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Boletín Güemesiano

 

  

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BOLETIN GUEMESIANO DIGITAL Nº 60

 

ABRIL DE 2.005

PRESENTACIÓN

 

Entre las fechas importantes, en Abril se recuerdan los aniversarios de la Gesta de Malvinas; la muerte de Carmen Puch de Güemes y la fundación de Salta. En el presente Boletín se evocará la Gesta Malvinera a través de integrantes del Escuadrón “Alacrán” que se cubrieron de gloria en su suelo y, posteriormente, a Carmencita Güemes.

Para la primera evocación se recurrió a la obra “Historias de Frontera”, escrita por Jorge Servent, quien autorizó la trascripción de algunos párrafos. Este libro contiene una preciosa recopilación de sentimientos y hechos gloriosos del personal de Gendarmería Nacional, siendo de particular significación el capítulo Gendarmes en Malvinas.

En ése capítulo se aprecia y valora la presencia viva de Martín Güemes en dos protagonistas de la gesta: el Jefe del Escuadrón Alacrán y un Oficial caído en las Islas. Interesa acercar tan conmovedor relato a los lectores, como una manera especial de homenajear a dicha Fuerza tutelada por el General Güemes.

 

CONTENIDO

 

I.                 EL ESPIRITU DE GUEMES EN LOS GENDARMES QUE COMBATIERON EN MALVINAS.

II.                LA NIÑA DE GRAN DULZURA QUE CON TERNURA SUPO AMAR.

III.               AGENDA

IV.              PALABRAS FINALES

 

 

I.                 EL ESPIRITU DE GUEMES EN LOS GENDARMES QUE

COMBATIERON EN MALVINAS

 

Malvinas, la hermanita perdida que nos negamos a resignar, la que vierte sus lágrimas en aguas argentinas mientras la mecen extraños brazos… Malvinas, las queridas e irredentas islas por quienes desbordan los sentimientos del pueblo, sus músicos y poetas.

En el libro “Historias de Frontera”, Jorge Servent recogió los relatos de algunos de los Gendarmes que en 1.982 estuvieron en las Islas Malvinas. De lo expresado por dos protagonistas de aquellos relatos se transcriben algunos párrafos que permitirán conocer los sentimientos que vinculan al Gendarme con el Gral. Güemes.

El Escuadrón que fue a Malvinas estuvo integrado por cuarenta Gendarmes. Fue nombrado “Alacrán” debido a la misión que debían cumplir: atacar

 desde la retaguardia, en forma sorpresiva. Su Jefe fue el Comandante General Ricardo Spadaro, quien entonces poseía el grado de Comandante.

Al recordar los sucesos Spadaro expresó: “Los que fuimos favorecidos por Dios con la posibilidad de ir a combatir para la recuperación de nuestras Islas, somos conscientes de que lo hicimos en nombre de los diecisiete mil gendarmes que quedaron en el Continente envidiando nuestra suerte y que hubieran aceptado la tarea con la misma decisión y el mismo orgullo con que lo hicimos los cuarenta que, el 28 de mayo de 1982, desembarcamos en Puerto Argentino. Por otra parte, los muertos y heridos, en una palabra, la sangre de gendarmes derramada en Malvinas no es más heroica que la vertida en defensa de la soberanía nacional en otras misiones o en la protección de nuestras fronteras. Por eso, aprovecho esta oportunidad para rendir un homenaje a todos los gendarmes que dieron su sangre y su vida por nuestra Patria”.

 

En la Gesta Malvinera murieron el gendarme Juan Carlos Treppo; el Cabo Carlos Misael Pereyra; el Cabo Primero Marcial Verón; el Cabo Primero Víctor Samuel Guerrero; el Sargento Ayudante Ramón Gumersindo Acosta; el Subalférez Guillermo Nasif y el Primer Alférez Julio Ricardo Sánchez.

Respecto a la muerte del Oficial Julio Ricardo Sánchez, Spadaro expresa: “La otra imagen que me quedó grabada fue la del Primer Alférez Sánchez atándose los borceguíes mientras se alistaba para la partida. El no integraba esa patrulla, era el Oficial de Operaciones del Escuadrón y tenía que hacer los registros cartográficos para determinar la posición exacta en que iban a actuar nuestras tropas y regresar de inmediato. Nadie imaginaba que él había escrito un testamento con la siguiente frase: Si no vuelvo, deseo que le entreguen a mi esposa y a mi hija el sable de Güemes, como el que usan los comandantes generales.

