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Boletín Güemesiano

 

  

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BOLETIN GUEMESIANO DIGITAL Nº 59

MARZO DE 2.005

PRESENTACIÓN

El gaucho es un personaje de la historia argentina profundamente enraizado con el sentimiento popular. Sobre él se han escrito numerosas páginas y se lo exalta cotidianamente, por ello en este Boletín se realiza un breve abordaje a su figura y significado. Para concretarlo se ha consultado bibliografía específica que permite conformar una caracterización del gaucho salteño que puede resultar enriquecedora para el lector.

CONTENIDO

I. EL PRIMER ARGENTINO, por Prof. María C Fernández

II. LOS GAUCHOS DE GUEMES, por María C Fernández

III. EL GAUCHO, por Ercilla Navamuel

IV. AGENDA GUEMESIANA FEBRERO DE 2004

V. PALABRAS FINALES

I. EL PRIMER ARGENTINO

Juan Carlos Dávalos define al gaucho como el primer argentino. A través de la palabra de distintos autores, descripciones é informes sobre el desempeño del gaucho, se procurará fundamentar la simple y precisa definición dada por Dávalos.

Pablo Groussac sostenía que la palabra gaucho no procedía de España y que posiblemente deriva del término quechua guacho, que significa abandonado, huérfano, errante.

Para Alberto Cardemil “guaso y gaucho derivan de gauderio, término sudamericano que deriva seguramente del latín gaudeo, directamente o a través del francés gauche, del portugués gahucho o del español gaudio. En todos los casos hay una partícula común: gau, que significa gozo o gozoso, con cascabeleo de jinetes rumboso”.

Según Gregorio Caro Figueroa, una de las primeras referencias al gaucho salteño es la que escribe Concolocorvo (Alonso Carrió de la Bandera) en El lazarillo de ciegos caminantes. En sus notas sobre lo que observó en Salta en 1772 Concolocorvo aplica el término colono al hombre que vive en el campo, agregando: “por mejor decir gauderios”. Para algunos autores, el vocablo gauderio procede de la Banda Oriental donde era aplicado a personas de vida nómade. Los gauchos de Salta y Tucumán eran sedentarios por lo que no sería correcto aplicarles esa denominación.

Ricardo Rojas decía que “El gaucho de nuestra epopeya, el de nuestra nacionalidad, no es el gauderio virreynal de Concolocorvo –y es un gran error confundirlo- sino el que San Martín bautizó con ese nombre en 1814, ungiéndolo con su propia gloria”.

Con estas palabras Ricardo Rojas alude a la época en que el Gral. José de San Martín se encontraba al mando del Ejército Auxiliar del Alto Perú. En uno de sus oficios informaba al Director Supremo: “Los gauchos de Salta, solos, están haciendo al enemigo una guerra de recursos tan terrible que lo han obligado a desprender una división con el solo objeto de extraer mulas y ganado”.

El gobierno central, consecuente con este informe, felicitó al Comandante General de Avanzadas, cargo dado por San Martín a Martín Güemes, reemplazando la palabra gaucho por campesino. El oficio firmado por San Martín constituiría el documento más antiguo del empleo del término gaucho a un sujeto argentino.

Por la misma época, los realistas mencionaban en sus escritos a los gauchos. Joaquín de la Pezuela describía en 1814 la actuación de “gauchos o gente de campo que les hacían casi con impunidad una guerra lenta pero fatigosa y perjudicial”. En otro oficio expresa: “...Queda mi fuerza reducida a tal grado de debilidad, que no siendo capaz de contener las correrías de los gauchos, podría el Ejército enemigo arrollarle con su numerosa caballería”...

Una interesante descripción de los gauchos salteños brinda el general español García Camba, quien luchó contra las milicias de Güemes en 1816. Decía de éste que “era tenido por eximio gaucho, es decir, por gran jinete”. Para García Camba los gauchos eran hombres tan valientes y diestros a caballo que igualaban, sino excedían, a cuanto se decía de los célebres mamelucos y los famosos cosacos.

En otro párrafo informa: “Los gauchos son hombres de campo, bien montados y armados todos a machete o sable, fusil o rifle, de los que se servían alternativamente sobre sus caballos con sorprendente habilidad, acercándose a las tropas con tal confianza, soltura y sangre fría, que admiraban a los militares europeos que por primera vez observaban aquellos hombres extraordinarios a caballo, y cuyas excelentes disposiciones para la guerra de guerrillas y de sorpresas, tuvieron repetidas ocasiones de comprobar”.

