Caro Figueroa afirma: “Tiene razón Joan Corominas, la máxima
autoridad en etimología de la lengua española, cuando dice que el
ennoblecimiento que ha experimentado la palabra gaucho es debido a la
intervención destacada de la caballería gaucha del norteño Güemes en las guerras
de la independencia”.
Los gauchos de Güemes no eran una montonera de hombres sin
instrucción ni disciplina sino un ejército organizado con jefes capacitados y
precisas directivas. Al respecto, la Profesora Teresa Cadena de Hessling
expresa:
“La organización de las milicias de Güemes, es una obra
maestra de la táctica militar donde el General adecuó los recursos de hombres y
bagajes, a las necesidades circunstanciales y topografía del terreno. El gaucho
conocedor de su medio podía por el vuelo de las aves, por el desplazarse de los
animales, por los murmullos de la selva, por la una y mil voces del monte y la
montaña, descubrir si personas extrañas al medio osaban ocupar sus espacios.
“Cuando la voz del jefe se alzaba pidiendo su concurso para
defender la Patria invadida, abandonaban sus hogares, mujeres, hijos y labores y
se convertían en los magníficos centauros inmortalizados con el nombre de
gauchos, que tanto sabían llevar una carga de caballería por entre el más tupido
monte, como transformarse en eficiente infantería en que sus dóciles corceles
servían de murallas y escudos, obrando conjuntamente con los Regimientos de
línea (Infernales, Artilleros, Coraceros, Granaderos a Caballo). Vestidos con
sus sombreros retobados, sus coletos y guardacalzones de cuero y los caballos
enjaezados con una especie de escudo de cuero en el pecho y los guardamontes,
parecían pegazos corriendo por los campos de la Patria en pos de un ideal de
libertad. Nada tenía que ver el gaucho salteño con esa especie de bandolero
trashumante, denominado con el mismo nombre en el sur.
“El ejército gaucho estaba organizado en escuadrones que se
dividían en Compañías. Tenía su plana mayor, cirujano y capellán. Algunos
escuadrones llevaban una o dos compañías de tropas de línea, es decir, soldados
regulares de los regimientos de granaderos pertenecientes a las tropas de
Belgrano, de los Cazadores y de los Infernales creados por Güemes”, expresa la
investigadora.
El gaucho fue marginado y despreciado en las distintas épocas
de nuestra historia. Cuando después de lograda la Independencia comenzaron los
enfrentamientos internos, no se reparó en aconsejar: “...no ahorre sangre de
gauchos que es lo único que tienen de humanos”.
Cada zona del país tuvo y tiene su tipo de gaucho. El gaucho
salteño actual se considera –con sobradas razones- orgulloso heredero de las
glorias de sus antepasados. De aquellos que aunados a Güemes defendieron la
Patria cuando su libertad peligraba.
III. EL GAUCHO
En un artículo de su autoría, la Prof. Ercilia Navamuel
expresa: “El gaucho, es el hombre cuya actividad se centra en el ambiente rural,
el que le dio una idiosincrasia particular y está en toda América, recibiendo
diferentes denominaciones según el país: llanero, huaso, chango, gaúcho,
vaquero, chapaco, etc. Y aún en Argentina, se distingue al gaucho de la pampa,
el del litoral y el del Noroeste. Las diferencias son en detalles superficiales,
del habla o del vestuario, pero todos responden a un mismo ideal de vida.
El término gaucho proviene de “guanche”, como se denominaban
en las islas Canarias a los nativos. Los españoles comenzaron a dar ese nombre a
los españoles americanos o criollos, para diferenciarlos de los aborígenes a
quienes llamaban indios. Algunos autores interpretan que proviene de “guascho”,
que en quechua significa huérfano, pero esto no explicaría el uso del término
gaucho en zonas muy alejadas de Los Andes.
Como criollos, los gauchos son los más adaptados al medio
geográfico, al punto de construir la verdadera nación americana, quienes, con
una identidad cultural propia supieron defender con fuerza sus derechos en todos
los tiempos.
El gaucho del Noroeste Argentino, es el criollo familiarizado
con la vida ecuestre. Tiene su origen en los primeros españoles llegados a la
región, en azarosas expediciones, que para subsistir tuvieron que aprender de
los aborígenes las cualidades de la tierra en la que se quedaron a poblar.
De esta manera se va formando la cultura criolla con profunda
tradición hispano cristiana y aborigen, además de una gran adaptación al medio.
Su íntima relación con el paisaje, hace que en nuestra
región, en azarosas expediciones, que para subsistir tuvieron que aprender de
los aborígenes las cualidades de la tierra en la que se quedaron a poblar.
De esta manera, se va formando la cultura criolla con
profunda tradición hispana cristiana y aborigen, además de una gran adaptación
al medio.
Su íntima relación con el paisaje, hace que en nuestra región
hallemos diferentes tipos de gauchos según las áreas geográficas, ya sea de la
llanura boscosa chaqueña o de la montaña y valles semiáridos, según las
exigencias que estas les demande. Pero todos tienen el mismo equipo de valores.
