PALABRAS FINALES
I. IMPORTANCIA DE LA ACTITUD DE SALTA
La respuesta de las Intendencias del
Virreinato del Río de la Plata a la creación de la Primera Junta de Gobierno
Patrio en Buenos Aires no fue unívoca. Algunas la desconocieron y condenaron,
iniciando la desmembración del extenso Virreinato. Salta se proclamó a favor de
la revolución y reconoció a la Junta.
Bernardo Frías en el Tomo I de la obra
Historia del General Martín Güemes analiza la importancia que tuvo la actitud de
Salta en esas circunstancias expresando: “En toda la dilatada Intendencia los
cabildos de las ciudades subalternas de Tucumán, Santiago, Catamarca, Jujuy y
Tarija, “acostumbrados a oír la voz del jefe inmediato aún en asuntos de menos
arduidad, y dando la última prueba del espíritu de subordinación que los
animaba”, aguardaron la voz del cabildo de Salta para pronunciarse siguiéndola
y, a su turno, por la adhesión a Buenos Aires. “La religiosa conducta de Salta
les prevenía obedecer sin discutir”; y aquellos pueblos tocados en lo más
delicado de su Patriotismo, “adhirieron ciegamente a la resolución indicada por
el gobernador de la Provincia”. De esta manera, la resolución del cabildo de
Salta venía a decidir la suerte de la revolución en el norte, y con ello a
salvarla, porque de haberse pronunciado de manera contraria, todas las fuerzas
inmensas del interior, desde Córdoba hasta La Paz, hubieran sofocado entre sus
brazos y en breve término el movimiento aislado de Buenos Aires.
“Su resolución fue tan heroica, que privó que
muriese en su cuna la libertad”. Buenos Aires, en verdad, nada había hecho para
levantar en su favor el espíritu del país, la opinión y los recursos, antes del
25 de mayo; procedió con suma imprudencia e inexperiencia asombrosa lanzándose a
una verdadera temeridad que, a sólo contar con sus propias fuerzas, era cosa
perdida. Buenos Aires no hizo propaganda ninguna antes de aquella fecha; se
limitó a consumar el cambio en su recinto, a producir una conmoción aislada; era
algo así como la repetición de lo efectuado en Chuquisaca y en La Paz, y debería
necesariamente sucumbir, pues seguiría la misma suerte de estos movimientos
aislados, localistas, sin ramificaciones en el resto del país, produciendo una
tragedia más grande en su lucha contra todo el interior y el litoral, porque las
fuerzas del rey hubieran sido más numerosas, mejor disciplinadas, con más
recursos, con todo el enorme apoyo de los poderes oficiales, y porque Liniers,
Concha y Goyeneche eran generales superiores a Balcarce y a Belgrano, con que
contaba al presente la Junta de la Capital.
Por eso, con sobra de razón pudo decir el
doctor Gorriti que la gloria de la revolución de Mayo no está solamente en
haberla producido materialmente el día oportuno, sino en haberla preparado y en
haberla secundado y sostenido sin haberse concertado, salvándola después de
nacida en peligros de muerte. Y ésa debía ser la primera gloria de Salta.
A decir verdad, fue la única provincia que
correspondió al grito dado por Buenos Aires. Todo lo restante del virreinato
quedó o indiferente o estupefacto, guardando una actitud quieta y silenciosa,
todo él bajo el mando y dominio de jefes españoles que desde el primer momento
trataron de concertarse para sofocar la revolución, antes que saliera de la
plaza de Buenos Aires y se propagara por el seno de los pueblos. Para ello
trataron de armarse, poniéndose en pié de guerra. ¿Qué podría hacer Buenos Aires
contra toda la fuerza del país alzada en su contra, y contra toda la fuerza del
Perú cuyo virrey tomaría a su cargo la defensa de los intereses españoles así
atacados? Más al pronunciarse Salta de manera viril y casi unánime, embarazaba
de tal manera los planes enemigos y prestaba su concurso a la revolución. Lo que
hubiera sido una triste repetición de lo acaecido en Chuquisaca y en La Paz, y
aún más sangriento y espantoso, se cambiaba por un equilibrio de fuerzas que
desde el primer día puso a raya los esfuerzos españoles. Lo mismo que había
visto Arenales un año atrás lo apreciaban los españoles ahora, esto es: la
posesión de Salta era ganancia decisiva en la causa que la obtuviera. Su
situación en medio de los pueblos cortaba a los españoles del sur de los del
norte; su armamento era suficiente para una respetable división de ejército, y
su población como sus recursos para las necesidades de una guerra, ninguna
provincia podía ofrecerlos ni más abundantes ni mejores”.