Otro realista, José de La Serna, en un oficio que dirigiera en diciembre de 1816 al Comandante Francisco de Uriondo a quien infructuosamente había intentado atraer a sus filas, escribía:

“Cree usted por ventura que un puñado de hombres desnaturalizados y mantenidos con el robo; sin más orden, disciplina ni instrucción; que la de unos bandidos; puede oponerse a unas tropas aguerridas y acostumbradas a vencer las primeras de Europa; y a las que se haría un agravio, comparándolas a esos que se llaman gauchos; incapaces de batirse con triplicada fuerza, como es la de su enemigo?”

Cuando este General invadió las Provincias Unidas en 1817, la Gazeta de Buenos Aires informaba el triunfo obtenido por los Patriotas sobre el ejército realista, expresando: “El título de Gaucho, mandaba antes de ahora, una idea poco ventajosa del sujeto a quien se aplicaba; y los honrados labradores y hacendados de Salta han conseguido hacerlo ilustre y glorioso, por tantas proezas, que les hacen dignos de un reconocimiento eterno”.

Días más tarde en el mismo medio y sobre el mismo tema se leía: “Se jactaban los enemigos de que dicho regimiento era invencible, pero sería porque estaba reservado a los Gauchos, humillar su orgullo”.

Estas notas son esclarecedoras respecto al cambio de sentido de la palabra. Puede que con la frase “antes de ahora” se aluda a la época colonial y a la independentista, en la que el término gaucho habría cambiado de acepción, al menos en Salta.

II. LOS GAUCHOS DE GUEMES

Martín Güemes estableció un vínculo tan especial con los gauchos que es considerado no sólo su protector sino quien los dignificó. Frecuentemente aludía a “sus gauchos” en sentido elogioso y afectuoso. En varias oportunidades disputó el trato que debía dárseles tanto con jefes patriotas como con enemigos. En una oportunidad le pedía a La Madrid (oficial del Ejército Nacional al mando de Manuel Belgrano):

...“que trate con la mayor consideración a mis gauchos y no dudo que lo hará así porque es mi amigo y porque obedecerá cuanto yo le mande, porque por mis gauchos quebraré con cuantos me los traten mal”.

En 1814 Martín Güemes tuvo un incidente con Martín Rodríguez a raíz de que este último había apresado a gauchos de uno de sus Escuadrones. Martín Güemes le pidió la inmediata liberación de los prisioneros, Martín Rodríguez sintiéndose insultado, respondió al oficio de Güemes: ...”¿Quién es usted, señor comandante de gauchos, para apercibirme?”. En su respuesta se aprecia el sentido peyorativo que dio al término.

En 1816 Güemes respondía a una carta escrita por su pariente y enemigo, Pedro Antonio de Olañeta -quien había intentado sobornarlo subestimando a los gauchos- con estas palabras:

“Yo no tengo más que gauchos honrados y valientes. No son asesinos sino de los tiranos, que quieren esclavizarlos. Con éstos únicamente los espero a usted, a su ejército y a cuantos mande la España. Convénzanse ustedes por la experiencia, que ya tienen, que jamás lograrán seducir, no oficiales, pero ni al más infeliz gaucho. En el magnánimo corazón de éstos no tiene acogida el interés ni otro premio que su libertad”.

Cuando Güemes gobernó la Intendencia de Salta –de 1815 a 1821- adoptó medidas protectoras de gran relevancia a favor de los gauchos. Al respecto el Dr. Walter Neil Bühler expresa:

“Mientras que en Buenos Aires y otras provincias del sur de nuestro país imperaba el más absoluto desprecio por la "gente inferior" integrada mayoritariamente por la gente del campo: los gauchos; Güemes establecía una legislación protectora para quienes estaban dejando sus vidas y escaso patrimonio en las luchas de la independencia.

Resulta notable la contraposición de las medidas adoptadas sobre los gauchos en las provincias del sur, frente a las que se consolidaron en las tierras comandadas por Güemes. Mientras desde agosto de 1815 regía en la Provincia de Buenos Aires el Bando dictado por el Gobernador Manuel Luis Oliden que exigía la célebre "papeleta" que convertía al gaucho en una especie de siervo de la gleba; Güemes establecía lo que el mismo denominó Fuero Gaucho”.