No sé si alguien en Gendarmería se ha detenido a pensar qué quiere decir esto; expresado por alguien que tenía tantas cosas para escribir o decirle a su familia y que sólo quiso dejarles como recuerdo suyo el sable de Güemes, el emblema de los  Comandantes Generales. Gendarmería cumplió acabadamente con ése deseo póstumo”,

Al final del Capítulo, Spadaro dijo: “Quiero expresar que cada Gendarme escribió una página de abnegación y entrega que nos enorgullece a todos los signados con el espíritu de Güemes. No hubo misiones pequeñas ya que hasta las de carácter administrativo o aparentemente pasivas, fueron desarrolladas bajo el fuego enemigo y con la finalidad de mantener la aptitud combativa de nuestras tropas”.

Los sobrevivientes del Escuadrón Alacrán regresaron al Continente el 14 de Junio de 1982, excepto su Jefe y el Segundo Jefe, los Comandantes Ricardo Spadaro y Hugo Díaz. Ambos permanecieron en Malvinas como prisioneros de guerra hasta mediados de Julio del mismo año.

Como se aprecia, Spadaro siente que el Gendarme está profundamente consustanciado con el espíritu de Güemes. Güemes en ellos es hoy, en sus acciones heroicas, en la defensa de la Patria, en el amor al terruño. Y también en el orgullo de ser bastiones de soberanía.

 

VENENO DE HONOR Y GLORIA

 

Un gendarme, el Comandante Principal Oscar “Cacho” Roberts –rionegrino- es autor del tema “Veneno de Honor y Gloria”, que exalta la participación de nuestros gendarmes. La voz de Roberts se quiebra al nombrar a los siete mártires del Escuadrón Alacrán. Sobre ellos dice:

 

“Al Gendarme que es ejemplo

de vida y renunciamiento

les dejo por testamento

mis versos del corazón.

 

En la guerra sin razón

muchos dejaron el cuero

con Giachino el marinero

mis camaradas caídos

son héroes de nuestro tiempo

son testimonio argentino”.

 

En otra estrofa estremece al recordar el contenido de la carta que el Sargento Ayudante Gumersindo Acosta escribió a su hijo:

“Acosta le escribía

hijo ten calma

que si no vuelvo a la tierra

te besaré con el alma.

Te miraré desde el cielo

m’hijito, con el lucero del alba…”

 

Los temas, además de cantar la gesta, son un reconocimiento musicalmente profundo a los héroes caídos y a los que regresaron de Malvinas. Gloria y honor a ellos.

 

II.   LA NIÑA DE GRAN DULZURA QUE CON TERNURA SUPO AMAR

 

Nuestra historia registra un conmovedor romance, el de una pareja que vivió su amor entre tambores que llamaban a la lucha y escasos intervalos de paz. Fue la constituida por Carmen Puch y Martín Miguel de Güemes.

Ambos eran salteños, se enamoraron y en 1815 (cuando él tenía 30 años y ella 18) se casaron. El prócer gobernaba entonces la Intendencia de Salta y se encontraba a cargo de la defensa de las Provincias Unidas.

Carmencita, a quien el poeta José Ríos llama “La niña de gran dulzura” poseía una esmerada educación y belleza física, era la única hija mujer entre seis hijos de una familia acaudalada y de noble estirpe. Muy poco disfrutó el privilegio de ser la esposa de Güemes. Intensamente enamorada, vivió angustiada por la suerte del magno luchador. Su angustia crecía junto a los peligros que la Patria naciente experimentaba por el constante avance de los realistas que desde 1810 sólo anhelaban recuperar el poder del ex Virreynato del Río de la Plata. A los enemigos externos se sumaron los internos, que en varias oportunidades atentaron contra el jefe de las milicias que luchaban por la libertad.