Indudablemente el pronunciamiento de Salta a
favor de la revolución y su aceptación de la Junta creada en Buenos Aires el 25
de Mayo de 1810, fue de vital importancia para la gesta independentista que allí
se iniciaba.
II. MARTIN GUEMES
En la obra “Los Protagonistas” que trata la
historia de los hombres y mujeres que construyeron nuestro país, José María Rosa
comienza el capítulo dedicado al General Martín Güemes transcribiendo una
estrofa del Poemario titulado “Güemes” del escritor salteño Julio César Luzzato:
“Cuando pasa el general
dan su alerta los zorzales,
para que escondan sus uñas,
los cactus y los chaguares”.
Sobre estos versos José María Rosa expresa:
“Poquísimas letras están diciendo mucho sobre la bravía indoblegable y a veces
levantisca personalidad del caudillo salteño. Aquél que mantuvo incólume el
frente norte ante la avanzada realista –cosa que no lograron los estudiosos
militares de profesión-, conseguido a base de coraje y espontaneidad
revolucionaria con un puñado de gauchos, “organizados” en montoneras. La guerra
de recursos o guerra de guerrillas fue su táctica usual ante un enemigo
desmesuradamente superior. ¿Cómo iba a imaginar este portento de nacionalidad
que su mayor traición provendría de la retaguardia porteña? Son los mismos
porteños de las clases dirigentes quienes no tendrán ningún prejuicio en
afirmar, cuando se anoticien de la muerte de Güemes: “Murió el abominable Güemes
al huír de la sorpresa que le hicieron los enemigos. Ya tenemos un cacique
menos…” (Gaceta de Buenos Aires, Junio de 1821)
Palabras afrentosas que únicamente podían
provenir de aquellos que no guardaban un compromiso con la realidad y con su
destino nacional. Las luces de Europa habían enceguecido a los soberbios
porteños, quienes no veían en el interior más que “anarquismo” y una difusa idea
de una concepción “federalista”. ¡Pobres porteños! Con los años va a tener que
venir un poeta del interior, de Añatuya (Santiago del Estero), llamado Homero
Manzi, a recordarles lo más hermoso de las raíces históricas, en una
reivindicación de los suburbios, pletóricas de imágenes tradicionales y místicas
del Buenos Aires querible.
Quien sabe cuál hubiese sido el futuro de la
naciente Nación, si Martín Güemes no hubiera acosado a las fuerzas realistas con
sus partidas de gauchos”, expresa el historiador.
III. LA GUEMESIADA
La Güemesiada es un drama épico en el que su
autor, Joaquín Vedoya Beristayn, relata en versos y en prosa la patriótica
trayectoria del Gral. Martín Miguel de Güemes. Comprende dos partes, la primera
está integrada por trece cantos, la segunda por tres relatos de la Guerra
Gaucha.
En la introducción dice el autor: “Héroe y
caminante de la historia patria, indicando con sus pasajes de eternidad la
grandeza de su intención justa e irrevocable”, tales fueron las palabras del
poeta y escritor Víctor Zambrano cuando se refirió al General Martín Miguel de
Güemes en una de las tantas acotaciones que hiciera al margen de un escrito que
evocara la Epopeya. Es mi deseo servirme ahora de ellas como Introducción a esta
tarea grata de incursionar en los caminos de la Guerra Gaucha, defensiva y
ardua, sobre la ruta indicadora de toda una rebelión contra los intereses del
Rey y como meta de la razón de ser de una esperanza, iluminando el espíritu de
la Independencia con la grandeza suficiente del sacrificio. Leyenda y tradición
se amalgaman poéticamente en mi obra “La Güemesiada”, dando origen cierto al
relato de hechos acaecidos, documentados y realzados, llevando al lector
paulatinamente “por la corriente de una vida seleccionada que crea aptitudes y
procura ser el respeto de todas las masas unidas y del enemigo, bajo rigores que
no buscan protección”. En el malhumor de la época (que provocara rencillas en el
mismo seno de los hogares coloniales), germina la niñez del personaje central de
nuestra epopeya, acumulando tiempo a los estratos de los caracteres de su
personalidad, fragosa, indomable, dual en sus verdaderos amores por su Patria,
por su Pueblo, por su familia y condición, sincera con el paisanaje y con los
gentiles, aristócrata y montaraz, la que en un plazo de doce años meritúa su
papel humano, guerrero o político; impuesta de sentimientos contrarios o de
lujos cerriles, a través de la provocación ocasionada por las distintas batallas
de su vida hasta culminar finalmente en la Primera Parte de “La Güemesiada” con
el sacrificio costoso y pleno de encantos que significa la derrota del Mariscal
don José de La Serna, aureola de romanticismo heroico que bien pudo haber sido
el final de la guerra de posiciones (librada por Güemes desde 1814) ¡sin
Ayacucho!
