La beatificación:
La beatificación es hacer venerable o respetable una cosa. Declarar el Sumo
Pontífice que algún siervo de Dios goza de la eterna bienaventuranza y que se le
puede dar culto.
Así
la beatificación es una declaración hecha por el Papa como cabeza de la Iglesia,
de que un difunto vivió una vida de santidad, o que tuvo una muerte como mártir
y que, ahora, está en el cielo. Vemos pues que la beatificación suele ser el
segundo paso en el proceso oficial de la causa de los santos, llamada
canonización.
Antes
de la beatificación existen varios procesos. Primero se examina todos los años
de vida del candidato, sus virtudes, sus escritos y reputación de santidad. Este
proceso es, generalmente, conducido por un obispo del lugar donde el candidato
vivió o murió. Para un mártir, en este primer proceso no hay necesidad de
considerar los milagros hechos a través de su intercesión. El milagro requerido
debe ser probado a través de una instrucción canónica especial, que incluye
tanto el parecer de un comité de médicos (algunos de ellos no necesariamente
creyentes) y de teólogos.
Una
vez este primer proceso revela que el candidato practicó las virtudes en un
grado heroico o murió como un mártir de la fe, puede comenzar el segundo
proceso, llamado Apostólico, que está a cargo de la Santa Sede.
Las
personas beatificadas son llamadas «beatos» y pueden ser venerados por
los creyentes. La veneración universal está reservada para los santos
canonizados. La beatificación, que es siempre acto pontificio, será celebrada
por un representante del Santo Padre, que habitualmente será el prefecto de la
Congregación para las Causas de los Santos.
La Congregación para las Causas de
los Santos, es una de las nueve Congregaciones de la Curia Romana. Es creada el
8 de mayo de 1969. Se trata del organismo del Vaticano encargado de estudiar los
milagros, martirios y virtudes heroicas y de proponer los diferentes ejemplos de
santidad para que el Sumo Pontífice proceda a realizar las canonizaciones y
beatificaciones oportunas.
La canonización:
Fue en el año 993, cuando Ulrico de Ausburgo fue declarado santo en la primera
canonización aprobada directamente por un papa, el Papa Juan XV. El Papa
Gregorio IX formalizó el proceso de canonización yen el año 1234 las
canonizaciones se reservaron sólo al Papa. Fue el Papa Sixto V quién puso el
proceso en manos de la Congregación para las Causas de los Santos y del Santo
Padre.
En el
siglo y se codificaron los elementos para el procedí--miento formal que seguiría
la Iglesia en la canonización. Así,los santos se los identificaba como tales en
función de su reputación entre la gente, sobre todo del martirio; de las
historias y leyendas que se explicaban de sus vidas, como ejemplo de virtud
heroica; de la reputación de obrar milagros, en especial de aquellos que se
producían póstumamente sobre las tumbas o a través de las reliquias.
Pero aún tuvieron que pasar varios siglos para que la Iglesia, insistiera en la
verificación de las historias mediante una investigación sobre la vida y muerte
del santo.
La
canonización es el proceso final en el que al beato le corresponde el titulo de
santo. Para la canonización hace falta otro milagro atribuido a la intercesión
del beato y ocurrido después de la beatificación. Las modalidades de
verificación del milagro son iguales a las seguidas en la beatificación. El Papa
puede obviar estos requisitos, como ha ocurrido en algunas canonizaciones de los
últimos años que han despertado gran polémica. Si ha existido martirio no es
necesario el requerimiento del milagro. Indudablemente la canonización
compromete la infalibilidad pontificia.
Una vez el santo ha sido canonizado se concede su culto público en la Iglesia
universal y se le asigna un día de fiesta, pudiéndose dedicarle iglesias y
santuarios.
La
realidad, como ya se ha explicado, es que no existe un cómputo preciso de
quienes han sido proclamados santos desde los primeros siglos. En 1988, para
celebrar su IV centenario, la Congregación para la Causas de los Santos, publicó
el primer Index ac status Causarum. Este libro y los suplementos que
siguieron, escritos enteramente en latín, están considerados como el índice
definitivo de todas las causas que han sido presentadas ante la congregación
desde su institución.
Desde
que fue elegido en 1978, el Papa Juan Pablo II, hasta julio de 1997, había
proclamado 278 santos, entre los que se encontraban 245 mártires, 33 confesores
y 770 beatos de los que 579 eran mártires y 191 confesores.