El amor de Güemes hacia sus gauchos era retribuído. Así lo confirma uno de sus detractores y admirador, el Gral. José María Paz, quien decía de él:

...”Este orador, tenía para los gauchos tal unción en sus palabras y una elocuencia tan persuasiva que hubieran ido en derechura a hacerse matar para probarle su convencimiento y adhesión”. En otro párrafo expresa: “Era adorado de los gauchos, que no veían en su ídolo, sino al representante de la ínfima clase, al protector y padre de los pobres, como lo llamaban, y también, porque es preciso decirlo, al patriota sincero y decidido por la independencia, porque Güemes lo era en alto grado. El despreció las seductoras ofertas de los generales realistas, hizo una guerra porfiada, y al fin tuvo la gloria de morir por la causa de su elección que era la de la América entera”.

Además de morir por la causa de su elección y erigirse en ejemplo para la posteridad, la gesta encabezada por el prócer fue exaltada de distintas maneras. Es poco conocido un dato que brindara en Noviembre de 1.972 Isabel González del Solar y Hernández, hija de Isabel Hernández y nieta del autor del Martín Fierro al autor de la Obra “Güemes Documentado”:

“Martín Fierro se formó honrando la memoria de Martín Güemes, el más gaucho de nuestros guerreros, y considerando de fierro el temple del hijo de la pampa... En conclusión: siempre hemos tenido la certeza que en Martín Fierro se unieron el nombre de Güemes y el férreo temple del gaucho”.

Es decir, el título dado por José Hernández a su obra cumbre une en el homenaje a Martín Güemes y al gaucho pampeano.

Caro Figueroa afirma: “Tiene razón Joan Corominas, la máxima autoridad en etimología de la lengua española, cuando dice que el ennoblecimiento que ha experimentado la palabra gaucho es debido a la intervención destacada de la caballería gaucha del norteño Güemes en las guerras de la independencia”.

Los gauchos de Güemes no eran una montonera de hombres sin instrucción ni disciplina sino un ejército organizado con jefes capacitados y precisas directivas. Al respecto, la Profesora Teresa Cadena de Hessling expresa:

“La organización de las milicias de Güemes, es una obra maestra de la táctica militar donde el General adecuó los recursos de hombres y bagajes, a las necesidades circunstanciales y topografía del terreno. El gaucho conocedor de su medio podía por el vuelo de las aves, por el desplazarse de los animales, por los murmullos de la selva, por la una y mil voces del monte y la montaña, descubrir si personas extrañas al medio osaban ocupar sus espacios.

“Cuando la voz del jefe se alzaba pidiendo su concurso para defender la Patria invadida, abandonaban sus hogares, mujeres, hijos y labores y se convertían en los magníficos centauros inmortalizados con el nombre de gauchos, que tanto sabían llevar una carga de caballería por entre el más tupido monte, como transformarse en eficiente infantería en que sus dóciles corceles servían de murallas y escudos, obrando conjuntamente con los Regimientos de línea (Infernales, Artilleros, Coraceros, Granaderos a Caballo). Vestidos con sus sombreros retobados, sus coletos y guardacalzones de cuero y los caballos enjaezados con una especie de escudo de cuero en el pecho y los guardamontes, parecían pegazos corriendo por los campos de la Patria en pos de un ideal de libertad. Nada tenía que ver el gaucho salteño con esa especie de bandolero trashumante, denominado con el mismo nombre en el sur.

“El ejército gaucho estaba organizado en escuadrones que se dividían en Compañías. Tenía su plana mayor, cirujano y capellán. Algunos escuadrones llevaban una o dos compañías de tropas de línea, es decir, soldados regulares de los regimientos de granaderos pertenecientes a las tropas de Belgrano, de los Cazadores y de los Infernales creados por Güemes”, expresa la investigadora.

El gaucho fue marginado y despreciado en las distintas épocas de nuestra historia. Cuando después de lograda la Independencia comenzaron los enfrentamientos internos, no se reparó en aconsejar: “...no ahorre sangre de gauchos que es lo único que tienen de humanos”.

Cada zona del país tuvo y tiene su tipo de gaucho. El gaucho salteño actual se considera –con sobradas razones- orgulloso heredero de las glorias de sus antepasados. De aquellos que aunados a Güemes defendieron la Patria cuando su libertad peligraba.

III. EL GAUCHO

En un artículo de su autoría, la Prof. Ercilia Navamuel expresa: “El gaucho, es el hombre cuya actividad se centra en el ambiente rural, el que le dio una idiosincrasia particular y está en toda América, recibiendo diferentes denominaciones según el país: llanero, huaso, chango, gaúcho, vaquero, chapaco, etc. Y aún en Argentina, se distingue al gaucho de la pampa, el del litoral y el del Noroeste. Las diferencias son en detalles superficiales, del habla o del vestuario, pero todos responden a un mismo ideal de vida.