 

MATERNIDAD Y PERIPECIAS

 

Los constantes avances realistas sobre territorio patrio obligaron a  Carmencita a cambiar de residencia frecuentemente. Debido a que Martín Güemes no cedía a presiones ni a suculentas propuestas para abandonar la lucha, su familia era un objetivo codiciado: capturar a su esposa o a sus hijos, obsesionaba al enemigo.

La pareja tuvo tres hijos: Martín, Luis e Ignacio. En el invierno de 1.820, encontrándose Carmen en el octavo mes de embarazo del tercer hijo, Ignacio, y como consecuencia de una nueva invasión realista, se vió obligada a escapar. La acompañaba una sirvienta y un jovencito que las guiaba por la espesura del monte. La huida se concretó por tramos, a caballo y a pié ya que transitar en carruaje hubiera sido muy arriesgado. En sus brazos llevaba a Luis, que todavía no había cumplido un año.  Martincito, tenía sólo tres.

Entre cerros y quebradas la heroica dama eludió dramáticamente a quienes la perseguían. Pero las peripecias del camino, el extenuante nerviosismo y el rigor climático afectaron gravemente su salud y la de los pequeños.

Carmencita no se quejaba, amaba a Martín y a su Patria. Como cualquier esposa, tendría sus proyectos, sus anhelos, pero sabía que sólo podría concretarlos cuando la lucha finalizara. Por eso, amorosamente, esperaba.

 

LA MUERTE COMO ALTAR PARA EL RE ENCUENTRO

 

En sus breves pero ejemplares vidas la pareja se prodigó un intenso amor.  No pudieron disfrutar del hogar pero los sobresaltos, angustias y penurias de la guerra no socavaron los preciosos sentimientos que los unían.

En junio de 1.821, ante la inminencia del peligro que traía aparejado el avance de un poderoso ejército invasor, Güemes envió a la casa paterna a su esposa é hijitos. Carmen se encontraba a unos 100 Km de Salta cuando el general fue herido por una partida realista y falleció días después (17 de Junio de 1821). Ella no pudo aliviar el martirio de su esposo porque lo ignoraba, no pudo darle el último beso ni decirle cuánto lo amaba porque por fin habían logrado separarlos.

Juana Manuela Gorriti (la genial escritora salteña) cuyo padre, José Ignacio Gorriti,  estuvo junto al general agonizante,  cuenta que antes de morir Güemes le pidió que velara por sus hombres, por Carmencita y por sus hijos. Y –sabedor de su destino- vaticinó: “ella vendrá conmigo y morirá de mi muerte como ha vivido de mi vida”. Según la escritora, cuando la dulce esposa recibió la noticia de la muerte de su amado Martín, cortó sus hermosos cabellos y se recluyó en el oratorio familiar. El pequeño Ignacio falleció días después de su padre.

Presa de una profunda depresión y enferma,  Carmen fue al encuentro de Martín diez meses después de su partida, el 3 de abril de 1.822, a los 25 años.                                                                                                                                                                                                                                                                                                                       

Su muerte ha inspirado a poetas y escritores como Lucía Galvez, autora del libro Historias de amor de la historia argentina, quien al presentar su obra dijo que una de las historias de amor que más la había impactado fue la de Carmen Puch.

 

LA CABELLERA DE CARMENCITA

 

Según los retratos de la época independentista, las mujeres usaban el cabello largo. Qué habrá significado para Carmencita cortar sus rizados cabellos? Clara Saravia Linares de Arias dice al respecto: “Cortarse los cabellos, para la mujer de hoy nada significa; es un simple dictado de la moda; pero en los tiempos que rememoramos, significaba una afrenta o un holocausto. Se los cortaban a las mujeres delincuentes para marcarlas con un signo de infamia, o se los cortaban a las religiosas que querían morir para el mundo y consagrarse a Dios. Y a esos seres abnegados que decretaban así su propia muerte para las vanidades de la vida quiso imitar aquella hermosa joven de 25 años que se sintió morir para sí misma y que sólo vivió después para el deber, el recuerdo y la plegaria.

Qué ciertas se hicieron para ella las palabras de su esposo que, al verla vibrar continuamente de amor, de generosidad, de patriotismo, consubstanciada con sus propios ideales, le dijo un día: “Carmencita, vives demasiado de mi vida, morirás con mi muerte...”