En tiempos coloniales, la región se caracterizó en lo
económico, por una intensa actividad rural, ganadera, que en grandes arreos de
miles de vacunos y mulares se enviaban al Alto Perú, siendo Salta un centro
nodal en lo político y económico. Actividad que continuó durante los siglos XIX
y XX, hacia diferentes rumbos, Chile, Bolivia, Perú y al Sur. Criar e invernar
ganados de toda clase, fue lo tradicional, hasta que la agricultura e industria,
paulatinamente la fueron reemplazando. Pero los siglos de la práctica ganadera,
formaron una cultura muy especial, idiosincracia común y red de parentescos en
una gran región en la que se comparten historia, tradición y valores.
La vida sacrificada del medio rural y los largos viajes a
caballo, durante los arreos, fueron creando costumbres, saberes y códigos de
honor propios, marcados por la moral cristiana, en los que se destacan valores
como la solidaridad, igualitarismo e individualismo pronunciado, pero con gran
respeto al prójimo. Con tendencia a la vida solitaria, no afecto a las
multitudes urbanas. El individualismo y el amor a la libertad, se contraponen a
las limitaciones de reglamento y paredes que impone la vida ciudadana, carente
de horizontes de lejanías.
Debe tenerse en cuenta que durante los siglos XVIII y XIX,
era mayoría la población rural. Muchos de los que vivían en las ciudades, tenían
sus intereses económicos en el campo, ya que eran hacendados. De esta manera,
resultaba ser más importante y antigua la tradición gaucha. En contraposición,
la población urbana, estaba integrada por comerciantes, profesionales y
funcionarios, en general de radicación reciente, que integraban una burguesía
pudiente. La diferencia no era solo domiciliaria sino también en historia y
costumbres, ya que los urbanos estaban más informados e involucrados en temas
políticos, legales, nacionales e internacionales, con mayor nivel económico,
afectos al lujo y a las comodidades.
En Salta, según el Censo ordenado por el Rey Carlos III en
1778, tenemos los siguientes datos demográficos: ciudad: 4.305; campo: 7.260
habitantes. Datos relativos de 1821 muestran lo siguiente: Ciudad: 5.093, campo:
8.435 habitantes. En 1854 se registra lo siguiente: ciudad: 8.000, campo: 56.000
habitantes.
Estas cifras muestran la preponderancia de la población
rural, aunque la urbana estaba económicamente involucrada con el campo. Desde
fines del siglo XVIII y el XIX, paulatinamente fue evolucionando el urbanismo y
creciendo la burguesía, sin que esto influyera en la idiosincrasia gaucha
regional.
El gaucho elaboró una filosofía de vida particular, como gran
conocedor de los recursos de su tierra, de las virtudes de la flora y fauna, de
cómo orientarse y como encontrar agua e incluso de pronosticar el clima. Es
precisamente esta actitud, la que producirá las diferencias regionales.
Como hombre reflexivo y observador, muchos de ellos son
poetas y escritores en distintas ramas del saber y la cultura, cantores, músicos
y especialmente bagualeros y copleros, medio por el que expresan su profunda
sabiduría.
Sus artefactos musicales son la guitarra, caja, bombo y
violín, fabricados por ellos mismos, siguiendo la tradición centenaria. En
general su producción musical es de origen hispana pero con características
locales, aun pudiéndose reconocer diferencias entre las chaqueñas con las
vallistas.
Sus raíces españolas y aborígenes, además de su relación con
la tierra, lo hicieron un bravo defensor de la independencia y autonomías
provinciales.
Poseedor de un espíritu audaz y aguerrido, capaz de arriesgar
todo, incluso su vida, por alcanzar sus objetivos, lo que se puso de manifiesto
históricamente en sus participaciones en las cuestiones patrias.
A la vez, tiene un carácter orgulloso, insumiso, sobrio y
autosuficiente. Estas cualidades le hacen obedecer solo al que demuestra igual
valer. Posee también gran sentido del honor, dignidad y libertad, con tendencia
al igualitarismo.
Es hombre hospitalario, sencillo y humilde, desinteresado por
lo superfluo. Resignado y resistente a las privaciones. Afecto a los desafíos de
habilidades, de donde deriva su fama de pendenciero. Vive intensamente el
presente y no se preocupa por el pasado ni el futuro. Obedece las leyes de la
naturaleza, pero es respetuoso de las buenas costumbres.
El gaucho no se define por lo racial, ni por lo económico.
Puede ser blanco o mestizo o moreno o descendiente de aborigen. Puede ser rico o
pobre o de la elit social o del último y más humilde nivel. Tal vez es un
hacendado o un simple peón o puestero aparcero. Es la cultura gaucha la que los
define como tal y que es compartida por toda su familia y heredada de sus
abuelos. Ser gaucho no se aprende en los centros educativos ni escolares ni
mucho menos en las calles de una ciudad, se nace así porque sus ancestros
también lo fueron. Es una forma de ser, de hablar y saber, que no puede ser
aparentado por solo la vestimenta. Tampoco es una cuestión de sexo, se es gaucho
o gaucha, sin puntos intermedios”, expresa la investigadora salteña.
IV. AGENDA GUEMESIANA FEBRERO DE 2005
10 de Febrero: Entrevista a la Prof. Susana Pratto, directora
de la Compañía de Teatro Buenos Aires al Sur. La prof. Pratto dirige la Obra
“Algo más que faldas y corsets” en la que son evocadas mujeres relevantes de la
historia argentina. En la oportunidad se conversó sobre Magdalena Güemes de
Tejada, “Macacha”, heroína que será incorporada a la obra mencionada.