El término gaucho proviene de “guanche”, como se denominaban en las islas Canarias a los nativos. Los españoles comenzaron a dar ese nombre a los españoles americanos o criollos, para diferenciarlos de los aborígenes a quienes llamaban indios. Algunos autores interpretan que proviene de “guascho”, que en quechua significa huérfano, pero esto no explicaría el uso del término gaucho en zonas muy alejadas de Los Andes.

Como criollos, los gauchos son los más adaptados al medio geográfico, al punto de construir la verdadera nación americana, quienes, con una identidad cultural propia supieron defender con fuerza sus derechos en todos los tiempos.

El gaucho del Noroeste Argentino, es el criollo familiarizado con la vida ecuestre. Tiene su origen en los primeros españoles llegados a la región, en azarosas expediciones, que para subsistir tuvieron que aprender de los aborígenes las cualidades de la tierra en la que se quedaron a poblar.

De esta manera se va formando la cultura criolla con profunda tradición hispano cristiana y aborigen, además de una gran adaptación al medio.

Su íntima relación con el paisaje, hace que en nuestra región, en azarosas expediciones, que para subsistir tuvieron que aprender de los aborígenes las cualidades de la tierra en la que se quedaron a poblar.

De esta manera, se va formando la cultura criolla con profunda tradición hispana cristiana y aborigen, además de una gran adaptación al medio.

Su íntima relación con el paisaje, hace que en nuestra región hallemos diferentes tipos de gauchos según las áreas geográficas, ya sea de la llanura boscosa chaqueña o de la montaña y valles semiáridos, según las exigencias que estas les demande. Pero todos tienen el mismo equipo de valores.

En tiempos coloniales, la región se caracterizó en lo económico, por una intensa actividad rural, ganadera, que en grandes arreos de miles de vacunos y mulares se enviaban al Alto Perú, siendo Salta un centro nodal en lo político y económico. Actividad que continuó durante los siglos XIX y XX, hacia diferentes rumbos, Chile, Bolivia, Perú y al Sur. Criar e invernar ganados de toda clase, fue lo tradicional, hasta que la agricultura e industria, paulatinamente la fueron reemplazando. Pero los siglos de la práctica ganadera, formaron una cultura muy especial, idiosincracia común y red de parentescos en una gran región en la que se comparten historia, tradición y valores.

La vida sacrificada del medio rural y los largos viajes a caballo, durante los arreos, fueron creando costumbres, saberes y códigos de honor propios, marcados por la moral cristiana, en los que se destacan valores como la solidaridad, igualitarismo e individualismo pronunciado, pero con gran respeto al prójimo. Con tendencia a la vida solitaria, no afecto a las multitudes urbanas. El individualismo y el amor a la libertad, se contraponen a las limitaciones de reglamento y paredes que impone la vida ciudadana, carente de horizontes de lejanías.

Debe tenerse en cuenta que durante los siglos XVIII y XIX, era mayoría la población rural. Muchos de los que vivían en las ciudades, tenían sus intereses económicos en el campo, ya que eran hacendados. De esta manera, resultaba ser más importante y antigua la tradición gaucha. En contraposición, la población urbana, estaba integrada por comerciantes, profesionales y funcionarios, en general de radicación reciente, que integraban una burguesía pudiente. La diferencia no era solo domiciliaria sino también en historia y costumbres, ya que los urbanos estaban más informados e involucrados en temas políticos, legales, nacionales e internacionales, con mayor nivel económico, afectos al lujo y a las comodidades.

En Salta, según el Censo ordenado por el Rey Carlos III en 1778, tenemos los siguientes datos demográficos: ciudad: 4.305; campo: 7.260 habitantes. Datos relativos de 1821 muestran lo siguiente: Ciudad: 5.093, campo: 8.435 habitantes. En 1854 se registra lo siguiente: ciudad: 8.000, campo: 56.000 habitantes.

Estas cifras muestran la preponderancia de la población rural, aunque la urbana estaba económicamente involucrada con el campo. Desde fines del siglo XVIII y el XIX, paulatinamente fue evolucionando el urbanismo y creciendo la burguesía, sin que esto influyera en la idiosincrasia gaucha regional.

El gaucho elaboró una filosofía de vida particular, como gran conocedor de los recursos de su tierra, de las virtudes de la flora y fauna, de cómo orientarse y como encontrar agua e incluso de pronosticar el clima. Es precisamente esta actitud, la que producirá las diferencias regionales.