“El hombre hace lo que su deber le manda;
todo en él es ponderable y limpio.
Su breve existir en la demanda
parece prohijado por el Olimpo.
Rey en blasones y en impaciencia
cumple paso a paso sus designios
bregando por la real Independencia
que anhela para sus dominios.
Y mientras cabalga dominante
de un punto a otro, llevando los mensajes
que el fragor de su lucha detonaba,
alza en su signo de gigante
para darnos en todos los parajes
la emoción de una guerra dominada”.
Termino este Introito diciendo que la Primera
Parte (1806-1817) de la Güemesiada es necesariamente el resumen directo de las
hazañas principescas del “Hombre más desnudo en sus afanes, más grande en sus
sacrificares, más federal en todos sus principios, nacional como ninguno e igual
a Belgrano, San Martín, Brown y Necochea, como metafísicamente olímpico. Y
poderosamente abnegado, que en nueve años destaca los caracteres principales de
la nacionalidad con su fuerza de ley, su palabra clara y firme y su aptitud
clemente, derrotando siempre aunque se quedara en cueros, tal como lo expresara
Zambrano, explicando así “El inaugura la libertad , resarcida de la adversidad
con la más costosa de las victorias”.
“La Güemesiada” fue impresa en Salta en el
año 1988, constituye una interesante obra literaria sobre los principales
sucesos y protagonistas de la Guerra Gaucha.
IV. AGENDA GUEMESIANA DICIEMBRE DE 2005
La prof. María Cristina Fernández desarrolló
durante Diciembre las siguientes actividades:
En Salta:
3 de Diciembre: En la localidad de San
Antonio de los Cobres, Depto. Los Andes, dirigió el 2do Taller Histórico
denominado: Cancionero Güemesiano. Durante el mismo dialogó con los asistentes,
respondió consultas y se elaboraron propuestas conjuntas para la aplicación del
contenido del Taller.
7 de Diciembre: Entrega del Informe
Anual de la Delegación Buenos Aires a la Pdta. del Instituto Güemesiano de
Salta, Prof. Ercilia Navamuel.
En B Aires:
22 de Diciembre: Expuso sobre el tema
“César Perdiguero y la difusión de la vida de Martín Güemes”, en la Casa de
Salta en Buenos Aires durante el Homenaje al escritor.
V. CONFERENCIA SOBRE EL GRAL. GUEMES EN
PERU
En Lima se desarrolló el 29 de diciembre una
Conferencia sobre Güemes, Belgrano y su aporte a la causa independentista. La
misma se concretó en el Instituto Sanmartiniano del Perú ante un importante
auditorio que se mostró muy interesado en el tema.
Para la ocasión la Prof. M Cristina Fernández
envió –a solicitud del disertante, Ministro Jorge Lidio Viñuela de la Embajada
Argentina en Perú- un trabajo sobre la amistad entre los generales Martín Güemes
y Manuel Belgrano.
VI. PALABRAS FINALES
Un cálido y fraterno abrazo a los lectores
del Boletín Güemesiano, que actualmente llega por mail a Arequipa; Lima; Oruro;
La Paz; Santa Cruz de la Sierra; Santo Domingo; El Salvador; Costa Rica; México;
Nueva York; Montreal; Ellwangen; Isla de Creta; Madrid; Vigo; Barcelona; Sydney;
Gran Canaria y varias Provincias Argentinas.
Buenos Aires, 10 de enero de 2006
Prof.
María Cristina Fernández
macacha@infovia.com.ar
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