaguardia ,fue atacado y
vencido. Entonces los enemigos persiguieron al grueso de las fuerzas, dispuestos
a vencer, pero la suerte les fue adversa. Alentado por esta acción, que aunque
de escasa importancia sirvió para levantar los ánimos, Belgrano decidió fijar su
cuartel en Santiago del Estero o Tucumán, porque retroceder hasta Córdoba
significaba entregar a Tristán todo el Norte y ofrecerle una fácil victoria en
el resto del Virreinato con ayuda de Montevideo.
El pueblo tucumano les brindó
todos sus recursos, con tal de que los patriotas quedaran allí para defenderlos.
Muchos hombres se pusieron bajo las armas y recibieron adiestramiento. Ya para
esta época se había incorporado al ejército el barón de Holmberg, que
impartió instrucciones sobre la moderna táctica europea.
El Triunvirato envió a Belgrano un
nuevo oficio, ordenándole bajar hasta Córdoba, porque consideraba que empeñar
una batalla con tan poder y recursos seria ir a una derrota segura. La orden de
retirada fue firmada solamente por Rivadavia y Pueyrredón, pues Chiclana
sostenía que eso significaría entregar todo el Norte al enemigo.
Belgrano mantuvo su desobediencia
y se dedicó a preparar las defensas de la ciudad: fosos, fortificaciones, armas,
un regimiento de caballería, etc.
Los realistas adelantaron su
vanguardia al mando del coronel Huici, pero paisanos armados lo tomaron
prisionero. El enemigo avanzaba; contrariamente a lo que Tristán suponía, pues
creyó encontrarlo encerrado dentro de Tucumán, sólo dispuesto a defenderse;
Belgrano, aprovechando todos los accidentes del terreno, coloc6 a su ejército
estratégicamente, fuera de la ciudad.
El choque tuvo lugar el 24 de
setiembre de 1812, once días después de la llegada de los patriotas a la
ciudad, Es increíble lo que se hizo en tan contados días.
Como los atacantes no conocían el
lugar, avanzaron tranquilamente, con las armas sobre las mulas, encontrándose de
sorpresa ante los patriotas. Durante toda la batalla reinó gran confusión; los
patriotas de caballería golpeaban ruidosamente sus guardamontes de cuero; los
que carecían de bayoneta peleaban con un cuchillo atado a un palo, o un simple
puñal, palos, lazos, etc.
Empeoraban la situación una manga
de langosta y las nubes de polvo que levantaban los combatientes. Por todo esto,
Belgrano no supo a quién había favorecido la victoria y pernoctó a tres leguas
de Tucumán. Al día siguiente, convencido de su triunfo, se colocó de manera de
cortar la retirada a los vencidos, pero éstos lograron burlarlo y se retiraron a
Salta.
Fuente Consultada:
Historia Argentina de Etchart - Douzon - Wikipedia - |