Como hombre reflexivo y observador, muchos de ellos son poetas y escritores en distintas ramas del saber y la cultura, cantores, músicos y especialmente bagualeros y copleros, medio por el que expresan su profunda sabiduría.

Sus artefactos musicales son la guitarra, caja, bombo y violín, fabricados por ellos mismos, siguiendo la tradición centenaria. En general su producción musical es de origen hispana pero con características locales, aun pudiéndose reconocer diferencias entre las chaqueñas con las vallistas.

Sus raíces españolas y aborígenes, además de su relación con la tierra, lo hicieron un bravo defensor de la independencia y autonomías provinciales.

Poseedor de un espíritu audaz y aguerrido, capaz de arriesgar todo, incluso su vida, por alcanzar sus objetivos, lo que se puso de manifiesto históricamente en sus participaciones en las cuestiones patrias.

A la vez, tiene un carácter orgulloso, insumiso, sobrio y autosuficiente. Estas cualidades le hacen obedecer solo al que demuestra igual valer. Posee también gran sentido del honor, dignidad y libertad, con tendencia al igualitarismo.

Es hombre hospitalario, sencillo y humilde, desinteresado por lo superfluo. Resignado y resistente a las privaciones. Afecto a los desafíos de habilidades, de donde deriva su fama de pendenciero. Vive intensamente el presente y no se preocupa por el pasado ni el futuro. Obedece las leyes de la naturaleza, pero es respetuoso de las buenas costumbres.

El gaucho no se define por lo racial, ni por lo económico. Puede ser blanco o mestizo o moreno o descendiente de aborigen. Puede ser rico o pobre o de la elit social o del último y más humilde nivel. Tal vez es un hacendado o un simple peón o puestero aparcero. Es la cultura gaucha la que los define como tal y que es compartida por toda su familia y heredada de sus abuelos. Ser gaucho no se aprende en los centros educativos ni escolares ni mucho menos en las calles de una ciudad, se nace así porque sus ancestros también lo fueron. Es una forma de ser, de hablar y saber, que no puede ser aparentado por solo la vestimenta. Tampoco es una cuestión de sexo, se es gaucho o gaucha, sin puntos intermedios”, expresa la investigadora salteña.

IV. AGENDA GUEMESIANA FEBRERO DE 2005

10 de Febrero: Entrevista a la Prof. Susana Pratto, directora de la Compañía de Teatro Buenos Aires al Sur. La prof. Pratto dirige la Obra “Algo más que faldas y corsets” en la que son evocadas mujeres relevantes de la historia argentina. En la oportunidad se conversó sobre Magdalena Güemes de Tejada, “Macacha”, heroína que será incorporada a la obra mencionada.

V. PALABRAS FINALES

Emociona recorrer las páginas del libro: “La Guardia Bajo las Estrellas. Su historia” presentado en La Casa de la Cultura a fines de 2004, cuyo autor, José Fadel, me enviara. En él se reviven las profundas emociones que se despliegan en cada Guardia Bajo las Estrellas en Cañada de La Horqueta desde el año 1.956.

En la introducción de la obra se lee: “El heroísmo, como los grandes gestos de los hombres engendra actitudes iguales. La gesta cumplida por Güemes, con todas sus concomitancias: la guerra desigual, sus campesinos soldados, la estrategia de la guerrilla, encenderles el coraje, crear una mística en la defensa de su suelo, la ofrenda de su vida por la patria, la grandeza en el momento de su muerte; son los contornos que definen la figura de los grandes, espejo en el que se miran los pueblos, simiente de la que se nutren las sociedades, hálito mágico con que ondean las banderas.

La historia de la “Guardia Bajo Las Estrellas”, creada por los Amigos de la Montaña en 1956, es la expresión del espíritu de un pueblo en admiración y gratitud a esa fuerza inmanente que irradian los héroes.

Historia que el Club y la Comisión Permanente no sólo han mantenido lozana a través de los años, con simbólica guardia nocturna en el santuario del Héroe, sino que ha señalado mil veces el lugar de la muerte del Prócer, “Cañada de la Horqueta”, para que el espíritu de los argentinos vibre de emocionado coraje a la sola mención de ese nombre”.

Coincido con cada palabra del Prof. Fadel, maestro Güemesiano de impecable y prestigiosa trayectoria. Desde mi rincón de trabajo celebro su accionar y agradezco sus constantes lecciones de amor y entrega.

Buenos Aires, 12 de Marzo de 2005

 

 

Prof. María Cristina Fernández

macacha@infovia.com.ar

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