Y murió con su muerte, en realidad. Allá, en la tumba de su retiro, su alma enamorada, su alma hecha pedazos también, cuántas veces habrá rememorado el ayer, desde el día luminoso en que un ramo de azahares se abrió sobre el amor, hasta la noche sombría en que las ramas de un cebil se abrieron sobre la muerte...

Y yo evoco en ella no sólo a la esposa amantísima, sino a la madre amantísima, a la hija amantísima, a la hermana amantísima; y canto al ideal de la ternura generosa en este mundo desgarrado por el odio, la desunión, la rebeldía y el egoísmo. Yo canto a Carmen Puch de Güemes y le ofrezco mi homenaje... que es el aroma de un recuerdo. El recuerdo verdadero y admirable de un admirable y verdadero amor...”

 

RECUERDOS DE SUS DESCENDIENTES

 

Tres choznos del Gral. Martín Miguel de Güemes evocan a Carmen Puch. El Dr. Francisco Lanusse reseña: “En una carta  Martín Miguel le decía a Carmen que él siempre iba a sufrir por ella, por no verla, porque la amaba. Para él, hoy que todo es tan descartable, tan modificable, la actitud de ella -muy de la época- en esta vida un poco vacía que vivimos, que alguien muera de amor sigue siendo una buena muerte. En la época se moría de aquélla manera, expresa, aunque se dejaran huérfanos. Parece que era una especie de mandato, de deber moral, paradigma quizás. De éso derivó una tradición oral en la familia que cuenta que durante un tiempo los hijos de Güemes -antes de ser llevados a Bolivia- fueron criados por los gauchos”.

El Dr. Lanusse destaca que se estaba en guerra y eran tiempos de represalia, los chicos pasaron dos o tres años vagando de rancho en rancho, la gente del campo los protegía. Por eso él siente el mismo orgullo de descender de Güemes que si descendiera de cualquiera de ésos gauchos, porque Güemes fue lo que fue por la gente que tenía detrás.  No porque brillara individualmente, era la cabeza de la cosa heroica, es lo que a Paco Lanusse le enseñaron desde chico.

El periodista e historiador Martín Miguel Güemes dice: “Frecuentemente se comenta que Carmencita murió de amor, pero se omite citar que había contraído tuberculosis mientras escapaba, embarazada, durante el frío invierno de 1.820. Esa enfermedad era incurable entonces”.

Para el Ingeniero Martín Alberto Figueroa, indudablemente Carmencita es una heroína impactante. El siente un profundo respeto y agradecimiento, como argentino, por lo que la pareja hizo por nosotros.

Lo conmovedor es que el amor que unió a Carmencita Puch y a Martín Güemes se eternizó. El murió, como describe en versos Jaime Dávalos, luego de que un Judas lo vendiera por dinero. Ella murió de enfermedad y de pena, diez meses después.  Los restos de ambos reposan en el Panteón de las Glorias del Norte de la Catedral Basílica de Salta.  Estas líneas pretenden erigirse, con la fragilidad y belleza de una flor, en un homenaje a Carmen Puch de Güemes, en el 183º aniversario de su partida.

 

 

III.  AGENDA GUEMESIANA MARZO DE 2005

 

18 de Marzo: Entrevista al Coordinador de Radio Nacional Folklórica, Pedro Patzer, a quien se le solicitaron espacios para difundir la Gesta Güemesiana.

 

31 de Marzo: Entrega del Boletín Güemesiano Nºs 27 y 28 publicado por el Instituto Güemesiano de Salta a la Biblioteca de la Escuela Superior de Gendarmería Nacional “Gral de Brigada José María Calderón”.

 

 

IV.  PALABRAS FINALES

 

En la fecha se recuerda la Fundación de Salta. Particularmente he querido evocarla redactando el presente Boletín y saludando a mis comprovincianos por teléfono con la audiencia de Radio Folklorísimo, como una manera de expresarle mi pertenencia y mi compromiso. Siempre con el anhelo de regresar, sin terminar jamás de irme.

 

En el 423º Aniversario de la Fundación de Salta

 

 

Prof. María Cristina Fernández

macacha@infovia.com.ar

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